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NotaPublicado: 30 Nov 2010, 21:06 
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Enthei escribió:
A Siflun no le respondo porque está claro que en sus primeras dos respuestas no entiende lo planteado, ya que le he dicho que si la lógica (objetividad) no determina nada porque por si sola no vale nada, no pone valor (mas bien trabaja en funcion del valor), es absurdo insistir con ella para una filosofía de valores.


Creí que al desprenderte de tus egos ya no serías tan prepotente, se ve que no.
La lógica no vale para tratar la ética. CORRECTO.
¿Con qué la tratamos entonces? Con la emoción.

¿Cual es la emoción correcta? ¿La tuya o la mía?
Las dos o ninguna, no puede determinarse.

Sólo decía eso desde el principio y lo sabes.


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NotaPublicado: 30 Nov 2010, 21:20 
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Creí que al desprenderte de tus egos ya no serías tan prepotente, se ve que no.


Aunque contrariamente, aqui esta la prepotencia. Yo solo dije lo que me pareció al leerte. El que siempre saca este tema para agredir eres tu, lo sacaste al principio del diálogo, sin aparentemente ninguna razón o no entendiste lo que dije. Lo de la mofa desbocada es cierto, ¿que tiene que ver lo que yo hago espiritualmente con el debate aqui planteado? ¿no es eso ser desbocado? ;)

Citar:
¿Cual es la emoción correcta? ¿La tuya o la mía?
Las dos o ninguna, no puede determinarse.


Fijate que cité autores. Te propondría a Lévinas, pero es mejor Deleuze, es más acorde a ti, Deleuze usa una terminología más afin, Lévinas usa una terminología judía bastante compleja, necesitarias una introduccion a su pensamiento para seguirle el hilo (yo al menos la necesité) en cambio Deleuze cuando habla de fuerzas activas y reactivas es mucho más claro.

Suerte.

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¿Cuantas cosas vienen a ustedes, sin que hagais para su venir, una invocación? ¡Ninguna!

¿Y que hacen los románticos? «Dan».


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NotaPublicado: 30 Nov 2010, 21:24 
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¿Podría el maestro Enthei resumirme el pensamiento de Deleuze en 4 líneas? Ando regular de tiempo últimamente.


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NotaPublicado: 30 Nov 2010, 22:13 
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Te dejo unos textos donde Deleuze, inspirado por Nietzsche habla de la ética, sin hablar de ella. Son una serie de textos donde interpreta Nietzsche, (de una forma digna de aplaudir) pero a la vez consolida su propio pensamiento.

- Los comentarios en cursiva son agregados por mi, y lo subrayado en negrita es lo que creo que debe prestarse extrema atencion. -

LA JERARQUÍA:

"Nietzsche también tiene sus Sócrates. Son los librepensadores. Dicen: "«¿De qué se queja? ¿cómo habrían triunfado los débiles si ellos mismos no formaran una fuerza superior?» «Inclinémonos ante el hecho consumado»" -Fijate que es un discurso muy familiar al que haces tu o Dawkins y en efecto, Deleuze prosigue-...: Este es el moderno positivismo: se pretende llevar a cabo la crítica de los valores, se pretende rechazar cualquier llamada a los valores transcendentes, se les declara pasados de moda, pero únicamente para volverlos a encontrar, como fuerzas que conducen el mundo actual. Iglesia, moral, Estado, etc.: sólo se discute su valor para admirar su fuerza y su contenido humanos. El librepensador tiene la singular manía de querer recuperar todos los contenidos, todo lo positivo, pero sin preguntarse nunca por la naturaleza de estos contenidos que se tienen por positivos, ni por el origen ni la cualidad de las fuerzas humanas correspondientes. Es lo que Nietzsche llama el «fatalismo». El librepensador quiere recuperar el contenido de la religión, pero no se pregunta nunca si la religión no contiene precisamente las fuerzas más bajas del hombre, las que más bien se debería desear que permaneciesen en el exterior. Por eso no es posible confiar en el ateísmo de un librepensador, aunque sea demócrata y socialista: «La Iglesia nos repugna pero su veneno no...». Esto es lo que caracteriza principalmente el positivismo y el humanismo -yo añadiría el biologismo- del librepensador: el «fatalismo», la incapacidad de interpretar, la ignorancia de las cualidades -cualidades y no cantidades- de la fuerza. A partir del momento en que algo aparece como una fuerza humana o como un hecho humano, el librepensador aplaude, sin preguntarse si esa fuerza no es de baja extracción, y ese hecho todo lo contrario de un hecho noble: «Humano, demasiado humano». Porque no tiene en cuenta las cualidades de las fuerzas, el librepensamiento, por vocación, está al servicio de las fuerzas reactivas y traduce su triunfo. Porque el hecho siempre es el de los débiles contra los fuertes -y los débiles que siempre triunfan-; «el hecho es siempre estúpido, y siempre le ha asemejado más a un buey que a un dios». Al librepensador Nietzsche opone el espíritu libre, el propio espíritu de interpretación que juzga las fuerzas desde el punto de vista de su origen y de sus cualidades: «No existen hechos, sólo interpretaciones». La crítica del librepensamiento es un tema fundamental en la obra de Nietzsche. Sin duda porque esta crítica descubre un punto de vista según el cual diversas ideologías pueden ser atacadas a la vez: el positivismo, el humanismo, la dialéctica. El gusto por el hecho en el positivismo, la exaltación del hecho humano en el humanismo, la manía de recuperar los contenidos humanos en la dialéctica. La palabra jerarquía tiene dos sentidos en Nietzsche. Significa, en primer lugar, la diferencia de las fuerzas activas y reactivas, la superioridad de las fuerzas activas sobre las reactivas. Nietzsche puede pues hablar de un «rango inmutable e innato en la jerarquía»; y el problema de la jerarquía es el mismo que el de los espíritus libres. Pero jerarquía designa también el triunfo de las fuerzas reactivas, el contagio de las fuerzas reactivas y la organización compleja que viene detrás, donde los débiles han vencido, donde los fuertes son contaminados, donde el esclavo que no ha dejado de ser esclavo prevalece sobre un señor que ha dejado de serlo: el reino de la ley y de la virtud. Y en este segundo sentido, la moral y la religión aún son teorías de la jerarquía. Si se comparan los dos sentidos, se ve que el segundo es como la otra cara del primero. Hacemos de la Iglesia, de la moral, y del Estado los señores o detentores de toda jerarquía. Nosotros, que somos esencialmente reactivos, que tomarnos los triunfos de la reacción por una metamorfosis de la acción, y los esclavos por nuevos señores - nosotros, que no reconocemos la jerarquía más que al revés, tenemos la jerarquía que merecemos.
Nietzsche llama débil o esclavo no al menos fuerte, sino a aquél que, tenga la fuerza que tenga, está separado de aquello que puede -y tambien se dedica a re-accionar contra lo activo, como un violador que re-acciona contra una mujer-. El menos fuerte es tan fuerte como el fuerte si va hasta el final, porque la burla, la sutileza, la espiritualidad e incluso el encanto con los que completa su menor fuerza pertenecen precisamente a esta fuerza y hacen que no sea menor. La medida de las fuerzas y su cualificación no dependen para nada de la cantidad absoluta sino de la realización relativa. No puede juzgarse la fuerza o la debilidad tomando por criterio el resultado de la lucha y el éxito. Porque, una vez más, es un hecho que triunfan los débiles: es incluso la esencia del hecho. Sólo se pueden juzgar las fuerzas teniendo en cuenta, en primer lugar, su cualidad, activa o reactiva; en segundo lugar, la afinidad de esta cualidad con el polo correspondiente de la voluntad de poder, afirmativo o negativo; en tercer lugar, el matiz de cualidad que presenta la fuerza en éste u otro momento de su desarrollo, en relación con su afinidad. Desde entonces, la fuerza reactiva es: 1.º Fuerza utilitaria, de adaptación y de limitación parcial; 2.º fuerza que separa la fuerza activa de lo que ésta puede, que niega la fuerza activa (triunfo de los débiles o de los esclavos); 3.º fuerza separada de lo que puede, que se niega a sí misma o se vuelve contra sí misma (reino de los débiles o de los esclavos). Y, paralelamente, la fuerza activa es: 1.º Fuerza plástica, dominarte y subyugante; 2.º fuerza que va hasta el final de lo que puede; 3.º fuerza que afirma su diferencia, que hace de su diferencia un objeto de placer y de afirmación. Las fuerzas sólo estarán determinadas concreta y completamente si se tienen en cuenta estas tres parejas de caracteres a la vez."

Aqui esta el texto de la jerarquía, pero tambien este otro profundiza más:

ORIGEN E IMAGEN INVERTIDA -en otras palabras, cómo medir lo bueno y lo malo-:

En el origen, está la diferencia de las fuerzas activas y reactivas -una buena, la otra mala, ¿porque? una afirmativa y la otra negativa-. La acción y la reacción no están en una relación de sucesión, sino de coexistencia en el mismo origen. Del mismo modo, la complicidad de las fuerzas activas y de la afirmación, de las fuerzas reactivas y de la negación, se revela en el principio: todo lo negativo se halla del lado de la reacción. Inversamente, sólo la fuerza activa se afirma, afirma su diferencia, hace de su diferencia un objeto de goce o de afirmación. La fuerza reactiva, incluso cuando obedece, limita la fuerza activa, le impone limitaciones y restricciones parciales, está ya poseída por el espíritu de lo negativo. Por eso el origen comporta en cierto modo una imagen invertida de sí mismo: visto del lado de las fuerzas reactivas, el elemento diferencial genealógico aparece al revés, la diferencia se ha convertido en negación, la afirmación se ha convertido en contradicción. Una imagen invertida del origen acompaña al origen: lo que es «sí» desde el punto de vista de las fuerzas activas se convierte en «no» desde el punto de vista de las fuerzas reactivas, lo que es afirmación de sí mismo se convierte en negación del otro. Esto es lo que Nietzsche llama «inversión de la mirada estimativa». Las fuerzas activas son nobles; pero se hallan ante una imagen plebeya, reflejada por las fuerzas reactivas. La genealogía es el arte de la diferencia o de la distinción, el arte de la nobleza; pero se ve al revés en el espejo de las fuerzas reactivas. Su imagen aparece entonces como la de una «evolución». Y esta evolución, es entendida a veces a la alemana, como una evolución dialéctica y hegeliana, como el desarrollo de la contradicción; a veces a la inglesa, como una derivación utilitaria, como el desarrollo del beneficio y del interés -se malinterpreta el fenomeno fundamental de la evolucion, o un "error grosero de observacion"-. Pero la verdadera genealogía encuentra siempre su caricatura en la imagen que da de ella el evolucionismo, esencialmente reactivo: inglés o alemán, el evolucionismo es la imagen reactiva de la genealogía. De este modo, es característico de las fuerzas reactivas el negar desde el origen la diferencia que las constituye en el origen, e invertir el elemento diferencial del que derivan, y dar de él una imagen deformada. «Diferencia engendra odio». Esta es la razón por la que ellas mismas no se consideran como fuerzas, y prefieren volverse contra sí mismas antes que considerarse como tales y aceptar la diferencia. La «mediocridad» de pensamiento denunciada por Nietzsche se refiere siempre a la manía de interpretar o valorar los fenómenos a partir de fuerzas reactivas, de las que cada especie de pensamiento nacional escoge las suyas. Pero la manía en sí tiene su origen en el origen, en la imagen invertida. La conciencia y las conciencias, simple engrandecimiento de esta imagen reactiva... Un paso más: supongamos que ayudadas por circunstancias favorables externas o internas, las fuerzas reactivas prevalecen y neutralizan la fuerza activa. Hemos salido del origen: ya no se trata de una imagen invertida, sino de un desarrollo de esta imagen, de una inversión de los propios valores; lo bajo se ha alzado, han triunfado las fuerzas reactivas. Si triunfan, se debe a la voluntad negativa, a la voluntad nihilista desarrollada por la imagen; pero su triunfo no es imaginario. El problema es: ¿cómo triunfan las fuerzas reactivas? Es decir, las fuerzas reactivas, cuando prevalecen sobre las fuerzas activas, ¿se convierten a su vez en dominantes, agresivas y subyugantes? ¿forman todas juntas una fuerza mayor que sería a su vez activa? Nietzsche responde: las fuerzas reactivas, aunque se unan, no componen una fuerza mayor que sería activa. Proceden de un modo completamente distinto: descomponen; separan la fuerza activa de lo que ésta puede; sustraen de la fuerza activa una parte o casi todo su poder; y por ello no se convierten en activas, sino al contrario, hacen que la fuerza activa se les una -como los zombies-, la convierten en reactiva en un sentido nuevo. Presentimos que el concepto de reacción, a partir de su origen y a medida que se desarrolla, va cambiando de significación: una fuerza activa se convierte en reactiva (en un nuevo sentido), cuando fuerzas reactivas (en el primer sentido) la separan de lo que puede. Nietzsche analizará cómo es posible, paso a paso, semejante separación. Pero hay que constatar ya que Nietzsche, cuidadosamente, no presenta nunca el triunfo de las fuerzas reactivas como la composición de una fuerza superior a la fuerza activa, sino como una sustracción o una división. Nietzsche dedicará todo un libro al análisis de las figuras del triunfo reactivo en el mundo humano: el resentimiento, la mala conciencia, el ideal ascético; en cada caso, demostrará que las fuerzas reactivas no triunfan componiendo una fuerza superior, sino separando la fuerza activa. Y en cada caso, esta separación se basa en una ficción, en una mixtificación o falsificación. La voluntad nihilista es quien desarrolla la imagen negativa e invertida, quien lleva a cabo la sustracción. Y en la operación de la sustracción, hay siempre algo de imaginario como lo testimonia la utilización negativa del número. Entonces, si queremos ofrecer una trascripción numérica de la victoria de las fuerzas reactivas, no debemos recurrir a una adición, por la que las fuerzas reactivas, todas juntas, se harían más fuertes que la fuerza activa, sino a un sustracción que separa a la fuerza activa de lo que puede, que niega su diferencia para convertirla en una fuerza reactiva. Desde entonces no es suficiente que la reacción prevalezca, para que deje de ser una reacción; al contrario. La fuerza activa ha sido separada de lo que puede por una ficción, y por ello no deja de convertirse realmente en reactiva; es precisamente por este medio como se convierte verdaderamente en reactiva. De aquí proviene la utilización de las palabras «vil», «innoble», «esclavo», en Nietzsche: estas palabras designan el estado de las fuerzas reactivas que se colocan en alto, que atraen a la fuerza activa hacia una trampa, reemplazando a los señores por los esclavos que no dejan de ser esclavos.

Suerte.

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NotaPublicado: 06 Dic 2010, 00:37 
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Lo he leído, pero no entiendo qué tiene que ver con la ética y lo que estábamos hablando.

Citar:
En el origen, está la diferencia de las fuerzas activas y reactivas -una buena, la otra mala, ¿porque? una afirmativa y la otra negativa-.


¿Y porque una afirme y otra niegue tiene que ser una buena y otra mala?


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NotaPublicado: 21 Ene 2011, 19:44 
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Citar:
¿Y porque una afirme y otra niegue tiene que ser una buena y otra mala?


Basicamente, esa es la ética planteada. Si.

Suerte.

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NotaPublicado: 21 Ene 2011, 20:01 
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No entiendo por qué xD


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NotaPublicado: 21 Ene 2011, 20:36 
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Lee el texto.

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