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NotaPublicado: 09 May 2016, 02:03 
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He decidido sacar mis post del tema "Qué es la realidad", porque según voy avanzando que me estoy saliendo del tema central, porque yo de lo que me he puesto a hablar es de teoría del conocimiento, no de metafíasica que es de lo que trataba el hilo.

Empecé alli con estos posts:

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La percepcion y la razón

Además de la percepción y de la razón, el entendimiento humano no tiene un acceso directo al conocimiento de las cosas, con lo cual ya no sólo está limitado por sus propias estructuras, por sus propios engaños, por la posible racionalización; sino que el conocimiento humano está mediado por los sentidos, por la sensibilidad, por la percepción, y la percepción es otra fuente de posibles distorsiones.

Al analizar la percepción -cómo funciona la vista, el olfato, el oído- el proceso de la percepción comparte algunos aspectos con la alucinación; es decir, algunas percepciones tienen un componente alucinatorio. Muchas veces creemos ver cosas que no hemos visto, o que la percepción dota de unidad a la percepción, o lo que se percibe ocurre tan rápidamente que automáticamente se nos dispara una interpretación de lo que hemos visto que puede no responder a lo que realmente ha pasado. (Esto suele pasar en los accidentes de tráfico, los espectadores suelen dar cada uno una versión diferente).

La percepción siempre añade algo, añade una interpretación, una síntesis, un ver conjuntamente, seleccionando de entre probablemente decenas o centenas de miles de estímulos que se reciben en la retina en cada fracción de tiempo, y en todo eso surge una serie de traducciones hasta que efectivamente producen en nosotros subjetivamente -según dicen- en la corteza del cerebro, eso que llamamos la visión.

El proceso de la percepción es complejo, entre el objeto, las ondas o determinadas frecuencias de ondas, o energía..., que refractan dicho objeto, y la manera como son recibidas por los terminales nerviosos del sujeto que unen los órganos sensoriales con el cerebro, pasando por toda una vasta red de codificaciones, descodificaciones, y traducciones sobre traducciones hasta llegar a la traducción final que produce la impresión subjetiva de la visión, del oído, del gusto, del olfato, de la intuición...; finalmente, lo que hay siempre es una interpretación, y es el sujeto el que la hace. Es decir, que al final acabamos viendo todos esos esquemas, e incluso prejuicios, que llevamos dentro.

No percibe lo mismo un pintor, un artista plástico, alguien que se ha educado para captar formas y colores, que lleva toda la vida entrenándose para eso. Percibirá inmediatamente mucha más riqueza de formas y matices de color que cualquier otro del montón. No basta tener unos ojos sanos. Un músico percibe los sonidos de una forma más diferenciada que otra persona cuyo oído no ha sido educado.

La percepción está ya marcada por esos esquemas. No es sólo un órgano neutro que perciba las cosas de forma objetiva, hay una selección y una interpretación. Todo lo dicho hace pensar que el carácter de la percepción comporta algunos componentes alucinatorios.

Creo que no es descabellado decir que la realidad no la captamos nunca directamente y no hay una percepción objetiva, neutra, directa de la realidad, es siempre un resultado y una maniobra del cerebro por mediación de unos órganos, que a su vez -podríamos decir- están controlados por el propio cerebro.

Los sentidos son terminales interiores o exteriores del cerebro-espíritu humano. La realidad se nos representa por tanto a través de un proceso muy complejo, a través de unas traducciones siempre; y además esa representación la encajamos o la organizamos de acuerdo con nuestras propias estrategias de conocimiento. El acostumbrarnos a aplicar criterios rigurosos a aquello que percibimos, que conocemos, es decir, una disciplina intelectual nos hace que organicemos la experiencia o las informaciones que nos llegan, de un determinado modo.

A otra persona a la que le llegue la misma información, pues no sabrá organizarlo o se perderá de tantas informaciones o bien las organizará de otra manera totalmente distinta. Cuando escuchamos las noticias de la radio o la televisión, ocurre cualquier cosa y piden una interpretación a un personaje de más a la derecha o más a la izquierda, la información es la misma, cada uno la recibe desde un esquema interpretativo y le da un sentido a veces completamente distinto, completamente contradictorio a la misma información. Esta información se vuelve significativa, se vuelve conocimiento que puede ser más o menos verdadero, más o menos falso, más o menos adecuado a lo que son las cosas mismas; aunque lo que son las cosas mismas ya no es una interpretación que alguien hace.

Si el conocimiento está sometido a todas estas condiciones propias del proceso y del aparato mismo del conocer y además la cosa no para ahí, sino que está sometido a otras presiones que le vienen -podríamos decir- de fuera, del medio social y de la psicología de cada uno también, es decir, los factores afectivos por ejemplo no son ajenos al conocimiento. No ve uno en una experiencia cotidiana lo mismo cuando está deprimido que cuando está contento. Los problemas, las personas, las situaciones, las cosas, el mundo, no se ven lo mismo cuando un día se levanta uno radiante que cuando se levanta disgustado o depresivo. Las mismas cosas, las mismas personas, las mismas situaciones, los mismos problemas se pueden ver de manera completamente distinta sólo porque nuestro estado afectivo varía.

Si a esto añadimos que no sólo existe una afectividad individual, sino que hay también estados afectivos que caracterizan a las comunidades humanas, entonces todas esas afectividades colectivas que se suelen traducir en prejuicios, en estados de ánimo, más bien permanecen frente a determinadas relaciones, frente a determinadas otras comunidades humanas, etc., la cosa se vuelve más problemática porque puede que esa afectividad colectiva afecte- y valga la redundancia- a una comunidad científica; y entonces aunque todos estén de acuerdo a lo mejor en determinada posición teórica, puede que ese acuerdo no sea más que el reflejo de su prejuicio compartido.

Entonces, se tiene por objetivo y por sentado -por una comunidad científica nada menos- una opinión que puede no ser más que el reflejo de algo que no es verdad y al ser compartido por todos no se destaca.



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La objetividad y la subjetividad

Sobre el mito de la objetividad y la necesidad de tener en cuenta la subjetividad como parte inseparable de todo conocimiento humano

Esto no es una reflexión profunda y académica sobre filosofía de la ciencia, esto es filosofía de bolsillo o de andar por casa. Continúo por donde lo dejé. El propósito de este post es plantear la necesidad de entender objeto, sujeto y contexto como partes indivisibles de un todo. Deberíamos tratar los temas de una manera lo más crítica posible, pero evitando caer de lleno en el escepticismo ni en el dogmatismo. Un exceso de crítica llevaría irremediablemente a un exceso de escepticismo, y la falta de critica al dogmatismo. Como en casi todo, es cuestión de medida y proporción.

Intentaré señalar una serie de características de ese pensamiento crítico, de lo que creo que debe caracterizar un pensamiento crítico. Lo primero que voy a plantear es la necesidad de recuperar el sujeto, y desechar el mito de una objetividad en estado puro a la que un humano nunca tendrá acceso. Todo conocimiento es producto de la acción del sujeto; del sujeto no en el sentido de la filosofía idealista europea, sino de lo que es la individualidad de un ser humano.

En este sentido el conocimiento es siempre acción de un sujeto sin el cual no tendría ni pies ni cabeza. Pero ni tanto ni tan calvo, ni una mitología basada en una objetividad en estado puro, ni esa subjetividad absoluta, ese pensamiento absoluto que se piensa a sí mismo -independiente incluso del cerebro- o ese lenguaje que se habla a sí mismo, o esa razón que se funda de manera autónoma. Todo eso no son más que ficciones más o menos convenientes a ciertos sistemas, pero desde luego chocan con la declaración más rudimentaria de la realidad.

Entiendo por sujeto la individualidad concreta de individuos que son antes seres vivientes que seres pensantes, y que sólo pueden pensar porque realmente están viviendo. Es todo lo contrario del planteamiento cartesiano de que el sujeto que piensa es fundamento de todo lo demás. Cogito ergo sum: una prioridad ontológica del pensamiento sobre la realidad de existir. Es preciso existir primero, y sólo porque existimos y estamos viviendo podemos pensar.

No hablo de sujeto en el sentido de Hegel, ni de Descartes, Kant, Husserl, Heidegger... Las condiciones a priori del conocimiento, transcendentales, etc., -suponiendo que se den- son condiciones a posteriori del conocimiento que sólo se dan como resultado de la evolución de una especie biológica que se llama homo sapiens, y que no se da solamente en la especie en tanto especie, sino en los individuos que son además los únicos que constituyen la especie.

La especie no es nada, más que el conjunto de los individuos. Pero volviendo a la idea: todo conocimiento es siempre la acción de un sujeto. Esta acción del sujeto, la acción cognitiva, es una de sus maneras de relacionarse con la realidad. Una de las maneras que tiene el sujeto de relacionarse con la realidad, es tratar de conocerla, aunque tampoco es la única manera de relacionarse. Otra manera, en algún modo emparentada con el conocimiento, consiste en dar un sentido a la realidad sin tener que conocer sus leyes internas, lo cual no es exactamente lo mismo que relacionarse con la realidad a través del conocimiento.

Este comportamiento con relación a la realidad del sujeto en la acción de conocer depende además del contexto social. No hay una situación del conocimiento que no forme parte de un contexto social. No se dan nunca las condiciones ideales del conocimiento. Hay siempre situaciones históricas, situaciones geográficas, siempre hay un contexto que determina, orienta, impide...

Más obviedades: el desarrollo de una línea de investigación no depende sólo de la investigación misma, depende por ejemplo del hecho trivial de que consiga subvenciones para llevar esa investigación adelante. Los contextos tienen siempre muchos implícitos, constricciones, limitaciones..., que no son tan evidentes, pero no por eso dejan de ser conflictivos, (o incluso definitivos). El desarrollo de la historia posibilita todas estas cosas, y hace muy difíciles o casi imposibles, y altamente improbables las hipótesis.

A veces pasa lo contrario, existen contextos históricos que facilitan el desarrollo del conocimiento. No hay que mirar sólo el lado negativo, por ejemplo, la afectividad puede ser un factor negativo, pero también positivo. El apasionamiento pude cegar, pero en algunas ocasiones puede suceder lo contrario, puede ser el motor de una búsqueda incesante, de una búsqueda que llena toda la vida... es relativo. En los aspectos emocionales propios de la subjetividad, también hay como efectos positivos, una incidencia de carácter, de las decisiones, de la opción, de la vocación individual...

En lineas generales, no hay ningún escenario para el conocimiento perfectamente aséptico, siempre hay grandes implicaciones y repercusiones según el contexto.




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La objetividad como descentración del sujeto

Después está (después de esa situación del sujeto en relación con el objeto en un contexto) el problema o el tema de la objetividad (fundamental a la hora de tratar del conocimiento). El tema de la objetividad hay que reinterpretarlo. Si estamos de acuerdo mínimamente en lo que se ha dicho hasta ahora -que el conocimiento es siempre una relación de un sujeto ante la realidad en un contexto- entonces la objetividad ya no podemos entenderla más como un conocer al objeto tal cual el objeto es. El conocimiento objetivo no nos da tal cual la realidad, lo cual no quiere decir tampoco que sea pura ficción lo que se conoce.

Pero no tenemos ni una intuición ni un intelecto que sea capaz de captar de un golpe lo que son las cosas por ellas mismas sin que el acto mismo de conocer no modifique ya de algún modo aquello que acaba siendo lo conocido, el objeto conocido por el sujeto. Entonces hay que replantear la objetividad entendiéndola más bien como descentración del sujeto. La objetividad se consigue en la medida en que el sujeto, que siempre conoce desde él mismo porque eso es inevitable, sin embargo, puede ir creando una distancia, descentrándose de tal manera que su conocimiento cada vez esté más en función del objeto mismo.

Lo cual supone cobrar conciencia crítica de cómo es el sujeto que está conociendo, porque cuanto más se ignore el hecho de que es el sujeto el que conoce más cabe el riesgo de que atribuyamos a la objetividad algo que nosotros estamos poniendo; puesto que ignoramos que estamos formando el conocimiento, que estamos aplicando conceptos elaborados históricamente. En el proceso de la relación del sujeto con el objeto exterior, el sujeto está poniendo algo, aunque sean los límites del aparato u organismo con que conoce. Por ejemplo, si uno tiene un aparato de televisión en blanco y negro, aunque las señales que reciba la antena puedan traducirse a colores, por mucho que lo intentes y le toques los botones, ese aparato nunca producirá esos colores.

En el caso del cuerpo y la mente humana y el entendimiento; aunque el mundo tenga siete dimensiones, si nosotros sólo captamos dos o tres, ya podemos darle vueltas y estrujarnos el cerebro, que no captaremos más que esas dos o tres, ni lo habido ni lo por haber. Existe una objetividad definida, determinada, fabricada por nuestra subjetividad; el objeto que finalmente conoces..., no hay un resultado, un compromiso de nuestra capacidad de conocer (...) Entonces, ¿qué es la objetividad? ¿es conocer al objeto tal cual es el objeto en sí mismo? No, eso se nos escapa. Se supone que será algo, pero no tenemos la capacidad de intuir las cosas tal cual sean. Hay que reformular, replantear la objetividad como un progresivo irse descentrando.

El sujeto va creando distancias, va tomando conciencia de sus propios límites, con lo cual, de algún modo sabe qué se debe a sus propios límites y qué se debe a otras cosas. No es tampoco un descentramiento en el sentido de salirse completamente, sino un distanciarse para ver una perspectiva que consiga un grado de objetividad mayor (sabiendo que la objetividad siempre de alguna manera está producida por el proceso de conocer que es una práctica de los sujetos).

Así pues, la objetividad como descentración del sujeto que conoce la relación del objeto consigo mismo y la relación con la sociedad. Es, podríamos decir, una progresiva aproximación al objeto. Lo que conocemos son simples aproximaciones del objeto traducido en nuestros propios términos cognitivos, interpretado por nuestra cultura. El mundo interpretado por la comunidad científica que sea.




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La objetividad como intersubjetividad

Como suelen decir algunos epistemólogos de la ciencia, la objetividad viene a equivaler a un modo de la intersubjetividad. La intersubjetividad suele ser una formulación más adecuada de la objetividad que le cabe a la ciencia. Entonces, ¿qué es objetivo en un momento dado? Aquello que logra un reconocimiento, una aceptación, un consenso por parte de los especialistas. Por ejemplo, el rollo de los elementos que está en la tabla periódica y que según el lugar que ocupan tienen más o menos electrones, es algo que predomina en la comunidad de científicos dedicados a ese tema. El consenso de esa comunidad científica define muchas veces lo que es objetivo.

No hay constancia de que eso se corresponda exactamente con la realidad, no es por tanto absoluto, definitivo. El sujeto se vuelve entonces, no ya un estorbo o algo neutro -como tendería a creer el neopositivismo- sino que se vuelve una de las claves fundamentales porque es en algo que existe siempre en relación al sujeto en lo que se define el conocimiento. Lo que sin duda el sujeto tendrá que tratar es de objetivarse en sí mismo, de descentrarse, de no acabar haciendo de la ciencia una especie de inventario de sus ocurrencias sobre la realidad. Tienen que estar constantemente confrontándose, mejorando los procedimientos de contrastación empírica.

No podemos lograr una objetividad en el sentido de un conocimiento del objeto tal y como él es en sí mismo, que no sea la definición que logra el propio hombre sobre problemas o conocimientos de aspectos limitados de la realidad... Del acuerdo intersubjetivo se deduce lo que es objetivo o subjetivo. ¿Qué es lo objetivo? Un modo de intersubjetividad lo suficientemente crítica, que cuenta con instrumentos, con garantías, que está abierta al debate, etc. Ese modo de intersubjetividad define el contenido adecuado de lo que podemos entender por conocimiento objetivo.

El saber pensar incluye saber pensar el propio pensamiento. Saber sacar a la luz desde qué presupuestos estoy pensando, desde qué presupuestos planteo tal conocimiento, desde qué presupuestos elaboro tal hipótesis, en qué me estoy basando o qué presupone aquello que formulo. Hay un detrás siempre, hay un transfondo que implica una herencia genética, biológica e histórica, cultural..., y que de algún modo estamos empleando cuando nos enfrentamos con el mundo exterior, con el objeto exterior. El objeto exterior nos habla a través de muchas mediaciones.

Aclarar los presupuestos del propio conocimiento es de alguna manera la clave del conocimiento de la objetividad; o la clave de qué pone el sujeto en el proceso de conocer. Siempre habrá un comienzo, hay que buscarlo en el principio de la historia de especie, en el proceso de hominización. Por tanto la razón no hay que buscarla en la autonomía de la razón como proponía Kant y la mayor parte de la filosofía europea. Que la razón cree en sí misma sus propios fundamentos es una falacia, porque la razón resulta que es un producto de una evolución biológica, y entonces los aprioris de la razón no están en la razón misma. Los aprioris de la razón son los aposterioris de la evolución de la especie homo sapiens. El proceso de selección natural y cultural es el que nos da los mecanismos por los que pensamos. Queramos o no queramos, el cerebro comienza por una evolución de un modo determinado.




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El concepto de estrategia

Se habla mucho en este foro del método científico, pues yo voy a hablar de estrategia del conocimiento. El concepto de estrategia que explican algunos epistemólogos es un concepto que se puede emparentar con el más tradicional de método o metodología, y también se puede emparentar con otro más moderno que es el de paradigma (el paradigma de la ciencia o el paradigma de la filosofía). Pero a diferencia de estos otros, el concepto de estrategia quiere subrayar el hecho de que no está totalmente definido el modo de proceder.

El método parece sugerir que una vez que uno lo tiene (método o metodología) basta con aplicarlo correctamente para llegar a nuevos resultados, a nuevos conocimientos. También la idea de paradigma, que moviéndonos dentro de los límites de los principios reconocidos y de los conceptos claves autorizados dentro de la ciencia establecida, parece que simplemente no saliéndonos del paradigma se aseguraría un buen éxito para la tarea del conocimiento. La idea de estrategia subraya la necesidad de producir el método o de adaptar el método.

El que va a librar una batalla y cuenta con las fuerzas, con las armas y con los métodos, necesita luego diseñar su estrategia y cómo la va a aplicar, de qué manera, qué objetivo se propone, cuáles son los objetivos prioritarios... De manera similar, una vez que tiene los medios se diseña cómo abordar el problema del conocimiento, eso es lo que se quiere subrayar con la idea de estrategia. Toda estrategia supone por supuesto métodos, y tiene que ver con algún paradigma, pero subraya más el aspecto creativo del observador o del investigador.

Para esta estrategia no bastan los testimonios o las informaciones o las teorías establecidas. La estrategia debe tener en cuenta que los testimonios, incluso de buena fe, pueden estar equivocados, incluso puede haber una falsedad deliberada, que los mismos documentos que sirven de base a la observación empírica puedan ser falsos. Me atrevería a decir que en el terreno de las ciencias históricas y sociales es algo capital. En los testimonios verdaderos se pueden deslizar errores y lo contrario.

Entonces, habría que decir que hace falta por tanto una estrategia de búsqueda de lo verdadero y para ello hay que aplicar la crítica a todos los testimonios. Pero la crítica misma no puede llevarse hasta el extremo, no puede ser absoluta, debe también criticarse a sí misma, porque ya señalé antes, la hipercrítica nos lleva al escepticismo que imposibilita seguir avanzando. La crítica debe tener un tope entre el escepticismo y el dogmatismo, la crítica debe saber actuar sin confiarse ni excederse. Parafraseando el dicho "tener los pies en la tierra", a través de la crítica el conocimiento se ve apoyado sobre los pies.



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Doble prueba: empírica y lógica

Leo en mis notas y mis antiguos apuntes esta frase: "Hay un doble tipo de prueba a través del cual progresa un conocimiento bien fundado, una filosofía sufucientemente aceptable." Esta doble verificación es la empírica y la lógica.

a) La prueba empírica se basa en la observación, el testimonio (cuando se trata de echos pasados), y la información (hay que tener en cuenta todos los datos, contrastar las fuentes, verificar las informaciones pertinentes).

b) La prueba lógica se refiere a la coherencia en sí misma y con los datos. No sólo la lógica interna, sino la contrastación de unas teorías con otras.

La información es imprescindible pero insuficiente, la información recibe sentido sobre un sistema mental que es el que selecciona los datos, el que los unifica, el que los coordina, el que finalmente hace aparecer la explicación. Un astrónomo que piensa que la tierra es el centro universal y otro que es el sol, en principio tienen las mismas informaciones, lo que varía es el sistema mental y teórico en que se inscriben los datos.

La coherencia interna puede ser incluso la misma en ambos casos. La teoría teolemática geocéntrica es tan coherente como la heliocéntrica, se trata de ver cual responde mejor a los hechos. No basta con decir esta teoría es perfectamente coherente, pues puede ser una perfecta racionalización. Puede incluso que haya recogido todos los datos disponibles, pero la forma en que relaciona los datos puede que no responda para nada a la forma en que los datos se relacionan en la realidad.


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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com
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