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 Asunto: El Libre Albedrío
NotaPublicado: 29 Ene 2017, 03:54 
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INTRODUCCION

En innumerables temas donde se habla de determinismo y libre albedrío, se aprecia un alto grado de ignorancia de lo que se habla. Esto queda especialmente de manifiesto cuando los foristas se ven enfrentados a conceptualizar la idea de libre albedrío. Generalmente los foristas rehúyen dicha conceptualización aun cuando han tomado una férrea posición tanto por la defensa de su existencia como por la defensa de su inexistencia.

Con el propósito de intentar generar mayor reflexión respecto de lo que significa este concepto, tan importante en nuestro diario vivir, entregaré mi conceptualización con la esperanza de generar un debate con altura de miras que nos enriquezca.

Este es sin duda un tema complejo, razón por la cual es muy difícil realizar un análisis en pocas líneas. He intentado hacer un esfuerzo de síntesis para no alargarlo demasiado. Lo que a continuación presento en gran medida son análisis y conclusiones de terceras personas y en parte mi propia visión de este tema. En diversos temas de este foro he expuesto partes de lo que ahora expondré en forma más completa y sistémica.

Para analizar el libre albedrío tenemos que adentrarnos en su causa fundamental, esto es la conciencia.


LA CONCIENCIA

La conciencia es una cualidad distinta, primaria; es decir no se asemeja a nada más en nuestra experiencia, por lo cual no podemos emplear otros conceptos para definirla, que no sea el de “sentir” (es decir, sentir que sentimos), “darse cuenta”, percatarse, que es lo mismo que decir “tener conciencia”.

La conciencia es, en su esencia, un fenómeno simple, unitario y totalizador que nos impregna profundamente y que no es descomponible en partes. A mi juicio, existe con todas sus características o no existe. Pero, desde el punto de vista de su análisis, podemos distinguir en ella, simultáneamente, tres tipos de manifestaciones básicas potencialmente siempre presentes; algo así como tres actos del mismo fenómeno consciente: la contemplación, la libertad y la reflexión.

Imagen

La contemplación

Es la primera manifestación, la primera potencialidad, de la conciencia que se presenta a nuestro entendimiento. Ella constituye su manifestación receptiva; casi podríamos decir pasiva.

La contemplación consiste no sólo en sentirnos, es decir "darnos cuenta" de nosotros mismos y de nuestros sentimientos, sino que, además y simultáneamente, nos permite sentir el mundo a través de las reacciones que éste produce en nosotros y que llegan a nuestra conciencia.


La reflexión

La reflexión es la potencialidad eminentemente activa de la conciencia. Es esa misma conciencia de nosotros mismos (cuya manifestación receptiva es la contemplación: el sentirnos y sentir el mundo en el que estamos inmersos), la que desencadena simultáneamente su potencialidad activa: la acción de pensar, de reflexionar, de razonar.

La reflexión, el pensar, característica inseparable de la conciencia a mi juicio, nos permite (cuando empleamos nuestra voluntad en ello) ir más allá de la sola contemplación de lo que reciben directamente nuestros sentidos y nuestros recuerdos, para adentrarnos en nuestra conciencia a fin de tratar de “comprender”, de “explicarnos” aquello que contemplamos; es decir, la reflexión nos permite tener conciencia de las relaciones entre las cosas y entre los fenómenos, y de su importancia.


La libertad

¿Qué es la libertad? A mi juicio es, fundamentalmente, la capacidad que tenemos (y que empleamos mediante nuestra voluntad) de enfocar, de dirigir nuestra conciencia, de dirigir nuestra atención, hacia las materias que deseamos contemplar y conocer. Sin duda que muchos de los fenómenos que hemos denominado con el término de "contemplar" pueden llegarnos a nuestra conciencia sin hacer uso de nuestra libertad; tal es el caso de sentir dolor ante una herida; o sentir el aroma de una planta en nuestra cercanía; o el ver el paisaje que está frente a nosotros. Esas sensaciones nos habrían llegado sin que nosotros hubiéramos hecho nada para recibirlas. Pero en otros casos, como en el de poner atención en un determinado árbol del paisaje que esta ante nosotros, o el de poner atención a la belleza de la música que estábamos escuchando inadvertidamente, exigen un acto de libertad: es decir, una acción de la voluntad para dirigir nuestra conciencia hacia lo que deseamos contemplar. La libertad, por lo tanto, es una potencialidad activa; nos permite no sólo seleccionar y poner atención, en aquello que deseamos contemplar, sino que, además, la libertad nos es absolutamente necesaria para analizarlo con nuestra reflexión, es decir, para buscar sus causas y efectos. En otras palabras, la libertad nos permite no sólo contemplar lo que deseamos sino que, además, nos permite intentar comprender lo que contemplamos. En definitiva, es la libertad lo que nos permite razonar y tener conocimiento. Es sin duda imposible razonar, reflexionar, sin esa capacidad de dirigir libremente nuestra atención (nuestra conciencia) hacia objetivos específicos que deseamos contemplar y analizar. Capacidad de libertad que está en nosotros, en nuestra voluntad, utilizar más o menos profundamente.

El poder dirigir nuestra atención hacia objetivos determinados por nuestra voluntad para contemplarlos y analizarlos, es la primera y fundamental manifestación de la libertad, que nadie podrá nunca impedirnos realizar. Porque la libertad no es sólo (ni siquiera) la posibilidad de actuar físicamente como queramos frente al medio, dentro de nuestras limitaciones orgánicas. La libertad es anterior a ello. La libertad fundamental, de la cual derivan todas las otras "libertades", es nuestra capacidad de dirigir nuestra conciencia hacia las materias sobre las cuales queremos meditar. Es esta libertad interior, es esta capacidad de la conciencia, lo que nos permite "razonar" e intentar actuar posteriormente con libertad física, cuando nuestro razonamiento nos haya llevado a la decisión de hacerlo.

Si nos detenemos para analizar más profundamente el fenómeno de la libertad, nos percatamos que el ejercicio que hacemos de ella significa que estamos analizando alternativas; alternativas de solución al problema encontrado; o alternativas de acción ante un hecho determinado que nos afecta o que quisiéramos que nos afecte positivamente. Es decir, la libertad necesariamente significa pre-ver alternativas, adelantarse al futuro. Ella nos permite elegir cada vez nuestro futuro inmediato; y muchas veces lo logramos.

La libertad no elimina la causalidad, es decir la relación causa-efecto en los fenómenos de la naturaleza, ya que todo cambio en ella tiene sus causas aunque no siempre logremos conocerlas adecuadamente. Con su actuar consciente y libre, él ser mismo, es decir su conciencia, introduce una nueva causa generada libremente por sus propias decisiones; causa que es distinta del determinismo de la naturaleza producido por sus "leyes", es decir distinta a las relaciones causa-efecto que gobiernan el resto de la naturaleza. Esto hace que la propia y libre voluntad sea también causa de cambios en la naturaleza que modifiquen su tendencia a reaccionar instintivamente impulsada por esas "leyes" o relaciones que rigen a los seres. La libertad, por lo tanto, permite que el hombre pueda ser en alguna medida el forjador de su propio futuro.


El bien y el mal

La conciencia de sí mismo (contemplación-libertad-reflexión) permite al ser modificar su tendencia a actuar instintivamente. Adentrémonos un poco en ello.

El grado de autonomía de los seres vivos superiores, les permite reaccionar instintivamente en forma adecuada a sus necesidades ante las diversas situaciones que le presenta el medio. El hombre podría, por lo tanto, sobrevivir sin esta facultad de tener conciencia de sí mismo. De hecho, podemos comprobar que una gran parte de nuestros actos son instintivos, así como casi todo el funcionamiento de nuestros órganos internos. Dicho de otro modo, ante una determinada coyuntura impuesta por el medio el hombre tendería a actuar instintivamente en un sentido determinado por su interioridad fisicoquímica y biológica; sin embargo, su conciencia le permite analizar la situación producida y elegir libremente otra alternativa, distinta de su impulso instintivo, para reaccionar frente a esa coyuntura, dentro del marco de posibilidades disponible.

Esta potencialidad de conciencia que ante cada situación le permite elegir cual decisión tomar, es la que le plantea de golpe el problema de su responsabilidad ante sus propias decisiones por los efectos que ellas producen en sí mismo, en otros hombres y en el resto de la naturaleza. Es decir, esta potencialidad de conciencia le plantea al hombre de inmediato el problema del bien y del mal. El fenómeno de la conciencia (libre y reflexiva) en el hombre lleva implícito, por lo tanto, la noción de los valores que asignamos a nuestras decisiones; es decir, del mayor bien que esperamos lograr con ellas, consistente con nuestras aspiraciones que brotan de aquellas potencialidades profundas de nuestra conciencia. Pero también nos damos cuenta de que nuestras acciones afectan o pueden afectar a los demás, a sus posibilidades de lograr el bien que ellos valoran y desean. El problema del bien y del mal tiene, en consecuencia, no sólo relación con nosotros mismos, sino que también con el efecto que nosotros producimos en los demás ante sus posibilidades de lograr los bienes a que ellos aspiran.

Es esta responsabilidad con nosotros mismos y con los demás, es esta solidaridad, solidaridad por amor, uno de los aspectos fundamentales que nos plantea nuestra libertad.

El concepto del bien y del mal sólo tiene sentido, por lo tanto, ante la conciencia de cada sujeto. Sólo ante la conciencia de cada persona tiene sentido el producir un mal a otras personas o seres, o a sí mismo, según el concepto que se tenga de lo que cada uno de esos seres pueden y deben ser. Así como también sólo ante la conciencia de cada persona tiene sentido sufrir un mal.

En definitiva, sólo un ser consciente, es responsable de sus actos; responsabilidad que debe asumirla desde las profundidades de su ser. Y sólo él es el responsable, individual y solidariamente (en la parte que le corresponde de las decisiones colectivas), por el uso que haga de esta libertad.


La comunicación

La contemplación, nos produce una sensación de plenitud al "sentir" y "sentirnos" a nosotros mismos: "disfrutamos" al "sentir". Disfrutamos al sentir el mundo; disfrutamos al sentir la belleza y perfección de la naturaleza; disfrutamos al contemplar los logros en conocimiento a que nos ha llevado la reflexión; disfrutamos al sentir las aspiraciones que brotan de nuestro ser. Al experimentar esas sensaciones, aunque sólo sea parcialmente, el hombre tiende en forma natural, por lo tanto, a buscar cada vez un mayor grado de plenitud. Es esa ansia de plenitud la que nos induce a tratar de conocer y comprender el mundo que nos rodea y sus causas; es decir, nos induce a la búsqueda de conocimiento; nos incita a la búsqueda y contemplación de la verdad.

Es en esta búsqueda cuando nos percatamos que podemos "comunicarnos" intelectualmente con los demás hombres. Lo que aquí llamamos "comunicación", por lo tanto, es aquella relación consciente entre personas, establecida fundamentalmente mediante el lenguaje reflexivo constituido por palabras, gestos, acciones y silencios que tienen significado, que expresan conceptos.
La "comunicación", en suma, significa entregar, y recibir de la otra persona, sus estados de conciencia.

Conviene destacar, por otra parte, que es esta posibilidad de comunicación lo que nos permite deducir, más allá de apreciar nuestra semejanza con los demás hombres (muchas veces las aparentes semejanzas o analogías pueden engañarnos), que ellos también tienen conciencia de sí mismos. Porque sin el juego interactivo de la comunicación no podríamos apreciar la existencia de conciencia en otros seres.


La potencialidad de la autonomía instintiva. La interioridad

La autonomía es el producto de la "interioridad"; es decir, de las relaciones internas en la conformación del "ser" de los diversos organismos de la naturaleza. Pero "la interioridad" (término utilizado por Teilhard de Chardin: "le dedans") no tiene nada que ver, a mi juicio, con la conciencia; la interioridad es sólo el conjunto de las particulares relaciones internas, "ligazones", entre las partes u órganos de cada ser, entre ellos las células y sus componentes que constituyen los vegetales y animales; las cuales ligazones (entre ellas, las neuronas que tienen el papel fundamental de transmitir impulsos -"informaciones"-) determinan al ser a reaccionar físicamente, como un todo, en forma específica frente a los efectos del medio externo en él; es decir ante los requerimientos que este le plantea . De modo que el tipo y calidad de la autonomía, es decir las características de reacción de cada tipo de ser frente a las coyunturas que le impone el medio, son diferentes respecto de seres con otras "interioridades". En definitiva, su interioridad es lo que determina el modo especifico de reaccionar de cada ser ante el medio.

La naturaleza, a través de la evolución, ha creado ligazones internas de cada vez mayor variedad y riqueza en los diversos seres, no sólo en cantidad y complejidad sino que también en calidad; es decir ha producido un extraordinario perfeccionamiento de la interioridad de cada tipo de ellos, en una dirección bien determinada: aumentar eficientemente diversos tipos de "autonomía" en los seres, lo que les ha permitido diversificar sus particulares especialidades frente al medio exterior. Consideremos, por ejemplo, la interioridad de las aves frente a la acción de gravedad del medio, que tiende a mantenerlas sobre la tierra. Su interioridad específica, sin embargo, las determina (debido sus complejas relaciones internas gobernadas en gran medida por su cerebro y sus neuronas) a agitar sus alas venciendo así la fuerza de gravedad; es decir, han logrado una gran autonomía frente a la acción de la gravedad. Los mamíferos tienen mayor autonomía de movimiento que los reptiles; y estos que las plantas; etc.

Nuestras propias reacciones instintivas

La contemplación reflexiva del proceso evolutivo que lleva hacia cada vez mayor autonomía en los diversos seres nos produce, sin duda, una gran admiración. Pero hasta aquí no entra aún, a mi juicio, el fenómeno de la conciencia y de la libertad. La capacidad de reacción eficiente e instintiva, inconsciente, de los animales frente al medio ambiente es realmente asombrosa, dado su alto grado de autonomía. ¿Cómo podremos apreciar que esta eficiencia de la autonomía es sólo instintiva, inconsciente?

Adentrémonos, pues, en ello. Para lograrlo, recordemos que la única fuente de nuestro conocimiento del mundo está en nuestra propia conciencia. Por lo tanto, el conocimiento de nosotros mismos es la única fuente de nuestro conocimiento del mundo, de su comprensión. Si nos investigamos a nosotros mismos, podemos observar que muchos de nuestros propios actos (tal vez la inmensa mayoría), por muy complejos que ellos sean, no son conscientes sino que instintivos; aunque ellos sean indudablemente acertados para nuestra óptima sobrevivencia. De partida, todo el funcionamiento de nuestros órganos internos, que es un modelo de perfección (el de nuestro corazón, del sistema digestivo, etc.) no es consciente; y sin embargo cada uno de estos órganos reacciona "inteligentemente" para cumplir adecuadamente sus funciones. Pero aún más: muchas de nuestras propias reacciones personales frente al medio exterior tampoco son conscientes sino que instintivas, inconscientes. Ello nos es notorio en muchos casos en que primero iniciamos una acción y posteriormente (aunque a veces casi simultáneamente) nos damos cuenta de que ya habíamos reaccionado. Tales son los casos, por ejemplo, de retirar brusca e inconscientemente nuestra mano al tocar inadvertidamente un objeto muy caliente; o de mover adecuada y espontáneamente nuestro cuerpo para mantener el equilibrio cuando pisamos inadvertidamente un cuerpo resbaloso o cuando tropezamos con algo; o de sobresaltarnos al producirse un ruido; o de mover rítmicamente nuestras piernas al caminar, incluso levantando los pies al cruzar aceras; etc. Sólo después de haber reaccionado tomamos a veces conciencia de ello. Algunas de estas reacciones espontaneas tienen su origen en acciones conscientes anteriores, las que se transformaron posteriormente en inconscientes, automáticas; por ejemplo algunas de las que utilizamos al manejar nuestro automóvil (frenar si sorpresivamente se nos atraviesa alguien o algo en el camino; o tomar equivocadamente la dirección de nuestra oficina cuando vamos a otra parte mientras conversamos y pasamos cerca de nuestra ruta habitual, de lo cual muchas veces nos damos cuenta varios minutos después); o el de operar acertadamente y con gran precisión nuestros músculos del brazo y de la mano cuando hemos decidido llevarnos un trozo de pan a la boca; etc., etc.

Otro caso de reacción espontánea, inconsciente, que siempre me ha impresionado y que es muy indicativo a mi juicio, se presenta cuando miramos tranquilamente un paisaje quieto: basta que se produzca un pequeño movimiento, más o menos brusco, de un pequeño cuerpo, por ejemplo de un pájaro a lo lejos dentro del campo que cubre nuestra mirada, para que nuestra vista se dirija instintivamente, inconscientemente, hacia el objeto en movimiento. Lo mismo sucede cuando miramos el cielo estrellado: si sorpresivamente aparece un meteorito entre el millar de estrellas, nuestros ojos se dirigen instintivamente hacia él. Es el movimiento el que "atrae" nuestros ojos; no nuestra conciencia, la que viene después; o a veces no viene. La probabilidad de captar con la vista un cuerpo tan pequeño ante la inmensidad del conjunto de estrellas, sería casi nula si no consideramos que es el movimiento, el cambio, lo que "atrae" la vista; nuestra vista y la de los animales.

En todos esos casos, por lo tanto, nuestra reacción es instintiva (el "instinto" es el efecto de la "interioridad"), inconsciente; ella es muchas veces anterior a la eventual conciencia del hecho. En definitiva, podemos apreciar que las reacciones de nuestros órganos internos y parte importante de nuestras propias reacciones personales son inconscientes, instintivas.

La capacidad de todos los seres vivos de efectuar acciones inconscientes, de gran complejidad y eficiencia, incluso de emitir palabras (los loros son un ejemplo típico), es extraordinaria.


La memoria

Al ser la reflexión una manifestación activa de la conciencia, es decir que, entre otros procesos, relaciona en cada momento aspectos contemplados en el pasado, la capacidad de memoria de nuestro organismo para almacenar todo tipo de experiencias adquiere gran importancia en nuestra potencialidad reflexiva.

La memoria es la capacidad de los diversos seres de la naturaleza de acumular información a través de los efectos permanentes que ha producido la acción del medio en sus organismos; efectos permanentes en su interioridad. Esta información nada tiene que ver aún con el fenómeno de la conciencia; sólo significa un cambio permanente en algunas partes de la estructura interna de cada ser, lo que le permite enriquecer y hacer más eficaces sus reacciones debido a la experiencia vivida, ya que dichos cambios en la estructura pueden modificar algunas de las respuestas instintivas del organismo ante el medio. En efecto, cada nueva información, captada por las innumerables células y neuronas existentes, las cuales pueden aumentar el número de conexiones (sinapsis) con diversos órganos ante el evento acaecido (¿y eventualmente por nuevas neuronas que se hayan formado ante aquel evento?), es almacenada "ordenadamente" en el cerebro de los animales y por diversos otros modos en los demás seres, y es automáticamente (instintivamente) activada a partir de ese momento ante las diversas coyunturas relacionadas con el evento que les plantee posteriormente el medio exterior; todo esto en un proceso que aún no nos es enteramente conocido.

Es esta "experiencia" acumulada, es este "aprendizaje" que modifica en alguna medida las respuestas anteriores del organismo a los requerimientos del medio, lo que permite la "racionalidad" (apreciada por nosotros) de las reacciones instintivas de todos los seres de la naturaleza. Y no sólo eso, sino que es esa capacidad de memoria, cuando parte de ella se ha transmitido a la descendencia de los distintos seres, lo que ha permitido o potenciado también la evolución de ellos hacia estados cada vez más complejos y perfeccionados; es decir, cada vez más eficientes. Sin esa capacidad de los seres de acumular ordenadamente información y de transmitir parte de ella a sus descendientes no habría sido posible, a mi juicio, la creciente riqueza en la reacción instintiva de cada ser vivo ni el impresionante perfeccionamiento evolutivo de las especies.

En definitiva la memoria, es decir la capacidad de guardar ordenadamente información y de utilizarla en el momento oportuno, es lo que ha permitido el permanente perfeccionamiento en la naturaleza. Por lo tanto, a mayor capacidad de acumular amplios tipos de información es mayor la posibilidad de eficacia de cada ser en su respuesta instintiva a los requerimientos producidos por el medio. Y mientras mayor sea la capacidad de transmitir parte de esta información adicional a su descendencia, mayor será la velocidad de evolución de la especie respectiva.

En el hombre, ser consciente, la capacidad de memoria de su cerebro es relevante para sus procesos de reflexión, aunque no sea necesariamente lo más importante. En efecto, hay algunos aspectos de la reflexión que pueden requerir poco caudal de memoria, pero que son más importantes que la sola acumulación de un gran número de datos; por ejemplo, el disponer de un adecuado método de reflexión y el acentuar la atención "memorizadora" en los aspectos realmente relevantes. Es el llamado "criterio".

Me parece que no nos cuesta mucho aceptar que nuestra memoria "almacene" también ordenadamente en nuestro organismo, al igual que en los demás seres, los efectos del medio en nosotros, lo que nos permite que tendamos a reaccionar con una determinada respuesta instintiva posterior en concordancia con esa experiencia; aún cuando no tengamos claro los procesos instintivos de "almacenamiento" y de "activación" de dichas experiencias. Así como normalmente tampoco tenemos claro cómo funciona un determinado programa de computación del cual sólo conocemos sus efectos. En el proceso de la reflexión es difícil de entender no sólo la forma mediante la cual hemos "almacenado" nuestros estados anteriores de conciencia (nuestras contemplaciones, nuestras reflexiones), sino que (lo que nos es más importante) es muy difícil entender el proceso de recordarlos; es decir, el proceso de traerlos a nuestra conciencia, a nuestra contemplación, en el momento deseado por nosotros. Existen, sin duda, métodos que facilitan esta búsqueda consciente de recuerdos, los que son concordantes en gran medida con aquella activación instintiva de la memoria en todos los seres ante los efectos posteriores del medio en ellos, a que hemos hecho mención anteriormente. En la medida que conozcamos mejor aquellos procesos instintivos, tendremos mejor manejo en el arte de recordar. Nos es comprensible, por lo tanto, que podamos recordar más fácilmente los efectos del medio ambiente recibidos directamente a través de nuestros sentidos: un olor, un color, una forma, un sonido; porque esos recuerdos constituyen “imágenes” claras y simples de nuestras contemplaciones anteriores. En cambio, me parece natural que nos sea más difícil recordar una palabra y más aún un pensamiento o una reflexión, porque estos son desarrollos conceptuales cuyas imágenes en el cerebro son sin duda más elaboradas y en muchos casos materializadas en palabras. Pudiera ser, por otra parte, que el fenómeno misterioso de la intuición en el proceso del conocimiento (la contemplación instantánea de una verdad o de una nueva alternativa de solución que se nos presenta súbitamente a nuestro entendimiento para ser analizada mediante procesos deductivos), tuviera alguna relación o alguna semejanza con este proceso de recordar. Estos son aún misterios apasionantes. ¿Podremos algún día resolverlos o por lo menos acercarnos a comprenderlos?

Pareciera comprensible, en todo caso, que la potencialidad de memorizar sea mayor durante la juventud del animal y menor en su vejez, cuando la rigidez de su organismo le impide o es menos apta para aceptar cambios permanentes en él, inducidos por el medio ambiente, o por la conciencia en el caso del hombre.


SINTESIS FINAL

Es por medio de nuestra conciencia receptiva que podemos sentirnos y situarnos en el entorno donde nos desenvolvemos, fijando nuestra atención en la contemplación de nosotros mismos y todo cuanto nos rodea. Observar, sentir y ser parte activa del mundo. Nos maravillamos con las aves y nos “dimos cuenta” de su gran libertad de desplazamiento. Quisimos ser cómo ellas, libres para cruzar ríos y cordilleras.

No sólo somos conscientes de aquello que contemplamos. También deseamos entenderlo y conocerlo, de manera de lograr cambios que nos permitirán alcanzar aquello que nos imaginamos para nosotros mismos y para nuestro entorno. Reflexionamos sobre las relaciones entre las cosas y entre los fenómenos, y de su importancia, para así aplicar nuevas causas que nos permitan alcanzar nuestros sueños.

Ese “darse cuenta” es la base de nuestro libre albedrío, ya que nos abre, mediante la aplicación de nuestra voluntad y nuestra capacidad de adquirir conocimientos, un mundo infinito de posibilidades. Mediante nuestra contemplación y reflexión libres, podemos modificar conscientemente la dirección de las “leyes de la naturaleza” que nos gobierna a nosotros y a nuestro entorno, con una nueva dirección.

Y esto que he descrito es algo intuitivo para nosotros. Sabemos por nuestra experiencia, que para lograr un sueño, debemos aplicar toda nuestra voluntad y esfuerzos y reflexionar sobre las relaciones que determinan aquello que queremos alcanzar, para aplicarlas en una nueva dirección que nos llevará a ese mundo que anticipamos y soñamos.


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 Asunto: Re: El Libre Albedrío
NotaPublicado: 29 Ene 2017, 04:19 
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Registrado: 14 May 2014, 19:42
Mensajes: 872
Una pregunta:

El libre albedrío es de la conciencia o de un yo que posee conciencia? Porque si la conciencia es nuestra, entonces no somos la conciencia ya que no puedes ser algo tuyo.

Y este yo el cual posee conciencia y que es el que actúa con libre albedrío según dices enfocando la conciencia a donde quiera, que características tiene? Porque has hablado de la conciencia pero no dices nada del yo que posee esa conciencia y que la enfoca hacia donde quiera mediante el libre albedrío.

Por lo que no es la conciencia en si la que tiene libre albedrío, sino el yo que la dirije y la posee y por lo tanto si se habla de libre albedrío no es de la conciencia de la que hay que hablar sino del que posee esa conciencia y la dirije libremente, ya que es a ese yo al que le pertenece el libre albedrío y no en cambio a la conciencia puesto que esta es dirijida según dices.Y si es dirijida o hay un yo que la enfoca donde quiera, no es libre.

El libre albedrío no pertenece a la conciencia sino al yo que la dirije libremente. Pero nada dices de este yo que es uno mismo y no es la consciencia y es el que verdaderamente tiene libre albedrío.

Y como este yo el cual es uno mismo, y es el que posee libre albedrío, no es la consciencia porque como dices la consciencia es suya, entonces nada tiene que ver el libre albedrío con la conciencia.

Una sardina escoge si nadar hacia aquí o hacia allí y cuando pega un coletazo y cuando no.

Saludos.


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 Asunto: Re: El Libre Albedrío
NotaPublicado: 29 Ene 2017, 06:21 
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Registrado: 05 Mar 2013, 14:43
Mensajes: 8164
Por si estás interesado, te diré que yo coincido en que la consciencia tiene la propiedad de contemplación, es decir, es eso mismo.. el contemplar, el percibir.

Luego, todo eso que dices que incluye la consciencia, menos el libre albedrío que no lo comparto, yo lo incluyo como fenómeno perceptible por el sujeto (acción que llamamos consciencia o percibir), al igual que un atardecer es perceptible xD

Ahí es donde diferimos, pero no tengo intención de debatir, solo quería recordartelo una vez más, y como siempre, para que otros también lean otra postura diferente.


Somos un reproductor, y la película que aparece para ser reproducida puede incluir lo que sea, pero solo estamos reproduciendo data, y toda esa data es la película en su totalidad. Decir que cierta parte de la película (reflexion, comunicación, analogamente hablando) es parte del reproductor, es por ignorancia, que tambien es parte de la película xD


Un reproductor reproduciendo una pelicula que cuenta la historia de un personaje que dice ser el reproductor.


Linda película, pero.... es una película... no forma parte del reproductor.


Solo que bueno... sin película no habría ninguna historia para hablar sobre este reproductor que somos....


Izi


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 Asunto: Re: El Libre Albedrío
NotaPublicado: 29 Ene 2017, 11:59 
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Registrado: 08 Ago 2011, 21:05
Mensajes: 2206
Ya denuncié en otra ocasión la tautología que supone definir, como tú lo haces, la libertad como “la capacidad que tenemos (y que empleamos mediante nuestra voluntad) de enfocar, de dirigir nuestra conciencia, de dirigir nuestra atención, hacia las materias que deseamos contemplar y conocer.”

Definición de “voluntad”:


nombre femenino
1. 1.
Capacidad humana para decidir con libertad lo que se desea y lo que no.
"a una persona en estado de hipnosis se le puede manipular la voluntad"
2. 2.
Deseo o intención, o cosa que se desea.
"quiere que todo se haga según su voluntad; no tenía voluntad de ofenderos; se presentó allí por su propia voluntad; debemos respetar su voluntad"

Por lo tanto, tu definición queda así:

Libertad es la capacidad que tenemos y que empleamos mediante nuestra libertad de enfocar, de dirigir nuestra conciencia, de dirigir nuestra atención, hacia materias que deseamos contemplar y conocer.

Está claro que, según el diccionario, voluntad y libertad significan lo mismo, por lo que aplicando la regla de oro: “lo definido no puede entrar en la definición” se deduce la más que evidente tautología.

Ese problema lo denuncié en un ensayo sobre ese tema. Me cito a mí mismo:


La controversia que suscita la cuestión del determinismo, viene justificada por la complejidad de los elementos que intervienen en ella, destacando entre ellos, el problema semántico y conceptual de los vocablos que lo protagonizan tales como "libertad" "libre albedrío" "voluntad" o "responsabilidad moral". La sociedad se acomoda a menudo a los conceptos transmitidos tradicionalmente y de forma consuetudinaria transformándolos en definiciones dogmáticas que, a falta de requerimientos que los cuestionen, arraigan profundamente dificultando, en consecuencia, la comprensión de problemas filosóficos en los que se requiere, antes de profundizar en ellos, la aclaración de los conceptos que intervienen en dichos problemas.
Así sucede, que de la existencia de libre albedrío en el ser humano, nadie pone en duda la consiguiente derivación de responsabilidad moral y, de ésta, el correspondiente castigo. La propia definición que de libertad nos ofrece el diccionario: "Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, o de no obrar, por lo que es responsable de sus actos" ya da por hecho tal circunstancia, más no he hallado en ningún lugar la más mínima explicación filosófica que justifique tal deducción. ¿Acaso la necesita? Se preguntarán algunos. La filosofía trata de preguntar el por qué de las cosas hasta las últimas consecuencias, por lo que -aplicando este espíritu inquisidor debo responder afirmativamente a dicha pregunta, ya que inferir responsabilidad moral de la libertad es un hecho consuetudinario y no fruto de una deliberación racional después de la cual se haya llegado a dicha conclusión.
No es menos gratuita la afirmación de que el ser humano actúa sin la presencia ' de causas que determinen su conducta, dando lugar a otra definición de libertad: "Facultad de la voluntad que permite elegir entre varias motivaciones sin estar determinado por ellas". Tal afirmación viene dada por la creencia ancestral de que podemos obrar de forma diferente a como lo hicimos en un principio en virtud de otra característica -no menos polémica- como es la voluntad que, a su vez, se define como
"facultad de decidir y ordenar la propia conducta", "elección de algo sin precepto o impulso externo que a ello obligue" dando a entender que los conceptos libertad y voluntad incurren en un problema de tinte tautológico al no poderse definir el uno sin el otro significando ambos lo mismo.
La complejidad y la dificultad a la hora de hallar unos significados correctos y precisos -respecto de los conceptos ya citados- radica en la propia heurística de los mismos, los cuales se debieron originar en los anales de la historia de la civilización dando lugar a sofismas llamados "petitio principii" consistentes en definir o demostrar lo que no es evidente por sí mismo mediante ello mismo o, dicho de otra manera, definir lo definido con la definición. Si pregunto por qué el hombre es responsable de sus actos, se me responderá porque es libre; si a continuación pregunto por qué, al ser libre, es responsable, me imagino que se me respondería que, ya que el hombre posee una facultad que le permite escoger sin estar determinado y ser consciente de lo bueno y de la malo, debe responder ante la sociedad. Pero si sigo inquiriendo por qué, al conocer lo bueno y lo malo, debe responder ¿dónde acabaría la discusión?(…)


En consecuencia, quien no tiene ni idea de lo que es el libre albedrío y el determinismo, eres tú, mi querido JBell.

Te atreves a dar lecciones de lo que desconoces y, para ello, te inventas argumentos que nada tienen que ver con el tema, tal como implicar la conciencia en las decisiones.

Dices:
Pero en otros casos, como en el de poner atención en un determinado árbol del paisaje que esta ante nosotros, o el de poner atención a la belleza de la música que estábamos escuchando inadvertidamente, exigen un acto de libertad: es decir, una acción de la voluntad para dirigir nuestra conciencia hacia lo que deseamos contemplar.


Los deterministas decimos que cada acción humana obedece a una causa anterior. Y tú, en esa afirmación anterior, dices que poner atención a la belleza es un acto que exige libertad o, dicho de otra manera, que se hace libremente. No obstante, un determinista dirá que si alguien elige poner atención en una música que le gusta, eso es porque el sujeto está determinado a gustarle esa música. Y supongo que nadie podrá negar que no tenemos libertad para gustar de una música y no otra cualquiera. A mí, por ejemplo, me encanta el jazz. ¿He elegido voluntariamente el que me guste el jazz? Por supuesto que no. De la misma manera que no he podido elegir que me guste el cordero asado. Todo ello me viene por imposición de la genética, de la propia biología, de la naturaleza etc.

Si nadie elige sus gustos, sino que le vienen impuestos por la naturaleza, sólo nos queda que el poner atención en lo que nos gusta, no es un acto voluntario, donde se supone que hay libertad, sino una consecuencia necesaria. A nadie se le ocurriría poner atención en el rap si éste es despreciado por el sujeto; Por el contrario, es lógico poner atención en el jazz si ésa es la música que nos gusta.

El problema de los defensores del libre albedrío es que en sus argumentos incurren constantemente en las múltiples peticiones de principio, llegando a un punto sin causa previa donde hay que preguntar de dónde sale la decisión final, a lo que se reponde “por voluntad” o “porque es libre”. Como ya dije en su momento, ocurre lo mismo que en la pretendida desmostración de la existencia de Dios a través de la ley de causalidad. Se llega a Dios como la primera causa incausada. Así, en el libre albedrío, se acepta que alguien haga algo por una causa anterior, pero si se pregunta cuál es la causa de esa causa, se responde “por voluntad”.

El libre albedrío, por tanto, se mete en un callejón sin salida; en un "causa sui" que obvia toda la ley de causalidad que nos aparece constantemente en la experiencia. Pero, lo peor es que de buenas a primeras, o sin ton ni son, se infiere que por el hecho de elegir con libertad somos responsables, culpables y merecedores de castigo -y ése es el punto principal del tema- desentendiéndose del verdadero motivo por el que se castiga: la protección del ciudadano a través de los sistemas jurídicos y penales. No hay más.

_________________
La dignidad humana está por encima de cualquier dios.


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 Asunto: Re: El Libre Albedrío
NotaPublicado: 29 Ene 2017, 14:15 
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Como yo no sé a qué os referís cuando habláis del libre albedrío, me abstengo de escribir aquí y seguiré haciéndolo en el tema que abrí "La responsabilidad humana" que es lo que me interesa.


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 Asunto: Re: El Libre Albedrío
NotaPublicado: 29 Ene 2017, 14:47 
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Soy escribió:
El libre albedrío es de la conciencia o de un yo que posee conciencia? Porque si la conciencia es nuestra, entonces no somos la conciencia ya que no puedes ser algo tuyo.

A mi juicio, el yo lo constituye todo lo que somos, nuestro cuerpo, nuestros instintos, nuestra memoria, etc, y, obviamente también, nuestra conciencia. Y por medio de lo que experimentamos y lo que contemplamos y aprendemos estamos constantemente construyendo ese yo. Sin embargo, sólo es posible construir ese yo mediante nuestra conciencia. El libre albedrío es del yo consciente; no del yo.


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 Asunto: Re: El Libre Albedrío
NotaPublicado: 29 Ene 2017, 14:58 
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Anónimo escribió:
Somos un reproductor, y la película que aparece para ser reproducida puede incluir lo que sea, pero solo estamos reproduciendo data, y toda esa data es la película en su totalidad. Decir que cierta parte de la película (reflexion, comunicación, analogamente hablando) es parte del reproductor, es por ignorancia, que tambien es parte de la película xD

Es que sólo te quedas con la manifestación pasiva de la conciencia. Pero fíjate que esa manifestación pasiva de la conciencia ya incluye, necesariamente, la libertad, ya que de otro modo no sería posible enfocar nuestra atención para contemplar aquello que deseamos.

Y tu mismo has podido concluir que existe el razonamiento, la capacidad de pensar. Entonces quieras o no estás reconociendo la otra cara de la misma moneda; esto es la conciencia activa que supone reflexionar para entender y conocer las relaciones entre las cosas y entre los fenómenos, y de su importancia. Y este conocer no se queda sólo en nosotros, sino que lo aplicamos en el mundo generando cambios en nosotros y en el entorno. No puedes quedarte sólo en la contemplación si reconoces que esta existe y que tenemos la potencialidad de reflexión que nos permite adquirir conocimientos y aplicarlos. No puedes llegar y truncar un proceso que reconoces tiene capacidad de obrar, sólo porque tu lo has decidido.

Desde el momento que reconoces la libre contemplación y el pensar, la capacidad de obrar ya está jugada.


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 Asunto: Re: El Libre Albedrío
NotaPublicado: 29 Ene 2017, 15:13 
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JBELL, es un texto inetersante en las cosas que aborda, conciencia, moral, etc.

Tu dices:
Citar:
Ese “darse cuenta” es la base de nuestro libre albedrío, ya que nos abre, mediante la aplicación de nuestra voluntad y nuestra capacidad de adquirir conocimientos, un mundo infinito de posibilidades. Mediante nuestra contemplación y reflexión libres, podemos modificar conscientemente la dirección de las “leyes de la naturaleza” que nos gobierna a nosotros y a nuestro entorno, con una nueva dirección.

Te dejo unas preguntas.

Yo, por ejemplo no dudo de la libertad humana, pero no la llamo 'libre albedrío' que es un concepto puramente religioso.
¿Por que decir 'libre albedrío' en lugar de simplemente 'libertad'.?
¿Que distingue a la libertad del libre albedrío?

'Libre albedrío' significa 'libre arbitrio'
¿Porque el arbitrio o albedrío humano podría estar condicionado (y no ser libre)?

Y por ultimo.
Si intentas resolver acerca de la existencia o inexistencia del libre albedrío.
¿Que entiendes excatamente por existir?


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 Asunto: Re: El Libre Albedrío
NotaPublicado: 29 Ene 2017, 16:38 
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Registrado: 31 Dic 2013, 20:16
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ratio escribió:
Ya denuncié en otra ocasión la tautología que supone definir, como tú lo haces, la libertad como “la capacidad que tenemos (y que empleamos mediante nuestra voluntad) de enfocar, de dirigir nuestra conciencia, de dirigir nuestra atención, hacia las materias que deseamos contemplar y conocer.”

He desarrollado el tema desde los orígenes del proceso y sus causas: la conciencia. He mostrado que esa capacidad de "darnos cuenta", de percatarnos, de ser conscientes, es la base de el libre albedrío. No hay tautología.

El libre albedrío requiere de dos elementos: la libre contemplación y la libre reflexión (la reflexión en sí ya lleva la libertad). La primera nos permite observar y aplicar nuestra atención para sentir objetivamente al mundo y a nosotros mismos. Y la segunda nos permite conocer las relaciones que lo determinan y su importancia para poder generar nuevas causa que modifican el determinismo inercial de la naturaleza.

ratio escribió:
Así sucede, que de la existencia de libre albedrío en el ser humano, nadie pone en duda la consiguiente derivación de responsabilidad moral y, de ésta, el correspondiente castigo. La propia definición que de libertad nos ofrece el diccionario: "Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, o de no obrar, por lo que es responsable de sus actos" ya da por hecho tal circunstancia, más no he hallado en ningún lugar la más mínima explicación filosófica que justifique tal deducción.

He explicado cómo ese "darse cuenta" mediante nuestra capacidad de enfocar nuestra atención nos permite situarnos a nosotros mismos y al entorno dónde nos hallamos. También he explicado cómo, mediante nuestra reflexión, nos cuestionamos lo que contemplamos e intentamos buscar las causas, las relaciones, que lo explican. No estoy partiendo de una tautología, sino de descripción producto de nuestra propia experiencia que incluye ese "darse cuenta", aún cuando no conozcamos cuales son las relaciones que la producen.

ratio escribió:
No es menos gratuita la afirmación de que el ser humano actúa sin la presencia ' de causas que determinen su conducta, dando lugar a otra definición de libertad: "Facultad de la voluntad que permite elegir entre varias motivaciones sin estar determinado por ellas". Tal afirmación viene dada por la creencia ancestral de que podemos obrar de forma diferente a como lo hicimos en un principio en virtud de otra característica -no menos polémica- como es la voluntad que, a su vez, se define como "facultad de decidir y ordenar la propia conducta", "elección de algo sin precepto o impulso externo que a ello obligue" dando a entender que los conceptos libertad y voluntad incurren en un problema de tinte tautológico al no poderse definir el uno sin el otro significando ambos lo mismo.

Como puedes haberte percatado, haberte "dado cuenta", cada concepto que he utilizado y descrito se fundamenta en causas. En ningún momento he sostenido que el ser humano actúe sin la presencia de causas. Todo lo contrario, he mostrado las causa que permiten ese libre albedrío y cómo se estructuran.

ratio escribió:
Los deterministas decimos que cada acción humana obedece a una causa anterior. Y tú, en esa afirmación anterior, dices que poner atención a la belleza es un acto que exige libertad o, dicho de otra manera, que se hace libremente. No obstante, un determinista dirá que si alguien elige poner atención en una música que le gusta, eso es porque el sujeto está determinado a gustarle esa música. Y supongo que nadie podrá negar que no tenemos libertad para gustar de una música y no otra cualquiera. A mí, por ejemplo, me encanta el jazz. ¿He elegido voluntariamente el que me guste el jazz? Por supuesto que no. De la misma manera que no he podido elegir que me guste el cordero asado. Todo ello me viene por imposición de la genética, de la propia biología, de la naturaleza etc.

No es correcto esto que señalas y me imagino que es producto de no haber entendido lo que desarrollé. Me referiré al ejemplo de los gustos para mostrarte lo que he explicado en la apertura de este hilo. Nosotros "sabemos" por experiencia, que sólo nos puede gustar o "querer" aquello que conocemos. Tu quieres a tus amigos porque los conoces; a tus padres, por lo mismo. No se puede querer aquello que no se conoce. Sabiendo esta relación, que es obvia y fruto de nuestra experiencia y conocimiento, puedes modificar tus gustos, a través de aplicar la relación que has descubierto y los determina. Así, podrás conocer otro tipo de música y aprenderás a "quererla" a gustarte. Ya lo he señalado en otros hilos. Cuando era joven y sólo escuchaba rock mi padre me preguntó si esa era la única música que me gustaba. Le respondí que si. Me señaló que sólo disfrutar un único tipo de música me hacía menos libre y más restrictivo. Que muchas veces estaré en situaciones dónde habrá otro tipo de música y no podré disfrutarla. Que los gustos y los "quereres" están determinados en gran parte por el conocimiento que tenemos de ellos. Así comencé a escuchar otros tipos de música: clásica, opera, jazz, etc. Hoy soy mucho más libre y gozo y disfruto una variedad mayor de música. Lo mismo apliqué para el tema de la comida. Era muy mañoso y cuando iba a otras casas sufría con la comida. Hoy disfruto una amplia variedad de comida. Ha sido muy simple el proceso: primeramente me dí cuenta que había gente que disfrutaba otra música. Luego, gracias a mi padre, fui consciente que los gustos se educan a través de conocer aquello que es susceptible de gusto. Aplique ese conocimiento y modifiqué conscientemente mis gustos para ahora ser bastante más libre de lo que era. Todo esto es parte del proceso que latamente he explicado, con sus causas y consecuencias. El hombre tiene la capacidad, mediante su consciencia, de generar cambios, de construirse conscientemente a sí mismo.


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 Asunto: Re: El Libre Albedrío
NotaPublicado: 29 Ene 2017, 17:16 
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Registrado: 31 Dic 2013, 20:16
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Diego, me da gusto que te parezca interesante.

diego_tentor escribió:
Yo, por ejemplo no dudo de la libertad humana, pero no la llamo 'libre albedrío' que es un concepto puramente religioso.
¿Por que decir 'libre albedrío' en lugar de simplemente 'libertad'.?
¿Que distingue a la libertad del libre albedrío?

'Libre albedrío' significa 'libre arbitrio'
¿Porque el arbitrio o albedrío humano podría estar condicionado (y no ser libre)?

Creo que nos referimos a lo mismo. Aun cuando muchas veces se asocia el libre albedrío a las religiones, yo lo asocio a una facultad que se explica por lo que sabemos y conocemos del mundo. Cómo has podido apreciar, no he incluido en ningún momento a Dios en este tema. Uso el concepto libre albedrío para diferenciarlo del concepto "determinista" que muchas veces se le da a la libertad. Pero es correcto hablar de libertad a mi juicio.

Albedrío efectivamente viene del latín "arbitrum" que podríamos traducirlo a la palabra arbitrario. Sin embargo "arbitrum" significa la capacidad de juicio, discernimiento y opinión de cada uno.

diego_tentor escribió:
Si intentas resolver acerca de la existencia o inexistencia del libre albedrío.
¿Que entiendes excatamente por existir?

Fenómeno empírico real.


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