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NotaPublicado: 20 Feb 2013, 01:16 
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Registrado: 11 May 2012, 06:23
Mensajes: 1074
Rango personalizado: "Don't you think blonde's have more fun?"
Morelliana
¿Qué es en el fondo esa historia de encontrar un reino milenario, un edén, un
otro mundo? Todo lo que se escribe en estos tiempos y que vale la pena leer está
orientado hacia la nostalgia. Complejo de la Arcadia, retorno al gran útero, back
to Adam, le bon sauvage (y van...), Paraíso perdido, perdido por buscarte, yo, sin luz
para siempre... Y dale con las islas (cf. Musil) o con los gurús (si se tiene plata para
el avión París-Bombay) o simplemente agarrando una tacita de café y mirándola
por todos lados, no ya como una taza sino como un testimonio de la inmensa
burrada en que estamos metidos todos, creer que ese objeto es nada más que una
tacita de café cuando el más idiota de los periodistas encargados de resumirnos
los quanta, Planck y Heisenberg, se mata explicándonos a tres columnas que
todo vibra y tiembla y está como un gato a la espera de dar el enorme salto de
hidrógeno, o de cobalto que nos va a dejar a todos con las patas para arriba.
Grosero modo de expresarse, realmente.
La tacita de café es blanca, el buen salvaje es marrón, Planck era un alemán
formidable. Detrás de todo eso (siempre es detrás, hay que convencerse de que es
la idea clave del pensamiento moderno) el Paraíso, el otro mundo, la inocencia
hollada que oscuramente se busca llorando, la tierra de Hurgalyâ. De una
manera u otra todos la buscan, todos quieren abrir la puerta para ir a jugar. Y no
por el Edén, no tanto por el Edén en sí, sino solamente por dejar a la espalda los
aviones a chorro, la cara de Nikita o de Dwight o de Charles o de Francisco, el
despertar a campanilla, el ajustarse a termómetro y ventosa, la jubilación a
patadas en el culo (cuarenta años de fruncir el traste para que duela menos, pero
lo mismo duele, lo mismo la punta del zapato entra cada vez un poco más, a
cada patada desfonda un momentito más el pobre culo del cajero o del
subteniente o del profesor de literatura o de la enfermera), y decíamos que el
homo sapiens no busca la puerta para entrar en el reino milenario (aunque no
estaría nada mal, nada mal realmente) sino solamente para poder cerrarla a su
espalda y menear el culo como un perro contento sabiendo que el zapato de la
puta vida se quedó atrás, reventándose contra la puerta cerrada, y que se puede
ir aflojando con un suspiro el pobre botón del culo, enderezarse y empezar a
caminar entre las florcitas del jardín y sentarse a mirar una nube nada más que
cinco mil años, o veinte mil si es posible y si nadie se enoja y si hay una chance
de quedarse en el jardín mirando las florcitas.
De cuando en cuando entre la legión de los que andan con el culo a cuatro
manos hay alguno que no solamente quisiera cerrar la puerta para protegerse de
las patadas de las tres dimensiones tradicionales, sin contar las que vienen de las
categorías del entendimiento, del más que podrido principio de razón suficiente
y otras pajolerías infinitas, sino que además estos sujetos creen con otros locos
que no estamos en el mundo, que nuestros gigantes padres nos han metido en un
corso a contramano del que habrá que salir si no se quiere acabar en una estatua
ecuestre o convertido en abuelo ejemplar, y que nada está perdido si se tiene por
fin el valor de proclamar que todo está perdido y que hay que empezar de
nuevo, como los famosos obreros que en 1907 se dieron cuenta una mañana de
agosto de que el túnel del Monte Brasco estaba mal enfilado y que acabarían
saliendo a más de quince metros del túnel que excavaban los obreros yugoslavos
viniendo de Dublivna. ¿Qué hicieron los famosos obreros? Los famosos obreros
dejaron como estaba su túnel, salieron a la superficie, y después de varios días y
noches de deliberación en diversas cantinas del Piemonte, empezaron a excavar
por su cuenta y riesgo en otra parte del Brasco, y siguieron adelante sin
preocuparse de los obreros yugoslavos, llegando después de cuatro meses y
cinco días a la parte sur de Dublivna, con no poca sorpresa de un maestro de
escuela jubilado que los vio aparecer a la altura del cuarto de baño de su casa.
Ejemplo loable que hubieran debido seguir los obreros de Dublivna (aunque
preciso es reconocer que los famosos obreros no les habían comunicado sus
intenciones) en vez de obstinarse en empalmar con un túnel inexistente como es
el caso de tantos poetas asomados con más de medio cuerpo a la ventana de la
sala de estar, a altas horas de la noche.
Y así uno puede reírse, y creer que no está hablando en serio, pero sí se está
hablando en serio, la risa ella sola ha cavado más túneles útiles que todas las
lágrimas de la tierra, aunque mal les sepa a los cogotudos empecinados en creer
que Melpómene es más fecunda que Queen Mab. De una vez por todas sería
bueno ponernos de desacuerdo en esta materia. Hay quizá una salida, pero esa
salida debería ser una entrada. Hay quizá un reino milenario, pero no es
escapando de una carga enemiga que se toma por asalto una fortaleza. Hasta
ahora este siglo se escapa de montones de cosas, busca las puertas y a veces las
desfonda. Lo que ocurre después no se sabe, algunos habrán alcanzado a ver y
han perecido, borrados instantáneamente por el gran olvido negro, otros se han
conformado con el escape chico, la casita en las afueras, la especialización
literaria o científica, el turismo. Se planifican los escapes, se los tecnologiza, se los
arma con el Modulor o con la Regla de Nylon. Hay imbéciles que siguen
creyendo que la borrachera puede ser un método, o la mescalina o la
homosexualidad, cualquier cosa magnífica o inane en sí pero estúpidamente
exaltada a sistema, a llave del reino. Puede ser que haya otro mundo dentro de
éste, pero no lo encontraremos recortando su silueta en el tumulto fabuloso de
los días y las vidas, no lo encontraremos ni en la atrofia ni en la hipertrofia. Ese
mundo no existe, hay que crearlo como el fénix. Ese mundo existe en éste, pero
como el agua existe en el oxígeno y el hidrógeno, o como en las páginas 78, 457,
3, 271, 688, 75 y 456 del diccionario de la Academia Española está lo necesario
para escribir un cierto endecasílabo de Garcilaso. Digamos que el mundo es una
figura, hay que leerla. Por leerla entendamos generarla. ¿A quién le importa un
diccionario por el diccionario mismo? Si de delicadas alquimias, osmosis y
mezclas de simples surge por fin Beatriz a orillas del río, ¿cómo no sospechar
maravilladamente lo que a su vez podría nacer de ella? Qué inútil tarea la del
hombre, peluquero de sí mismo, repitiendo hasta la náusea el recorte quincenal,
tendiendo la misma mesa, rehaciendo la misma cosa, comprando el mismo
diario, aplicando los mismos principios a las mismas coyunturas. Puede ser que
haya un reino milenario, pero si alguna vez llegamos a él, si somos él, ya no se
llamará así. Hasta no quitarle al tiempo su látigo de historia, hasta no acabar con
la hinchazón de tantos hasta, seguiremos tomando la belleza por un fin, la paz
por un desiderátum, siempre de este lado de la puerta donde en realidad no
siempre se está mal, donde mucha gente encuentra una vida satisfactoria,
perfumes agradables, buenos sueldos, literatura de alta calidad, sonido
estereofónico, y por qué entonces inquietarse si probablemente el mundo es
finito, la historia se acerca al punto óptimo, la raza humana sale de la edad media
para ingresar en la era cibernética. Tout va très bien, madame la Marquise, tout
va très bien, tout va très bien.
Por lo demás hay que ser imbécil, hay que ser poeta, hay que estar en la luna
de Valencia para perder más de cinco minutos con estas nostalgias perfectamente
liquidables a corto plazo. Cada reunión de gerentes internacionales, de hombresde-
ciencia, cada nuevo satélite artificial, hormona o reactor atómico aplastan un
poco más estas falaces esperanzas. El reino será de material plástico, es un hecho.
Y no que el mundo haya de convertirse en una pesadilla orwelliana o huxleyana;
será mucho peor, será un mundo delicioso, a la medida de sus habitantes, sin
ningún mosquito, sin ningún analfabeto, con gallinas de enorme tamaño y
probablemente dieciocho patas, exquisitas todas ellas, con cuartos de baño
telecomandados, agua de distintos colores según el día de la semana, una
delicada atención del servicio nacional de higiene,
con televisión en cada cuarto, por ejemplo grandes paisajes tropicales para los
habitantes del Reijavik, vistas de igloos para los de La Habana, compensaciones
sutiles que conformarán todas las rebeldías,
etcétera.
Es decir un mundo satisfactorio para gentes razonables. ¿Y quedará en él
alguien, uno solo, que no sea razonable?
En algún rincón, un vestigio del reino olvidado. En alguna muerte violenta, el
castigo por haberse acordado del reino. En alguna risa, en alguna lágrima, la
sobrevivencia del reino. En el fondo no parece que el hombre acabe por matar al
hombre. Se le va a escapar, le va a agarrar el timón de la máquina electrónica, del
cohete sideral, le va a hacer una zancadilla y después que le echen un galgo. Se
puede matar todo menos la nostalgia del reino, la llevamos en el color de los
ojos, en cada amor, en todo lo que profundamente atormenta y desata y engaña.
Wishful thinking, quizá, pero ésa es otra definición posible del bípedo implume.

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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com
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