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NotaPublicado: 21 Sep 2015, 19:27 
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Hola a Jeremy y a todos.
Sigo retocando el relato, procurando evitar el reenvío de largos mensajes duplicados.
Ahora el relato incluye el contenido básico de los dos libros de información esencial que los ugarianos han dado a Supreniranto.
Cordialmente, de Alexandre Xavier Casanova Domingo, correo electrónico trigrupo @ yahoo . es (trigrupo arroba yahoo punto es).


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NotaPublicado: 30 Sep 2015, 16:15 
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Hola a Jeremy y a todos.
Sigo ampliando el relato.
Ahora incluye la convocatoria de una reunión filosófica en Ugari, el encuentro de Supreniranto con el flenofico, animal endémico (característico) de Ugari y los detalles del viaje de Supreniranto hasta Portuo, ciudad marítima que es la entrada natural al territorio de los disidentianos, Disidentia. Esta parte acentúa las características formales de ciencia ficción, un tanto en la línea de Philip Kindred Dick (Philip K. Dick), el autor estadounidense de ciencia ficción y fantasía tan popular en Europa, y en el que mucho me inspiro.
Cordialmente, de Alexandre Xavier Casanova Domingo, correo electrónico trigrupo @ yahoo . es (trigrupo arroba yahoo punto es).


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NotaPublicado: 30 Sep 2015, 17:47 
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Tercera parte.
Padma y Cuculcán hablaron con muchos ugarianos sobre la petición de Supreniranto, o sea participar en las reuniones filosóficas que se celebraban en Ugari. Estas reuniones se celebraban con periodicidad muy variable, pero solía haber alguna cada año. Con ocasión de la petición de Supreniranto, una petición poco frecuente, como poco frecuente era la llegada de nuevas personas a Ugari, los ugarianos interesados en las reuniones filosóficas decidieron convocar una nueva reunión en la que darían amplia participación al nuevo filósofo ugariano, Supreniranto, y a su escuela de filosofía, el arqueoindividualismo. Esta escuela filosófica tiene muchos sinónimos, como "movimiento de las rayas rojas", "revolución del arquetipo", "materialismo espiritual", "ateísmo religioso", "libertarismo metafísico", "existencialismo objetivo" e, incluso, "derecha revolucionaria", aunque el término preferente es "arqueoindividualismo". Como indica la etimología, es un individualismo radical, pero no basado en caprichos emotivos irracionales, sino en principios metafísicos y científicos muy antiguos, objetivos, sólidos y profundizables; de ahí el prefijo "arqueo", el cual significa tanto "principio" como "antiguo".
La reunión se convocó para un mes después de la petición de Supreniranto.
Pero, ya al día siguiente de la convocatoria, Supreniranto decidió hacer una visita preliminar a Disidentia.
Casi toda la población humana de Ugari, o sea unas ciento cuarenta mil personas, se concentraba en una costa occidental de una península perteneciente a uno de los continentes. Vivían en aldeas de cien o doscientos habitantes, generalmente. Mas también había una ciudad grande, de unos veinte mil habitantes, a la que podemos considerar la capital de este planeta, Ugari. Esta ciudad se llama, en esperanto, Chefurbo o Ĉefurbo (dos variantes ortográficas con la misma pronunciación) y este nombre significa, obviamente, ciudad principal o capital. Dispone de puerto marítimo, aeropuerto, astropuerto (para viajes planetarios o interestelares), estación de autobuses y estación de tren. El gran río Riverego (en esperanto: río enorme) es ancho, larguísimo y navegable en toda su longitud a través del continente, por lo cual Chefurbo, a orillas naturalmente del Riverego, tiene también puerto fluvial y una flota de barcos para navegación por agua dulce; hay también grandes lagos de agua dulce cerca de Chefurbo. A esto debemos sumar la existencia de universidades y centros de investigación en cantidad y calidad notables. Así, a los chefurbanos les gusta considerar que Chefurbo es la Atenas de Ugari. De muy distinta opinión son las pocas decenas o centenas de ermitos (en esperanto, "ermito" significa "ermitaño") que se distribuyen por todo el planeta, individualmente o en grupos de hasta media docena de ermitos. Lo típico es que, en Ugari, un ermito considere que Ugari está, precisamente, para realizar el viejo y bello sueño de Ayn Rand, "Liberad al hombre de los hombres.", sin olvidar que, según Schopenhauer, "El hombre es social por necesidad y solitario por naturaleza.", o que según fray Luis de León, el hombre feliz es el que "Con Dios solo se acompasa/ y a solas su vida pasa/ ni envidiado, ni envidioso./". Los ermitos tienen una amplia producción intelectual de marcado misticismo metafísico, y está claro que se consideran (a sí mismos) como los bramanes vedánticos o upanisádicos de Ugari, en su sabiduría forestal. De todas maneras hablamos de Ugari, no de la Tierra, así que los ermitos no tienen empacho en mandar sus reflexiones filosóficas al gran ordenador general de Chefurbo, para que cualquier interesado en ellas las lea, imprime o modifique a su entender. El ermito y el chefurbano son dos tipos sicológicos muy diferentes dentro de Ugari, pero no son enemigos sino complementarios.
El otro gran núcleo de población en Ugari es, naturalmente, Disidentia. Esta gran isla a distancia media de Chefurbo (que dista unos veinte quilómetros de la casa de Supreniranto) tiene unos pocos cientos o miles de habitantes, dispersos también en aldeas, y en este caso sin nada similar a una gran ciudad o capital central. Sí que existe un puerto marítimo cercano relativamente a Chefurbo, llamado Portuo en ido (una variante reformada y simplificada del esperanto). Este puerto se localiza en el extremo sureste de la isla Disidentia, la zona más cercana a Chefurbo. Es la mayor población de Disidentia, mas de todos modos sigue siendo una aldea con pocos cientos de habitantes. De hecho, casi toda la población de Disidentia reside en el extremo sureste de la isla, aunque toda Disidentia es habitable, con suave clima entre semitropical y atlántico, incluso en el interior de esa gran isla. Los disidentianos, recordémoslo, prefieren hablar y escribir a comunicarse por telepatía, de ahí que su lengua predominante y oficial de hecho es el ido.
Por tanto, el plan de Supreniranto era viajar desde los alrededores de su casa a Portuo. No necesitaba para ello desplazarse previamente a Chefurbo.
Supreniranto, desde su casa, pidió al gran ordenador, por orden telepática, un aerodeslizador que, desde Chefurbo, se posara en un claro de los bosques cercanos a su casa. El aerodeslizador, llamado allí "vimana" en honor al homónimo y tecnológicamente muy avanzado vehículo aéreo de la época sánscrita, se posó en un claro a la vista de Supreniranto tras un cuarto de hora.
El vimana al que se subió Supreniranto tenía muchos modos de desplazamiento. Ahora bien, para un desplazamiento entre medio y corto, de unos pocos cientos de quilómetros, y que transcurría casi totalmente por mar, el modo idóneo era precisamente el modo de aerodeslizador, flotando a unos treinta metros por encima del nivel del mar o del llano. La orografía de Ugari es poco montañosa, de modo que el viaje se hacía casi siempre en línea recta. Si aparecían un árbol o una colina de altura igual o superior, los sensores del vimana esquivaban el obstáculo e inmediatamente se reintegraba el vimana a su trayectoria en línea recta.
Supreniranto puso el vimana a velocidad mínima, unos trescientos quilómetros por hora, para llegar a Portuo en dos horas escasas y, mientras tanto, contemplar tranquilamente el paisaje desde el aire.
El vimana despegaba y aterrizaba en vertical. Cualquier extensión llana y aproximadamente redondeada de unos cien metros cuadrados, o un cuadrado con unos diez metros de lado, le servía para aterrizar o despegar. Su forma achatada, redondeada y ligeramente alargada, como de plato ovalado o fuente para servir alimentos, lo asemejaba muchísimo al clásico ovni o platillo volante de la ciencia ficción.
Como la casa de Supreniranto, Chefurbo y Portuo eran tres puntos geográficos casi en línea recta, al aproximarse a Chefurbo le dijo Supreniranto al vimana (que, naturalmente, volaba en modo automático), por voz, una orden de pequeño desvío.

- Supreniranto. Desplázate hacia Chefurbo y atraviesa la ciudad sobrevolándola por encima del aeropuerto. Al salir, retoma la trayectoria por mar hasta Portuo, descendiendo, claro está, en cualquiera de las plazas del aparcadero para vimanas que hay cerca del muelle de Portuo.

Así lo hizo el vimana, y de este modo Supreniranto pudo contemplar la mayor urbe del planeta. Se veía la mayor parte, pero para mejor visión, hacia el centro urbano Supreniranto hizo que el vimana subiera ya en modo de avión, aquí unos trescientos metros de altura, con lo cual pudo observar toda la ciudad y muchas de sus numerosas aldeas vecinas, sin solución de continuidad con el casco urbano. La propia casa de Supreniranto estaba en una aldea cercana a Chefurbo.
La gente, en Chefurbo, se desplazaba casi siempre a pie o en vimana. De los edificios, generalmente bajos, con unos veinte metros de altura máxima y dos o tres plantas, salía esporádicamente algún habitante o entraba en el edificio. A esas horas había pleno sol, y numerosos chefurbanos andaban por las calles y plazas de la megalópolis, pues megalópolis era, en Ugari, una ciudad con veinte mil habitantes. El plano general de Chefurbo era como de una araña alargada o un ciempiés, que partía del puerto marítimo, donde desembocaba el río Riverego, y seguía unos cuantos quilómetros a lo largo del Riverego, con calles y urbanizaciones en densidad rala que se sucedían, a un lado y otro del río, algunas decenas de metros saliendo de cada orilla fluvial. Disponía de numerosos puentes que cruzaban el Riverego. El astropuerto, el aeropuerto (que también era helipuerto, para helicópteros y otros vehículos aéreos de radio pequeño), la estación de autobuses y el nudo ferroviario disponían de amplio espacio, pero el tráfico de vehículos era escaso, como también lo era el tránsito en el puerto fluvial. Esta gente se movía casi siempre a pie.
Contempló el caudaloso Riverego, en el cual daban saltos algunos alegres ejemplares de pez juez, peje juez, pejejuez, juez cerdo, cerdo juez, cerdojuez o juecerdo, animal que luego volvería a ver en el mar, y abandonó la ciudad. Bajó la altura, de nuevo, al modo típico del aerodeslizador, unos treinta metros por encima del mar.
Dado que, en realidad, el extremo meridional de Disidentia y el continente en el que se enclavaba Chefurbo formaban parte de la misma plataforma continental, la profundidad del mar era escasa por el camino, camino jalonado por numerosas islas con transparente agua a su alrededor, que dejaba ver el frondoso bosque sotomarino. Casi todo el planeta era boscoso, selvático o herboso, lleno de continuas praderas. Y esa continuidad vegetal no se rompía desde el manglar de Chefurbo hasta el manglar de Portuo, pasando por las praderas marinas visibles desde el aire, por las algas de superficie o por las arboladas y frondosas islas del camino marítimo entre ambas ciudades.
Durante todo el trayecto lo acompañaron los peces jueces. El pez juez es uno de los fenómenos biológicos más notables en Ugari. El pez juez, cuyo nombre científico en latín es Pseudopiscis Judex Tremendus, es decir, Seudopez Juez Tremendo, Temible o Espantoso, toma su significativo nombre habitual de sus costumbres etológicas. En efecto, cuando está en el agua su coloración de cuerpo y aletas recuerda extraordinariamente a un magistrado, juez, fiscal o abogado, ya que es negra con unas bandas blancas como puñetas cerca de las manos o garras al final de las aletas o extremidades anteriores, cercanas a la cabeza. Y la tal cabeza remata en una cresta roja, como un bonete o birrete muy parecido al que cierne la cabeza de un juez. Así, cuando este animal nada, recuerda mucho a un juez desplegando su negra toga. Y cuando un pez juez avista a un ser humano (cuyo tamaño es similar al de un pez juez, por otra parte) suele mover sus aletas anteriores y su cabeza apuntando severamente al hombre al que ve, como acusándolo, juzgándolo y condenándolo. Si son varios los peces jueces cercanos, pronto forman un tribunal de diez, doce o quince peces jueces que rodean al hombre acusado incriminándolo con sus manos, profiriendo intimidantes gritos o voces de imputación, juicio y condena, distribuyéndose en semicírculo o banco para la mesa del tribunal.
Aunque, en realidad, este animal es completamente inofensivo para el hombre. Sus conductas etológicas judiciales son, en realidad, mecanismos defensivos y de contacto ante un posible depredador o ser peligroso. Cuando el pez juez comprueba que el ser humano que tiene delante no presenta una actitud agresiva, deja de intentar amedrentarlo con juicios e incluso curiosea aproximándose a él.
El sinónimo más frecuente, o sea cerdo juez, no es una delicada metáfora sobre la catadura moral de los jueces, como pudiera pensarse, sino una alusión a que el cerdo juez, o pez juez, comparte numerosos rasgos biológicos del cerdo; y del pez también, por otra parte.
¿Qué es, entonces, el pez juez? Por un lado es un pez; tiene branquias, respira perfectamente bajo el agua y coloniza todas las aguas de Ugari, prefiriendo sobre todo el agua salada del mar, con concentración salina parecida a la de su sangre... y a la de la sangre del hombre, ser vivo con el que comparte inquietantemente muchísimas características anatomofisiológicas.
Por otro lado es un anfibio; tiene también pulmones, respira aire perfectamente cuando saca la cabeza del agua, y sus cuatro aletas rematan en rudimentarias patas con cuatro garras, manos o pies que le sirven para desplazarse trabajosamente por la superficie seca, como una rana o un lagarto. Y pone huevos, como una rana o un lagarto.
Mas este animal, de reproducción ordinariamente sexual (aunque puede reproducirse también por partenogénesis o gemación) comparte también importantes rasgos con las aves del planeta Tierra; es de sangre caliente y homeotermo, y sus aletas están muy bien adaptadas para el vuelo en el aire, en el que recorre fácilmente cientos de quilómetros a considerable altura y gran velocidad. Tanto en el mar como en la tierra o en el aire, sigue formando juicios y tribunales contra los intrusos posiblemente amenazantes; aunque, salvo el hombre claro está, en Ugari casi no hay enemigos o depredadores del pez juez.
Las sorpresas no acaban aquí, pues a imitación de algunos mamíferos terrestres primitivos como el ornitorrinco, pone huevos... como mamífero. En efecto, los grandes huevos que pone (comestibles y muy apreciados por el hombre) eclosionan a los pocos días de la puesta y salen crías que inmediatamente maman leche de la madre; su leche es digerible por el hombre, sabrosa y muy nutritiva.
Ni siquiera podemos decir que se trate meramente de un animal omnívoro, pues este omnívoro de predominio vegetariano (como el hombre) es también autótrofo. ¡Se alimenta también por fotosíntesis, es además un vegetal dotado de clorofila!
Histológica y fisiológicamente, sus tejidos y órganos son tan parecidos a los del hombre que, aparte de la fácil digestión de su gustosa carne, sus tejidos o partes biológicas se usan fácilmente en trasplantes y otras actividades de la medicina humana en Ugari.
En cuanto a neurofisiología, sicología y sociología, es indudablemente el ser vivo autóctono de Ugari más evolucionado e inteligente. Posee un desarrollado sistema nervioso central, se organiza en tribus que construyen utensilios y cabañas con madera y otros materiales... y su fonación, que recuerda a los loros, no es solamente una excelente imitación de la voz humana, ya que la usa realmente con propósitos comunicativos. El habla de los peces jueces tiene una limitada capacidad de estructuración semántica y sintáctica en frases y palabras. Se ha empezado a enseñar con éxito el esperanto, el ido, el icuso y otras lenguas humanas simplificadas a los peces jueces.
La espinosa pregunta, entonces, es: ¿son personas? La respuesta a la cuestión, dado que en Ugari no existen monos antropoides ni vestigios fósiles de que los haya habido alguna vez, apunta paleontológicamente a que el juez pez o juez cerdo es una protopersona, como el australopiteco lo fue en el planeta Tierra. Pero Ugari es un planeta diferente, un planeta de tipo terrestre, sí, mas con leyes diferentes a las de la Tierra. Por eso la evolución biológica, muy especialista en la Tierra, ha dado lugar a un ser vivo tan generalista como el pez juez, que en vez de perder las características de seres vivos anteriores las ha incorporado en su mismo organismo. De ahí que coloniza toda la biosfera del planeta por tierra, mar, aire y aguas dulces, sin paralelo con ningún ser vivo terrestre.
Y los hallazgos asombrosos no paran aquí. Por ejemplo, el pez juez desarrolla una falsa joroba en la espalda, que al llegar aproximadamente al tamaño y la forma de un melón, se desprende espontáneamente o por un pequeño tirón sin hacer daño al animal. Si la comida escasea, el pez juez la reabsorbe por el fino tallo, o se la come una vez desprendida. También es un alimento para crías o incluso animales adultos de su misma especie. Maticemos que el pez juez carece de agresividad intraespecífica: no practica el canibalismo, el asesinato y ni siquiera las luchas rituales por apareamiento, delimitación de territorios o asignación de pastos y comida. Esta falsa joroba desprendible es también comestible por el ser humano, de buen sabor y de larga conservación por su cubierta de gruesa piel fácilmente desprendible con un cuchillo o con las uñas.
Por todas estas características, el pez juez ha sido aprovechado y domesticado (es manso e inteligente) hace millones de años para diversos usos por el ser humano tras la llegada de éste último a Ugari. También ha sido objeto de intensa investigación científica.
Aunque persiste la controversia sobre si el pez juez es realmente una persona, en la práctica se ha desarrollado hace mucho tiempo un sistema de protección de este ser vivo; ya no se mata para comer su carne, aunque se aprovechan los cuerpos muertos sin intervención humana, así como sus otros productos biológicos, como su excremento, que es un excelente combustible y una fuente farmacológica de utilísimos oligoelementos. Su piel se usa en vestidos y cubiertas, sus huesos en construcción, utensilios y complementos alimenticios. Del pez juez se aprovecha todo, como del cerdo, de ahí que se lo conoce como el cerdo de Ugari.
En Ugari, no sólo se respeta la vida del pez juez o cerdo juez, sino la de todo ser vivo con probable conciencia y capacidad de sufrir; y está claro que el pez juez piensa y sufre en caso de daño a su cuerpo (incluso a su mente). La capacidad de fabricar comida directamente desde la materia inorgánica permite esto desde hace millones de años, lo cual, unido a que posiblemente se trate de verdaderas personas, lleva a respetar siempre su vida. La comida y los medios de vida son abundantes en Ugari sin necesidad de hacer daño al pez juez.
Eso sí, dado que admite bien la monta y lleva fácilmente nadando, arrastrándose por la tierra y, sobre todo, volando, a un ser humano como montura, los disidentianos lo utilizan frecuentemente para sus desplazamientos por Disidentia o para sus viajes al continente próximo habitado, donde viven los que no son disidentianos, llamados algo despectiva o irónicamente con el nombre en ido de "teknougariano" o "tecnougariano" (ugariano tecnológico) por los disidentianos. El nombre ha sido bien aceptado por los propios tecnougarianos, y así su territorio (fundamentalmente la pequeña península occidental que habitan en el continente en que se asientan) se llama Teknougari o Tecnougari. Los disidentianos prefieren un mayor contacto con la naturaleza y el aprendizaje manual de destrezas físicas, como la equitación sobre un pez juez volador. En Tecnougari dirían que volar así es innecesariamente peligroso, y de la misma opinión era Supreniranto.
Hay quien utiliza, incluso, un nombre adicional para el pez juez, ya que no es un juez, un pez ni un cerdo, en realidad. Este nombre se toma, con pequeñas modificaciones fonéticas y ortográficas, de una lengua planificada auxiliar muy arcaica y ya en desuso, el volapuque o Volapük (la ü con diéresis se pronuncia como una u muy cerrada tendente a una i). Por tanto, este nombre es flenöfiko (con acento en la última vocal, y con la ö con diéresis pronunciada como vocal intermedia entre la o y la e del castellano), flenöfikó, flenofikó, flenoficó o flenofico. La palabra significa "amistosamente" en volapuque, y alude a que en realidad el flenofico, cerdo juez o pez juez es un ser amistoso, con el que el hombre debería vivir amistosamente.
Supreniranto continuó su viaje, deslizándose de vez en cuando con el vimana en función de barco flotante sobre el agua, o incluso bajo ella como submarino. Así, especialmente bajo el agua, pudo comprobar otra notable característica del flenofico: su luminiscencia. Las puñetas blancas y el birrete rojo del flenofico emiten una potente luz, muy útil para guiarse de noche o en la oscuridad. Escoltado en todo momento por los flenoficos, siguió a baja velocidad hasta que llegó, tras dos horas aproximadamente, a Portuo.
Allí, el vimana aparcó en una de las muchas plazas libres del apeadero y lugar de despegue para vimanas. Y Supreniranto salió del vehículo. Al momento, varios disidentianos, que sabían de su llegada, se acercaron a saludarlo, a pie o volando a baja altura montados en flenoficos.


Última edición por Alexandre Xavier el 14 Nov 2015, 18:23, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: 06 Oct 2015, 18:58 
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Hola a Jeremy y a todos.
Sigo ampliando el relato.
Ahora el relato describe la estancia de Supreniranto en Disidentia. Hay diálogos en ido, una versión reformada y simplificada del esperanto.
Cordialmente, de Alexandre Xavier Casanova Domingo, correo electrónico trigrupo @ yahoo . es (trigrupo arroba yahoo punto es).

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Cordialmente, de Alexandre Xavier Casanova Domingo, correo electrónico trigrupo @ yahoo . es (trigrupo arroba yahoo punto es). La imagen del avatar gráfico es una fotografía que me identifica realmente, no retocada, tomada en septiembre del año 2017.


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NotaPublicado: 06 Oct 2015, 18:59 
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Cuarta parte.
Dado que los disidentianos enarbolan el ido como lengua simbólica y de comunicación oral real, frente a la telepatía, convendrá ahora dar unos apuntes de ortografía y pronunciación de esta lengua, para evitar equívocos fonéticos. Hay buenas y gratuitas introducciones al ido desde el castellano, y a ellas me remito para más detalles sobre esta lengua planificada auxiliar, y para su recomendable aprendizaje.
Alfabeto del ido: tiene las 26 letras típicas del alfabeto latino, o sea "a b c d e f g h i j k l m n o p q r s t u v w x y z". La ortografía del ido es fonética, como la del castellano, o sea que se pronuncia según está escrito (muy al contrario que el inglés o el francés). Casi todas las letras se pronuncian como en castellano, con algunos matices; concretamente se pronuncian como en castellano las letras "a b d e f g i k l m n o p q r s t u w x y", al igual que el dígrafo "ch" se pronuncia del mismo modo que en español. Las letras "c h j v z" tienen una pronunciación muy diferente, y lo mismo pasa con el dígrafo "sh".
La letra "c", cuando no lleva la letra "h" a continuación, es como una "t" fundida con una "s", como en la expresión "mosca tsetsé"; nunca se pronuncia como la "k" ni como la "z". La letra "h", cuando no va precedida por una "c" ni por una "s", se pronuncia como la "j" del castellano, o preferiblemente como una aspiración más ligera. El dígrafo "sh" se pronuncia como en inglés o como el dígrafo "ch" en francés; es como una "s" tendiendo a "ch". Cuando, en ido, se quiere pronunciar separadamente la letra "h" de la letra "c" o "s" precedente, en palabras compuestas (o sea, que no se forma un dígrafo) se suele usar un guión de separación: "c-h" o "s-h". La letra "j" suena como una "ll" o "y" del castellano argentino, muy fuerte y zumbante. La letra "v" suena como una "f" fuerte y zumbante; su sonido no se confunde con el de la "b". Finalmente, la letra "z" suena como una "s" fuerte y zumbante.
No hay letras mudas en ido, salvo la "h" en los dígrafos "ch" y "sh". Por tanto, en las formas "gu" y "qu" la "u" siempre se pronuncia (habitualmente como semivocal breve). La letra "g" no cambia su pronunciación, siempre como en "garganta" del castellano, ante la "e" o la "i" del ido. Si se da la combinación "ll" se pronuncian dos eles seguidas, igual que se pronuncian dos erres seguidas ante la combinación gráfica "rr"; lo cual ocurre, raramente, en palabras compuestas. La "r" simple puede pronunciarse más o menos fuerte a comodidad del hablante. La "w" es siempre semivocal como en castellano, o como la "u" en "agua" y en "autor". La "y" es semivocal, como en "rey" o en "yeso".
Acento: en general, como en castellano, va en la penúltima sílaba. El acento no diferencia significados nunca, al revés que el contraste entre "colon" y "Colón" en castellano. En el imperativo, la terminación "ez" soporta el acento, y por tanto estos imperativos tienen acentuación aguda, al igual que los tres infinitivos, con terminación "ir" para el pasado", "ar" para el presente y "or" para el futuro. Si, a final de palabra, la letra "i" o la letra "u" van seguidas de otra vocal, forman diptongo, y el acento recae en la sílaba anterior a ese diptongo, de manera que las palabras de estos casos son llanas también, aunque las podemos considerar esdrújulas con pronunciación breve y semivocalizante de la última "i" o de la última "u". Toda palabra del ido tiene al menos una vocal. Así, los monosílabos tienen una sola vocal (o un solo diptongo) de modo que el acento de todo monosílabo va siempre en su vocal o en su diptongo.
El ido no utiliza ningún signo gráfico especial, como la "ñ" del castellano o el signo inicial de interrogación "¿". Esto permite la escritura del ido en cualquier situación, por precaria que sea (como máquinas de escribir antiguas, o procesadores de textos con un limitado juego de caracteres, o teléfonos móviles con mensajes de texto). El sentido inicial de interrogación en una frase viene dado por la palabra interrogativa que encabece la frase; y, si no hay palabra interrogativa específica, se usa la partícula "ka" a comienzo de la frase interrogativa; esta partícula interrogativa puede tomar la forma "kad", por eufonía, si a continuación hay una palabra que empieza por vocal.
Así, al salir de su vimana, Supreniranto aplicó el viejo y sabio proverbio para costumbres circunstanciales, que no atentan contra valores éticos. Y, por tanto, saludó hablando, sin telepatía, a los disidentianos que lo estaban recibiendo.

- Supreniranto. Hola ad omni. Ka vi havas bona vesto por me?

Lo cual, en castellano, significaba.

- Supreniranto. Hola a todos. ¿Tenéis un buen vestido para mí?

Porque, como cualquier tecnougariano, Supreniranto apareció ante los disidentianos en traje de Adán y Eva, completamente desnudo. Y, entre los disidentianos, era de buen tono vestirse o, al menos, adornarse. Los disidentianos, claro, no tardaron en saludarlo a su vez.

- La disidentiani. Hola, Supreniranto! Yes, ni havas bona ornata vesto por tu!

Lo cual, lógicamente, quería decir esto que sigue.

- Los disidentianos. ¡Hola, Supreniranto! ¡Sí, tenemos un buen vestido adornado para ti!

Y allí mismo los disidentianos se pusieron a vestir a Supreniranto.
En Ugari el oro, la plata y el platino son tan abundantes como el cobre, el hierro y el estaño en el planeta Tierra. Igualmente, los diamantes grandes, las esmeraldas, el ámbar y otras piedras preciosas son tan comunes que pueden encontrarse al escarbar un poco la tierra para plantar unas semillas. Y el gusano de seda está muy difundido en las moreras.
Precisamente de seda pura, sin teñir, fue el vestido que le pusieron a Supreniranto. Un vestido sencillo y ligero de una sola pieza, con bolsillos en los costados; y, para los pies, unas babuchas también de seda algo más gruesa. Una cadena de oro puro colgaba ahora de su cuello, rematada por un grueso diamante incoloro, en el cual se habían engastado por labrado y presión, sin pegamento, las letras "Supreniranto" (o sea, su propio nombre) en rubí rojo finamente tallado. Varios anillos de esmeralda, obsidiana, ámbar amarillo, turquesa, platino, jade y otros materiales preciosos completaban sus adornos. El blanco de la seda natural sin teñir era el color predominante en su vestido.
Unas pulseras en metal rojo que también le pusieron, con detallados dibujos simbólicos alusivos a Ugari y a la filosofía de los disidentianos, le llamaron la atención, por su combinación de colores metálicos verdes, azules, dorados, rojos, bronces y plateados. Así que preguntó sobre el caso al forjador de aquellas joyas, el orfebre Orlaborero, cuyo nombre en ido significa, precisamente, orfebre.

- Supreniranto. Hola, Orlaborero. Ica bunta metali esas tam rara kam bela. Ka tu uzis kupro ed aloyuri metala?
- Orlaborero. Hola, Supreniranto. Ne, me ne uzis kupro nek aloyuri metala. Por tua juveli ed ornamenti me nur uzis metali nobela, qui ne subisas noco kemiala en la atmosfero od en la aquo. La oratra koloro esas, nature, oro, e la arjentatra koloro esas, nature, arjento o platino. La altra kolori apartenas a metali nobela ne existanta en la planeto Tero. Hike, che Ugario, abundas la ahdaro por la verdo, la asrako por la bluo, la burtukalo por la redo e la bunio por la bronzatro. Ica metali nobela havas nomi inspirita da la linguo Araba.

Lo cual en castellano sería como sigue.

- Supreniranto. Hola, Orlaborero. Estos metales polícromos son tan extraños como bellos. ¿Has usado cobre y aleaciones metálicas?
- Orlaborero. Hola, Supreniranto. No, no he usado cobre ni aleaciones metálicas. Para tus joyas y adornos solamente he usado metales nobles, que no sufren daños químico en la atmósfera o en el agua. El color dorado es, naturalmente, oro, y el color plateado es, naturalmente, plata o platino. Los otros colores pertenecen a metales nobles inexistentes en el planeta Tierra. Aquí, en Ugari, abundan el ajdaro para el verde, el asraco para el azul, el burtucalo para el rojo y el bunio para el bronce. Estos metales nobles tienen nombres inspirados en la lengua árabe.

En los días siguientes, los disidentianos fueron enseñándole Disidentia a Supreniranto. Su sociedad tendía a las tecnologías de media o baja intensidad, a la artesanía y a la manualidad. Acuñaban moneda (siempre de metales nobles) y la utilizaban como recompensa en sus juegos y concursos. Supreniranto pronto aprendió también a montar en flenofico, o sea en pez juez o pájaro juez, y, a lomos de su flenofico, volaba por la isla con los disidentianos. Una estética algo barroca y recargada impregnaba la música, la arquitectura, la pintura, la literatura y la filosofía de aquellos hombres, los cuales sostenían que, para llegar al plano supremo, era preciso dominar las formas concretas del plano material. Era como un tantrismo visual e imaginativo muy desarrollado conceptualmente. Pero a Supreniranto le parecía un camino propenso a caídas, y no sólo del flenofico. Hacia el final de su estancia en Disidentia, un incidente significativo lo confirmó en sus sospechas.
Volaba cerca de Portuo con sus compañeros de excursión, cuando vieron, desde sus flenoficos, unas hermosas chicas a poca distancia en el suelo, que cantaban y bailaban con sus brillantes trajes y adornos. El flenofico de Supreniranto, un ejemplar muy inteligente, llamado Parolanto (en ido o en esperanto: el que habla) que hablaba ido bastante bien, le dijo a Supreniranto algo inesperado.

- Parolanto. Supreniranto: ica bela puerini advokas tu.

O sea algo así.

- Parolanto. Supreniranto: estas bellas muchachas te llaman.

Tendría razón Parolanto; al fin y al cabo, era un flenofico, y el flenofico o cerdo juez tiene, entre otras cosas, el finísimo oído de los cerdos. Así que Supreniranto y sus compañeros aterrizaron y se bajaron de sus monturas. Supreniranto se acercó a las bellísimas mujeres que lo esperaban. Iban someramente vestidas y muy enjoyadas, con unas túnicas transparentes ideadas para recalcar sus cuerpos, no para ocultarlos, y con sus embriagantes perfumes y su seductora música, que tañían con arte en cítaras y flautas, lo atrajeron.

- Supreniranto. Hola, belega puerini. Quon deziras vi?
- La puerini. Hola, Supreniranto. Ni deziras tu! Ni volas donar a tu amo ed amoro ultra omna sonji tua.

Como era de esperar, el diálogo significaba algo como esto a continuación

- Supreniranto. Hola, bellísimas muchachas. ¿Qué deseáis?
- Las muchachas. Hola, Supreniranto. ¡Te deseamos a ti! Queremos darte amor y concupiscencia más allá de todos tus sueños.

Ante esta situación, todo estaba muy claro: o Supreniranto era sodomita perdido, o no lo era.
Y no lo era. Aquellas mujeres le gustaban como el helado de chocolate.
Ante la difícil situación, Supreniranto se sentó en la hierba, al lado del harén de huríes y de sus compañeros varones sonrientes, que habían descendido de sus respectivos flenoficos. Y, allí, hizo una invocación.

- Supreniranto. Nur a iti qui amas sen deziro on donos la povo en la horo maxim obskura. Nagualo, me demandas tua aparuro!
- La Nagualo. Supreniranto, hike mi esas, kun la Princo de la Advokati apud me.
Y eso, lógicamente, tenía un significado muy concreto.

- Supreniranto. Sólo a aquéllos que aman sin deseo se les concederá el poder en la hora más oscura. ¡Nagual, te invoco!
- El Nagual. Supreniranto, aquí estoy, con el Príncipe de los Abogados a mi lado.

Efectivamente, el Nagual se apareció a todos, con una túnica blanca de seda parecida a la de Supreniranto, pero sobria de adornos, y a su lado apareció también Satanás con su toga, su birrete, su rabo, sus cuernos y su tridente, caído en el suelo y sin poder levantar las piernas, porque una fuerza superior a su hediondo poder jurídico lo mantenía bien sujeto.
Orlaborero hizo un comentario.

- Orlaborero. Quo? Ka la Nagualo hike? La Nagualo esas tabuo mem en Ugario...

O sea, que dijo esto en castellano.

- Orlaborero. ¿Qué? ¿El Nagual aquí? El Nagual es un tabú incluso en Ugari...

Supreniranto, entonces, explicó a todos lo que había pasado. Satanás, tras su fracaso anterior, volvió a intentar capturar el alma de Supreniranto incitándolo a una sensualidad aparentemente libre de culpa y de pecado, como se propugnaba abiertamente en Disidentia. Mas nuestro hombre vio claramente que eso era explotar su debilidad de alma aún existente, y percibió de inmediato la oscura presencia del Presidente de los Tribunales. Por eso invocó rápidamente al Nagual, el cual acudió y derribó a Satanás al instante, poniendo fin a su hechizo.
Supreniranto pidió al Nagual que liberara por el momento a Satanás, que ya se ocuparía Supreniranto personalmente de él. Al momento el Nagual liberó al Juez Inicuo, que con miedo se encaró a Supreniranto, el cual con formidable coz en las nalgas lo envió de vuelta al infierno.
Ante las turbadas muchachas y los atónitos jinetes varones, Supreniranto explicó que, para él, la castidad santa, en sánscrito bramacharía o brahmachariya, era irrenunciable, y que todo apego a los placeres sensuales estaba fuera de su ruta a la eternidad gozosa. Que no se trataba de un desprecio a la juventud y a la belleza, sino de la purificación de todo enredo material. Añadió que las asechanzas del Gran Abogado seguirían, sin duda, pero que, para vencerlo una y otra vez, todos en Ugari, fueran disidentianos, chefurbanos o ermitos, practicaban la sabiduría aprendida y la desarrollaban.

Y añadió algo con sorna, en valenciano.

- Supreniranto. Advocats i procuradors, a l'infern de dos en dos. En més: setze jutges d'un jutjat mengen fetge d'un penjat.

Se entenderá, pero de todos modos en español va como sigue (perdiendo la rima del original).

- Supreniranto. Abogados y procuradores, al infierno de dos en dos. Además: dieciséis jueces de un juzgado comen hígado de un ahorcado.


Volaron todos hasta Porto en flenoficos, incluidas las encantadoras huríes del paraíso, y allí Supreniranto se despidió de todos, agradeciéndoles sus enseñanzas y sus regalos, que se llevó a bordo del vimana. En el aparcamiento de vimanas, cogió su vehículo, les recomendó a sus acompañantes que participasen en la próxima reunión filosófica que tendría lugar en Ugari y subió a su vimana.
Puso el vimana a velocidad normal, y en unos veinte minutos aterrizó en el claro de bosque habitual cercano a su casa.


Última edición por Alexandre Xavier el 14 Nov 2015, 18:25, editado 1 vez en total

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Hola a Jeremy y a todos.
Sigo ampliando el relato.
Ahora el relato describe el comienzo de la importante reunión filosófica celebrada en Ugari con motivo de la llegada de Supreniranto a este planeta, hasta junto antes del discurso largo inicial que hace el propio Supreniranto. El ambiente filosófico oriental es evidente aquí.
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Quinta parte.
Se ultimaban los preparativos para la reunión filosófica. Como la mayoría de estas reuniones, tendría lugar en el "palaco para eksponasionos ei kongresos de isa cefurbo", o sea el Palacio para exposiciones y congresos de Chefurbo. Recordemos que en icuso se escribe siempre en minúsculas, que la letra "c" suena como la "ch" del castellano (en icuso no hay dígrafos) y que el artículo "isa" indica nombre propio.
Confirmaron previamente su asistencia unos trescientos participantes; un número muy superior al habitual, evidentemente porque querían oír a Supreniranto y lo que tenía que decir sobre la nueva escuela de filosofía, el arqueoindividualismo. Por tanto, los organizadores prepararon mil plazas de alojamiento, o sea más del triple de los asistentes previstos. Pero en Ugari la construcción de casas no era un gran problema, pues una vivienda de una o dos plantas se fabricaba bien en cuatro horas, y quedaba lista para su uso inmediato. Los materiales eran ecológicos y biodegradables, y la casa se podía desmontar a una velocidad similar a la que se montaba.
Entre los asistentes había de todo: tecnougarianos no chefurbanos, también chefurbanos (tecnougarianos residentes en la capital, Chefurbo), disidentianos, ermitos (en icuso, esperanto e ido: ermitaños), alguna hurí del harén que intentó seducir a Supreniranto e incluso Parolanto, el inteligente flenofico dotado de la capacidad de hablar. Al Nagual y a Satanás, como no eran entidades propiamente físicas, no se los esperaba en la reunión filosófica; mas, estando en ella Supreniranto, con su gran capacidad para invocar voluntaria o involuntariamente a las dos entidades, era bien posible que se aparecieran durante el congreso de filósofos.
Supreniranto, de manera material, estaba un tanto al borde de las diferentes categorías sociales en Ugari. Era, evidentemente, un tecnougariano pero no chefurbano, por geografía y por costumbres. Mas, al este, la aldea en la que vivía estaba cerca de Chefurbo; al oeste, cerca del mar y a mínima distancia de Nueva Atlántida (Disidentia); al sur, dado que vivía en el extremo sur de su aldea, se hallaban grandes bosques con algunos ermitos, a los que gustaba conversar con Supreniranto paseando. Y, al norte, estaba la aldea en la que solía vivir.
Esto traslucía, sicológicamente, las preferencias de Supreniranto. Bastante misántropo, comulgaba con la sentencia de Schopenhauer según la cual "Podemos comparar la sociedad con una hoguera cerca de la cual se calienta la persona prudente, pero a la debida distancia y sin meter las manos en ella, como hace el necio. Éste, tras haberse quemado, huye al frío de la soledad y se lamenta de que el fuego queme.". No le daba, de ninguna manera, por vivir en la gran ciudad, en la cercana Chefurbo, y la relativa incomodidad en que vivían los ermitos (aunque, sí, con agua caliente, electricidad, comida abundante y fácil desplazamiento por todo el planeta) le resultaba demasiado dura. Así que prefería su casa muy tecnificada en la aldea, al borde del bosque, en ascetismo suave (por tanto, sin ropa y sin concupiscencia, al revés de las tentaciones disidentianas) y en contacto con los otros seres humanos; pero contacto voluntario, no forzado por las circunstancias, y sin compromisos.
Un poco antes de la hora prevista para abrir la reunión filosófica, salió a Chefurbo. En esta ocasión no fue a pie, ni en vimana, ni montado a lomos de un flenofico (que, como un pato, viajaba por tierra, agua y aire).
Supreniranto salió levitando.
La levitación era un poder conocido y practicado en Ugari; de hecho, otro fenómeno paranormal, la telepatía, era preferido al lenguaje oral para comunicarse, y la telequinesia, la bilocación, etcétera, se utilizaban e investigaban en Chefurbo y otros lugares de Ugari. Que Supreniranto levitara, pues, no causaba especial extrañeza en Ugari; pero que a los pocos días de su llegada al planeta manejara con gran destreza y velocidad esta habilidad, sí que hacía sospechar a muchos que, de sus frecuentes tratos con el Nagual y con Satanás (ambos buenos levitadores) Supreniranto había aprendido muchos de los trucos y habilidades de la Serpiente Antigua, aunque soñase con aplastarle la cabeza rematada en bífida y venenosa lengua, en aplastarles las cabezas a tal inhóspita serpiente y al resto de los abogados. ¿Se le había pegado algo de Satanás a Supreniranto, a fuerza de combatirlo? Dejémoslo de momento en que el diablo sabe más por viejo que por diablo, y que por tanto mucho había aprendido Supreniranto de este consumado juez corrupto, y por supuesto del Anciano de los Días, el inefable Nagual. Como le gustaba repetir a Supreniranto: la verdad es la verdad, dígala Agamenón o dígala su porquero.
Estas habladurías eran típicas del cotilleo en las grandes urbes, y he ahí otra razón de que Supreniranto las evitara. Por su lado, Supreniranto afirmaba sobre estos temas, en línea con la sabiduría espiritual clásica, que exhibir poderes paranormales o milagros es comportarse como una prostituta que se acicala para recibir un premio. Supreniranto se desplazaba volando por levitación dirigida, en distancias cortas y medias (incluso volando sobre el mar hasta llegar a Disidentia) simplemente porque le gustaba y era para él un medio cómodo de desplazamiento, aunque las habladurías dijeran que parecía un flenofico, esto es, ¡un pájaro juez! Envidia podía ser, porque pocos levitaban tan bien y sin cansarse. Por otro lado la levitación solía ser un indicio de elevación espiritual; en efecto, quien se siente muy pesado anímicamente, muy acongojado por las fútiles miserias del mundo material, tenderá en lo físico a estar gordo, pesado y torpón, o sea que no levitará. Más fácilmente levitará un santo que un criminal con o sin toga.
El caso, pues, es que, sin exhibicionismo pero también sin ocultarse, Supreniranto salió levitando de su casa y a unos diez metros de altura voló por los escasos quilómetros que lo separaban del palaco para eksponasionos ei kongresos de isa chefurbo, situado al borde de una espléndida playa turística. Un cuarto de hora después llegó al pasillo de recepción. Faltaba una hora para la inauguración del congreso de filósofos. Nadie le pidió que se identificara; lo conocían bien. Preguntó al recepcionista por la sala donde lo esperaban, y allí se dirigió.
Se trataba de una sala con una gran mesa semicircular desde la cual se veía a lo lejos un maravilloso panorama marítimo y costero a través de la inmensa cristalera. El sol brillaba con fuerza.
Unos cinco minutos antes de la hora inaugural, todos se fueron sentando. El título oficial (en icuso) de esta reunión era "la arkeoindividuismo ei suas perspektivos para la liberasiono metafisika"; o sea, obviamente, "El arqueoindividualismo y sus perspectivas para la liberación metafísica".
Tomó en primer lugar la palabra Cuculcán. Y Cuculcán, sencillamente, anunció que comenzaba el congreso y que correspondía empezar a hablar a Supreniranto, como reconocido jefe de escuela para la nueva filosofía, el arqueoindividualismo. Cuculcán recomendó a Supreniranto que hiciese para empezar una introducción breve, una introducción breve que presentase con nitidez los rasgos definitorios de la nueva escuela filosófica. Lo de hablar, claro, es metáfora, porque Cuculcán en realidad telepateaba, y también telepáticamente se iba a expresar Supreniranto.

- Supreniranto. Ola, salut, kaixo, hola, saluton, pe salutos ba totos.

Es decir, que Supreniranto comenzó saludando por voz en gallego (fonéticamente igual que en castellano, aunque con distinta ortografía), en valenciano, en vascuence, en ido (con "h" inicial aspirada), en esperanto y, finalmente, en icuso. A continuación, claro, pasó a expresarse telepáticamente.

- Supreniranto. Hola de nuevo a todos. He querido empezar saludándoos por voz en distintas lenguas, para recalcar que somos, todavía, seres encarnados en cuerpos físicos, que necesitan lengua y orejas para entender, siendo la telepatía inmaterial (si es que la telepatía es totalmente inmaterial) algo bastante posterior a la entrada del alma en un cuerpo físico, a su existencia como animal. El hombre es un animal posiblemente racional, pero animal de entrada y de todas, todas las maneras. Ahora, sí, por telepatía, como solemos comunicarnos en Ugari, seguiré la atinada sugerencia de Cuculcán. Intentaré una breve y clara exposición inicial del arqueoindividualismo, que lo presente acertadamente. Para todos, incluso para entidades de cuya existencia muchos dudan, como el Nagual o el Príncipe de los Abogados.

Al momento, Satanás, que estaba escuchando atentamente a Supreniranto desde el infierno, se personó al darse por aludido. Iba con su clásico aspecto de macho cabrío de color rojo, con tridente en la garra superior derecha, encima de los cuernos un birrete judicial, sobre el cuerpo una toga negra de abogado con la imagen bordada en oro de una mujer con los ojos vendados sosteniendo una espada en una mano y una balanza en la otra; y ya saliendo de la toga, al Gran Abogado se le veían, por abajo, el rabo y las pezuñas. Tomó la palabra brevemente antes de sentarse.

- Satanás. Tengo tanto derecho a participar en esta reunión como cualquier otro filósofo.
- Supreniranto. ¡Ya salió el rábula éste esgrimiendo sus derechos! Muy bien: es cierto que Satanás puede participar en esta reunión como filósofo, y no seré yo quien lo expulse. Ahora bien, apelo a ti, Nagual, a ti que nos esperas, en principio, para acogernos en el Nivel Supremo de la Realidad, a fin de que acudas con tu sabiduría y no nos dejes inermes ante este poderoso rábula. Tú, Nagual, vales muchísimo más que un abogado.

Al instante el Nagual atendió la invocación de Supreniranto y se apareció también. En esta ocasión, su aspecto difería mucho al de sus encuentros habituales con Supreniranto en Ugari. Aparecía como una mujer de extraordinaria belleza, pero totalmente despojada de adornos. Ninguna diadema ceñía sus largos y brillantes cabellos, ninguna sortija fulgía en sus finas manos, nada de maquillaje tintaba su hermoso rostro, ni cadenas de oro o cinturones de seda realzaban su embriagadora belleza natural. Solamente portaba una sencilla túnica anaranjada de yoguini, de mujer en meditación yóguica. Vestía, pues, como una asceta que renunciaba a la vanidad del mundo y buscaba la paz del alma más allá de las apariencias. Sobre su túnica anaranjada se dibujaba un mandala con el inexorable círculo de las reencarnaciones mas, ya fuera del círculo, también figuraba un sereno sabio ya libre del espantoso rodar de los avatares (reencarnaciones). Era la diosa Durga, la Gran Madre que otorga el triunfo final del Bien sobre el Mal, la amante eterna o el principio femenino eterno del dios supremo Visnú; era Sofía, el principio de la sabiduría primordial. La Invencible Diosa Durga saludó inicialmente a Supreniranto en el lenguaje de los dioses, o sea el sánscrito.

- Durga. नमस्ते. अहं दुर्गा अस्मि. सत्यत् नास्ति परो धर्म. (pronunciación aproximada: Námaste. Áham Durga aasmi. Sátyat nasti paro darma.).

Lo cual en profano español dice como sigue.

- Durga. Te saludo. Yo soy Durga. No hay doctrina más elevada que la verdad.

A continuación, la diosa Durga tomó un asiento y se dirigió telepáticamente a todos.

- Durga. Bienvenidos seáis todos los que buscáis el conocimiento supremo, que desliga del mal y lleva a la alegría sin fronteras. Escuchemos lo que el bramacharin Supreniranto tiene que decirnos.

En sánscrito, un bramacharin (en sánscrito original: ब्रह्मचारिन्) es un serio estudiante, célibe y casto, de la verdad espiritual con su práctica mundana concreta. Así, el bramacharin (o caminante hacia el Ser Supremo) Supreniranto retomó su exposición a la asamblea de filósofos.

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Hola a Jeremy y a todos.
Sigo ampliando el relato.
Ahora el relato presenta el discurso largo inicial que hace el propio Supreniranto en la reunión de filósofos. Se trata de una notoria exposición inicial del solipsismo matizado que forma la base metafísica del arqueoindividualismo.
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Sexta parte.
- Supreniranto. Ahora, sí, parece que habéis llegado todos a la reunión. Empezaré pues.
La gente que conoce poco y mal a la filosofía, dice que los filósofos somos unos inútiles que no hacen nada de provecho. Esa crítica tiene mucho de verdad. Sin embargo, hay algo en la verdadera filosofía que es útil y verdadero sin duda alguna.
¿Qué es eso tan útil y verdadero? Que cualquiera pretende ser feliz, que cualquier ser consciente prefiere ser feliz que ser desgraciado.
He ahí pues el punto de partida del arqueoindividualismo: que ser feliz es la suprema aspiración de todo individuo, y que por tanto merece el esfuerzo investigar las leyes y causas que llevan a la felicidad.
Pero esto que parece tan sencillo acarrea dos dificultades formidables: saber qué es el yo, y saber qué es la felicidad.
La dificultad esencial con estos dos conceptos, el yo y la felicidad, es que son conceptos necesariamente subjetivos; por muy bien que investiguemos y conozcamos sus bases objetivas, si hay un yo, es que alguien percibe a un yo; y si hay felicidad, es que alguien percibe a una felicidad. No es lo mismo que investigar en geometría las propiedades de los triángulos rectángulos, ni que investigar en botánica las semillas y frutas comestibles de las coníferas. Un triángulo rectángulo tiene sus propiedades definidas una vez que se han investigado, aunque nadie mire una representación gráfica de ese triángulo rectángulo; y una semilla comestible de conífera también tiene definidas sus propiedades cuando se han investigado, aunque nadie esté comiéndola y notando su sabor. Son objetos sin necesidad de sujetos. En cambio, si nadie percibe a un yo, no hay yo, y si nadie percibe a una felicidad, no hay felicidad. No hay, hablando precisamente, un yo inconsciente ni una felicidad inconsciente. Puede haber un yo preconsciente, en estado de latencia, pero eso no es todavía un yo propiamente dicho, pues sin conciencia de yo, no hay yo. Y puede haber una prometedora base de la felicidad, pero eso no es todavía la felicidad, pues sin percepción de felicidad, no hay felicidad. Según la esclarecedora terminología de Aristóteles, el yo y la felicidad son dos seres que no admiten ningún grado de potencia, dos seres que son siempre acto puro de ser. El yo, si es un yo, siempre está siendo actual y plenamente un yo. Y la felicidad, cuando se siente, se siente siempre actual y plenamente como felicidad. No hay aquí potencia ni gradación; no hay una felicidad a medias ni, sobre todo, hay un yo a medias. Entre el yo y la ausencia de yo no hay término medio, porque no hay un yo en potencia. Y, además, el yo y la felicidad tienen como nota radical, imprescindible, la presencia de una conciencia; sin conciencia de yo, no hay yo; y, sin conciencia de felicidad, no hay felicidad.
Las características peculiares de estos dos conceptos, el yo y la felicidad, siempre han supuesto pues una inmensa dificultad para investigar ambos conceptos. Y por eso muchas filosofías han renunciado a investigarlos, declarando agnósticamente que por dificultades teóricas, prácticas o combinadamente teóricas y prácticas la cuestión es irresoluble, o irrelevante. Que el yo y la felicidad son asunto de meras opiniones particulares, ninguna de ellas con validez más allá de lo individual o lo social en la cultura en que se den.
El arqueoindividualismo reacciona contra este abandonismo y lo considera un relativismo radical infundado. El arqueoindividualismo considera que el yo es real, que la felicidad es real, y que hay un sólido y creciente conocimiento objetivo de ambos conceptos, así como de su relación mutua fundamental: qué debe hacer el yo, y en qué circunstancias, para obtener la felicidad.
Por otro lado, el arqueoindividualismo se despega también de la literatura de autoayuda y superación, por su unilateralidad, superficialidad y escapismo; todo ello bien patente en la negativa de esta literatura conformista y mediocre a investigar los problemas provocados por la superpoblación, y por la acumulación del poder económico y político en poquísimas manos que no piensan soltarlo. El arqueoindividualismo busca la felicidad del yo, pero conociendo e integrando todo lo que la literatura de autoayuda y superación omite tendenciosamente.
Por eso aquí, en Ugari, donde en la práctica nos hemos preocupado muy en serio de la felicidad, hemos puesto poquísimas reglas sociales, pero entre ellas están nuestras draconianas reglas para evitar la superpoblación, ya que la superabundancia de bienes materiales, diga lo que diga el cristianismo popular, es básica para ser feliz. Y, por otro lado, nuestro sistema político es un comunismo asambleario sin jerarquías socioeconómicas, definido sobre todo por los "sines" que lo separan de las miserables sociedades superpobladas: sin propiedad privada, sin dinero, sin impuestos, sin jueces ni abogados, sin tribunales, sin cárceles, sin policías, sin ejércitos, sin guerras, sin crimen, sin pecado, sin mal, sin trabajo remunerado, sin desempleo, sin pobreza; aquí todos son ricos, no en dinero pues no existe, mas ricos en alimento, vestido, salud, cultura y automatización tecnológica que nos libera de las tareas pesadas y humillantes. Incluso la democracia, un gran avance relativo si se la compara con las plutocracias o con las tiranías unipersonales, resulta superflua aquí, porque el avance espiritual que hemos logrado nos permite sacudirnos algo tan burdo como calibrar la valía de las ideas al peso, por el número de sus partidarios. Nuestra aristocracia comunista, es decir, nuestro sistema de castas abiertas a todos para lograr que todos se conviertan en bramanes, es muy superior a la democracia.
Ahora bien, estos grandes logros de Ugari son básicamente logros económicos, sociales y políticos. Y el logro de la felicidad para el yo es, sobre todo, un logro espiritual y metafísico. Un logro con su buena base biológica y social, porque en Ugari no destruimos sus excelentes condiciones ecológicas inciales, sino que por el contrario evitamos dañar a este acogedor planeta con superpoblación, contaminación y agotamiento de sus recursos, manteniéndolo virgen casi en su totalidad y estudiando sus propiedades para mantener y aumentar su riqueza natural. Entonces, más allá de estas exitosas bases objetivas biológicas y sociales, ¿qué es el yo, y qué es la felicidad?
Como he dicho antes, la respuesta a esta pregunta es necesariamente subjetiva y no puede ser solamente objetiva.
Pero es que lo subjetivo no es lo mismo que lo irracional o loco. Hay una subjetividad racional, cuerda y comprobable. El ejemplo de los colores para el acromatóptico curado nos lo aclarará.
La acromatopsia es una minusvalía perceptiva, aunque no exactamente una enfermedad, por la cual el que la padece, el acromatóptico, no percibe los tres matices primarios de color, o sea el amarillo, el azul y el rojo. El acromatóptico ve las cosas como si fueran imágenes estáticas o en movimiento de una película en blanco y negro; sólo percibe el blanco, el negro y los grises. La condición de acromatóptico, patológica en el ser humano, es fisiológica y normal en otros animales. Ya sabéis que en Ugari tenemos cura eficaz para la acromatopsia, y que todos los acromatópticos que han llegado aquí se han prestado a la cura, pues nadie quiere perderse los colores de la vida.
En Ugari, como también sabéis, tenemos una florida tradición pictórica, en buena parte inspirada en los intrincados colores que los peces y otros seres vivos exhiben en los arrecifes coralinos tropicales, como en el archipiélago de islas que separa Chefurbo de Portuo. Y, claro está, los pintores de Ugari no son acromatópticos. Bueno, pues los relatos de los acromatópticos recién llegados a Ugari, antes de ser curados de su acromatopsia, indicaban que no percibían cierto rasgo bien presente en los paisajes o cuadros de Ugari (o de los planetas donde vivían estos acromatópticos): el carácter dominante y hasta invasivo del color azul. Un acromatóptico no distingue un tono azulado de un tono rojizo o amarillento con el mismo brillo, pues para él son tres tonos grises del mismo aspecto. En estética visual sabemos bien que el azul (a diferencia del amarillo o el rojo) tiende a acaparar la percepción, de modo que realza la percepción de lo que está en azul, disminuyendo o haciendo borrosa la percepción del resto de la composición cromática. El efecto se observa para imágenes en color, no para imágenes en blanco, negro y gris. Y es un efecto bien comprobado por las descripciones verbales, las conductas espontáneas y los experimentos perceptivos: el azul es un color invasivo, como bien saben los pintores, cineastas o autores teatrales, hecho que tienen muy en cuenta para equilibrar sus composiciones y evitar que un exceso de azul se las arruine haciéndolas difuminadas, borrosas e inconcretas. En cambio, si sus cuadros se ven en blanco y negro, con efectos electrónicos de eliminación de matices cromáticos, o con gafas para ver en blanco, negro y escala de grises, un cuadro con un predominio intenso o incluso excesivo de color azul no aparecerá con predominio de tonos; el efecto se perderá, para mal o para bien. Y se recuperará volviendo a presentar ese cuadro con sus tonos azulados, rojizos, amarillentos, verdes, etcétera, del original. También los acromatópticos confirmaron estos efectos visuales, antes y después de sus tratamientos médicos en Ugari para obtener la plena visión en colores.
Los tres colores primarios, amarillo, azul y rojo, están ligados a estructuras genéticas e histológicas, órganos de la visión, conos, bastoncillos, nervios ópticos, flujo de información entre las neuronas, etcétera. Está claro que los aspectos físicos, bioquímicos y fisiológicos del organismo humano sano son los que posibilitan la visión de los colores, y que si no tienen la configuración adecuada no hay visión en colores. Pero eso sigue manteniendo una diferencia clara entre los colores como longitudes de onda física o como flujos entre neuronas y los colores como percepciones directas. La percepción de los colores tiene reglas subjetivas, como hemos visto con el color azul, y esas reglas son investigables científicamente, elevables a leyes fijas o probabilísticas con validación experimental. Hay, pues, en lo subjetivo, en la visión de los colores, conocimiento objetivo, por complejo que resulte y por difícil que sea su investigación. Y esa subjetividad no está determinada por los aspectos no subjetivos. En cuanto al color, los mecanismos genéticos, lumínicos, neurológicos, etcétera, no equivalen, ni siquiera tomados en su totalidad integrada, a los aspectos perceptivos del color, que tienen propiedades específicas, sólo comprensibles y cognoscibles a través de la percepción subjetiva. Y esas propiedades subjetivas del color percibido son cognoscibles de modo experimental, racional y científico; de modo objetivo.
Así que hay un conocimiento objetivo y fiable de lo que es subjetivo.
Lo subjetivo por excelencia es el yo; tanto lo es, que el yo es una realidad solamente subjetiva, sin nada de no subjetivo (de objetivo) en sí misma.
Pero, digan lo que digan los relativistas sicológicos extremos, el yo no es un mero epifenómeno de la complejísima red de relaciones estáticas y dinámicas que posibilitan la emergencia del yo (como posibilitan, también, la percepción de los tres colores primarios). El yo, desde que surge y mientras surge, es una realidad propia independiente de las determinaciones que le dan contenido contingente en cualquier situación espaciotemporal. O sea: el yo está siempre en alguna situación espaciotemporal y, sin embargo, es independiente de cualquier situación espaciotemporal en concreto. El yo está más allá del espacio y del tiempo. Porque el espacio y el tiempo son propiedades del yo, y no al revés; el yo no es una propiedad del espacio y del tiempo, del continuo espaciotemporal. Es el yo el que genera al espacio y al tiempo.
La concepción ontológica y metafísica última del arqueoindividualismo es un solipsismo radical, evidentemente; mas es un solipsismo racional, objetivo, matizado, dialéctico e integral, que al mismo tiempo reconoce al yo como una propiedad emergente de la materia. Lo decisivo, en esta complejísima concepción solipsista, es apoderar al yo para que obtenga el poder de ser feliz. El arqueoindividualismo no se interesa directamente por la verdad última, sino por conseguir la felicidad plena. Mas es claro que, para conseguir la felicidad plena, hay que conocer la verdad última.
En primer lugar hay que afrontar el problema de la abordabilidad. El sistema de relaciones entre el yo y su base no yoica, un sistema estático pero sobre todo dinámico e interactivo, es tan complejo que se corre el riesgo de no saber ni por dónde empezar, atascarse, desesperarse... y tirar la toalla, abandonando el proyecto de ser plenamente feliz.
El arqueoindividualismo, a diferencia de otras escuelas de filosofía que también son soteriológicas, siempre pone en primer plano la abordabilidad; si vamos a buscar la felicidad, busquémosla sin atascarnos en callejones sin salida. Los callejones sin salida son principalmente de dos tipos: el inicial (no saber ni por dónde empezar) y los intermedios (no saber cómo seguir). Los modos de salir de estos callejones vienen dados, en general, por el método, la historia y los contenidos de la investigación científica; pero, si todo esto falla (muy raramente, por cierto) basta con seguir lo que, a ojo, parezca mejor para la felicidad del yo.
Un buen ejemplo inicial está en el giro que tomaron las cosas en la política de Ugari. Para empezar, se rompió con la postura prestigiosa, pero hipócrita y cobarde en realidad, de pasar de la política por considerarla siempre sucia. Si hay política sucia, es porque hay o puede haber política limpia, que es la que hay que hacer: política limpia. A continuación, se rompió con el egocentrismo narcisista e iluso tan presente en los planetas de donde proceden los ugarianos; y, por tanto, se reconoció que el hombre, como animal entre otros animales, tiene que limitar su población si quiere vivir con holgura y abundancia. Los sistemas políticos y económicos del planeta Tierra fracasaron, en general, porque no tuvieron en cuenta que la escasez crónica (cuya causa básica siempre es la superpoblación) lleva inexorablemente a la competitividad permanente, y por lo mismo a la violencia estructural y creciente, a la división sectaria por razas, edades, grupos contingentes de presión, regiones geográficas, ideologías, etcétera; y, en fin, al desastre. El comunismo libertario individualista, en teoría, es el mejor de los sistemas políticos practicables, pero requiere dos cosas indispensables: una población escasa y estable, por un lado, y, por otro lado, una población con una limpieza ética y espiritual de gran altura, que rechaza la picaresca, el servilismo, la opresión del hombre por el hombre, el acaparamiento de bienes, la adhesión ciega a la tradición y también el aventurerismo desesperado. En Ugari se dieron todas estas condiciones favorables, y por eso pronto prosperó el verdadero comunismo. Por otro lado, tuvimos y tenemos en cuenta que todas las ventajas que hemos obtenido hay que cuidarlas permanentemente. Así, hemos podido abordar los problemas políticos desde el principio, y seguiremos abordándolos.
Sabíamos bien en Ugari que la población humana siempre va a quedar limitada. Si no es limitada por decisiones humanas racionales, conscientes y beneficiosas para todos los habitantes actuales, será limitada de manera eficaz, pero caótica y dañina, por la naturaleza humana y la naturaleza extrahumana. Por eso hemos abordado el problema, y lo hemos resuelto, sin la mendaz proclama religiosa de que Dios proveerá. Dios, o si preferís decirlo de otra manera, el mejor estado de la conciencia, o el nivel supremo de la realidad, es algo que sólo se va a manifestar de modo estable si hay excelentes condiciones materiales de vida. Por eso nuestro lema fue: primero, limitemos severa y permanentemente la población y luego, si Dios existe, ya aparecerá.
Y Dios, es decir, la experiencia espiritual liberadora a largo plazo, apareció, vaya que sí.
En general, el ascenso del yo hasta el nivel supremo de realidad es el camino real a la felicidad completa. Lo que ocurre es que la comunicación entre los diversos niveles de realidad se da por nexos sensibles causales bien concretos, que hay que dilucidar por paciente investigación científica experimental, como se ha visto de modo paradigmático en el caso de la superpoblación, factor que, al ser pasado por alto, causó una y otra vez el fracaso del comunismo y de su rival el capitalismo. El comunismo de Ugari es también un capitalismo, porque incorpora la realización de la abundancia y la calidad de la producción que fue gran y justo anhelo del capitalismo; pero reconoce nuestro capicomunismo o comunicapitalismo que la restricción demográfica permanente y la conservación de la integridad ecológica del planeta son requisitos previos a todo comunismo o todo capitalismo que vayan a prosperar para bien del ser humano.
De lo anterior podéis deducir que, si bien en teoría hay serios obstáculos a este ambicioso programa de obtención de la felicidad completa para el yo, en la práctica las cosas son mucho más sencillas; aunque, eso sí, el camino es larguísimo y requiere con frecuencia analizar los nuevos aspectos presentes en los sucesivos niveles de realidad alcanzados.
Para terminar esta exposición inicial, conviene incidir en una de las dificultades nucleares del propio proceso en su fase inicial: si el yo va a obtener la felicidad completa, ¿sabemos, en líneas generales, qué es la felicidad?
Sí que lo sabemos. La felicidad es un concepto complejo, un concepto aproximativo y conflictivo. Pero también lo es la democracia, y eso no nos impide, por ejemplo, saber que la democracia es, esencialmente, un sistema político donde las decisiones políticas fundamentales (incluida la elección de cargos que toman decisiones políticas por cuenta propia) se hace por mayoría periódica de votos de forma fácil y abierta a toda la población mayor de edad, sin restricciones por raza, idioma, edad, procedencia geográfica, cantidad de ingresos económicos, pertenencia o no pertenencia a algún partido político, etcétera, a quien quiera votar o postularse como candidato a un cargo político electivo. La definición tiene cierta borrosidad, pero es suficientemente clara como para comprenderse y aplicarse. Por eso podemos decir que los regímenes políticos del planeta Tierra a principios del siglo XXI, nominalmente casi todos democracias, no eran en realidad democracias, porque solamente la elite económica dominante (menos del uno por ciento de la población) podía de hecho y de derecho ser elegida para los cargos políticos decisivos; era una plutocracia disfrazada de democracia. Nadie, en filosofía política, tiene ya dudas esenciales sobre lo que acabo de decir.
De modo análogo, sabemos qué es la felicidad: el estado de conciencia al que el yo quiere aproximarse y en el que quiere permanecer. También esta definición es borrosa, pero es suficientemente clara y, sobre todo, es operativa. Se me puede objetar que, si bien todos los ugarianos queremos estar libres de leucemia y poder correr en buena forma por las praderas y selvas donde trinan los pajaritos, no todos quieren, como yo quiero, evitar misantrópicamente el contacto estrecho y frecuente con otros seres humanos, contacto que evidentemente sí que buscan los habitantes del centro en la ciudad de Chefurbo. Y respondo que, obviamente, no todos somos iguales y que cada uno tiene sus legítimas preferencias, claro que sí; mas que eso es parte de la biografía del yo empírico con sus determinaciones contingentes, que varían de un yo empírico a otro hasta la llegada de todos los yoes empíricos al nivel supremo de la realidad, cuando ya se unifican en un solo Yo Absoluto. Mientras tanto, habrá misántropos solitarios como yo, y también metropolitas muy sociables como los chefurbanos en general. No es que deteste la compañía de otros seres humanos; pero quiero que sea voluntaria y poder marcharme de ella cuando yo quiera.
Análogamente, sobre el otro concepto aproximativo conflictivo que está en el punto de partida del arqueoindividualismo: ¿qué es el yo? Es el ser consciente capaz de percibir todo lo relativo y transitorio sin dejar de ser el ser consciente mismo, y este ser consciente es capaz también de diferenciar al ser consciente mismo de todo lo relativo y transitorio que es percibido por el ser consciente; y, finalmente, este ser consciente es capaz también de percibirse a sí mismo; y esta autopercepción incluye la conciencia de identidad del yo a través de todas las vicisitudes y circunstancias en las que el yo percibe todo lo relativo y transitorio. También esta definición es borrosa, y muy prolija, pero es suficientemente clara y operativa como para funcionar: si se dan las notas de esta definición, hay yo, y si no se dan, no hay yo.
En fin, hasta aquí mi exposición inicial. Preguntad libremente lo que deseéis, y discutid lo que acabo de exponer.


Última edición por Alexandre Xavier el 14 Nov 2015, 18:27, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: 18 Oct 2015, 21:07 
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Hola a Jeremy y a todos.
Sigo ampliando el relato.
Ahora empieza el debate en el congreso de filósofos, a partir del discurso inicial de Supreniranto. Notemos, y no es broma, que en el debate se reconoce ¡que un abogado puede ser honrado! Cordialmente, de Alexandre Xavier Casanova Domingo, correo electrónico trigrupo @ yahoo . es (trigrupo arroba yahoo punto es).

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Cordialmente, de Alexandre Xavier Casanova Domingo, correo electrónico trigrupo @ yahoo . es (trigrupo arroba yahoo punto es). La imagen del avatar gráfico es una fotografía que me identifica realmente, no retocada, tomada en septiembre del año 2017.


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