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NotaPublicado: 31 Ago 2015, 19:48 
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Mensajes: 1606
Ubicación: Monforte de Lemos, Galicia.
Rango personalizado: Filósofo revolucionario desde la tradición metafísica clásica, oriental y occidental.
El mundo de Supreniranto.


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Nota preliminar importante para la reedición de este mensaje en noviembre del 2015: quien quiera leer el texto largo titulado "El mundo de Supreniranto", sin el pesado trabajo de sacarlo de las nueve partes contenidas en tres páginas internéticas sucesivas, y sin siquiera leer este largo mensaje inicial, puede limitarse a descargar el relato entero desde la dirección internética https://www.dropbox.com/s/yntacnqxe51bq ... o.rtf?dl=0.
Y, si lo hace, si descarga de golpe el libro entero, puede ya ahorrarse la lectura de este hilo; aunque hay, en el hilo, comentarios al relato que pueden resultarle interesantes.
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El mundo de Supreniranto, primera parte.
Hay nueve partes en total, para el envío en mensajes sucesivos al foro internético Sofos Ágora.

Introducción
Hola a todos.

Ya que en este foro internético Sofos Ágora tenemos un apartado destinado a "Composiciones propias", dentro del tablón o de la sección de Estética, este apartado será idóneo para mi relato filosófico "El mundo de Supreniranto".
El relato pertenece al género eutópico, como también otro que, en gallego, podéis leer con el título "Viaxe á Eutopía". Ojo: no confundir eutópico con utópico, que son cosas opuestas.
Y su propósito es exponer la visión de mejores planos de realidad, los cuales postula, busca y encuentra el arqueoindividualismo.
En la Historia de la filosofía y de la parafilosofía es frecuente el recurso a la imaginación simbólica para exponer ideas. Y es evidente que he leído, y leeré, muchos relatos de este tipo. Eso lo notaréis de inmediato quienes tengáis cierta cultura literaria. No significa, sin embargo, que copie a obras como "Utopía" (de santo Tomás Moro), "Walden dos", "Juan Salvador Gaviota", "Himno" (de Ayn Rand), "Así hablaba Zaratustra", "La biblioteca de Babel", "La saga del Mundo del Río" (por Philip José Farmer", "El asno de oro", "Cata Upanisad según Nachiquetas", "Salida del alma a la luz del día", "El divino sainete" (original en gallego, de Curros Enríquez) o "La divina Comedia".
Porque mi propósito es, para empezar, más directo en cuanto al buscador espiritual, al bramán. Considero, siguiendo las ideas estéticas del interesante marxista heterodoxo húngaro György Lukács (pronunciación: Llorll Lúcach) que también hay evolución positiva y perfeccionamiento en la Historia de la literatura, por ejemplo primando la exposición clara de los mejores y más reales motivos de la conducta sobre las figuraciones mitológicas (sin abolir estas figuraciones mitológicas, pictórica o literariamente).
Lo que quiero es exponer clara y racionalmente que hay unos planos existenciales mucho mejores que el plano de la experiencia humana, y mostrar cómo se puede llegar a ellos, apoderando al bramán para que lo consiga.
Dentro de esto, mis preocupaciones estilísticas son secundarias, aunque existen; como, por ejemplo, mi abundante uso del esperanto, ya en el título de este relato, para fines como el distanciamiento narrativo según lo preconiza el escritor alemán Bertolt Brecht (pronunciación: Bértolt Brejt) y planeo para mi obra de antiteatro (antiteatro, no anfiteatro) en gallego "Isto non é un drama.".
En fin, ahí va mi obra. Vuestras correcciones son, sinceramente, bienvenidas, pues todo esto lo hago para avanzar en la felicidad, la mía y la de todos. En esperanto, como veréis, "Supreniranto" significa "El que va hacia arriba, El que asciende, El que mejora".
Este relato está compuesto con Linux.
Cordialmente, de Alexandre Xavier Casanova Domingo, correo electrónico trigrupo @ yahoo . es (trigrupo arroba yahoo punto es).

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Relato.
El mundo de Supreniranto.

Primera parte.
Supreniranto era un hombre con nombre. Su nombre está en esperanto, y obviamente (obviamente para quien sepa esperanto) procede de las raíces supre+n+ir+ant+o, o sea sobre+acusativo de movimiento+raíz del verbo "ir"+sufijo de participio verbal activo+sufijo de sustantivo. Por tanto, su nombre significa "El que asciende".
Supreniranto era un ateo abierto en muchos sentidos. Negaba al viejo de la barba blanca, que ha creado el mundo con amor, y luego premiará a los buenos y castigará a los malos en el Juicio Final. Decía que creer en eso era como creerse que realmente Supermán existía en el planeta Criptón y que los tebeos y películas sobre él eran unos evangelios anticipados que informaban a la Humanidad para que se preparase ante la inminente llegada, real y física, de Supermán a la Tierra. Ateo abierto, ateo tajante.
En cambio, Supreniranto admitía la posibilidad de realidades y planos de existencia distintos al plano humano ordinario, como la percepción del mundo por una abeja es muy distinta a la del hombre, ya que una abeja puede ver una sucesión de cuadros estáticos donde un hombre verá la ilusión de una escena en movimiento. Ateo abierto, abierto a lo no habitual.
Supreniranto buscaba ante todo su propia felicidad, y decía que, si se quiere hacer el bien a los demás, lo primero es hacerse el bien a sí mismo.
Supreniranto era un fanático de la filosofía y del conocerse a sí mismo, por lo cual hizo una profusa producción de obras filosóficas y diálogos sobre la naturaleza del ser, aunque despreciaba a los filósofos de cátedra, por considerarlos unos hipócritas evasivos que nunca entraban al trapo de los problemas reales.
Opinaba Supreniranto que el Dios de las religiones, en lo que tenía de verdadero, se refería a las experiencias más felices y libres de frustración que había alcanzado el hombre. De ahí que su activismo social y político se orientó a lograr una verdadera democracia, con bienestar económico y físico para todos en lo posible; de ahí su obsesión por reducir la población humana hasta niveles sostenibles y por conservar los recursos del planeta, sin agotarlos ni envenenar la Tierra.
Nuestro hombre, al llegar a la mediana edad, sufrió una enfermedad respiratoria, en realidad una agudización de su terrible hipersensibilidad ante la contaminación, que lo llevó a una clínica donde los médicos intentaron salvar su vida. Fueron francos,

- Supreniranto: tienes el sistema cardiorrespiratorio bastante destruido. Es posible que no salgas de ésta.

A lo cual respondió tranquilamente.

- Pues haced vuestro trabajo. Al menos sabéis hacerlo tan bien como podéis, y avanzáis. Peor sería que en este hospital entrara, para salvarme, una legión de jueces y abogados.

Tras la ritual sesión de blasfemias, por parte de nuestro hombre, contra los jueces, la ley, los tribunales, etcétera, los médicos se pusieron manos a la obra.
Tras unos días de trabajo, los facultativos vieron que el paciente se les iba.

- Supreniranto, esto va muy mal. ¿Quieres que llamemos a tus familiares y amigos?

Supreniranto repuso.

- Bueno, llamadlos, aunque se van a poner a llorar. Yo no. Seguro que, si hay otra vida, será mejor que ésta; y que seré un vividor en ella como lo he sido en la vida de aquí.

Pronto llegaron los deudos y parientes del carota. Y los médicos siguieron en su afán salvador.
Pero el paciente se les fue. Supreniranto, que en todo momento rechazó ser atiborrado de anestésicos, siguió mirando, con su característica jeta sonriente, a los preocupados médicos y a sus atribulados amigos y familiares.
Hasta que Supreniranto se fue.
Dejó de ver a los médicos, familiares y amigos. Dejó de sentir su dificultosa y precaria respiración, y los dolores asociados a su crónica anoxia.
Notó su yo flotando en un espacio inconcreto, mas pronto se le acercó un ser personal, amistoso, con el que entabló un diálogo en esperanto. Lengua que entusiastamente aprendió y habló para derribar las barreras y fronteras, que consideraba tristes ejemplos de la estupidez humana.

- La Nagŭalo. Saluton, Supreniranto.
- Supreniranto. Saluton, Nagŭalo. Ĉar ci estas la Nagŭalo, ĉu ne? Ci observas kaj teksas pacience en la centro de la ŝtofo el la Tempo, ĉu ne?
- La Nagŭalo. Ho jes, Supreniranto. Mi estas la Nagŭalo.
- Supreniranto. Kial mi ne vidas, nun, la tipan obskuran tunelon kun lumo ekstremen kaj eksteren? Kiel mi ne vidas, nun, la ĥoron de anĝeloj (aŭ de demonoj) kiuj ricevus min, jen en la ĉielo, jen en la infero? Kial miaj mortintaj amikoj kaj parencoj ne venas nek salutas min? Kial min ci ne juĝas? Ĉi tiu situacio estas tre abstrakta; tio ne aperas kiel la posthospitala situacio de la ĵus mortintoj, nek kiel la priskribo de la alia mondo laŭ la diversaj religioj. Sed ci estas ĉi tie, apud mi aŭ ĉirkaŭ mi. Kial?
- La Nagŭalo. Ĉar ci, malsame ol la plimulto, ne akceptas vidi nur tion kion ci dezirus vidi. Ci ĉiam diris kaj pensis ke la veron ci serĉis, eĉ se la vero ne estas konforma al ciaj deziroj. Do, nun, ci ne plu bezonas la tipan fantastan scenejon kiun vidas la plimulton da la ĵus mortintoj. Ĉu ci nun deziras tre rektan kaj ne tro metaforan spiritan konon? Nu, ci demandu, kaj mi respondos.
- Supreniranto. Ĉu ci ekzistas reale aŭ, inverse, ci estas nur halucino produktita de la hipoksio kaj la anoksio tipaj de la baldaŭ mortontoj, des pli por mia okazo? Mi ja lektis la literaturon pri la klinike ĵus mortintoj, kaj mi scias ke tiuj priskriboj ŝanĝas laŭ la ideologio kaj la kulturo de la ĵus klinike mortintoj aŭ preskaŭ mortintoj. Kiam ili revenas al la komuna vivo kaj ili komunikas siajn spertojn al la kuracistoj, flegistinoj kaj aliaj personoj, la budaistoj diras ke ili vidis Budaon, kaj la krististoj diras ke ili vidis Jesukriston. Do mi, kiel ateisto, eble vidas nun la abstraktan kaj ne antropomorfan enton kiun mi agnoskas, dum mia fizika vivo tipa, kiel eblan ion.
- La Nagŭalo. Mi estas la Nagŭalo kaj ci, ho Supreniranto, estas neniu naiva kredemulo. Mi ne povas anstataŭi cian serĉadon de la plejsupera vero. Sed mi povas helpi cin. Ci povas, eĉ rajtas, konsideri ke la aliuloj ĉe cia fizika normala vivo estas nur projekcioj el cia menso; ke la fizika mondo kun la aliaj personoj estas nur fantazio el cia psiko. Tiel ci estus solipsisto (egonuristo). Aliflanke, ci agnoskas kaj scias ke la ekstera, fizika mondo ne estas nur iluzio. Ekzemple, se ciaj pulmoj estus tre sanaj, ci ne estus perdinta la normalan konsciecon kaj do ci ne aŭskultus min, almenaŭ laŭ la fizike disigitaj kondiĉoj kiujn ci spertas nun. Ci, nature, ne estas solipsisto. Aliflanke, ci agnoskas la eblecon de ke la menso konos aliajn aspektojn kaj imaĝoj de la realeco, ĉiam laŭ la objektivaj leĝoj de la naturo. Mi, kiel la Nagŭalo, povas sugesti cin novajn eblecojn de agado... se cia nuna sperto estas io pli ol halucino pro hipoksio. Mi diras al ci ke cia nuna sperto estas forte kondiĉita pro la malsaneco de ciaj pulmoj, sed ke ĝi ne estas nur falsa halucino. Ĉar, ekde ĉi tiu alta nivelo de realeco, ci povas agi laŭ novaj kaj ankoraŭ ne esploritaj manieroj.
- Supreniranto. Tre probable, mia dialogo kun ci ne povas daŭri longe. Laŭ la hipotezo de cia relativa vero kiel la Nagŭalo, jen kiel racia, sendueca Dio, mi demandas do: kiel mi povas transiri en mondon kiu mi ne spertos mian kronikan spiran malsanaĵon?
- La Nagŭalo. Mi estas relative reala kaj ankaŭ estas vero ke ci ne kapablas resti longedaŭre en ĉi tiu konscia nivelo, ĉar ĝi estas la Bardo, la tibeta efemera stato konscia inter du reenkarniĝoj. Se ci deziras reenkarni cin sub pli favoraj kondiĉoj, mi sugestas ke nun ci meditu pri la plej bona ebla mondo laŭ ciaj ideoj. Tiel, post la Bardo, tien ci iros.
- Supreniranto. Nu: se la Bardo, ĉi tiu postmorta kaj antaŭnaskiĝa stato priskribita ĉe la tibeta filozofio, estas ĉi tio, kaj se ci estas reale la Nagŭalo, ci bonvolu helpi min por transiri en pli feliĉan mondon. Verŝajne, ci estas samtempe mi mem kaj io pli vasta ol mi mem.
- La Nagŭalo. Ci ne eraras. Kaj mi helpos cin.
- Supreniranto. Ĝis baldaŭ, Nagŭalo... aŭ ĝis ĉiam, Nagŭalo.
- La Nagŭalo. Ĝis baldaŭ, Supreniranto.

Para los lectores que han cometido el inmenso error de no estudiar el esperanto, esta lengua internacional tan útil (al menos, tan útil según la opinión de Supreniranto) lo primero es aconsejarles que pasen pronto a aprenderla, pues es mucho más fácil de lo que parece. Y, ya en plan más inmediato, que comparen el diálogo anterior con su traducción al castellano, la cual figura a continuación.

- El Nagual. Hola, Supreniranto.
- Supreniranto. Hola, Nagual. Porque eres el Nagual, ¿no? Observas y tejes pacientemente en el centro de la tela del Tiempo, ¿no?
- El Nagual. Oh sí, Supreniranto. Soy el Nagual.
- Supreniranto. ¿Por qué no veo, ahora, el típico túnel oscuro con una luz a su salida? ¿Por qué no veo, ahora, a un coro de ángeles (o de demonios) que me recibirían, sea en el cielo, sea en el infierno? ¿Por qué mis amigos y parientes muertos no vienen a saludarme? ¿Por qué no me juzgas? Esta situación es muy abstracta; no parece la situación posclínica de los recién muertos, ni la descripción del otro mundo según las diversas religiones. Pero estás aquí, a mi lado o a mi alrededor. ¿Por qué?
- El Nagual. Porque, al revés que la mayoría, no aceptas ver solamente lo que te gustaría ver. Siempre has dicho y pensado que buscabas la verdad, incluso si la verdad no es conforme a tus deseos. Así que ahora no necesitas ya el típico escenario fantástico que ve la mayoría de los recién muertos. ¿Deseas un conocimiento espiritual muy directo y no demasiado metafórico? Entonces pregúntame, que te responderé.
- Supreniranto. ¿Existes realmente o, por el contrario, sólo eres una alucinación producida por la hipoxia y la anoxia típicas de los moribundos, sobre todo en mi caso? Claro que he leído la literatura sobre los recién muertos en hospitales, y sé que esa descripciones cambian según la ideología y la cultura de los recién fallecidos o moribundos en clínicas y hospitales. Cuando vuelven a la vida ordinaria y comunican sus experiencias a los médicos, las enfermeras y otras personas, los budistas dicen que han visto al Buda, y los cristianos dicen que han visto a Jesucristo. Entonces, como ateo que soy, posiblemente veo ahora al ente abstracto y no antropomórfico al que reconozco, durante mi vida física típica, como algo que puede ser real..
- El Nagual. Soy el Nagual y tú, oh Supreniranto, no eres ningún ingenuo crédulo. No puedo sustituir tu busca de la verdad suprema. Pero puedo ayudarte. Puedes, incluso estás en tu derecho de hacerlo, considerar que los demás, en tu vida física normal, son solamente proyecciones de tu mente; que el mundo físico con las otras personas es solamente una fantasía de tu sique. Entonces serías un solipsista. Por otro lado, reconoces y sabes que el mundo físico, exterior, no es sólo una ilusión. Por ejemplo, si tus pulmones estuvieran sanísimos, no habrías perdido la conciencia normal y por tanto no me escucharías, al menos según las condiciones físicamente disociadas que experimentas ahora. Naturalmente que no eres solipsista. Por otra parte, admites la posibilidad de que la mente conozca otros aspectos e imágenes de la realidad, siempre según las leyes objetivas de la naturaleza. Yo, siendo el Nagual, puedo sugerirte nuevas posibilidades de acción... si tu experiencia actual es algo más que una alucinación debida a la hipoxia. Te digo que tu experiencia de ahora está fuertemente condicionada por la enfermedad de tus pulmones, mas que no es sólo una falsa alucinación. Porque, desde este alto nivel de realidad, puedes actuar de nuevas maneras y todavía no exploradas.
- Supreniranto. Muy probablemente, mi diálogo contigo no puede durar largo tiempo. En la hipótesis de tu relativa verdad como el Nagual, o sea como un Dios racional y sin dualidad, te pregunto pues: ¿cómo puedo ir a un mundo donde no sufra mi patología respiratoria crónica?
- El Nagual. Soy relativamente real y también es verdad que no puedes quedarte mucho tiempo en este nivel de conciencia, porque es el Bardo, el efímero estado tibetano de conciencia entre dos reencarnaciones. Si deseas reencarnarte en condiciones más favorables, te sugiero que medites sobre el mejor mundo según tus ideas. Así, tras el Bardo, irás allí.
- Supreniranto. Bueno: si esto es el Bardo, este estado posterior a la muerte y previo al nacimiento descrito en la filosofía tibetana; y si eres realmente el Nagual, ten la bondad de ayudarme para ir a un mundo más feliz. Verosímilmente, eres al mismo tiempo yo mismo y algo más vasto que yo mismo.
- El Nagual. No te equivocas. Y te ayudaré.
- Supreniranto. Hasta pronto, Nagual... o hasta siempre, Nagual.
- El Nagual. Hasta pronto, Supreniranto.

Tras esto, Supreniranto meditó durante minutos, horas, días o eones, ¿quién podría saberlo, si en el Bardo no tenía relojes, ni salían el Sol o la Luna? Meditó con fuerza, con precisión y con perseverancia. Tras un lapso que le pareció mediano en el tiempo, ni muy corto ni muy largo, dejó de notar la cercanía del Nagual y, en cambio, empezó a notar que respiraba, ahora sin dificultad alguna, en un nuevo cuerpo.
Abrió los ojos.
Se encontraba en una sala vagamente como de hospital, blanca y con amplios ventanales soleados. Pero no había médicos ni enfermeras. Había una docena de hombres y mujeres, todos desnudos, que lo miraban. Se miró y también él estaba desnudo, tendido en una cama. Se armó de valor y dijo, también en esperanto.

- Kie mi estas? Ĉu vi komprenas min?

Lo cual significa en castellano algo lógico.

- ¿Dónde estoy? ¿Me entendéis?

Entonces un negro musculoso y de mirada profunda habló con Supreniranto.

- Kukulkano. Mi komprenas cin. Mia nomo estas Kukulkano. Ĉu ci komprenas min? Kiu estas cia nomo?
- Supreniranto. Ankaŭ mi komprenas cin, Kukulkano. Mia nomo estas Supreniranto. Do, denove, kie mi estas? Kaj, kiuj estas vi?
- Kukulkano. Ho Supreniranto, la respondo estas kompleksa, kiel ci esperas kaj ci vidos. Sed ĝi estas samtempe simpla respondo. Ci estas ĉi tie ĉar ci vokis pli noblan mondon laŭeble, ni aŭdis cian alvokon kaj ni preparis cian alvenon ĉi tien.
- Supreniranto. Kompreneble, Kukulkano... jes, kompreneble. Kaj, tre probable, vi ĉiuj estas spertaj telepatiistoj kaj vi ne bezonas kutime Esperanton nek alian lingvon por interkompreni.
- Ci pravas, Supreniranto.

Este diálogo inicial tendría la siguiente versión en castellano.

- Cuculcán. Te comprendo. Mi nombre es Cuculcán. ¿Me comprendes? ¿Cómo te llamas?
- Supreniranto. También yo te entiendo, Cuculcán. Me llamo Supreniranto. Entonces, pregunto de nuevo, ¿dónde estoy? ¿Y quiénes sois?
- Cuculcán. Oh Supreniranto, la respuesta es compleja, como esperas y verás. Pero es simultáneamente una respuesta simple. Estás aquí porque invocaste un mundo posible más noble, oímos tu invocación y hemos preparado tu llegada aquí.
- Supreniranto. Se entiende, Cuculcán... sí, se comprende. Y, muy probablemente, todos sois expertos telépatas y corrientemente no necesitáis el esperanto ni otra lengua alguna para entenderos.
- Tienes razón, Supreniranto.

Entonces una mujer espléndida se dirigió telepáticamente a Supreniranto.

- Padma. Mi nombre es Padma. ¿Coges bien mi comunicación telepática, Supreniranto?
- Supreniranto. Sí, Padma. Te entiendo perfectamente... y parece que también puedo comunicarme contigo telepáticamente, sin palabras.
- En efecto, Supreniranto: entiendo bien los pensamientos que me diriges. Ahora, es bueno que te levantes ya, porque tienes mucho que aprender aquí. Un saludo en nombre de todo el comité de recepción que ves aquí.

Así empezó Supreniranto a conocer su nuevo mundo. El mundo de Supreniranto.
Lo primero que hizo Supreniranto, tras levantarse, fue preguntar a Padma.

- Supreniranto. Padma: es evidente que poseéis poderosos medios de información y exposición técnica. ¿Puedes darme un compendio general de cómo es este mundo al que he llegado?
- Padma. Sí. Hay muchas maneras de darte esa información. Dado tu perfil cognitivo tan libresco, lo mejor para empezar sería poner esa información en forma de enciclopedia escrita en papel. Y para ello usaremos una lengua que también conocerás, el ikuso o icuso, esa especie de esperanto mejorado o de interlingua simplificada, esa lengua planificada auxiliar muy ágil y muy regular, de ortografía fonética, que también has utilizado en el mundo del que provienes.

Padma, entonces, condujo a Supreniranto a un pabellón cercano a la sala de lázaros donde Supreniranto despertó. En el pabellón vio unas cubetas con pasta de papel, otras cubetas con colorante y una máquina de cubierta transparente con núcleo metálico y diversos adminículos auxiliares; evidentemente, un avanzadísimo ordenador. Padma telepateó de nuevo.

- Padma. ¿Ves este objeto similar por forma, peso y tamaño a un botón? Es un pequeño disco duro con muchísimos petabaites de información, claro está. Los detalles técnicos de su manejo o del sistema operativo para el ordenador donde lo colocamos importan poco ahora. Simplemente, observa que introduzco el disquito en el pequeño hueco de la placa a tu vista.
- Supreniranto. ¿No vas a hacer nada más?
- Padma. ¿Con movimientos musculares de mi mano? No, no en este caso. En realidad, para insertar un objeto tan pequeño en la ranura del ordenador no hubiera necesitado mover mis manos, pues por una combinación de telepatía y telequinesia hubiera hecho flotar y meterse al botoncito en el ordenador. Pero aquí no necesito alardear de nuestras capacidades parasicológicas. Lo que sí voy a hacer es poner en funcionamiento el sistema operativo de modo completamente telepático.

Supreniranto observó entonces la formación de una pantalla holográfica que, en icuso, decía: "salutos, ho isula supreniranto. aki komencan la proceso de inprimasiono tien la enciklopedio para tuo. Es decir, en castellano: "Saludos, Supreniranto. Aquí comienza el proceso de impresión de la enciclopedia para ti. Notemos que, debido al carácter puramente fonético del icuso, en esta lengua la letra "c", sea cual sea su posición, nunca se pronuncia como la letra "k", sino como la combinación "ch" del castellano; en cuanto al acento, todas las palabras del icuso con más de una vocal se acentúan en la penúltima vocal, y por tanto "enciklopedio" sonará en castellano como "enchiclopedío".
Padma añadió incidentalmente, en icuso.

- Padma. sahi isula supreniranto: mio inoltre parolan ei eskriban la ikuso. ma tuo ja saban ke aki, en kuesta mondo, nosos raramente usan las linguos parolatas para komunikar, ei ke nosos preferan la telepateso.
- Supreniranto. sahi isina padmo: ui, la afero estan klara. ma mio, evidentamente, konprenon mejoramente pe la informasiono via una linguo parolata ei eskribata kuanto via la telepateso. mu gracios multas! eske la proceso eson longa?
- Padma. sahi isula supreniranto, la proceso eson kurta.

Aunque no es éste el momento de impartir un curso de icuso, podemos dar unas pistas para entender mejor el diálogo precedente. La letra "h" nunca es muda, sino siempre fuertemente aspirada, como la letra "j" del castellano. En cambio, la "j" del icuso equivale a una "ll" muy fuerte y sonora del castellano, como se suele pronunciar en argentino. Las terminaciones verbales "an, en, in, on, un" indican respectivamente presente, imperativo, pretérito, futuro y condicional (o subjuntivo). Todos los verbos tienen conjugación regular; no hay verbos irregulares, como no hay plurales irregulares. El plural de los adjetivos, sustantivos, artículos y pronombres se forma añadiendo "s" al singular. Otros matices como la preposición o partícula de vocativo "sahi", el artículo específico de nombre propio "isa", el sufijo masculino "ul" con su correspondiente sufijo femenino "in", la partícula para comienzo de exclamación "mu", etcétera, pueden entenderse por deducción o con cualquier guía introductoria al icuso. En todo caso, convendrá traducir al castellano el diálogo anterior.

- Padma. Supreniranto: también hablo y escribo el icuso. Pero ya sabes que aquí, en este mundo, raramente usamos las lenguas habladas para comunicar, y que preferimos la telepatía.
- Supreniranto. Padma: sí, el asunto está claro. Pero, evidentemente, comprenderé mejor la información con una lengua hablada y escrita que con la telepatía. ¡muchas gracias! ¿el proceso será largo?
- Padma. Supreniranto, el proceso será corto.

Efectivamente, en pocos minutos Supreniranto vio cómo los adminículos del superordenador distribuían la pasta de papel en planchas que se secaban e iban siendo impresas en policromía con los líquidos coloreados. Luego, las hojas fueron llevadas a un dispositivo encuadernador, que preparó unos treinta tomos de mil páginas cada uno, escritos en icuso con ilustraciones a todo color, con calidad de impresión fotográfica en todas las páginas. Al coger el primer tomo, muy ligero a pesar de su gran volumen, Supreniranto preguntó a Padma.

- Supreniranto. Bien; magnífica obra. Y, si quiero tener detalles sonoros o imágenes en movimiento, especialmente la pronunciación de nombres propios, ¿cómo haré?
- Padma. En ese caso, consulta la pronunciación exacta del nombre en cuestión por su transcripción al alfabeto fonético genera expuesto al principio de la propia enciclopedia. Además, puedes obtener bandas sonoras y holografías estáticas o animadas pasando repetidamente el dedo por el término semántico que te interesa. Este papel es infosensible y se conectará al gran ordenador. Puedes comunicarte oralmente con el gran ordenador, sin necesidad de telepatía. Si no quieres que la enciclopedia de papel se conecte en ningún momento al ordenador, utiliza la pestañita deslizable que hay en el lomo del primer volumen, y deslízala de la posición "lekturasiono konputerata" (lectura informatizada) a la posición "lekturasiono non konputerata" (lectura no informatizada). Apuesto doble contra sencillo a que empezarás por una lectura no informatizada, al estilo de los libros bien impresos en buen papel, cuya desaparición paulatina detestabas en tu mundo de origen. Ya que estás en un mundo físico y no en un Bardo o en un plano astral etéreo, dentro de unas horas tendrás hambre. Así que te esperaremos en un comedor con cuarto de baño, situado en el castillo dorado que, desde los ventanales, ves al fondo de la explanada por la que hemos entrado.

Así, Supreniranto puso, efectivamente, en posición de lectura no informatizada la pestañita del primer volumen. Y empezó a leer la enciclopedia de su nuevo mundo.
De vez en cuando, hacía anotaciones en los márgenes del texto, con lápiz de color azul cielo, color claramente diferente al negro sobre blanco de las letras impresas. Y, cuando quería pasar sus notas manuscritas a letra de imprenta, más nítida (de todos modos, la letra manuscrita de Supreniranto era clara y precisa, típica de quien aborrece la ambigüedad y el disimulo) se ponía en conexión con el gran ordenador y le daba la orden "tuo transformen mias notasionos into letros de inprento.", o sea "Transforma mis anotaciones a letras de imprenta.", cosa fácil de hacer con el papel infosensible y autocoloreable, que además eliminaba los borrones y las tachaduras de la lectura a mano.
El icuso, a mano o en letra de imprenta, usa siempre el alfabeto latino básico, exclusivamente pues las veintiséis letras básicas "a b c d e f g h i j k l m n o p q r s t u v w x y z". Las letras mayúsculas no son obligatorias nunca, y habitualmente se escribe todo en minúsculas, incluso la inicial de los nombres propios, a principio de oración y tras punto ortográfico. En vez del punto ortográfico, también se puede usar una barrita inclinada a la derecha, "/". La ortografía absolutamente fonética del icuso implica que hay tantos fonemas como letras, o sea veintiséis. Y a dos letras diferentes entre sí corresponden siempre dos fonemas diferentes entre sí, con lo cual, en principio, no hay confusión ortográfica posible. Cada letra tiene un fonema equivalente, en general, al valor fonético principal de esa misma letra en castellano. Así, por ejemplo, en "gitaro" (guitarra) la pronunciación es "guitaro" o "guitarro"; en icuso no hay letras dobles como "ll" o "rr" en castellano, y por otra parte la letra "r" en icuso se pronuncia más o menos fuerte a comodidad del hablante, sin diferencias semánticas ni ortográficas como las hay en castellano entre "coro" y "corro". El ejemplo de "gitaro" subraya además que las letras no cambian su fonema o sonido fundamental, sea cual sea su posición en la palabra; por eso hay una letra "u" muda en castellano, para cambiar la pronunciación de la letra "g" en "guitarra", cosa que no se hará en icuso, donde no hay letras mudas. De ahí que en "linguistiko" (lingüística) la letra "u" se pronuncia, sin necesidad de diéresis. Por otro parte, la diéresis, el acento gráfico, la raya ondulada de la letra "ñ" en castellano y los signos iniciales de admiración o exclamación no existen. Ni hacen falta, porque el acento tiene reglas fijas de pronunciación, no hay letras mudas, las frases exclamativas o interrogativas comienzan siempre con partículas inequívocas, etcétera. Aparte de lo ya dicho, la letra "q" se pronuncia como la letra "k" (que siempre puede sustituirla en grafía y pronunciación) pero con la lengua echada muy para atrás; así, "qorano" o "korano" (Corán) son formas válidas ambas; la letra "u" siempre se pronuncia tras la letra "q". La letra "v" no suena como la letra "b" (aunque la letra "b" siempre puede sustituirla en ortografía y pronunciación) sino que siempre es labiodental sonora como en inglés, francés y otros idiomas; así, "vasko" o "basko" (vasco) son formas válidas ambas, aunque de distinta pronunciación. Los pares de letras b/v, i/y, k/q, s/z y u/w diferencian pronunciación, pero nunca significado; por eso en cada par se puede sustituir siempre la segunda letra (que se conserva para onomatopeyas, nombres propios y vocabulario internacional principalmente) por la primera. La letra "y" es la variante semivocal de la letra "i"; se pronuncia como en "rey" o en "ya" del castellano. La letra "z" es la variante sonora y zumbante de la letra "s", como en inglés, francés y otras lenguas. La letra "w" es la variante semivocal de la letra "u", pronunciada como la letra "u" del castellano en "causa" o en "luego". Se consideran vocales las cinco letras "a e i o u", pero no las dos semivocales " i w". La principal diferencia es que, a final de palabra, las semivocales nunca pueden recibir el acento de intensidad; por otra parte, dos o tres vocales plenas juntas se pronuncian separadamente, sin diptongo ni triptongo, mientras que las semivocales forman diptongos y triptongos, y no se pueden pronunciar separadamente, ni ser núcleo de sílaba. En icuso no hay ninguna palabra sin al menos una vocal, y toda sílaba tiene una vocal, y sólo una. El acento nunca diferencia palabras, al revés de lo que sucede en castellano entre "´lúcido" y "lucido"; y tampoco, en icuso, los diptongos o triptongos marcan diferencia alguna de significado frente a dos o tres vocales contiguas equivalentes, pero pronunciadas en hiato, es decir, separadamente. Así, en pronunciación más o menos descuidada, si alguien pronuncia la palabra "autoro" (autor) que en icuso tiene las cuatro sílabas a-u-to-ro, como palabra trisílaba, au-to-ro (que tendría entonces en icuso la inusual pero posible grafía "awtoro") no habrá cambio de significado ni de ortografía. Y en cuanto a la palabra "filosofo" (filósofo, sin diferenciación de género entre un filósofo y una filósofa) está claro que en icuso se acentúa en la tercera vocal "o", porque es la penúltima vocal de esa palabra. En castellano hay cuatro combinaciones de acentuación posibles: "fílosofo" (sin significado), "filósofo" (persona que filosofa), "filosofo" (estoy filosofando) y "filosofó" (alguien ha filosofado en el pasado más o menos remoto). Los matices semánticos que da aquí el acento tónico en castellano, en icuso se expresan con fonemas diferentes; así, "filosofo" se dice "mio filosofan", y "filosofó" (él o ella) se dice "eto filosofin". En caso necesario se precisaría el género: "filosofulo" (filósofo varón), "filosofino" (filósofa), "elo filosofin" (él filosofó), "ejo filosofin" (ella filosofó), etcétera. Así, si alguien acentúa indebidamente la palabra "filosofo" en icuso, no se producirá ningún malentendido, ni se reflejará esa acentuación anómala en la escritura. Otro buen ejemplo es la palabra "demokratio" (democracia), que algunas lenguas acentúan en la vocal "i", como hace el icuso, y otras, caso del castellano, en la vocal "a", causando un diptongo de la vocal átona semivocalizada "i" con la siguiente vocal, lo que daría la inusual ortografía "demokratyo" en icuso. Otras lenguas, en fin, acentúan la primera vocal "o" en esta palabra tan internacional. Ninguna de estas variaciones, en fin, cambia el significado de la palabra, y por lo mismo tampoco se suelen reflejar en la escritura del icuso, como no sea para llamar la atención precisamente sobre pronunciaciones inusuales con intenciones sociolingüísticas, humorísticas, etcétera. La pronunciación y la escritura recomendadas del icuso son totalmente regulares, monótonas y predecibles. Nadie que aprenda icuso se pasa la vida estudiando su ortografía y su pronunciación, porque están pensadas, ambas, para gente muy mediocre y negada a la hora de escribir su propia lengua y a la hora de hablar o escribir lenguas extranjeras. Por esto los esperantistas llaman a veces, al icuso "Tiu Esperanto de la stultuloj" (El esperanto de los tontos)... cosa a la que los icusófonos suelen responder con cierto orgullo "ui, nosos esan mediokras ei por kueso pe una linguo tre facila nosos parolan." (Sí, somos mediocres, y por eso hablamos una lengua muy fácil.). En icuso existe la preposición de acusativo "pe", no muy usada pero útil cuando, como aquí, la frase contiene hipérbaton, inversión del orden sintáctico habitual, con el objeto directo de la frase antes del sujeto.
Con todo esto, una vez aprendidas las reglas de ortografía y pronunciación del icuso, la única dificultad que puede surgir al escribir algo oído en icuso es la separación gráfica entre palabras. El icuso no usa guiones ni apóstrofos entre palabras, de manera que la única diferencia posible es poner o no poner un espacio de separación. Esto no es una grave dificultad, porque la frase escrita siempre se va a entender. De modo que en estos casos la separación gráfica entre palabras queda a discreción del hablante, que se inspirará en los criterios morfosintácticos típicos de las grandes lenguas europeas occidentales, cuya gramática (muy regularizada y simplificada, claro está) es también la del icuso y, sobre todo, en el principio de cortedad de las palabras gráficas, porque una palabra con más de cuatro o cinco sílabas es pesadamente legible, y por eso resulta mejor evitarla. Así, en la expresión que ya hemos visto "lekturasiono nonkonputerata" (lectura no informatizada) es preferible, aunque no obligatorio, separar el adverbio "non" (no) del adjetivo que va a continuación: "lekturasiono non konputerata". En icuso, el adjetivo y el artículo terminan siempre en "a", mientras que el sustantivo y el pronombre terminan siempre en "o".
A Supreniranto le gustaban estas simplicidades del icuso por su busca de una vida realmente sencilla. Es decir, ante absurdos como atribuir género gramatical al mar o a la mar (que carece de sexo real) o como aprender tablas de verbos irregulares, aprender la distinción entre palabras homófonas escritas con "b" o con "v" en castellano, etcétera, Supreniranto pensaba que en su mundo de origen la vida se había hecho estúpidamente complicada, sea en estos temas menores de la ortografía y la gramática o en temas mayores como la economía, la demografía y la metafísica. Una vida estúpidamente complicada sin por eso ser una vida más feliz, sino todo lo contrario: una vida muy desgraciada.
A Supreniranto el icuso le servía para no perder el tiempo con cuestiones de ortografía y gramática, concentrándose en cambio en lo esencial: las ideas que llevan a una vida más dichosa.
La enciclopedia en icuso que estaba leyendo era eso, una enciclopedia, con temas muy diversos, desde los grandes pintores y escultores hasta la química o la gastronomía. De modo que Supreniranto fue al índice y empezó por el tema "historio de kuesta mondo", o sea, "Historia de este mundo".
Se trataba de un planeta muy parecido al planeta Tierra de donde provenía Supreniranto, pero con diferencias importantes.
El planeta orbitaba alrededor de una estrella similar al sol, y era el tercer planeta por orden de lejanía. El régimen hidrológico y climático permitía vivir al hombre en la mayoría de la superficie emergida; las zonas montañosas, desérticas, muy frías o muy calientes eran escasas, por lo cual más del noventa y nueve por ciento de la superficie no marina gozaba de un clima subtropical; el hombre, por tanto, disponía de un tercio de la superficie del planeta para vivir. Las constantes gravitatorias, químicas, etcétera, eran muy favorables a la vida humana.
Mas el planeta carecía de simios o animales semejantes. La evolución biológica existió y seguía actuando, pero sin producir ningún antropoide con gran cerebro. Ni los abundantes herbívoros ni los escasos y pequeños carnívoros (no peligrosos para el hombre) tenían más parecido con el hombre que el que, en el planeta Tierra, con el hombre tenían un ciervo o un gato.
La llegada del hombre a este planeta se produjo recientemente a escala geológica, hace unos diez millones de años, y de un modo atípico. Aparecieron pequeñas colonias de seres humanos en zonas costeras relativamente próximas unas de otras. Estos hombres y estas mujeres decían proceder de unos planetas de tipo terrestre, similares al planeta Tierra. En esos planetas, sus respectivas sociedades humanas presentaban un grado de incivismo, estupidez y violencia que los había dejado sumamente insatisfechos. Tras intensos procesos meditativos de diversa índole, los insatisfechos se encontraron juntos en el nuevo planeta, y con relativa rapidez elaboraron una civilización pacífica de avanzadísima tecnología, muy preocupada por asuntos espirituales y metafísicos. La población actual de hombres y mujeres en el planeta estaba entre ciento cuarenta mil y ciento cincuenta mil habitantes. Tras varios millones de años, la lenta pero continua llegada de nuevos lázaros al planeta permitió estudiar y controlar el fenómeno del vórtice de humanización. Cada vez que un nuevo lázaro, o sea un reencarnado o resucitado, meditaba intensamente en su mundo de origen sobre la forma en la que realmente deseaba vivir, se producía una densificación material y energética en ciertos puntos del planeta, los vórtices de humanización. Eso, en los casos más persistentes por parte del meditador, daba lugar a su aparición física en el planeta. De modo que los ya residentes decidieron crear un servicio de ayuda y presentación en los vórtices de humanización, como durante la reciente llegada de Supreniranto al nuevo mundo. Este planeta de tipo terrestre, obviamente, no tenía nombre alguno en su comienzo, pero sus nuevos habitantes humanos convinieron en llamarlo Ugari, Ugario o Ugaria, vocablo tomado de una de las lenguas que hablaban en sus planetas originarios; y que en esa lengua arcana de oscuro origen, conocida como vascuence o eusquera, significa "Abundante"; por la abundante o generosa provisión de medios de vida que en ese mundo encontraron.
Supreniranto, entonces, comprendió que su vida en Ugari era realmente una existencia física y biológica, como en el planeta Tierra, aunque en muy ventajosas condiciones. Y que, para empezar, debería alimentarse y hablar, o telepatear, con sus nuevos vecinos, los ugarianos.
De modo que interrumpió la lectura de la enciclopedia compuesta por una treintena de volúmenes, los cuales por su ligereza podía llevar todos juntos en una sola mano, y se dirigió al comedor situado en el castillo dorado, al fondo de la explanada.

A la entrada del castillo lo esperaban varios miembros de su comité de recepción, que le preguntaron "Es hora de comer, ¿verdad?" Y era verdad; Supreniranto tenía hambre de verdad, física y metafísica.
Se sentaron en la mesa, y los cocineros trajeron una docena de fuentes con diversas recetas: carnes de vacuno, porcino o aves, cremas, croquetas o albóndigas, ensaladas, flanes, bizcochos, muchísimas frutas, empanadas de varios rellenos, tortillas y muchos inventos más. Las bebidas eran igualmente variadas, de la leche al zumo de soja con vainilla y chocolate pasando por caldos y yogures; pero hubo un detalle que no se le pasó por alto a Supreniranto: la completa ausencia de café, té, alcohol y demás excitantes fuertes entre las bebidas. Preguntó.

- Supreniranto. Bueno, ugarianos. Es lógico que desterréis el alcohol, el café y demás excitantes fuertes, porque a Ugari se viene a comprender la mente y no a aturdirla con drogas embriagantes. Lo que no entiendo es la profusión de carnes y pescados. ¿Realmente matáis animales con frecuencia para comer?
- Padma. No, Supreniranto. Somos vegetarianos desde hace millones de años. Matar o hacer sufrir a un animal innecesariamente, es propio de alguien con tanta ética como un abogado. Y aquí, como bien intuyes, no hay abogados. No pueden llegar aquí, por razones que luego podremos ver. Los que sí hemos llegado a Ugari, respetamos a nuestros semejantes menos dotados en conciencia que nosotros. Entonces, lo que te parece pollo, ciervo, iguana, bacalao, rana, langosta de mar, langosta de tierra (saltamontes o chapulín grande), ballena, cerdo, perro o liebre es, en realidad, una recreación figurada a partir de una pasta biológica básica que producimos por biosíntesis, desde materia inorgánica, sin poner en cautividad ni matar a ningún animal. Esta amplia variedad de alimentos animales, vegetales o setas la ponemos aquí para que, como recién llegado, fijes tus gustos, muy variables según tu historia cultural y tu individualidad genética. No hemos hecho sufrir a ningún ser vivo para generar este cúmulo de platos.
- Supreniranto. Comamos pues. Pasemos de la sutil metafísica a las concretas, densas y riquísimas croquetas de gambas con nuez y queso gruyer, todo amasado y bien frito.

Supreniranto se puso morado. En realidad, no había comido nada desde que se fue de la sala del hospital en el planeta Tierra, llegó al Bardo, habló con el Nagual, meditó largamente y consiguió aparecer carnalmente en el planeta Ugari donde fue recibido y empezó a leer la enciclopedia informativa en icuso. Vamos, que comió hasta desquitarse de toda el hambre atrasada. Sus compañeros de mantel, en cambio, se limitaron a unos bocados y unos sorbos, básicamente de cereales, fécula de papa o patata (o similares féculas) y, para beber, agua. Dijo Padma a los postres.

- Padma. ¡Supreniranto, has vaciado todas las fuentes! ¡Nunca hemos visto a un recién llegado devorar así! Parece que en el mundo del que procedes se comía tarde, mal y nunca.
- Supreniranto. No te equivocas mucho, Padma. La superpoblación y la contaminación daban lugar a una comida cara, monótona y poco sabrosa, que además me costaba tomar por mis problemas respiratorios y metabólicos. En realidad, ya me quedaba con mucha hambre en la Tierra, y me estoy resarciendo aquí. Supongo que tenéis comida de sobra...
- Padma. Eso sí, Supreniranto. ¿Quieres más fuentes de comida?
- Mejor voy a hacer una pausa para digerir todo esto, y no solamente la comida. ¿Damos un paseo?

Y Supreniranto salió con Padma a dar un paseo por la explanada. Dialogaron de nuevo.

- Supreniranto. Me gustaría, Padma, saber si vuestros metafísicos, neurosicólogos y otros científicos habéis hecho, aquí en Ugari, algún estudio sólido sobre el tema de si la pluralidad de conciencias que dialogan responde a varias almas efectivamente distintas pero relacionadas, o a una sola alma que parece ser muchas almas. Me refiero a un estudio propiamente científico, con base experimental, no a meras elucubraciones hipotéticas.
- Padma. Sí que estamos llevando a cabo una investigación científica experimental sobre eso. Puedes encontrar referencias en la enciclopedia que estás leyendo. Mas, de momento, te vas a enfrentar a un problema mucho más perentorio.
- Supreniranto. Padma, ¿a qué te refieres?
- Padma. El mal existe manifestado en todos los niveles de existencia que no sean el nivel supremo, eso que llamamos Nirvana, Tao, Dios o Paraíso. Por tanto, el mal también se manifiesta aquí en Ugari. Como, relativamente al planeta Tierra de donde procedes, es un ámbito de realidad mucho más elevado, el mal se manifiesta de forma diferente, y mucho más favorable a quien lo quiere combatir, claro está. De forma mucho más clara.
- Supreniranto. Bueno, Padma; y, bajando del plano de las generalidades filosóficas a la realidad concreta, todo me hace pensar que los vórtices de humanización implican un grado vibratorio de armonía en la conciencia que excluye completamente la llegada aquí de jueces, abogados, banqueros, políticos profesionales, asesinos a sueldo, terroristas, etcétera. Una ley mucho más poderosa que las sucias leyes de las que éstos usan y abusan, les impide llegar hasta aquí, ¿verdad?
- Padma. Así es, Supreniranto. Y, evidentemente, lo que estás pensando es que nuestra conversación está invocando al Príncipe de los Abogados; aunque, por otra parte, la ley de armonía vibratoria de la conciencia le impediría manifestarse físicamente aquí, con su legión de fiscales, jueces, abogados y tribunales.
- Supreniranto. Padma, seguro que ése vendrá aquí por mi alma. Lo he combatido cuanto he podido ya en la Tierra; a él y a sus sicarios de la toga y el birrete. Entonces, ¿cómo se manifestará?
- Padma. Mira, Supreniranto: de hecho, ahí viene por la explanada. Se trata de una proyección fantasmagórica desde el infierno y otros bajísimos niveles de existencia, donde operan el Príncipe de los Abogados y sus esbirros. Ahora bien, no es una proyección débil, ni mucho menos. Si te seduce, te arrastrará a su oscuridad. Muchos de nosotros, en Ugari, hemos sufrido sus ataques. La recomendación para vencerlo es, primero, cerrar el canal telepático y forzarlo a hablar físicamente. En segundo lugar, debes tener en cuenta los puntos débiles que el Señor de la Desesperación pueda usar contra ti. Seguro que a ti no te atacará por la oferta de riquezas, la lujuria o la tentación del poder político. Como eres un intelectual, te atacará por donde cojeáis los intelectuales: por la soberbia, por vuestro afán de reconocimiento y de que os aplaudan y adulen. Y, en tercer lugar, invoca tú, a discreción, a la milicia de santos y ángeles que siempre se han opuesto y se opondrán al poder del Presidente de los Tribunales.

Efectivamente, Satanás apareció por el horizonte de la explanada. Mostraba una figura clásica, o sea un gran macho cabrío de color rojo, tocado con una enorme toga negra de abogado, rematada con puñetas blancas que dejaban ver sus garras delanteras. En la toga se veía con claridad el dibujo de una mujer (dibujo bordado en vellocino de oro puro) con una venda en los ojos. Y la mujer sostenía una espada en una de sus manos y, con la otra mano, una balanza; el símbolo del horror sin final al que él y sus secuaces denominan justicia, pero que no lo es. El Príncipe de las Tinieblas llevaba en su mano izquierda su clásico tridente para dañar a las almas puras; y, en la otra mano, el Libro de la Dura Ley. Portaba un negro y pesado birrete en la cabeza. Lo seguía su séquito infernal de procuradores, magistrados, tribunales y verdugos. Había también muchos ahorcados, juzgados, condenados y ajusticiados por oponerse al Libro de la Dura Ley; estos condenados se asfixiaban en la horca, pero eternamente revivían y volvían a asfixiarse en la horca.
La Serpiente Antigua se paró, con su corte salida del báratro, ante Supreniranto. Por su parte, Supreniranto, sabiendo perfectamente que el ataque por parte del Presidente de los Tribunales era ya inminente, cerró su canal telepático e interpeló, en gallego, al inicuo Juez Supremo.

- Supreniranto. Satanás, sei quen es, e sei que ves pola miña ánima. Abofé que non a terás.
- Satanás. Iso está por ver.
- Supreniranto. Pra min xa está todo claro.
- Satanás. ¿Seguro? Considerémolos feitos, coma che gusta a ti. Cres que estás nunha especie de paraíso limiar, cheo de amor e sabedoría rumo ó nirvana, ¿non si? Pois considera, pra empezar, como vas vestido, eis, como vas espido, e a túa compañeira, á Padma. Aquí tódolos homes e tódalas mulleres van espidos, sen ningún tipo de adorno. Iso é unha ditadura totalitaria. Ningunha muller renuncia voluntariamente, pra empezar, a adornarse, engalanarse e maquillarse brillando ante os ollos dos homes e das demais mulleres. As mulleres deste planeta están asoballadas como as mulleres dos talibáns; se, entre os talibáns, as mulleres deben levar un burca negro que oculta os seus corpos, aquí deben ir espidas, co cabelo cortiño (igual cós homes) e sen adorno, pinturas nin xoias. Os homes, pola súa banda, teñen prohibido o bigote e a barba; todos van perfeitamente afeitados. Son acenos opostos ós dos talibáns, mais non por iso menos totalitarios e menos colectivistas. Ti, tan amante da verdadeira individualidade... estás nunha distopía comunista na que quedan prohibidos o vestido, o diñeiro, a carne de verdade pra comer, o pracer de fuchicar (porque aquí a castidade é regra absoluta, seguro que xa o sabes) e moitas cousas máis, entre elas o noso nobre oficio da xustiza que represento coma o Príncipe dos Avogados. Tamén sodes pacifistas por imposición, igual cós xainistas radicais, os digambaras, os vestidos de ar, que na súa distopía metafísica van día e noite completamente espidos e teñen escrúpulo mesmo de matar un carracho que os intente picar. O decisivo é que neste aparente paraíso, onde tes segura a comida, co leito, coa atención médica e cos teus instrumentos pra filosofar... está totalmente escluída a propiedade privada. Nada do que inventes ou descubras aquí será propiedade túa, nin no senso económico (porque ésta é unha sociedade completamente comunista, sen clases sociais nin diñeiro) nin tan sequera no senso simbólico, xa que aquí todos consideran que a sabedoría é patrimonio común e debe ser compartida sempre en beneficio da comunidade. O teu eu, a túa individualidade, queda aquí sutilmente esmagada. Chamas inferno ó lugar de onde veño. Pois ben: o que a Padma, o Cuculcán e os demais ugariáns están a che propoñer si que é un inferno: o inferno do Nós que anula a todo Eu. Estás nun formigueiro; tecnoloxicamente avanzadísimo, sen enfermidade, fame nin morte física. Mais é un formigueiro humano, no que nunca serás outra cousa ca unha formiga traballando pola perpetuación do formigueiro. A túa conciencia individual rematará por desaparecer, en beneficio da benfeitora tribo que te acolle. Estar aquí... é a túa morte. ¡Ven connosco, cos avogados, e terás lei, individualidade e recoñecemento ós teus méritos!
- Supreniranto. O home debe ser egoísta; debe buscar ante todo o seu propio ben. Mais iso non se opón ó amor polos demais; todo o contrario. O que se ama profundamente a si mesmo é o que comprenderá as necesidades do seu próximo e velará, sen coacción, polo ben do seu próximo. A mácsima aspiración de todo home, de toda muller, é ser un santo rodeado de santos, en amor (sen baixa sensualidade, sen luxuria) entre tódolos homes i entre tódalas mulleres. O que os xuíces, avogados e demais deaños chamades amor non é amor; é sensualidade animal reprodutiva, igual que o que chamades xustiza é inxustiza; é o abuso dos poderosos que se afogan no mundo material, pretendendo ser anxos cando non son máis ca mintireiros i esplotadores do suor alleo. Entre bramáns, entre santos, dicimos pola contra que o que queira selo primeiro de todos, que faga o maior ben a todos. Por iso os teus non poden chegar aquí. Unha verdadeira lei, non escrita no teu falso libro xurídico, impide que corrompades este mundo de traballo santo, de oración, de meditación. ¡Invoco ós santos, ós anxos, ós deuses! ¡Sacádeme de eiquí a este avogado corrupto e á súa sorte de Santa Compaña cara atrás!

Dicen que el gallego se entiende muy bien, y es recomendable aprenderlo desde el castellano para tener con poco esfuerzo la comprensión con millones de personas en la lusofonía; pero convendrá traducir al castellano este trascendente diálogo.

- Supreniranto. Satanás, sé quién eres, y sé que vienes por mi alma. De cierto que no la tendrás.
- Satanás. Eso está por ver.
- Supreniranto. Para mí ya está todo claro.
- Satanás. ¿Seguro? Consideremos los hechos, como te gusta a ti. Crees que estás en una especie de paraíso preliminar, lleno de amor y sabiduría cara al nirvana, ¿no? Pues considera, para empezar, cómo vas vestido, o sea, cómo vas desnudo, y a tu compañera, a Padma. Aquí todos los hombres y todas las mujeres van desnudos, sin ningún tipo de adorno. Eso es una dictadura totalitaria. Ninguna mujer renuncia voluntariamente, para empezar, a adornarse, engalanarse y maquillarse brillando ante los ojos de los hombres y de las demás mujeres. Las mujeres de este planeta están oprimidas como las mujeres de los talibanes; si, entre los talibanes, las mujeres deben llevar un burca negro que oculta sus cuerpos, aquí deben ir desnudas, con el cabello bien corto (igual que los hombres) y sin adorno, pinturas ni joyas. Los hombres, por su parte, tienen prohibido el bigote y la barba; todos van perfectamente afeitados. Son rasgos opuestos a los de los talibanes, pero no por eso menos totalitarios y menos colectivistas. Tú, tan amante de la verdadera individualidad... estás en una distopía comunista en la que quedan prohibidos el vestido, el dinero, la carne de verdad para comer, el placer del metesaca (porque aquí la castidad es regla absoluta, seguro que ya lo sabes) y muchas cosas más, entre ellas nuestro noble oficio de la justicia que represento como el Príncipe de los Abogados. También sois pacifistas por imposición, igual que los jainistas radicales, los digambaras, los vestidos de aire, que en su distopía metafísica van día y noche completamente desnudos y tienen escrúpulo incluso de matar un bicho que los intente picar. Lo decisivo es que en este aparente paraíso, donde tienes segura la comida, con la cama, con la atención médica y con tus instrumentos para filosofar... está totalmente excluida la propiedad privada. Nada de lo que inventes o descubras aquí será propiedad tuya, ni en sentido económico (porque ésta es una sociedad completamente comunista, sin clases sociales ni dinero) ni tan siquiera en sentido simbólico, ya que aquí todos consideran que la sabiduría es patrimonio común y debe ser compartida siempre en beneficio de la comunidad. Tu yo, tu individualidad, queda aquí sutilmente aplastada. Llamas infierno al lugar de donde vengo. Pues bien: lo que Padma, Cuculcán y los demás ugarianos están proponiéndote sí que es un infierno: el infierno del Nosotros que anula a todo Yo. Estás en un hormiguero; tecnológicamente avanzadísimo, sin enfermedad, hambre ni muerte física. Pero es un hormiguero humano en el que nunca serás otra cosa que una hormiga trabajando por la perpetuación del hormiguero. Tu conciencia individual acabará por desaparecer, en beneficio de la bienhechora tribu que te acoge. Estar aquí... es tu muerte. ¡Ven con nosotros, con los abogados, y tendrás ley, individualidad y reconocimiento a tus méritos!
- Supreniranto. El hombre debe ser egoísta; debe buscar ante todo su propio bien. Pero eso no se opone al amor por los demás; todo lo contrario. Quien se ama profundamente a sí mismo es quien comprenderá las necesidades de su prójimo y velará, sin coacción, por el bien de su prójimo. La máxima aspiración de todo hombre, de toda mujer, es ser un santo rodeado de santos, en amor (sin baja sensualidad, sin lujuria) entre todos los hombres y entre todas las mujeres. Lo que los jueces, abogados y demás diablos llamáis amor no es amor; es sensualidad animal reproductiva, igual que lo que llamáis justicia es injusticia; es el abuso de los poderosos que se ahogan en el mundo material, pretendiendo ser ángeles cuando no son más que mentirosos y explotadores del sudor ajeno. Entre bramanes, entre santos, decimos por el contrario que, quien quiera ser el primero de todos, que haga el mayor bien a todos. Por eso los tuyos no pueden llegar aquí. Una verdadera ley, no escrita en tu falso libro jurídico, impide que corrompáis este mundo de trabajo santo, de oración, de meditación. ¡Invoco a los santos, a los ángeles, a los dioses! ¡Sacadme de aquí a este abogado corrupto y a su procesión diabólica!

Supreniranto reabrió su canal telepático.
Aparecieron entonces las huestes angélicas, que empezaron a moler a palos al Príncipe de los Abogados y a su séquito infernal. Los condenados que tuvieron arrestos y determinación, aprovecharon la ocasión para liberarse de sus horcas y marcharse con los ángeles. Satanás volvió al báratro de sus considerandos, sus falsos hechos probados ante los tribunales y sus disposiciones finales, pasando por todos los artículos prescritos en el Libro de la Dura Ley.

Cuando hubo desaparecido el Gran Catedrático del Derecho Penal, Padma le comentó algo a Supreniranto.

- Padma. Felicidades, Supreniranto. Te has librado de una gran caída. Es curioso. Incluso los que no han caído ante las asechanzas de este embaucador, han vacilado a menudo antes de rechazarlo. Porque es muy hábil; sabe engañar incluso con la verdad. En cambio, tú no has dudado en rechazarlo de plano.
- Supreniranto. Dicen, Padma, que el diablo sabe más por viejo que por diablo. En mi caso, mi viejo combate contra el Príncipe de los Abogados en la Tierra, en el Cielo, en el Infierno y, ahora, aquí también en Ugari, me ha enseñado mucho sobre él; y sobre todo me ha enseñado que, como es un tipo muy falso, es un ser débil ante quien desbarata sus mentiras.
- Padma. Bueno, Supreniranto: si ya has digerido tu copioso banquete y tu victoriosa batalla contra el Maligno de las Mil Leyes, es hora de regresar al castillo dorado. Te esperan allí.
- Supreniranto. Volvamos pues al castillo dorado.

Y volvieron al castillo.


Última edición por Alexandre Xavier el 18 Nov 2015, 20:08, editado 6 veces en total

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NotaPublicado: 01 Sep 2015, 07:54 
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Buen relato, me gusta bastante cambia de lo que he leído hasta ahora xD

Ahora una recomendación, aunque ya sé que lo haces queriendo y es para instar al lector a aprender esperanto, aún así no creo que sea bien para la empatia en relación con la historia, creo que me entiendes ¿no?

En mi relato pongo palabras sueltas en noruego (Porque ocurre allí la historia), pero solo para darle un aire extra-nacional, no para hacerle aprender el idioma xD, aunque en realidad clarisimamente tu objetivo no es el mio seguramente.

De todas maneras, buen relato,

Atentamente,

Jeremy

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“En vérité, le chemin importe peu, la volonté suffit.” Albert Camus

“Cualquier cosa que sea contraria a la naturaleza lo es también a la razón, y cualquier cosa que sea contraria a la razón es absurda.” Baruch Spinoza


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NotaPublicado: 02 Sep 2015, 19:26 
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Rango personalizado: Filósofo revolucionario desde la tradición metafísica clásica, oriental y occidental.
Alexandre Xavier.

Hola, Jeremy.
No pongo los pasajes en esperanto primariamente para que el lector aprenda esperanto.
Ya que eres programador, eso sería en tu campo como promover primariamente la difusión del Windows 98, cuando está claro que ese sistema operativo, el mejor en el momento de su aparición, no puede manejar directamente ficheros muy grandes, ni particiones de tipo NTFS. Sigo utilizando Windows 98 en ocasiones en que es la mejor solución para un buen rendimiento del ordenador.
No soy esperantista; el esperantismo es una secta que no soluciona los problemas comunicativos. Soy esperantófono, cosa bien diferente.
Hay hoy mejores sistemas operativos que el Windows 98, y apunto al movimiento que quiere hacer de Windows XP un sistema operativo de código abierto para mejorar y reutilizar este sistema cuyo fin oficial fue tan protestado, como sabes. Y hay hoy lenguas planificadas auxiliares mejores que el esperanto, como el icuso o ikuso.
Los pasajes en esperanto están básicamente para obtener un efecto de distanciamiento. Mi relato no es, no pretende ser, fantasía subyugante, sino un recurso filosófico en formato narrativo. Se trata, con él, de pensar, y de pensar bien; no de embelesarse y distraerse con maravillas de la imaginación. Por eso el distanciamiento es tan importante aquí.
Seguiré ampliando y revisando el relato; agotaré la capacidad de cada mensaje al hacerlo, para evitar que el relato quede incómodamente troceado en muchos mensajes. Eventualmente, pondré los títulos "Primera parte, Segunda parte, Tercera parte", etcétera.
Aprovecho este mensaje para preguntaros qué reflexiones os suscita lo que habéis leído, y para preguntaros cómo debería continuar la historia, en vuestra opinión.
Cordialmente, de Alexandre Xavier Casanova Domingo, correo electrónico trigrupo @ yahoo . es (trigrupo arroba yahoo punto es).


Última edición por Alexandre Xavier el 14 Nov 2015, 18:10, editado 5 veces en total

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NotaPublicado: 02 Sep 2015, 19:57 
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Entiendo, interprete mal tu intención, procuraré ser más cuidadoso la próxima vez,

Para el tema de la opinión sobre el texto, esto me recuerda mucho los niveles del budismo, donde a cada final de vida se va analizando tus hazañas y según estas, acabas en un universo peor, igual o mejor del que donde estabas, a mi me inspira esto, quizás podrías hablar del Velo de Maya o algo por el estilo, estaría bastante interesante....

Atentamente,

Jeremy

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“Cualquier cosa que sea contraria a la naturaleza lo es también a la razón, y cualquier cosa que sea contraria a la razón es absurda.” Baruch Spinoza


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NotaPublicado: 03 Sep 2015, 20:05 
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Hola a Jeremy y a todos.
He revisado y sobre todo ampliado el comienzo del relato, que ahora sigue tras levantarse Supreniranto de la cama. Os sigo pidiendo sugerencias para la continuación de esta historia.
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NotaPublicado: 04 Sep 2015, 20:39 
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Hola a Jeremy y a todos.
Sigo ampliando el relato, que ahora incluye una descripción introductoria del planeta al que Supreniranto ha ido a parar. Os sigo pidiendo sugerencias para la continuación de esta historia.
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NotaPublicado: 07 Sep 2015, 21:07 
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Hola a Jeremy y a todos.
Sigo ampliando el relato, Entre otras cosas, aparece esta vez un diálogo entre el Príncipe de los Abogados y Supreniranto, diálogo determinante para comprender la actitud existencial que gastamos los arqueoindividualistas. Os sigo pidiendo sugerencias para la continuación de esta historia.
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NotaPublicado: 08 Sep 2015, 10:29 
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Veo que la justicia terrenal y tu es una gran historia de amor xD

Jeremy

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NotaPublicado: 12 Sep 2015, 16:38 
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Hola a Jeremy y a todos.
He alcanzado ya el límite máximo permitido por cada mensaje, de manera que envío, en un nuevo mensaje, la continuación de la historia "El mundo de Supreniranto", a partir de la segunda estancia en el castillo dorado, inclusive. En la continuación, he procurado no abusar de las referencias a los palacios de injusticia o a los idiomas, ya que a fin de cuentas lo que vale en este relato es facilitar la liberación metafísica, romper las cadenas que aprisionan al yo.
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Última edición por Alexandre Xavier el 14 Nov 2015, 18:19, editado 3 veces en total

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NotaPublicado: 12 Sep 2015, 16:41 
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Segunda parte.
En un salón del castillo dorado lo esperaban Cuculcán y otros ugarianos que recibieron a Supreniranto cuando llegó al planeta. Supreniranto se sentó en una silla junto a los demás, y habló.

- Supreniranto. Compatriotas ugarianos: he echado ya una ojeada a vuestro mundo, y he pasado una prueba iniciática ante el Gran Abogado, una prueba que aquí todos debéis pasar antes o después. En general, me parecen ya claras las leyes fenoménicas de este planeta. Es similar al planeta Tierra, pero muy mejorado para obtener condiciones extremadamente favorables a la vida humana según las leyes de la física y la biología. Es un mundo físico con causalidad física, y no una mera proyección fantasmal de planos astrales, ni un mero holograma animado y sonoro de ésos que con gran realismo sabéis producir con vuestros ordenadores, incluyendo las sensaciones táctiles, gustativas y olfativas. Lo que más difiere de la Tierra, mi planeta original, es el modo de llegar al planeta. Aquí no se llega como ser humano por nacimiento, ni por viaje en un cohete espacial. Se llega encarnándose en un vórtice de humanización, en el que aparecen quienes meditan de manera coherente, prolongada y decidida para ingresar en un mundo humano mejor para el progreso espiritual. Según veo, vuestra política demográfica cuenta con esto, y también con los contados abandonos que, de vez en cuando, se dan voluntariamente por parte de las almas que ya consiguen y deciden subir a planos existenciales todavía mejores que Ugari. Evitáis la procreación y sois completamente castos, sin formación de parejas eróticas o reproductivas entre hombre y mujer. De este modo, hace millones de años que habéis estabilizado la población entre ciento cuarenta mil y ciento cincuenta mil habitantes, en torno a la cifra mágica, simbólica y práctica de los ciento cuarenta y cuatro mil justos descrita en la Biblia, una colección de libros sagrados muy conocida en mi planeta natal. Sois además emortales, es decir, inmortales lógicos; no morís salvo un rarísimo accidente grave o una rarísima enfermedad grave e incurable, porque, además de las excelentes condiciones de habitabilidad y de vuestra gran prudencia, disponéis de una avanzadísima medicina preventiva y reparadora, que entre otras cosas ha limpiado vuestros códigos genéticos de los fallos de regeneración; por eso nunca envejecéis, y todos aparecéis eternamente jóvenes, aunque uno tenga dos millones de años de edad, y su compañera de mesa, tres millones de años de edad. Esto implica que aquí todos sois adultos en sentido mental; si un niño llega aquí, que puede llegar, llega porque ya tiene madurez sicológica de adulto, y crece hasta su etapa de plenitud, de juventud vigorosa, en la que se mantiene indefinidamente. Por lo demás, los pocos casos de muerte por enfermedad o accidente son seguidos por rápidos regresos, desde un Bardo de corta duración, de esas poquísimas almas que han desaparecido de este mundo contra su voluntad. De aquí no se va quien no quiera irse, y todo el que aquí ha venido, ha venido voluntariamente.
- Cuculcán. Así es, Supreniranto. Estamos en lo que muchas tradiciones religiosas y filosóficas denominan primer cielo, purgatorio, limbo o plano de primera iniciación espiritual. Un paraíso de transición; eso sí, de muy larga transición, para la mayoría de nosotros. Tenemos todavía muchísimo que aprender en nuestro viaje a lo más alto.
- Supreniranto. Entonces, Cuculcán, te pregunto y os pregunto: ¿disponéis, además de las referencias que Padma me ha sugerido en la enciclopedia general en icuso, de alguna obra impresa o imprimible sobre la pluralidad de las almas o, por el contrario, la singularidad de que solamente una alma exista en todos los niveles de realidad, es decir, a través de ellos? Me interesa una investigación científica experimental, basada en hechos comprobables.
- Cuculcán. Supreniranto: como ya te ha informado Padma, tenemos tal investigación. Y, ya que te gusta leer estas cosas en buen papel estable, prepararemos dentro de unos minutos otro libro impreso, en varios volúmenes, sobre el tema. Se titula, en icuso, "La naturo de la ego, la animo, la siko ei la menso segon la cienco eksperimenta.". O sea: "La naturaleza del ego, el alma, la sique y la mente según la ciencia experimental.". Como aquí no vamos con prisas, bien lo sabes ya, lo mejor va a ser que por hoy levantemos la sesión, empieces a leer el nuevo libro dentro de un rato, y luego te acuestes para pasar tu primera noche en Ugari. A poca distancia de este castillo dorado, hemos edificado una casa que te servirá de residencia mientras quieras permanecer en ella. Dispone de las comodidades tecnológicas que imaginas y de otras más. En una mesa a la entrada de la casa encontrarás un manual de instrucciones domésticas, también en icuso.
- Padma. Y ahora, Supreniranto, si lo tienes a bien, te acompañaremos a tu casa.

Padma, Cuculcán y Supreniranto caminaron unos cientos de metros por la explanada hasta llegar a una casa de dos pisos, al lado de un bosque de higueras y otros árboles frutales. Allí, Padma y Cuculcán despidieron a Supreniranto, que exploró someramente la casa, se tendió en la cama, apagó las luces y se puso a dormir.
Al poco tiempo Supreniranto entró en el mundo de los sueños, el plano onírico. Consciente de que estaba soñando, vio cómo se le aparecía de nuevo el Nagual. En esta ocasión iba a la manera del Dios religioso clásico, digamos que al estilo de un patriarca o profeta de Oriente Medio, con barba larga, melena, túnica blanca y sandalias. La habitación se iluminó con luz de mediodía, y Supreniranto interpeló al Nagual.


- Supreniranto. Eres el Nagual otra vez. Hola.
- El Nagual. Hola, Supreniranto.
- Supreniranto. Antes de que me digas lo que me vas a decir, te haré una pregunta muy pertinente: ¿por qué hoy vas en uniforme de trabajo, cuando la otra vez te manifestabas como una entidad incorpórea y abstracta?
- El Nagual. Me aparezco así porque es lo más conveniente en tu estado presente. Tus referencias culturales incluyen la figura de un patriarca bíblico para representar a Dios, así que puedo tomar esta forma inequívoca para ti. Por otro lado, un ateo como tú no puede confundir esta representación con el Nagual mismo. Es pues una figuración cómoda. ¿Y por qué tomo una figuración? Pues porque ahora no estás en el Bardo, un estado descorporalizado transitorio sin leyes físicas permanentes. Ahí convenía una presencia abstracta, mientras que aquí estás en un mundo plenamente físico, y en concreto en el plano astral superior adyacente; el plano astral onírico, que también es un plano físico, pero con leyes más sutiles que las del estado de vigilia. Ya que el plano de los sueños funciona con imágenes, adopto pues la imagen del Yavé, Zaratustra o Jesucristo; una imagen que te es bien familiar y, al mismo tiempo, no te induce a confusión.
- Supreniranto. Empecemos, en consecuencia. ¿Qué me quieres decir?
- El Nagual. Evidentemente, muchos detalles técnicos sobre tu nueva situación ya los vas a leer en los libros que te han impreso los ugarianos, y a tales libros me remito. Aquí, quiero hablarte sobre el trasfondo y los objetivos esperables de tu estancia en Ugari. Una introducción visual será provechosa. Sal conmigo.

El Nagual y Supreniranto salieron de la habitación y de la casa. Fuera, el ambiente se parecía a lo que ya conocía Supreniranto en su deambular por los alrededores de la casa, pero había cambios sutiles y notables. Unas altas torres habitadas, como rascacielos pero con paredes acristaladas y transparentes, se extendían por la explanada y los alrededores, y esas torres estaban pobladas de gente. En la realidad, claro está, Ugari no tenía grandes ciudades ni rascacielos, ya que la población no pasaba nunca de ciento cincuenta mil habitantes en todo el planeta y, además, a los ugarianos no les gustaba vivir apelotonados y rodeados de cemento. Pero aquello era un sueño inducido por el Nagual.

- El Nagual. Supreniranto: en este estado puedes volar como haces con frecuencia en otros sueños. Podemos ver y oír a los habitantes de esas torres, pero ellos no nos percibirán. Vuela conmigo y observémoslos.

Volaron pues el Nagual y Supreniranto por la extraña megápolis. En la inmensa ciudad, las torres habitadas se conectaban por pasadizos en diferentes niveles, incluso subterráneos. Cada torre poseía muchos pisos o niveles, mas no todos podían circular de un nivel a otro, ni de un rascacielos a otro rascacielos. En general, era más fácil desplazarse de los pisos altos a los bajos que al revés, y una especie de porteros alados, ángeles policiales o guardianes del umbral, vigilaban el tránsito por el complejo. Los niveles inferiores, obviamente, estaban llenos de crímenes, políticos hipócritas, guerras y muchísimos tribunales y abogados. Los ángeles policiales no permitían el paso a casi ninguno de los habitantes de estos bajos fondos, a los niveles superiores de los edificios. Para ello se valían de unos espejos del carma, que reflejaban ante el intruso los detalles más horribles de su vida, lo cual lo ponía en fuga y no se atrevía a pasar por la puerta o el ascensor. A medida que se ascendía de nivel, abundaban los científicos y artistas. En unos pisos más altos todavía, meditadores, sacerdotes, filósofos y profetas actuaban con diligencia y persistencia, emanando una agradable luz azulada que brillaba desde sus cabezas hacia arriba: la tradicional aureola cefálica de los santos. Y otros seres, ya no humanos (muy diferentes a los diablos y monstruos hambrientos que se codeaban con los jueces y banqueros de los niveles inferiores) se manifestaban en estos altos planos o pisos. Supreniranto rápidamente reconoció en ellos a los ángeles, héroes buenos y dioses de las mitologías y religiones. Estos seres, proteicos y de forma cambiante, actuaban de una forma mucho menos sujeta a las limitaciones de la carne; e instruían a los pocos seres humanos que habían ascendido a tan altos niveles.
En el último y superior piso de uno de los edificios más altos, el Nagual y Supreniranto vieron... al Nagual y a Supreniranto, que ejecutaban ritos mágicos.

- El Nagual. Supreniranto: seguro que entiendes todo o casi todo de este sueño. En todo caso, pregúntame lo que quieras saber.
- Supreniranto. Está todo bastante claro, Nagual. El ser, en su multiplicidad fenoménica, se encuentra a la vez en todos estos niveles de realidad, simbolizados en los pisos y edificios de la gran ciudad, que es la realidad global. El tiempo no existe en realidad; es una ilusión creada por la conciencia estrecha y miserable de los habitantes de los pisos bajos, aunque en verdad todos estos planos y niveles están disponibles desde siempre y hasta siempre para posibles habitantes. El ser, en su largo y complejo proceso de purificación espiritual, puede ascender de nivel, con permiso de los guardianes del umbral, que en realidad son las fuerzas no dominadas aún de la propia sique. En la medida en que la sombra, es decir, el cúmulo de aspectos malos o soterrados de la propia alma, es dominada, conocida e integrada, el guardián del umbral o policía metafísico abre la mano y permite al alma volar hacia arriba... como estamos haciendo tú y yo. Por eso veo que, en esta inmensa urbe, los habitantes de los niveles altos observan de vez en cuando a sus vecinos de los pisos bajos, cosa que no pueden hacer éstos últimos, limitados a la oscura, triste y judicial perspectiva de su impureza, aunque incluso estos desdichados pueden purificarse si se lo proponen, obteniendo el paso del policía del destino o guardián del umbral. Mi duda es: ¿por qué estamos tú y yo en el último piso, ya en la azotea del edificio más alto, si al mismo tiempo nos estamos mirando a nosotros dos mismos desde el exterior de ese edificio, volando los dos a gran altura?
- El Nagual. Como ya barruntas, eso simboliza la multilocación y el fin de la individualidad ilusoria. En el plano supremo de todos, el Paranirvana, el nirvana absoluto o Dios totalmente revelado, el ser ya no está limitado a un tiempo y a un lugar, sino que percibe desde todos los lugares y épocas. Y, por otro lado, sabe que él mismo, el hombre autorrealizado, es el Yo Integral que trasciende la diferencia ilusoria entre él mismo y los demás... porque todos son, en realidad, el mismo Hombre Primordial, Adán Cadmón.

Al oír estas últimas palabras, algo extraño e inusitado pasó por la percepción de Supreniranto. Notaba que el Nagual le hablaba, sí, mientras los dos volaban cerca de la azotea, pero que al mismo tiempo los dos estaban ya en la azotea y se observaban a sí mismos volando alrededor, y las palabras del Nagual se oían aquí y allí, y el Nagual le hablaba... ¡Y él, Supreniranto, estaba hablando al Nagual, y se estaba hablando a sí mismo, que era, a la vez, Supreniranto y el Nagual, dos aspectos del mismo individuo! Continuó unos minutos con aquella experiencia mística, muy satisfecho y al mismo tiempo algo confundido.

- El Nagual. Ya ves, Supreniranto, cuál es la gloria que te espera, que nos espera. Ahora, debes seguir madurando en Ugari. Volvamos a tu cama. Despierta y lee con calma esos sabios libros que tus vecinos ugarianos te han fabricado.
- Supreniranto. Sí, es tiempo de volver, de orar y trabajar.

Supreniranto y el Nagual volvieron a la casa, y Supreniranto se metió en la cama. El Nagual le sonrió y desapareció. Supreniranto despertó y oyó el gorjeo de los pájaros. Era de día y el sol brillaba con decisión. Supreniranto se levantó, se duchó, desayunó en una cocina de la propia casa y no se vistió, pues siguió con el traje de Adán y Eva que era de rigor en aquel mundo. Cogió sus libros, salió de la casa y se puso a leerlos en las mesas de madera, con bancos también de madera para sentarse, que abundaban en la explanada.
En unos días leyó la enciclopedia general y el informe científico sobre la naturaleza del yo y del alma.
La enciclopedia contenía prolija información sobre diversos aspectos de la realidad; especialmente, claro está, sobre el planeta Ugari. Por eso informaba bien, a un neófito como Supreniranto, de lo que podía encontrar en Ugari, incluidas cosas insospechables a primera vista, como la existencia de una nación de disidentes, Disidentia en ido. El ido es una lengua planificada auxiliar que a su vez, por supuesto, es una disidencia o divergencia del esperanto (un esperanto reformado). En Disidentia, los disidentianos prefieren hablar, en ido fundamentalmente, que comunicarse por telepatía como en el resto de Ugari. Llevan adornos en el cuerpo, joyas y maquillaje (especialmente las mujeres) y, gran tabú en el resto de Ugari, ¡suelen ir vestidos! Los disidentianos argumentan que el benéfico comunismo de Ugari es una sutil camisa de fuerza que impide realizar la verdadera individualidad, en clara y arriesgada coincidencia con las argumentaciones sobre Ugari de Satanás, el Príncipe de los Abogados. El resto de los ugarianos, hace algunos millones de años, ya previó la existencia de herejías y disensiones en el nuevo mundo radiante; por eso prefirió darles un cauce (digamos) institucional, a dejar que las herejías se incubaran con rencor promoviendo riñas, inquisición eclesiástica y guerras civiles. Por eso la fracción ampliamente mayoritaria, los vestidos de aire (nudistas oficiales e institucionales) decidió dar a los disidentianos (o textiles, según el sarcástico mote popular que les dan los vestidos de aire) un territorio donde se pudieron organizar a su aire, o más bien a sus ropas y calzados, que a su aire con todo al aire quedaron los oficialistas. En fin, los disidentianos organizaron su nuevo país, Disidentia, en una gran isla cercana a la masa continental que, separada en pocas partes o continentes por istmos y estrechos fáciles de cruzar, agrupa la mayor parte del territorio seco (no marítimo) en Ugari. Los ugarianos, cuando Ugari empezó a poblarse de seres humanos desde los vórtices de humanización, colonizaron solamente una pequeña zona de la masa continental, cercana al mar. El territorio otorgado posteriormente a los disidentianos fue una una isla grande o semicontinente a pocos cientos de quilómetros del asentamiento principal; suficiente distancia para no verse las caras forzosamente los de una facción y los de la otra, y al mismo tiempo una distancia bastante corta para viajar del asentamiento principal al de los disidente (o viceversa) en pocos minutos, con cualquier rapidísimo vehículo de los que se usaban cotidianamente para viajar por el planeta. Así, en Disidentia o, como también les gustaba llamarla a los disidentianos, Nova Atlantida, o sea Nueva Atlántida. De los ciento cuarenta mil o ciento cincuenta mil habitantes de Ugari, los vestidos de aire son más de cien mil y sólo unos pocos cientos o miles se adhirieron al partido textil, disidentiano o neoatlante. "De todas maneras", pensó Supreniranto, "me convendrá conocer los dos puntos de vista, y de primera mano.".
Supreniranto estaba decididamente en el bando de los vestidos de aire, el bando oficial y más antiguo a la hora de crear la civilización en Ugari. De modo que aprendió con su enciclopedia los detalles relevantes de física, astronomía, medicina, filosofía (derecho no, pues la aberración absurda e inmoral que es el derecho, allí no existía) ingeniería, arquitectura, literatura, música, cine, informática, pintura, gastronomía y demás ciencias y artes que allí se conocían. Los temas de lingüística e idiomas eran relativamente sencillos y cortos en la enciclopedia, pues la aversión al nacionalismo y al separatismo que existía en aquella civilización (salvo el caso de los disidentianos) había llevado hacía mucho tiempo al establecimiento de una sola lengua para todos los ugarianos en general, el icuso o ikuso; las demás lenguas se hablaban con propósitos estilísticos, no para la comunicación regular. Las guerras de lengua, como las guerras de religión, de raza, de sistema político, de control de recursos económicos, como las demás formas de esa máxima imbecilidad que es la guerra, siempre habían estado excluidas de la vida política en Ugari, igual que los tribunales, los jueces, las cárceles, los militares y los policías. Nada de eso, y por supuesto nada de abogados, había en Ugari; de modo que Supreniranto se sintió muy contento de no tener que saber nada, allí, sobre tales porquerías. De moda en el vestir, calzado, joyas y perfumes poco tenía la enciclopedia, dada la aversión a la ostentación que imperaba en el planeta; más ahorro de memoria para el alborozado Supreniranto. El oro, los diamantes, la plata y el platino abundaban mucho allí, pero se usaban meramente como materiales de construcción y revestimiento, salvo entre los disidentianos. En cuanto a las lenguas, Supreniranto reconoció que aprenderlas y hablarlas era cosa muy entretenida y divertida, sí, pero que lo básico era comunicarse fácilmente, y que para ello lo mejor era usar una sola lengua muy regular y fácil de aprender; y que, mejor aún que comunicarse hablando o escribiendo, era hacerlo telepateando. La telepatía era la mejor forma de comunicación. Y eso llevaba al otro libro que se traía entre manos.
El libro experimental sobre el yo. Ese libro era el resultado de una investigación hecha por científicos ugarianos que se cansaron de la baldía especulación abstracta, que no llevaba a nada, sobre los temas de la sique, el alma y el yo.
Estos sicólogos experimentales ugarianos encontraron que los yoes, las diversas mentes, tienen cierta realidad, pero no absoluta, sino relativa a los ambientes o planos de existencia en que surgen. La dimensión física inorgánica, la dimensión biológica (sobre todo cerebral y neurológica) la dimensión social y la dimensión simbólica fijan en cada ambiente o plano de existencia la identidad del yo; una identidad no absoluta, no totalmente absurda tampoco, sino relativa y cambiante. En estas condiciones, se puede decir que el yo existe, sí, mas como entidad condicionada y generada por el entorno; una entidad siempre en mutación y siempre dependiente del entorno que le ha dado origen. Este yo es meramente temporal y circunstancial; nada tiene de eterno o inmortal, por mucho que dure y muchas cosas magníficas que haga.
Pero había otra posibilidad para el yo, el alma, la mente o la sique. Cuando el hombre o la mujer reflexionaban a fondo sobre sus vivencias como totalidad, se situaban en un plano de percepción superior, que percibía al tiempo (al tiempo de los relojes, no a la perpetua primavera climática de Ugari)... desde fuera del tiempo, y a los yoes relativos como formas de una conciencia primordial. Por eso hubo formas de conciencia permanente en otros planetas inferiores que, tras la muerte de sus cuerpos físicos, pervivieron (en un ambiente mucho mejor) en su nueva patria que era Ugari, y con cuerpos sanos renovados. Por eso la telepatía, infrecuente y rudimentaria en el planeta Tierra, era fácil, potente y de uso regular en Ugari. Porque en aquella esfera de realidad ya se percibía explícitamente que todos los yoes, todas las almas, eran variantes o manifestaciones de un mismo Yo, de un Sí Mismo Universal. La Suprema Identidad, más allá del espacio y del tiempo.
Supreniranto, entonces, tuvo una revelación de su poder, de su infierno, de su cielo. Blasfemó de nuevo contra los picapleitos, y su blasfemia era oración a la Suprema Inteligencia que anima y comprende a todas las formas.
Supreniranto, tras leer los dos libros en pocos días, leyó también unos apéndices sobre el nuevo conocimiento enciclopédico o específicamente sobre el yo, conocimiento que se había generado durante su lectura anterior; es decir, leyó el conocimiento actualizado tras la impresión en papel de las dos obras anteriores: "enciklopedio de isa ugario", o sea "Enciclopedia de Ugari" y "La naturo de la ego, la animo, la siko ei la menso segon la cienco eksperimenta.", o sea "La naturaleza del ego, el alma, la sique y la mente según la ciencia experimental.".
Fue entonces de nuevo al castillo dorado. Y allí llamó, por telepatía múltiple, a Padma y a Cuculcán, rogándoles que acudieran en minutos, horas, días, meses o cuando pudieran. En pocos minutos, allí se presentaron Padma y Cuculcán. Entonces Supreniranto habló (telepateó) así.

- Supreniranto. Padma, Cuculcán, ugarianos en general: pienso que ya puedo participar en vuestras asambleas filosóficas. ¿De qué modo me conviene iniciarme en ellas?


Última edición por Alexandre Xavier el 14 Nov 2015, 18:20, editado 2 veces en total

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