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NotaPublicado: 02 Dic 2019, 22:17 
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Registrado: 28 Jul 2019, 18:37
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—No sé ni por dónde empezar.
—No sabes ni a dónde quieres llegar.
—No importa, porque de todas formas me desviaría por el camino. Pero empezar tengo que empezar por algún sitio.
—Pero al menos tendrás una idea de aquello sobre lo que quieres hablar, ¿no?
—¿De la vida?, ¿de mí?, ¿de Dios?, ¿de la Humanidad?, ¿del futuro? No sé...
—Vale, dejemos a un lado el “qué” y preguntémonos por qué, para qué. Tal vez así consigamos lo que nos proponemos.
—"¿Por qué?" Si me dieses tiempo podría encontrar mil respuestas a esa pregunta. Ninguna de ellas valdría por sí misma, e incluso si juntase las mil aún no habría respondido a la pregunta.
—Venga, venga... el objetivo es ir acercándose, aunque nunca lleguemos. Dame la primera, y cuando tengamos unas cuantas empezaremos a andar. Venga, la primera.
—Pues porque me aburro.
—¿De verdad quieres empezar con esa?
—Es la más fácil de todas.
—La más fácil de responder, pero me da que no nos va a servir de mucho.
—Además, no es el de todo cierta, ahora que lo pienso. Yo no busco divertirme haciendo esto. Si buscase divertirme, tendría mil opciones mejores.
—Es decir, la primera respuesta que me das y es falsa. Pues empezamos bien.
—No tenemos prisa. Además, no es del todo falsa.
—¿Cómo que no tenemos prisa? Si sigues así, vas a aburrir a tus lectores.
—Hago lo que puedo. Paso a paso que si no después vienen las lamentaciones. Y si alguien me lee para entretenerse, mejor que no me lea.
—¿Y por qué debería leerte aquel que te lea?
—Yo qué sé. Mira, que me lea quien quiera y quien no no. Yo voy a escribir de todas formas.
—Vale, como tu quieras, escribe con libertad. Pero pídele disculpas al lector de antemano por su tiempo perdido, por si acaso.
—No, dejemos eso. Voy con la segunda: porque me siento solo.
—Ah, ya veo. De momento las dos respuestas que me has dado están centradas en ti. ¿Significa eso que haces esto para hablar de ti?
—En parte.... en parte no. Porque de mi vida como tal no voy a hablar, al menos no mucho, porque no tiene ningún interés. Voy a hablar de mí, sí, pero de mis sentimientos, de mis ideas, de mi visión del mundo... algo que comparto con todos. Por lo tanto, no estoy hablando de mí, ¿no?
—Ponte las excusas que quieras.
—No entiendo por qué sigues con esas. Todo el mundo expone sus sentimientos y pensamientos. ¿Tengo que sentirme yo culpable por hacerlo?
—Cierto, la gente lo hace. Pero suele hacerlo en forma de conversación. Es decir, por un tiempo habla y por otro escucha. Pero tú quieres hablar sin escuchar, y eso es egoísta.
—No, eso no es así. Vale, yo no suelo participar en conversaciones. Pero precisamente por eso me das la razón, ¿entiendes? Estoy siempre escuchando, nunca hablando. Y para una vez que quiero hablar me juzgas con esta dureza.
—¿Y por qué no participas en conversaciones en lugar de hacer cosas como esta? Si sigues por este camino, siempre te sentirás solo.
—Conversar no garantiza ser entendido. Prefiero hablar contigo, como si estuviera hablando conmigo, y que otros lean esta conversación. Así me haré entender mejor y con menos vergüenza.
—Si crees que así se te entenderá mejor, adelante. Pero en cualquier caso, al saber que la gente te lee (si es que alguien tiene la bondad de leerte), nunca podrás hablar conmigo como hablas contigo mismo. No, ni mucho menos. Ocultarás demasiadas cosas, además de expresarte como no te expresarías en tu interior, por miedo a no ser entendido en el exterior.
—Intentaré ser lo más sincero posible sin sacrificar claridad. Además, ¿por qué habría de avergonzarme? Yo no intento convencer a nadie. Me gustaría, no lo niego, pero no voy a intentarlo. Sólo pensarlo ya me da pereza. Algunos discuten durante años sin llegar a convencer al otro. ¿Qué es esto de intentar convencer al otro? ¿Es que el otro no puede pensar por sí mismo que tiene que venir alguien a convencerlo? Yo voy a decir lo que pienso. Si el lector quiere reflexionar o no sobre lo que digo, es cosa suya.
—Y lo mejor es que ni siquiera tú mismo estás convencido de lo que vas a decir.
—Exacto. Siendo así, ¿cómo no sentiría vergüenza si intentase convencer a alguien?
—Y sin embargo, lo haces.
—Pero avergonzado.
—Pidiendo perdón, y pidiendo perdón por pedir perdón.
—Nunca está de más pedir perdón.
—Tú lo que temes es la derrota. Así que te derrotas a ti mismo antes de salir al mundo. "¡Pero si yo no tengo intención de ganar!", te gustaría gritar mintiendo, para que la humillación fuese menor en caso de derrota. Y tú siempre andas necesitado de esperanza de victoria.
—¿Lo que temo es la derrota o es la lucha? Yo no quiero vencer a nadie ni que nadie me venza. O al menos debería quererlo. Si me derroto a mí mismo y la otra persona se derrota a sí misma, entonces no habrá lucha.
—¿Qué habrá?
—No sé. ¿La compasión entre dos almas derrotadas, tal vez?
—¿Y no competiréis a ver quién está más derrotado que el otro?
—Ah, sí, puede ser... eh, no, creo que te estás imaginando cosas. ¿De qué estábamos hablando? ¿Derrotados en qué sentido?
—No sé, dímelo tú.
—A ver, déjame ver... Uno rechaza la compasión cuando se cree victorioso. O mejor dicho, cuando se avergüenza tanto de su derrota que necesita creerse victorioso. Pero con este rechazo de la compasión se hace daño a sí mismo.
—¿Qué tonterías estás diciendo?
—Yo qué sé. Lo primero que se me ha venido a la cabeza. Ya he dicho que no pretendo convencer a nadie. Si alguien quiere reflexionar sobre lo que he dicho, es cosa suya, pero yo no le puedo garantizar que mis palabras tengan algún valor.
—Nos estamos desviando bastante. Tenías razón cuando al empezar dijiste que nos íbamos a desviar.
—Nos estamos desviando, sí. Pero precisamente porque nos hemos desviado hemos caminado algo. Si hubiésemos tenido intención de llegar a algún sitio en concreto, el miedo a desviarnos nos habría paralizado y ni un paso habríamos dado.
—En cualquier caso, hemos llegado a un callejón sin salida. Permíteme dar la vuelta. Si convencer no es tu objetivo principal, ¿cuál es?
—¿Ves? Por esto me gusta hablar contigo. Haces las preguntas adecuadas. Es decir, las preguntas sobre las que ya he reflexionado y pensado una respuesta. Si hablase con otro, puede que me preguntase algo para lo que no tengo respuesta. O peor, preguntas que no tienen interés para mí.
—Ah, eres muy egoísta. Sólo te interesa lo que a ti te interesa. ¿No sabes que interesarse por lo que no te interesa es indispensable para amar? Además, no sólo eso. ¿Qué hay de malo en que alguien te haga una pregunta nueva? ¿No es así como se ensancha el espíritu?
—No sé si lo que he dicho tiene mucho sentido. Pero, respondiendo a tu última pregunta... El problema no es que me pregunte, es que espere una respuesta.
—Pero haz como conmigo y di lo primero que se te venga a la cabeza.
—Qué pereza me da todo esto. Hablar, hablar, hablar... ¿con qué fin? Cuanto más habla la gente, más polvo levanta. Antes de hablar, hay que pensar. Pero claro, eso ya no es tan entretenido, ¿eh? Es más divertido levantar polvo.
—Te noto irritado.
—Irritado estoy, qué le voy a hacer. ¿Es que la única forma de relacionarse con otro ser humano es levantar polvo?
—No, no lo es.
—Ya sé que no lo es. Pero es lo que el mundo, al menos el moderno, fomenta. Que el infinito de nuestra se alma se empequeñezca para poder tener su pequeño lugar en el mundo.
—Ni siquiera yo, que te conozco, entiendo lo que me estás intentando decir. Imagínate alguien que no te conoce.
—Esto no es una idea, es un sentimiento, y como tal no se entiende, se siente. ¿Sabes lo que temo al decir estas palabras? Que el lector me lleve la contraria. ¿Qué podría responderle? Nada, no sabría qué responderle. No quiero hablar con él, punto. ¿Que esto me encierra más en la soledad? Perfecto, yo qué voy a hacerle.
—Entonces, ¿qué quieres?
—Ya lo he dicho, no quiero convencer a nadie. Lo que quiero es un eco. Alguien que sienta lo que yo siento, sin más. A partir de ahí, a partir de ese profundo sentimiento compartido, podría hablar y callar como conmigo mismo. ¿Entiendes? No quiero "argumentar", no quiero justificar mis sentimientos como si tuviesen que luchar por su derecho a la existencia. Luchar, luchar, luchar... estoy harto de luchar. Ya sabes que en aquel foro de fobia social hay un hilo donde los usuarios pueden desahogarse y donde está prohibido responderles. Exacto, no quieren que les respondan. Están atemorizados de que les respondan, de tener que seguir luchando. Están cansados de luchar, ¿no lo crees así? Recuerda la escena de Cherenkov en la playa, porque es de una agudeza psicológica que asusta. ¿Desde cuándo estaba condenado? ¿Desde el mismo día en que nació? Quién sabe, pero lo cierto es que hubo un momento a partir del cual ya no podía esperar salvación. Algo en lo más profundo de su corazón rechazaba toda posibilidad de salvación. Esto es cruel, muy cruel, pero más cruel es saberlo, saber que no formas parte de los elegidos. Porque él lo sabía. ¿Podemos imaginar su desesperación cuando les preguntó "creéis que sobreviviréis a algo como esto"? ¿Y qué cuando dijo "vi un futuro para mí en el comandante... no, quería verlo"? Quería, pero no lo hizo. En el fondo de su corazón había perdido toda esperanza. Las visiones de su futura transformación le atormentaban. De la misma forma, ¿no me habré acostumbrado ya de tal manera a mi soledad que ya no quiero escapar de ella? Pero no es por costumbre, es por una necesidad más profunda. Presta atención a esto: ¿en qué idioma estoy hablando? Exacto, no es el mío. ¿Cómo puedo esperar un eco cuando hablo en un idioma extranjero? Pero, ¿cómo esperarlo si hablo en un idioma que sólo yo entiendo?
—Esto me acaba de confirmar lo que temía. Eres un ser irremediablemente atraído por la oscuridad. Que se burle el que quiera. Observa, sólo cuando has empezado a hablar de Cherenkov te has excitado de verdad. Hasta el párrafo anterior has hablado como por obligación, apagado, asustado, prudente... pero ha sido mencionar a Cherenkov y te has liberado. Tu idioma es la oscuridad, y sólo en la oscuridad encontrarás lo que buscas. Esto... esto no me gusta nada.
—¡Exacto! Lo dije en otro texto, ¿no? Que yo era un Hijo de la Oscuridad. Sí, lo dije. La gente pensó que era un desvarío, pero no lo era. Pero no es que mi idioma sea la oscuridad. No, no creo que sea eso. ¿Ved? Ha sido hablar de esto y la sangre ha vuelto a mis venas... Tanto me esfuerzo en despertar para que luego, cuando por fin lo consigo, no me quede otro remedio que transfornarme en un monstruo. Y no lo soporto, por lo que vuelvo a dormirme. Pero tampoco soporto dormir, por lo que vuelvo a despertar.
—Pero también dijiste que querías ser un Guardián de la Luz.
—Sí, esa es la esperanza que me queda. ¿Crees que puedo volver a ser humano? Puedo fingir y engañarme tanto como quiera, pero nunca volveré a ser humano. Mi alimento está en las tinieblas, y sin él no puedo vivir. Pero al menos puedo ser Guardián de la Luz. No caeré en mi propio enredo. No fingiré ser Hijo de la Luz. Guardián intentaré serlo, pero Hijo no.
—Basta, basta... Luz, Oscuridad... Tus delirios están pasando de castaño oscuro.
—¿Delirios, dices? ¿No crees en la Luz y la Oscuridad, entonces? Escucha, el mundo moderno ha encerrado estos elementos fundamentales del Universo en mundos de fantasía. Libros, películas, cómics, animes, videojuegos... los quieren en cualquier sitio, menos en el mundo real. ¿Por qué? ¿Es que les tienen miedo? Sinceramente, aún no tengo una respuesta satisfactoria a esta pregunta. Pero son reales, eso lo digo sin vergüenza. No en sentido alegórico, ni en sentido abstracto, ni en sentido material. Son reales en su propia manera. La filosofía trata del Bien y el Mal, pero de la Luz y la Oscuridad sólo tratan la religión, la mitología, el misticismo. Es por eso que nunca podrán ser sustituidos. La Luz y la Oscuridad son algo más profundo que el Bien y el Mal.
—¿Reales, eh? ¿No será que tú necesitas que sean reales? Al fin y al cabo te sientes atraído por ellos. Y sentirse atraído por lo irreal, ¿adónde lleva sino a la locura?
—¡Exacto! ¿Qué me importa a mí que sean reales o no? Estoy condenado a perseguirlos. ¿No es divino cruzar los límites de la realidad y adentrarse en lo irreal...? ¡Y hacerlo real! Son reales porque el ser humano los ha hecho reales, si no lo eran antes.
—¿Admites entonces que no son verdaderamente reales y son, como mucho, sólo realidades psicológicas?
—No, no lo admito. ¿Cuándo te he dado a entender que lo admitiría? ¿Y qué es eso de "sólo realidades psicológicas"? ¿Estás insinuando que hay realidades que no son psicológicas? Eso sí que es atrevido. Es curioso que alguien pueda afirmar algo así sin preocuparse de que pueda estar delirando. Eso sí, ¿habla alguien de Luz y Oscuridad? Está delirando, obviamente.
—Más tarde te arrepentirás de esto. Se burlarán de ti, no te tomarán en serio.
—¡Que se burlen! Ya he dicho que no pretendo convencer a nadie. Si quieren creer que hablo por hablar, allá ellos.
—Habrá un momento en que si querrás convencerlos: cuando tengas que defender la Luz. Porque vas a defenderla, ¿verdad?
—Sí, tengo esa intención. Y cuando la defienda, querré que se me tome en serio. Pero tal vez sería mejor que no lo hiciesen, porque después de todo soy un Hijo de la Oscuridad. ¿No me guiará mi corazón a destruirla? Sí, sería mejor advertirles del peligro de mis palabras. Si caigo en la tentación, tentaré a otros.
—Esto es ridículo...
—¡Claro que es ridículo! Hablo demasiado grande teniendo en cuenta lo pequeño soy. Sólo gente que no es de este mundo tiene derecho a hablar así. Es decir, gente fantástica.
—No es eso, no se trata de grandeza o pequeñez. Nadie te está pidiendo que hables grande o pequeño, sino que no delires. ¿O es que la Verdad es pequeña?
—¿La Verdad? No, la Verdad no es pequeña. Es más pequeña que un pulgar, pero es infinita. Pero ¿la verdad de este mundo? Muy pequeña. Y sigo manteniendo que no estoy delirando. Si este mundo me pide que hable la verdad, me está pidiendo que hable pequeño. Me está pidiendo que sea pequeño.
—No sé qué sería de ti si no estuviese yo para ponerte los pies en la tierra.
—Me uniría a la Oscuridad, por supuesto. Es gracias a ti que quiero ser Guardián de la Luz, y te estoy agradecido por ello.
—No, nada de eso es verdad. Más bien no tiene sentido. Ni siquiera tú entiendes lo que hablas.
—¿No crees que si elevo demasiado los pies de la tierra me volveré loco?
—Sí, eso lo creo.
—¿Entonces? ¿No es gracias a ti que quiero ser Guardián de la Cordura? Aunque no digo que el mundo esté cuerdo. Tal vez lo esté, no lo sé. Yo la Luz no la veo. ¿Puede haber cordura sin luz?
—Estoy seguro de que no tenías planeado hablar así. Así es como hablaste en aquel texto, y mira el resultado. Céntrate.
—Volvemos a lo mismo, ¿no? Si hablo en un idioma extranjero me entenderán según la cultura extranjera.
—No haces más que huir.
—Sabes que eso no es verdad, que no lo hago por eso. Sin embargo estás obligado a decirme eso, aunque sea mentira. Todo con tal de mantenerme con los pies en la tierra, que es tu misión. Una tierra llena de mentiras.
—¡Sí, miento, pero tú también mientes! ¡Los dos mentimos!
—Ah, pero no te enfades. Tú eres más fuerte fuera, por tanto es justo que yo sea más fuerte dentro. Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.
—¿A qué viene citar la Biblia ahora?
—Eres tú quien ha empezando usando la expresión de los pies en la tierra. ¿Te sorprende que me tome esto como una lucha entre el Cielo y la Tierra?
—¿Y tú eres el Cielo?
—Tu expresión, no la mía.
—Cierto, error mío, no ha sido una forma de hablar apropiada. Lo que debería haber dicho es que soy yo quien te tiene cogido para que no caigas al abismo. Porque a ti te encantaría lanzarte.
—Ah, así que tú eres el Cielo y yo la Tierra, tu estás arriba y yo abajo. No me impides volar, sino que me impides caer. El Cielo siempre es arrogante, qué ironía.
—Sé sincero. Dices querer ser Guardián de la Luz, y sin embargo lo que estás haciendo es engrandecerte en tu orgullo de Hijo de la Oscuridad.
—Ya que voy a sacrificarme por mi enemigo (si es que la Luz es mi enemiga), déjame al menos disfrutar un poco. Creo que tengo derecho, ¿no?
—Cuanto más juegas a ser lo que no eres, más te atrapas. Prefieres ser un monstruo a ser una persona, ya que no puedes ser un ángel. Eso es lo que toda esta palabrería significa.
—¿Quieres decir que he caído en mi propio personaje?, ¿que no soy más que un pardillo y que esto no son más que delirios de grandeza? Pero como terrenal que eres, hay algo que no entiendes. Que no sea capaz de manifestar mi verdadera naturaleza, no quiere decir que no exista. Para ti lo no manifestado es irreal. ¿Y cuál es mi forma manifestada? La de un pardillo. Y para el mundo soy un pardillo. O mejor dicho, no "para", sino en el mundo. Porque al fin y al cabo en el mundo no puedo ser otra cosa sino un pardillo.
—No te estoy diciendo que seas un pardillo ni que tengas que serlo, sino que te centres en este mundo.
—¿En este mundo? ¿Admites pues la existencia de otros mundos? Pero no, no me tientes. Tú lo que quieres es que acepte la vida de un prisionero, que admita que no tengo derecho a la libertad. Y eso nunca lo haré.
—Contigo no se puede hablar. Sabes perfectamente que no estoy diciendo eso, me estás tergiversando con toda la intención.
—Puede ser. Pero ¿qué le voy a hacer? Mi corazón me lleva adonde me lleva. ¿Qué me importa a mí que tengas razón o no? Si sólo puedo vivir en las tinieblas, haré todo lo que sea para que no desaparezcan. Y aún así, he decidido sacrificarme.
—Sacrifícate ya, entonces. ¿A qué esperas?
—Tú no sabes cómo funcionan las cosas del Cielo y el Infierno. Si me equivoco en mi sacrificio, las cadenas del Diablo podrían atraparme para siempre.
—Excusas. Ya has encontrado el camino verdadero, pero no te atreves a caminarlo.
—¿Y tú eres el de los pies en la tierra? ¿Dónde está tu prudencia? Cuidado con los espejismos. Estoy acostumbrado a caminar por el desierto, sé lo que digo. Una cosa es jugar a caminar, y otra caminar de verdad. Yo he jugado a caminar mil caminos y no he caminado ninguno.
—¿Y cómo piensas salir del desierto sin caminar?
—Jugando a caminar. Claro que, entonces, todo lo que ocurra después de salir también será un juego.
—¡Camina de una vez!
—Sólo estoy disfrutando del tiempo que me queda. Escucha: cuando me sacrifique ya no habrá vuelta atrás. Sólo ahora puedo ver con mis ojos actuales. Y estos ojos tienen un mundo completo dentro sí y la semilla de nuevos mundos. Todo esto tiene su derecho a existir, todo esto es criatura de Dios. Y yo los voy a matar, voy a cometer un crimen. El mundo me lo perdonará y yo también. Y de aquellos a los que habré matado, su perdón me pertenecerá, pues se lo habré robado. La verdad nunca saldrá a la luz.
—Se te está yendo la cabeza mucho o es que estás interpretando un papel, como tanto te gusta. No vas a matar a nadie. Lo único que se te está pidiendo es que termines con tus delirios.
—No respetas esos mundos. Tu amor no es universal. ¿Y si en uno de esos universos hubiese más vida que en este? Si me viese en la obligación de elegir uno para que existiese mientras que el otro se hundiría en la nada eterna, ¿cuál debería elegir?
—Soy un terrenal, como tú dices. No tiene sentido para mí preguntarse por ese tipo de situaciones hipotéticas. Sólo este mundo tiene vida.
—Lo sé, lo sé. El único mundo donde hay vida y tiene que ser el único que no me pertenece. ¿Qué le voy a hacer? Me sacrificaré, lo tengo decidido. Es decir, sacrificaré mundos que me transcienden. Dices "es mío" y puedes hacer con ello lo que quieras. Pero no voy a dejar de llorar por esos mundos sin vida. "Porque al que tiene, le será dado; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado." Nunca he entendido estas palabras. ¿Qué querrán decir? Demasiado crueles para venir de Cristo.
—Por favor, por favor te lo pido. Deja de jugar conmigo y con el lector. Mira todo lo que hemos escrito y ya hemos olvidado nuestros objetivos. ¿Para qué estábamos haciendo esto? Antes de empezar ya habías pensado ciertos temas a tratar y no has tocado ninguno.
—He dejado de engañarme a mí mismo. No es de eso de lo que quiero hablar. Pero, ¿quién me escuchará si digo lo que quiero decir?
—¡Basta! Esos temas eran un pacto entre tú y yo. Se suponía que ese era el camino verdadero. Yo estaba dispuesto a renunciar a lo mío si tu renunciabas a lo tuyo.
—Tú no tienes potestad para renunciar a lo tuyo, porque tú eres esclavo del mundo, y el mundo nunca renunciará a sí mismo. Pero aun sabiendo esto voy a sacrificarme. ¡Quédate lo tuyo, auméntalo si quieres! ¿Te sorprende que la bestia haya despertado? Puedo escapar a tu correa cuando quiera. Si te sigo, es porque quiero.
—No me estás siguiendo, lo has estropeado todo. Se suponía que este texto sería tu punto de contacto con el mundo, pero ya ves lo que has hecho con él. Te has separado aún más. Tus intenciones de sacrificio son un farsa para mantenerme contento.
—¿Y por qué tengo que mantenerte contento? ¿Por qué no te marchas de mi casa y me dejas en paz? Dime: ¿acaso quiere el mundo contactar conmigo?
—Sí, quiere contactar contigo, con tu verdadero ser. Pero tú te odias a ti mismo y no quieres que nadie vea tu verdadero ser. A pesar de que es bondadoso, tierno, amable... tú lo odias.
—Es curioso que mi verdadero ser sea aquel que los demás aceptarían y querrían, aquel que me daría un lugar en el mundo. ¡Qué coincidencia! ¡Qué suerte tengo!
—No, lo curioso es que consideres que tu verdadero ser es aquel que te aleja del resto. Eso también es una coincidencia.
—Ni te molestes, hombre. No puedes compararte conmigo a la mínima que empezamos a elevarnos un poco. Aquí el poder lo tengo yo. Mañana, cuando salga a la calle y vaya a la oficina, será todo tuyo. Mientras tanto, gobierno yo, porque sin la ayuda del mundo eres débil. ¡Cómo disfruto al ver que tus palabras no sirven de nada aquí! Pero no te preocupes, porque el valor del sacrificio lo he descubierto yo, que vuelo en las alturas. Tú lo que has descubierto en la tierra es el asesinato y el autoengaño. Así que ¿qué te parece si te hago este regalo? Voy a explicarte lo que es el sacrificio y el renunciamiento, y lo haré en tu idioma, para que todo el mundo lo entienda. Aunque dudo que nadie haya llegado hasta aquí. Bueno, ¿qué te parece?
—Adelante, ya era hora.
—Bien, empiezo a contar lo que he aprendido en mis escasos años. Respóndeme a esta pregunta: ¿admites que tengo derecho a odiar el mundo, incluidas sus criaturas?
—No, no lo admito. Eres un terco caprichoso.
—Empiezas mal, muy mal. Si supieses el veneno que hay en tu respuesta...
—¿Por qué?, ¿qué derecho tienes a odiar el mundo con sus criaturas?
—Una vez cuando era niño quería un caramelo, pero mi madre no quiso comprármelo.
—¿Te burlas de mí?
—Tu escaso entendimiento se burla de ti. La razón que te he dado es más que suficiente.
—No, no lo es. Si alguien te diese una bofetada y te pusiese como excusa que cuando era niño no pudo tener su caramelo, ¿la aceptarías?
—Sí. Aquí es donde yo, que soy un demonio, te supero a ti. Esa persona tiene derecho a odiarme y a hacerme daño. A matarme incluso. De ese derecho depende su dignidad. Dignidad que yo respeto y tú no.
—Supongamos que no seas tú la víctima. Supongamos que un asesino mata a una persona inocente. Vayamos al extremo, supongamos que mata a un niño. ¿Tiene derecho a matarlo?
—Totalmente.
—¿Cómo, entonces? ¿El niño no tiene derecho a vivir?
—Por supuesto. Ambos derechos tienen el mismo valor.
—¿Consideras el derecho a matar igual que el derecho a vivir?
—Sí.
—Lo dices sólo para provocarme. En el fondo tu no matarías ni a una mosca.
—Oh, gracias por el cumplido. Puede que tengas y yo no mataría ni a una mosca. Pero sigo pensando que tengo derecho a hacer lo que me plazca. En realidad, sería más exacto decir que los deseos tienen derecho a realizarse. La razón de ser de un deseo es eso, su realización. ¿Por qué han de ser algunos deseos aplaudidos cuando nacen mientras que otros son insultados? Pero así es la vida: unos son nutridos, otros asfixiados. Es lo que hay. Pero lo que no estoy dispuesto a hacer es robarle el derecho a existir a aquello a lo que asfixio. Lo asfixio, pero le reconozco su derecho a existir. Lo respeto cuanto puedo. ¿Lo entiendes? Voy a sacrificarme, pero eso no significa que acepte que no tengo ningún derecho a mi maldad. Renuncio a ella libremente, a pesar de que tengo derecho a ella. Podría hacerlo o podría no hacerlo. No obedezco a ningún deber. Esa es mi dignidad.
—¿No obedeces a tu compasión y a tus esperanzas?
—Lo importante aquí es entender que no existe el pecado. Todo es criatura de Dios y su amor infinito lo abraza todo.
—Eso es abrir la Caja de Pandora.
—¡Abrir la Caja de Pandora la libertad y el amor universal! ¿Tiene un demonio como yo más fe que tú? Aunque claro, la realidad, la realidad de verdad, la entiendes tú mejor que yo.
—Este pensamiento es demasiado oscuro, demasiado siniestro... Muy típico de ti. De estos pensamientos te alimentas. Creo que deberías borrarlo. Nadie debe leerlo.
—No es oscuro ni siniestro. Si alguien se asusta de mi pensamiento, es porque se tiene miedo a sí mismo. Ergo la oscuridad está en su propia alma.
—También puede ser que tema por el mundo y no por sí mismo.
—Puede, puede... Pero sabes que mi pensamiento es la base del Cristianismo. Tan oscuro no será.
—¿De verdad? Tú te has inventado tu propio Cristianismo.
—Volvamos al asesino del niño. El Cristianismo nos enseña a no juzgar, sí a amar. Yo tengo derecho a juzgar al asesino y, sin embargo, renuncio a él. Amar ya no me es tan fácil.
—¡Natural que te sea tan fácil no juzgar si eres incapaz de amar! Tu supuesta bondad no es más que una fría indiferencia. ¿Qué te importan a ti el niño o su asesino?
—No te falta razón. Hago lo que puedo. ¿Qué debería hacer?
—Sacrifícate ya y entonces podrás amar.
—¿Amar? ¿Qué sabemos tu y yo de amar? Mi amor es profundo e irreal. El tuyo es verdadero amor. ¿No es una lástima que el verdadero amor sea un amor de la Tierra? Ese es el único amor que no es culpable. Al menos no se siente culpable, mientras permanezca uno con pies en tierra. ¿Qué hay de mi amor? Frágil, siempre luchando para justificarse. No soy un demonio, y mi amor no es un amor de demonio. ¿Por qué siempre intentas convencerme de lo contrario? Recuerda que eres tú quien me descubrió que era un demonio, pues antes pensaba que era un ángel. Pero ya no te creo y vuelvo a dudar.
—Ni tu amor ni el mío son verdaderos. Cuando unamos ambos, nacerá el verdadero.
—Ese amor, ¿se parecerá más al padre o a la madre? Uno perpetúa su existencia mientras el otro desaparece. ¿No es eso lo que propones?
—No. Si no pones de tu parte, ¿qué alternativa me queda sino dejar que desaparezcas? Nunca tendrás lo que quieres, pues es un imposible. Te prometo que te daré lo que te corresponde, la mitad de lo que quieres.
—Tu no tienes potestad para prometerme nada. No puedes cumplir ninguna de tus promesas. ¿Por qué no eres sincero y dejas de prometer? ¿Por qué no me dices "hazlo, pero no habrá compensación"?
—Tu compensación no será de este mundo. No será de tu mundo.
—¿Así que prometes darme lo que no quiero, pero que me hará feliz en cuanto me lo des?
—Sí.
—La felicidad son las cadenas del Diablo, a quien sirves. Conozco sus trucos.
—¿No quieres ser feliz? Qué preguntas hago, por supuesto que no quieres.
—Respóndeme a esto. Es un pregunta para la que no encuentro respuesta. Mira a ver si tú puedes responderme. ¿Quién gobierna el mundo? ¿Dios o el Diablo?
—Sé a dónde quieres llegar.
—Ya sabes lo que creo. Este mundo lo gobierna el Diablo con astucia diabólica. Ha convertido las virtudes en pecados y ya no hay salida de la prisión. Todos los caminos llevan a Sodoma. El Bien y el Mal sirven por igual a la Oscuridad. Todo el que sonríe sonríe a Satanás.
—No me intimidas con tu palabrería. Si crees que el mundo está preso, libéralo. Pero tú no quieres liberarlo, quieres conquistarlo. Gobierne Dios o Satán, ¿qué te importa a ti? "No soy el dueño" es el pensamiento que te mueve.
—Haga lo que haga me mancharé las manos de sangre. Ahora entiendo que toda acción es un pecado. No puede haber una afirmación sin una negación.
—Tú no has creado las leyes de este mundo. No intentes cargar con más culpas de las que te corresponden. Doma tu orgullo.
—No me gusta el rumbo que está tomando esta conversación. Hemos empezado a interpretar un papel. ¿Por qué?
—¿Qué papel? ¿No es tu orgullo quien te hace soñar ser el Salvador? Porque no creerás a estas alturas que es tu amor al hombre.
—¿Y quién ha inflado mi orgullo sino este mundo? ¿O crees que necesitaría mi orgullo si el mundo no hubiese abandonado a Dios? ¿Qué sería mi orgullo comparado con la sabiduría divina? Cuando se derrumba el suelo bajo nuestros pies, nos damos alas. "Sabes que eres un pecador. ¿Por qué no te arrepientes?" Porque me estrellaría contra el suelo.
—Vives en el mismo mundo que el resto. No dices más que excusas.
—El resto ha vendido su alma al Diablo tanto como yo. Se aferran a lo que tienen a mano, las trampas diabólicas. Pecan contra su propia alma. Sí, así es. Ya no se tiene respeto por lo sagrado, siendo que lo más sagrado son nuestras almas. Pero Satán no compra a bajo precio. A ellos les ha dado la felicidad y a mí el gobierno universal. Mientras tanto Dios sólo promete y promete.
—¿Has perdido la fe? Espero que no tengas intención de volver a recorrer los caminos que has dejado.
—Mi fe va y viene, me sostiene y me vuelve a soltar. No volveré a esos caminos, puedes estar tranquilo. Porque todo aquel que busca encontrará. Nos fue prometido. Pero, ¿y si no encuentro lo que busco? Ya te he dicho que me sacrificaré por propia voluntad, sin esperar recompensa. Pero, como ya has dicho, tal vez reciba una recompensa que no es de este mundo. Aquel que renuncia a sí mismo se encontrará. Entregaré mi alma al mundo y este me la devolverá. Pero ¿y si tengo razón y el Diablo gobierna este mundo? ¿Me la devolverá entonces?
—No puedo prometerte nada.
—Me alegro que al final nos hayamos entendido. Oye, escucha: creo que he descifrado la parábola de la oveja extraviada.
—Venga, adelante. Si aquí cada uno interpreta las cosas como quiere, hazlo tú también.
—Aclaro de antemano que suena mejor en mi cabeza.
—Si empiezas así...
—Eh, ¿no nos habremos ablandado demasiado?
—¿A qué te refieres?
—Me siento sin fuerzas, mis palabras ya no tienen tanta energía como antes. ¿No has notado como han ido perdiendo energía? Por eso es un lástima tener que explicar la parábola ahora, porque la robaré de vida. Bueno, es igual. Cuando acabemos con este asunto nos iremos a descansar.
—Me parece bien, pero antes de eso la parábola.
—Es que ahora me da vergüenza.
—¿Has perdido la embriaguez?
—Eso te estoy diciendo.
—¿Dónde está el Salvador de hace un momento? Dila sin más. Lo que me sorprende es que creas que alguien haya llegado hasta aquí.
—¿Sabes qué? Tienes razón, diré mi explicación. Que los exégetas perdonen a este inexperto por su atrevimiento. Responde a esto: ¿Por qué Jesús se alegra más por la oveja descarriada que por las otras?
—Porque se ha arrepentido.
—No, porque se ha descarriado.
—¿Por qué iba a alegrarse de que su oveja se descarríe?
—Porque la oveja ha seguido su propio camino.
—Ha sonado a frase de libro de autoayuda. Normal que te diera vergüenza.
—No, no estás sintiendo esto con toda su fuerza. Además, ¿cuándo has leído tú un libro de autoayuda? Ah, menudo desastre. No debí hablar cuando no era el momento adecuado.
—¿Y por qué lo hiciste?
—¿Vamos otra vez a preguntarnos por los porqués, como al comienzo? Escucha lo que te digo. La oveja se ha salido del rebaño, ha abandonado a su pastor. Haciendo eso se convirtió en pecadora, pero también conquistó su libertad. Y después de vagar sola y en pecado encontró de nuevo a su rebaño, a su pastor. Regresó por su propia voluntad, pues es libre. En cambio, las que nunca se han extraviado aún no han conquistado su libertad. Esta es mi explicación, más o menos. En mi cabeza sonaba mejor, vuelvo a recordar.
—¿Su libertad?
—No, conquistó mucho más que su libertad. Conquistó algo inimaginable. No me atrevo a ponerle nombre.
—La tentación de tentaciones.
—¿El qué?
—Lo inimaginable, lo inefable... ¿No son esas palabras la tentación de tentaciones? Porque dime: ¿y si no hubiese encontrado el camino de vuelta a su rebaño?
—Habría ardido en las llamas del Infierno.
—Ah, dejémoslo aquí.
—Sí, descansemos.


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NotaPublicado: 03 Dic 2019, 05:19 
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—Pero al menos tendrás una idea de aquello sobre lo que quieres hablar, ¿no?
—¿De la vida?, ¿de mí?, ¿de Dios?, ¿de la Humanidad?, ¿del futuro? No sé...
—Vale, dejemos a un lado el “qué” y preguntémonos por qué, para qué. Tal vez así consigamos lo que nos proponemos.
—"¿Por qué?" Si me dieses tiempo podría encontrar mil respuestas a esa pregunta. Ninguna de ellas valdría por sí misma, e incluso si juntase las mil aún no habría respondido a la pregunta.
—Venga, venga... el objetivo es ir acercándose, aunque nunca lleguemos. Dame la primera, y cuando tengamos unas cuantas empezaremos a andar. Venga, la primera.
—Pues porque me aburro.
Dudo que esto tenga sentido, o seriedad y utilidad...

Deberías concretar un poco.

Además no veo la conexión en las cosas que dices.

1- No sabes cómo empezar.
2- Por algún motivo piensas en responder "¿por qué?". Pero ¿"por qué" qué? ¿te refieres a por qué escribes? ¿te refieres a por qué los gatos cruzan la calle? Supongo que lo 1ero, pero no se entiende.
3- Dices que te aburres. ¿De qué?

Si no quieres aburrirte, piensa qué características tiene lo divertido e intenta fabricarlo, aunque el proceso sea largo y aburrido xD Como hacer videojuegos o una IA que intente divertirte.

No creo que sea buena idea crear varios temas así (veo un "I"), puedes perfectamente meter todos tus dialogos en distintos posts en este tema, aunque como no vayas al grano y encima parezcas poco serio, no sé, suerte en pila con las respuestas.

_________________
Si no puedes hacerlo, intenta primero hacer algo más simple aunque similar.


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NotaPublicado: 03 Dic 2019, 16:38 
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Tachikomaia escribió:
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—Pero al menos tendrás una idea de aquello sobre lo que quieres hablar, ¿no?
—¿De la vida?, ¿de mí?, ¿de Dios?, ¿de la Humanidad?, ¿del futuro? No sé...
—Vale, dejemos a un lado el “qué” y preguntémonos por qué, para qué. Tal vez así consigamos lo que nos proponemos.
—"¿Por qué?" Si me dieses tiempo podría encontrar mil respuestas a esa pregunta. Ninguna de ellas valdría por sí misma, e incluso si juntase las mil aún no habría respondido a la pregunta.
—Venga, venga... el objetivo es ir acercándose, aunque nunca lleguemos. Dame la primera, y cuando tengamos unas cuantas empezaremos a andar. Venga, la primera.
—Pues porque me aburro.
Dudo que esto tenga sentido, o seriedad y utilidad...

Deberías concretar un poco.

Además no veo la conexión en las cosas que dices.

1- No sabes cómo empezar.
2- Por algún motivo piensas en responder "¿por qué?". Pero ¿"por qué" qué? ¿te refieres a por qué escribes? ¿te refieres a por qué los gatos cruzan la calle? Supongo que lo 1ero, pero no se entiende.
3- Dices que te aburres. ¿De qué?

Si no quieres aburrirte, piensa qué características tiene lo divertido e intenta fabricarlo, aunque el proceso sea largo y aburrido xD Como hacer videojuegos o una IA que intente divertirte.

No creo que sea buena idea crear varios temas así (veo un "I"), puedes perfectamente meter todos tus dialogos en distintos posts en este tema, aunque como no vayas al grano y encima parezcas poco serio, no sé, suerte en pila con las respuestas.


Hola, Tachi.

Cuando he empezado a escribir no sabía muy bien lo que iba a escribir ni dónde iba a terminar. Ha sido una conversación improvisada y poco planeada, de ahí la desorganización. Supongo que ahí está la gracia.

No sé si escribiré más. Si lo hago, supongo que los pondré en este hilo.


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NotaPublicado: 03 Dic 2019, 18:30 
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Vi que hablas de ovejas descarriadas y Jesús más adelante. Te recomendaría que un un nuevo post pongas lo que te parezca más relevante, o señalalo con negrita en el 1ero. Si es que hay cosas que te parezcan más relevantes de ahí, claro.

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NotaPublicado: 04 Dic 2019, 02:23 
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Este tema me hizo recordar al Gollum del "Señor de los anillos".


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NotaPublicado: 04 Dic 2019, 17:38 
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La culpa es de Sócrates o Platón.
http://www.forosdelweb.com/f14/que-mejo ... er-934111/
2011...

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NotaPublicado: 04 Dic 2019, 20:47 
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Registrado: 28 Jul 2019, 18:37
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Tachikomaia escribió:
La culpa es de Sócrates o Platón.
http://www.forosdelweb.com/f14/que-mejo ... er-934111/
2011...


Es duro no saber expresarse, ¿verdad? Aunque también suele ponerse demasiado el foco en la capacidad de expresarse y no en la dificultad de expresar lo que se está intentando expresar. Por lo que si la gente no entiende algo, lo suele achacar a que el autor no ha sabido expresarse, y no ponen tanto el foco en la dificultad de poner en palabras lo que el autor tenía en mente. Esta dificultad es mayor cuanto más alejado está el autor de la cultura que lo rodea.

También me duele el tiempo que me lleva escribir incluso un simple párrafo. Creo que a los demás no les toma tanto tiempo como a mí. Sentir que estoy perdiendo tiempo valioso es una de las razones por las que no suelo escribir.

Aprovecho y pongo una canción que le he escrito a Dios. El tono es un poco en broma y sin seriedad, pero también es sincera:

Quería ser tu profeta
y me he convertido en tu bufón

Nací para buscarte
y escapo de ti
Si tú no vienes
¿qué va a ser de mí?

Les hablo y no me entienden
Te hablo y no me respondes

Miseria, miseria, miseria
¿quién me librará de ella?

Estoy harto de esta broma
dime ¿dónde están tus misterios?

Sus manos dan
yo rechazo
Mis manos dan
ellos rechazan
Yo muero
Ellos viven

Ámalos tú en mi nombre
porque yo no puedo

Sálvalos tú en mi nombre
porque yo no puedo

Lleno o vacío
¿qué más da?
Si no puedo dar
no tengo nada
Si no reciben de mí
me lo roban todo

Tú me diste un alma grande
El mundo un cuerpo pequeño
El hombre un lugar diminuto

No puedo hablarte
sin burlarme de ti
No es nada personal
mi alma está enferma
No es nada personal
el mundo está enfermo

El mundo ha olvidado
que el Diablo es el rey de la mentira
Dondequiera que miro
allí lo encuentro
¿Me engaña a mí
o los engaña a ellos?


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NotaPublicado: 05 Dic 2019, 06:09 
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Algo que escribí hace un rato:
"Tras horas intentando responder e incluso habiendo imaginado que amenazo a gente (no del foro) para que me de respuestas, siento que no sé las respuestas"
O tal vez dudo o me autoengaño o vaya a saber, pero me da igual. Sólo puedo decir lo que experimenté, no lo que me parece verdad, porque... lo de arriba.

Estoy bastante enojado, o empujado por mis asuntos, así que no ando con ánimos de agregarme asuntos de los demás, sorry.

_________________
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NotaPublicado: 05 Dic 2019, 19:26 
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Registrado: 21 Jul 2015, 03:24
Mensajes: 1623
muy entretenido, de la intriga que me generaron los primeros párrafos me leí todo el texto

_________________
Todos los días se aprende algo nuevo, el tiempo nunca se pierde, siempre se gana experiencia


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NotaPublicado: 06 Dic 2019, 18:14 
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Ubicación: España
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Racsó Tsuj
Lleno o vacío
¿qué más da?
Si no puedo dar
no tengo nada
Si no reciben de mí
me lo roban todo

Tú me diste un alma grande
El mundo un cuerpo pequeño
El hombre un lugar diminuto


¿Lleno o vacío? Algunas de las personas que conozco y me parecen valiosas, de pronto un día comenzaron a dejarse llevar por impulsos irracionales. Como si la razón ya hubiese tocado los topes del cerebro y tenían que aprender también del fluir como los artistas. Todo esto tuyo me ha sonado a eso, como si para una parte de ti, lo racional ya no llena todo lo que necesitas para alimentarte, y que ahora quizás juegas a expresar ese fluir y sentir a ver qué pasa. Supongo que ese fluir a veces sabe lo que hace y dónde ir, si además de fluir intentamos poner atención. Eso me sale decirte y que muchas cosas que has dicho me han resonado, como ese querer ser "el profeta" y de pronto sentir "oh, padre por qué me has abandonado"? Oh hijo, para que ahora que ya sabes caminar lo hagas por ti mismo con tu propio esfuerzo y libertad, yo seguiré aquí. Son locuras quizás, Racsó, pero es la respuesta que digamos yo siento que tuve a por qué ese abandono. Por haber tocado tierra ya por uno mismo.


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