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NotaPublicado: 03 Feb 2017, 18:15 
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Alexandre Xavier escribió:
Moraleja: a la hora de responder a ciertas cuestiones sutiles, hay que ser un tanto prolijo... si uno quiere ser bien entendido al responder a esas cuestiones.


De acuerdo, entonces seguiremos a la espera de que alguien le tire la lengua a Jvahn en el nuevo hilo, luego esperremos que Jvahn hable, entonces quizás avance tu respuesta sobre el tema.

Spoiler: show

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"El concepto de vacío no es lo mismo que el vacío de conceptos".


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NotaPublicado: 03 Feb 2017, 18:40 
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Saludos, Sócrates.

Dices lo siguiente.

"De acuerdo, entonces seguiremos a la espera de que alguien le tire la lengua a Jvahn en el nuevo hilo, luego esperremos que Jvahn hable, entonces quizás avance tu respuesta sobre el tema. ".

Y añades un vídeo, supongo que relacionado con tus ironías... el cual no puedo ver en línea porque la conexión de que dispongo no me lo permite, y que tampoco he logrado descargar para verlo y oírlo en disco duro local.
Conclusión: quitemos ironías inútiles, y vayamos al grano. Predicaré a continuación con el ejemplo.
Primero: si quieres que mire y escuche el vídeo de marras, dame un enlace para descarga del vídeo.
Segundo: no condiciono en modo alguno mi respuesta al tema (la felicidad del yo) a que Jvahn responda o no responda.
Tercero: responderé en unos minutos o en unos días. Es un asunto que no voy a dejar pasar, y en el que tampoco me quiero apresurar.
Recordad que no me puedo pasar todo el día pegado a unas pantallas internéticas. Eso no equivale a escaquearme como lo ha hecho Jvahn. No me escaquearé. Os contestaré.
Cordialmente, de Alexandre Xavier Casanova Domingo, correo electrónico trigrupo @ yahoo . es (trigrupo arroba yahoo punto es).

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Cordialmente, de Alexandre Xavier Casanova Domingo, correo electrónico trigrupo @ yahoo . es (trigrupo arroba yahoo punto es). La imagen del avatar gráfico es una fotografía que me identifica realmente, no retocada, tomada en septiembre del año 2017.


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NotaPublicado: 03 Feb 2017, 18:45 
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Alexandre Xavier escribió:
Conclusión: quitemos ironías inútiles, y vayamos al grano. Predicaré a continuación con el ejemplo.
Primero: si quieres que mire y escuche el vídeo de marras, dame un enlace para descarga del vídeo.
Segundo: no condiciono en modo alguno mi respuesta al tema (la felicidad del yo) a que Jvahn responda o no responda.
Tercero: responderé en unos minutos o en unos días. Es un asunto que no voy a dejar pasar, y en el que tampoco me quiero apresurar.
Recordad que no me puedo pasar todo el día pegado a unas pantallas internéticas. Eso no equivale a escaquearme como lo ha hecho Jvahn. No me escaquearé. Os contestaré.


De acuerdo, vayamos al grano, te pasaré el enlace... mmm quizás más tarde... o en unos días... y no te imaginas lo que dice, ¡es imperdible!

Y quizás hable de ti... :lol:

PD: ¿te lo paso o no te lo paso? mmmm ya veremos... lo pienso y te lo digo... pronto! 8-) :D

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NotaPublicado: 03 Feb 2017, 19:00 
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De acuerdo, quedamos nuevamente a la espera.


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NotaPublicado: 04 Feb 2017, 00:59 
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Hola a todos.
Voy a empezar a abordar (con de) el debate que en otros sitios Jvahn ha hecho abortar (con te) al escaquearse sobre el yo.
Un poco raro parece el procedimiento inicial, ya lo sé; pero ya veréis qué pronto se aclarará qué es el yo.
Jvahn niega que el yo sea real. Porque lo considera un epifenómeno de las relaciones sociales y simbólicas. Es el lenguaje en su contexto social y animal el que (siempre según Jvahn) hace que surja un yo. Y fuera de esas determinaciones, nada es el yo, mero reflejo insustancial e inactivo de las determinaciones que lo hacen surgir. Por eso los estados mentales más o menos agradables nunca llegan a ser una felicidad como atributo personal de un yo, ya que el yo no existe como ente unificado, y por tanto el concepto mismo de felicidad es fútil, pues es una mera sustancialización ilusoria de unos estados de conciencia ligados a un nudo transitorio de relaciones sociales, físicas, lingüísticas y simbólicas. El yo es, pues, un mero agregado, y por tanto la pretensión de obtener la felicidad es infundada, porque no hay ni puede haber un yo que aprehenda unificadamente y con autoconciencia una pretendida satisfacción propia.
Todo esto, recalco, según Jvahn. Y, como Jvahn es gustavobuenista, las mismas o muy parecidas ideas encontramos en el impresionante elenco de obras que en vida produjo El Basilisco, o sea el irascible Gustavo Bueno, creador además de una revista cuyo nombre (y la cólera permanentemente encendida de su fundador) dieron origen al mote con el que se lo conocía, especialmente fuera de su escuela filosófica. El gustavobuenismo, materialismo filosófico asturiano o materialismo filosófico de la simploqué se denomina a sí mismo simplemente como Materialismo Filosófico, abusivamente, como si no hubiera muchas otras escuelas previas, simultáneas y posteriores de materialismo filosófico.
El Basilisco escribió mucho. Pero para nuestros fines basta con tragar un grueso tocho que escribió contra la felicidad, El mito de la felicidad, en el cual intenta demostrar que no existe la felicidad, ni un yo que la pueda gozar. Así que, según El Basilisco, ¡a vivir siempre fastidiadamente, sin hacerse ilusiones!
El Basilisco llega a precisar que, precisamente por esto, la pena de muerte o, como dicen en el gustavobuenismo, la eutanasia capital, lejos de ser un mal es un gran bien para el criminal que va a ser ejecutado, porque así deja de sufrir. Incluso, si se ejecuta a un inocente, de todos modos, la cosa no es muy grave porque un inocente nunca puede ser feliz.
¡Y si os choteáis de lo que acabo de decir, recordad que todo está puesto en las obras del Basilisco y de sus discípulos en el Materialismo filosófico, o Escuela de Oviedo!
Ya en vida del Basilisco, he preguntado al propio Basilisco y a sus discípulos, entre ellos nuestro contertulio Jvahn, algo fundamental... que ni El Basilisco ni sus discípulos contestaron nunca.
Sin quitar que el yo actúa de modo fuertemente condicionado en su conciencia de este mundo, incluso necesariamente condicionado y nunca con conciencia exenta de limitaciones en este mundo, ¿no es cierto que todas esas innegables o probables determinaciones y limitaciones... finalmente las observa siempre un yo, incluso para concluir que el yo es irreal e insustancial?
Bueno; Jvahn o algún otro gustavobuenista quizás contesten algún día, quizá cuando las ranas críen pelo y los abogados sean honrados, pero mientras tanto me voy a mojar ya, como arqueoindividualista que soy.
Sostengo que el yo es una realidad adual, o advaita en sánscrito. No está sometida a negación ni a afirmación. Siempre está presente, y por eso aparece incluso para negar (verbal o modalmente, nunca de modo óntico total en serio) la mismísima realidad de sí mismo, del yo.
Y por eso, porque el yo es permanente, porque nunca dejó, deja ni dejará de ser, se abre la posibilidad de su felicidad.
La felicidad, como tanto repito, es un concepto muy complejo, un concepto además aproximativo conflictivo y, por si fuera poco, un concepto que no admite definición en sentido fuerte, sino solamente definiciones alusivas en sentido débil, en las que lo definido, la felicidad, siempre entra esencialmente en la definición.
Porque la felicidad, que es bien real y no una mera jerigonza fonética vacía como pakiliskáyotl en castellano, es esencialmente un estado de conciencia del yo. El que es feliz sabe que lo es, y distingue bien ese estado de obtener meramente mucho dinero jugando a la lotería. Pues una de las muchas notas cognitivas de la felicidad es su atemporalidad, mientras que el valor del dinero siempre es temporal.
La felicidad no es mera ni fundamentalmente un estado objetivo de cosas, sino, insisto, una percepción. Una percepción que se produce participadamente en la medida en que el yo descubre facetas y niveles en que él mismo, el yo, deja de estar condicionado. Por eso una mujer apegada a su novio o marido maltratador es más feliz cuando se desapega de él que antes de desapegarse de él, y esto es más propiamente feliz (permanencia, capacidad propia del yo) que el estado que esa mujer obtiene si le toca un premio gordo de la lotería.
La felicidad deja de ser un estado tenue e incompleto, del que solamente se participa, cuando el yo consigue desapegarse completamente de todo lo transitorio y burdo material. Entonces el yo llega a ser en acto lo que siempre fue en potencia: el Nivel Supremo de la Realidad. Y entonces el yo obtiene la felicidad plena.
Apunto finalmente en este mensaje algo que ya habréis intuido. La citada expresión pakiliskáyotl, en lengua náhuatl, no es ninguna jerigonza fonética sin sentido, sino precisamente la palabra para felicidad en náhuatl.
Cordialmente, de Alexandre Xavier Casanova Domingo, correo electrónico trigrupo @ yahoo . es (trigrupo arroba yahoo punto es).

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NotaPublicado: 04 Feb 2017, 01:04 
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Alexandre Xavier escribió:
¿no es cierto que todas esas innegables o probables determinaciones y limitaciones... finalmente las observa siempre un yo, incluso para concluir que el yo es irreal e insustancial?


Estoy de acuerdo contigo en esto. ;)

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NotaPublicado: 16 Ago 2017, 13:44 
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Negro sobre blanco.

Este mensaje es primariamente una entrada nueva del hilo internético de Sofos Ágora dedicado al arqueoindividualismo. Pero también lo voy a publicar como mensaje inicial de un nuevo hilo para filosofía general, dentro del mismo foro de filosofía Sofos Ágora. Pronto veréis por qué.

El foro Sofos Ágora, como muchos otros foros internéticos para debate, padece la lacra de los seudónimos. La repruebo y combato con frecuencia, pero aquí conviene en concreto destacar por qué los seudónimos son (en la teoría y sobre todo en la práctica) inadmisibles en la filosofía.
Quien usa seudónimo es... ambiguo. Y la filosofía verdadera es, ante todo, una lucha a fondo contra la ambigüedad.
Cuando a nosotros, arqueoindividualistas, nos pregunta alguien cuál es el distintivo seguro para identificar a un arqueoindividualista, le respondemos: ¡pronúnciate claramente sobre cualquier cosa conflictiva que trates, y siempre serás un arqueoindividualista!
La ortopraxis, la actitud justa, en el arqueoindividualismo viene antes que la ortodoxia, la doctrina correcta. Porque la actitud justa es implícitamente una concepción verdadera (la justicia se basa en la verdad) y la consecución de la verdad se da en la actuación correcta; la teoría es una práctica teórica, acierto epistemológico que el arqueoindividualismo toma del marxismo. El sadu o sadhu, el practicante, es preferible al gurú, al teórico.
La ambigüedad deliberada implica la voluntad de no pronunciarse claramente sobre los temas conflictivos. Y así nunca se llega a la verdad, no se llega pues a la liberación espiritual, equivalente a la plena felicidad. La consecución de la felicidad, que es el objetivo expreso último del arqueoindividualismo, implica una plena voluntad de claridad en obra y pensamiento.
Los grandes de la filosofía, como Carlos Marx o Ayn Rand, nunca se taparon con seudónimo, aunque Ayn Rand sea un apodo literario que nunca ocultó la identidad rusoestadounidense de su autora. Y ambos fueron radicales, tajantes, sobre los temas conflictivos que trataron. Carlos Marx concluyó que con la división social de la Humanidad entre propietarios de los medios de producción y excluidos de esa propiedad, siempre habría miseria y opresión, propugnando por ello una revolución comunista que acabara con tal discriminación, haciendo a todos propietarios de los medios de producción según sus habilidades en el marco de la armonía social mutua. Ayn Rand dijo que la sociedad era un mero medio para el desarrollo del individuo, único soporte de la verdad, la comprensión y la felicidad, y por ello se opuso a todo colectivismo, por muy intencionado que fuese, proclamando, ¡liberad al hombre de los hombres! y postulando que el individuo tuviera toda la libertad del mundo con tal de que no dañe a otro individuo, sin obligación de contribuir a ningún proyecto social.
Si se equivocaron los dos, total o parcialmente, en lo que dijeron, la misma rotundidad de sus afirmaciones permite discernir lo que de cierto o falso pueda haber en ellas. Ambos han sido contrapuestos a menudo, como el profeta del comunismo y la diosa del capitalismo, aunque admito a ambos, de modo dialéctico, matizado y complementario; soy, a la vez, comunista y capitalista.
El sano, el auténtico, el filósofo que no tiene la mala educación de taparse la cara y distorsionar su voz, con un procedimiento u otro, como típicamente el seudónimo internético, ése reconoce que las cosas son a menudo muy complejas en filosofía... y que, no obstante esa densa complejidad, emergen puntos orientadores simples que orientan en las preferencias de valores.
Bastará, en este mensaje, con dos ejemplos, el primero de socioeconomía y el segundo de metafísica.
El comunismo y el capitalismo, como el fascismo, la democracia, la república, el ecologismo, el comunitarismo islámico, etcétera, suelen presentarse como la solución de largo plazo a la pobreza.
Pues no. La causa fundamental de la pobreza es la superpoblación. Negro sobre blanco, letras negras sobre fondo blanco, que no borrosas letras verdes claras sobre fondo amarillo. Si estabilizamos la población mundial entre ciento cuarenta mil y ciento cincuenta mil seres humanos (en torno, pues, a la bíblica cifra de ciento cuarenta y cuatro mil) la pobreza se acabará para siempre, sea cual sea el régimen ideológico, político y económico.
El segundo ejemplo, de metafísica, se refiere a la descorporalización. No hay auténtica felicidad bajo la reencarnación, que siempre implica limitación local de la conciencia, y por tanto precariedad, ya que la conciencia localmente limitada es necesariamente ignorante.
Pretender un pleno paraíso material es, pues, absurdo. La felicidad plena implica desligar al alma individual de su atadura cármica a la materia densa ilusoria y transitoria, al cuerpo.
Bueno, con esto tenemos para discutir con claridad. Negro sobre blanco, insisto.
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NotaPublicado: 19 Mar 2018, 23:39 
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Sabiduría justificada científicamente.

El arqueoindividualismo presenta una originalidad constitutiva como escuela filosófica desde su aparición formal el año 2014, y antes también.
Por un lado, reconoce la primacía de lo metafísico, contra todo nihilismo, escepticismo radical o relativismo radical. La verdad eterna ha sido, es, y no dejará de ser.
Por otro lado, el arqueoindividualismo deslinda vigorosamente el conocimiento metafísico real de las distorsiones realizadas por grupos tendenciosos de tipo político o religioso, que suelen presentar sus privilegios y su opresión de unos hombres sobre otros hombres como resultado directo del funcionamiento necesario de la realidad.
La clave de la actitud arqueoindividualista es la búsqueda seria, eficaz y a larguísimo plazo de la felicidad individual. Si la felicidad individual se acerca a su propia plenitud, los demás problemas entran en vías de resolución. Pero se debe partir de la felicidad individual, que es la aspiración completamente exenta de contradicciones internas. No se puede partir razonablemente del grupo, del colectivo, pues eso es ir de la contradicción a la contradicción, sin salirse jamás de ese círculo vicioso. Ha de partirse del individuo para actuar bien en lo social, e incluso así tener en cuenta que lo social es solamente un medio para el verdadero fin, que es la felicidad de los individuos; la felicidad de cada individuo. Liberad al hombre de los hombres.
En este esfuerzo, las determinaciones fenoménicas objetivas, con sus correspondientes leyes causales, deben reconocerse sin ilusionismo y sin pensamiento desiderativo engañoso. Los trucos falsarios del político profesional, del abogado o del sacerdote institucional son implacablemente denunciados por el arqueoindividualismo.
Un ejemplo arquetípico de este talante que es el arqueoindividualismo, y de la solución que aporta en los niveles múltiples del ser, es cómo resolver el problema de la pobreza.
A lo largo de la Historia, ha habido muchas propuestas; ninguna de las cuales, en la práctica, ha alterado el estado social predominante de las cosas. O sea: muchos pobres (cada vez más numerosos) y pocos ricos (en general, cada vez más acaudalados).
La dificultad de resolver tal problema tiene, pues, que ser formidable, porque nadie en sus cabales quiere ser pobre.
Las respuestas históricas socialmente relevantes sobre el problema han oscilado entre confiar la solución a un pretendido orden espontáneo que ha surgido, surge o surgirá a partir de la lucha de todos contra todos, o confiar la solución a un Estado fuertemente controlador de la producción, el consumo, la demografía y el modo de vida de sus súbditos; Estado que, en teoría, controla todas los mecanismos económicos importantes. A lo primero se lo suele llamar capitalismo y a lo segundo se lo suele llamar socialismo, comunismo o marxismo. Lo usual es que ambas respuestas políticas se combinen en la práctica, con proporciones y matices de gran diversidad.
Aparte de estas dos respuestas políticamente directas, capitalismo y comunismo, hay otras dos respuestas históricamente relevantes de muy distinto signo; son dos respuestas más axiológicas o culturales, incluso metafísicas, que directamente políticas. Son el espiritualismo y el materialismo. El espiritualismo dice que debemos despreocuparnos, o preocuparnos lo mínimo posible, de las riquezas materiales, porque la plenitud, felicidad o verdadera riqueza se encuentra en un plano accesible donde el dinero y la riqueza material no son necesarios. El materialismo, por el contrario, dice que el espíritu o bien no existe o bien es un producto de la materia que sin la materia no podría existir; y, por lo tanto, el materialismo dice que ante todo debemos preocuparnos por tener muchos y valiosos bienes materiales para ser ricos en vez de pobres.
Las cuatro soluciones se combinan de forma muy variable, circunstancial y hasta oportunista para dar lugar a las dos grandes tendencias políticas generales ( no sólo en política económica) que, desde el neolítico y sobre todo desde la Revolución Industrial, son admitidas generalmente como adscripción política: la derecha y la izquierda. La derecha opina que, en general, cada uno ya tiene económicamente lo que se merece o que fácilmente puede obtenerlo si quiere, por lo cual los pobres son culpables o merecedores de su propia pobreza. La izquierda, en cambio, enfatiza el abuso económico y político que los ricos hacen de su propio poder, preconizando pues políticas de confiscación y reparto de la producción social, en beneficio de los más pobres y en perjuicio de los más ricos; todo esto de manera permanente, pues la izquierda desconfía permanentemente de los muy ricos aunque admita un legítimo lucro empresarial privado. También la derecha y la izquierda se combinan frecuentemente en la práctica política, y a la combinación o síntesis de izquierda y derecha la conocemos como centro. La derecha, comprensiblemente, suele huir de reconocerse como derecha, prefiriendo proclamarse como conservadurismo, liberalismo, monarquismo, republicanismo más o menos aristocrático, tradicionalismo, centro, e incluso centroizquierda ¡o izquierda! según la situación. En cambio, la izquierda siempre reconoce orgullosamente ser izquierda.
Ninguna de estas tendencias ha logrado jamás eliminar la pobreza ni reducirla a un fenómeno infrecuente u ocasional. Está claro que todas estas pretendidas soluciones al problema de la pobreza fallan en lo esencial.
Preliminarmente, en este punto, alguien puede objetarme que, como el arqueoindividualismo es marcadamente de derechas, en concreto de la derecha revolucionaria aunque hablar de una derecha revolucionaria parezca un desatino en los propios términos, también el arqueoindividualismo perpetuaría la pobreza. No es así; el arqueoindividualismo acaba con la pobreza porque el arqueoindividualismo es una derecha... coherente, radical y que va al fondo de los problemas, como veremos. En un sentido, sí, los pobres se merecen serlo, como dice la derecha. Pero en un sentido más profundo y alcanzable, se merecerían dejar de serlo en el futuro. La derecha convencional masiva socialmente es pacata, intelectualmente mediocre; y por eso es una derecha conformista, tan diferente a la derecha revolucionaria. La derecha convencional no tiene visión a largo plazo ni principios, por eso hoy dice una cosa y mañana la contraria, según convenga al grosor de los ingresos bancarios previsibles.
La pobreza crónica de amplias capas sociales es, ante todo, consecuencia de un concepto equivocado de la vida. Un concepto equivocado que tienen de la vida los propios pobres, agravando así su propia pobreza; un concepto equivocado que transmiten a su progenie, agravando todavía más esa pobreza, cronificándola y cerrando mentalmente las puertas a la salida de tal situación. Además, las elites extractivas, los chupópteros hablando en plata, se dan cuenta de esa debilidad perceptiva de los pobres, y la utilizan para perpetuar su dominio; el dominio que los ricos tienen sobre y contra los pobres.
Ese concepto equivocado de la vida que tienen los pobres es el pensamiento desiderativo, el considerar errónea y funestamente que mis deseos son la realidad o que en un plazo breve y razonable mis deseos crearán la realidad que los satisfará perfectamente.
Y eso no es verdad. Hay deseos totalmente incompatibles a corto, medio o largo plazo con la realidad tal y como la conocemos.
No voy a ser abstracto fútilmente en esto, sino tan concreto como pueda. El arqueoindividualismo no elucubra en estas cosas, no se dedica a inútiles discusiones bizantinas sobre el sexo de los ángeles.
Al grano. La causa fundamental de la pobreza, que es una causa evitable por cierto, se conoce desde el neolítico e incluso antes.
Esa causa es la superpoblación.
Si la densidad de población no sobrepasa el diez por ciento de la máxima densidad de población recomendable ni es más baja que la densidad mínima de población recomendable, es decir, si se mantiene en el intervalo cómodo de seguridad demográfica, cualquier sistema político, en la práctica, manejará bien la economía; no habrá pobres; todos serán ricos.
Mas, si la densidad de población sobrepasa permanentemente el tres mil por ciento de la máxima densidad de población recomendable, cualquier sistema ideológico, político, económico, religioso o filosófico (dado que la naturaleza humana básica es la que es) se verá incapaz de evitar la aparición de montañas de pobres manejadas por grupitos de chupópteros; aparte de otros males bien previsibles, como destrucción de la biosfera por contaminación y agotamiento de los recursos, amén de guerras, dictaduras y degeneración sicofísica de la población en general.
Por poner un ejemplo deliberadamente polémico: incluso si el sistema político formal es tan objetable y hasta horrible como el fascismo, el nacionalsocialismo o el talibanismo, con tal de que mantenga una densidad de población cercana al óptimo demográfico (es decir, entre un habitante por cada diez quilómetros cuadrados y un máximo de cuatro habitantes por quilómetro cuadrado aproximadamente) las cosas irán muy bien en lo que importa, porque todos serán ricos y nadie será pobre. Inversamente, una maravilla teórica de comunismo libertario igualitario culto, esclarecido y, realmente, democrático, nada podrá hacer para evitar la miseria, la guerra, la dictadura y el envilecimiento físico y moral de la gran mayoría, cuando la densidad de población esté en varios miles de habitantes por quilómetro cuadrado, como pasa en Nueva York o en Gaza. Porque en una situación así casi todos serán pobres.
No hay propiamente dificultad científica técnica en esto. Las tribus neolíticas ya conocían de hecho eficaces métodos anticonceptivos, y pueblos preestatales bien conocidos y antropológicamente estudiados, como los yanomamos o yanomamis del río Amazonas, los han usado con éxito, manteniendo un armonioso equilibrio demográfico, económico y ecológico con su entorno natural. Hoy, claro está, esos métodos anticonceptivos son todavía más eficaces y seguros. El problema, pues, no es de carácter tecnocientífico. Insisto en ello. El problema es de carácter axiológico y valorativo.
El problema es tener bien claro qué es lo importante en la vida.
Y solamente el individuo puede tener claro eso. No hay clarividencias colectivas; solamente una sique individual llega a valoraciones reales de lo que importa en la vida (su vida) o no importa en la vida. Nadie puede, razonablemente, llegar a conclusiones seguras o muy probables sobre lo que realmente es valioso para otro, y endilgárselas. Eso es intromisión intolerable, por muy bienintencionado que sea el cura, juez, militar, político o recaudador de impuestos que así lo intente hacer. De hecho, raramente es bienientencionado individualmente tal presunto bienhechor altruista; y, si vamos a cada grupo social del que forma parte, o sea los curas en general (de cualquier religión: islámica, cristiana, budista u otra) los jueces en general, etcétera, siempre juegan un papel fundamental, en la actuación de tales presuntos bienhechores altruistas, los beneficios económicos y la obtención del poder jerárquico. Por eso los políticos profesionales ponen todas las trabas electorales posibles a quienes les puedan hacer sombra, y por eso la cúpula militar del país que sea nunca verá oportuno recomendar la abolición del ejército, a pesar de que hay algunos pequeños países sin ejército; situación a la que, cuando se llegó a ella, no se llegó por decisión del poder militar sino, lógicamente, por decisión del poder civil. Igual que los traductores profesionales como cuerpo más o menos organizado (y soy traductor profesional) no pueden, evidentemente, hacer otra cosa con el esperanto que echar sapos y culebras contra él, ya que algo como el esperanto, sobre todo en plan más científico y menos sectario, arruina nuestro negocio de traductores e intérpretes, al igual que el euro ha arruinado el negocio de los cambistas de moneda en Europa y otras grandes zonas del mundo. Cuando lingüistas, traductores y demás fauna profesional de los idiomas decimos que la pluralidad de lenguas es una gran riqueza cultural... ojo con lo que decimos. Para empezar, nuestra cháchara favorecedora del multilingüismo activo suele callar que, para el hablante medio, el aprendizaje a fondo de una lengua muy distinta a la que habla por socialización familiar infantil es algo bastante desagradable, a lo que en general el hablante solamente se presta por fuerza mayor. Seguro que, cuando el hablante medio tiende a evitar aprender lenguas adicionales, y que, cuando puede limitarse a aprender una sola lengua adicional no aprende dos de ellas, ni tres, tiene razones importantes para hacerlo, y que no es el tontito ignorante en materia lingüística al que van (con desinterés propio y magnanimidad) a desasnar, a sacar de su error, los áulicos filólogos, traductores, intérpretes, profesores de idiomas, etcétera, como yo. El corporativismo me repatea mucho. ¿Se nota?
Lo importante en la vida del individuo es la felicidad. Su felicidad. ¿Puede un individuo percibir realmente la felicidad (o la desgracia) de otro? En realidad, no; solamente el propio yo es cognoscible cabalmente por percepción directa, y todo lo que se piense de los demás yoes es meramente inferencia con cierta probabilidad en el mejor de los casos. Claro que está claro que un negro pobre al que se trata mucho peor que a un perro rico, es más desgraciado que un negro rico y famoso que ya se ha convertido (cosa muy diferente) en un respetable hombre de color. Mas, incluso en un caso tan claro, que no deja resquicio a la duda, si lo juzgo así, juzgo a tal desgraciado negro pobre por lo que a mí me pasaría en una situación similar. O sea: de todas todas, el propio ego o el propio yo es el centro inevitable de toda valoración real sobre lo que verdaderamente importa.
Naturalmente que no quiero que los negros sean pobres, ni que lo sean los blancos. Naturalmente que considero que la pobreza es un horrible estado de cosas totalmente erradicable. Ahora bien, mi valoración sobre este asunto nace de mi yo, y no puede nacer de ninguna otra fuente. Es decir: en el fondo, no quiero que haya pobres porque puedo yo mismo, si hay pobres, caer o recaer en la pobreza, mientras que si ninguno de los otros hombres es pobre, tampoco lo seré yo. Mis intereses, mi valoración de lo que me importa en la vida, siempre están al fondo de todo esto. Por mucho que lo que acabo de exponer les cause dolor de muelas a los altruistas, abnegados, filántropos desinteresados y demás sinceros partidarios de desatender las propias necesidades. Soy arqueoindividualista, luego soy egoísta; y estoy orgulloso de ser inteligentemente egoísta. El autosacrificio me cae tan bien como una manada de jueces y abogados.
Y ahora preguntaréis: bueno, ¿qué propones en concreto para erradicar totalmente la pobreza entre los seres humanos?
Creo que ya lo he dicho en líneas generales: disminuir radicalmente la natalidad, la población total y la densidad demográfica hasta llegar a una situación poblacional humana estable y sostenible en lo ecológico, lo económico, lo social y lo cultural. Una población demasiado escasa (inferior a ciento cuarenta mil hombres y mujeres en todo el planeta) tampoco es lo ideal; no propongo la extinción de la especie humana, sino su equilibrio con las demás especies de seres vivos en este planeta Tierra.
El plan es disminuir la población en un uno por ciento anual, aproximadamente, y así llegar en cincuenta o cien años (incluso en doscientos años; no es un asunto para ir alocadamente deprisa) a una densidad demográfica óptima.
Como no faltará el típico imbécil que ya me ha acusado de pretender un gigantesco genocidio, aclaro tajantemente a tal imbécil (que no se callará por eso de soltar imbecilidades, seamos francos) que nunca es lícito matar a un ser humano, salvo en legítima defensa física; caso que no se da con la superpoblación. Solamente es lícito acabar con la superpoblación disminuyendo la natalidad. ¿Me entendéis, oh imbéciles malintencionados que leéis estas líneas?
El caso es que el imbécil mencionado, de refilón, apunta involuntariamente al problema de fondo. Si bien desde la clara razón este problema de la pobreza es tan transparente como su solución inteligente, el mero hecho de exponer las cosas tal y como son levanta, invariablemente, las iras del mencionado imbécil. Y no está solo. Hay millones incontables de imbéciles como él, que se ponen rojos de ira ante las propuestas de limitar la natalidad de las parejas.
¿Y por qué? Pues, sencillamente, porque ni él ni los muchísimos sudras (hombres de casta inferior) como él pasan del pensamiento desiderativo, tan bien descrito por Freud (pronunciación: Froid). Tales sudras se rigen por el principio del placer; no han llegado a formar un verdadero ego que distinga entre la realidad y el deseo placentero. Si no se pasan de la raya, solamente es así por miedo físico a consecuencias nefastas físicas evidentes, o a castigos jurídicos y sociales ineludibles. Son la clase de gente que, una y otra vez, aparcará en lugar indebido el coche y, cuando le llegue la multa correspondiente, cargará con inútil derecho al pataleo contra el guardia de tráfico que, "por cinco tristes minutos y en un lugar donde el coche no entorpecía el tráfico", le ha puesto la multa. Como mucho, el tal pícaro automovilístico espaciará su próxima infracción de aparcamiento, hasta que la tentación pueda más que su nada ética prudencia adquirida a golpes judiciales contra su propio bolsillo. Un sudra así se considera un santito que nunca tiene la culpa de nada; es la norma la que está mal hecha, o es su agente ejecutor el que siempre la aplica indebidamente. Bueno, en el fondo ni él mismo se lo cree, pues si se lo creyera promovería la modificación de la ley o el recurso judicial correspondiente. Pero sabe muy bien que, efectivamente, ha aparcado en lugar prohibido, como Adán y Eva sabían que se habían comido la fruta prohibida, y que si se hubieran comido cualquier otra fruta del Edén, en el Edén seguirían hasta el día de hoy. Lo digo en sentido simbólico, pues nunca existieron literalmente Adán y Eva, aunque probablemente sí que existieron los primeros cromañones (hombres del tipo actual) en una área africana muy cercana a la zona mesopotámica donde, según el relato bíblico, se encontraba el Paraíso de Adán y Eva.
Al final, el mismo imbécil que injustamente me acusa de genocida, es el mismo imbécil que intenta aparcar en lugar indebido su coche; o, desde el poder político, forrarse cobrando comisiones ilegales por contratos en obras públicas pensando que nunca lo van a pillar... hasta que lo pillan. Es el mismo imbécil que, dentro de la cárcel o fuera de ella, se empapuza de cocaína o alcohol diciéndose a sí mismo que una cosa tan placentera no le puede hacer daño, hasta que aparece reventado efectivamente por intoxicación etílica o sobredosis de cocaína; con lo cual si es un juez, abogado o fiscal, pues por lo menos ya nos hemos librado de su corrupción togada. Todos éstos, pues, se pasan de la raya de cocaína o de otras rayas.
Mas mi escuela filosófica, el arqueoindividualismo, se llama también movimiento de las rayas rojas. Y es que, para empezar, el arqueoindividualismo afirma que hay, desde lo más burdo material o sensorial a lo más sutil y espiritual, unas rayas rojas que no es lícito ignorar, despreciar o quebrantar pasándose de las rayas.
Eso es constituir un ego, un yo sano y objetivo. Eso es pasar del principio del placer al principio de la realidad. El camino regio a la felicidad empieza ahí.
Y la raya roja entre ser ricos y caer en la pobreza es, insisto, la superpoblación. No nos pasemos de la raya: no superpoblemos este planeta, despoblémoslo prudentemente si ya lo hemos superpoblado (que lo hemos superpoblado tremendamente ya, sí) y de este modo, sin pasarnos de la raya demográfica, todos seremos ricos.
Casi termino: este texto ultrapolémico va a foros de debate, claro que sí. Como ya estoy cuerdamente intolerante ante los insultos y ataques personales, anuncio de antemano que, al más mínimo insulto de quien conteste a esto, lo voy a pasar por alto completamente, o sea que perderá su tiempo si me quiere hacer críticas, observaciones o preguntas. Eso no quita para que, llegado el caso, cualquier lector opine honradamente que este mensaje es una gran majadería. Si lo opina, sin ningún ataque personal contra mí, tendré en cuenta sus argumentos y aceptaré dialogar con él. La discrepancia radical es normal y fructífera en filosofía, sí. En cambio, el ataque personal es abominable, y erradicarlo empieza por hacer oídos sordos a quien lo practique. Ese hacer oídos sordos al incívico es mano de santo, como podéis comprobar. Y el incívico es, casi siempre, un cobarde anónimo que se manifiesta con seudónimo.
Dicho de otra manera: quien considere seriamente que en este planeta cabemos treinta mil millones de seres humanos, o cien mil millones, siendo todos muy ricos y con un ecosistema limpio, sin nada de contaminación, que me lo argumente. Seguro que su argumentación chocará frontalmente con la mía; mas, si la hace cortésmente y sin insultos, sin ataques personales, me toca de cabeza a cola leer su argumentación, tenerla en cuenta y replicar racionalmente.
Pero apuesto doble contra sencillo a que tal discrepante radical y elegante de mis tesis sobre la relación entre pobreza y superpoblación... discrepará con su nombre de verdad; no utilizará un vil y cobarde seudónimo.
Y ahora sí que termino. Gandhi dijo: sé tú mismo el cambio que quieres ver en el mundo. Si lo anterior no es mera elucubración, es aplicable y se puede colegir mucho de lo que implicará.
Efectivamente. Este texto ha sido redactado durante el paso del año 2017 al 2018 en una habitación de una conocida localidad turística costera española, Benidorm; ciudad donde dispongo, durante unas horas al año, de un ordenador que cumplirá pronto veinte años de antigüedad. Dado que Windows XP, en realidad, es el Linux de quienes quieren aprovechar ordenadores viejos de este tipo sin complicarse la vida, hace tiempo que he preparado una instalación hecha en Windows XP para este ordenador, incluyendo copia de seguridad de toda la instalación. A la hora de escribir con el ordenador, es poco lo que se necesita: un procesador de textos que grabe automáticamente lo que se va escribiendo, en un formato compatible habitual, y con un sistema de transmisión (aquí, el típico estándar USB para lápices electrónicos o discos duros externos) que permita traspasar información de este ordenador al exterior y viceversa. Este aparato funciona cómodamente y no da signos inminentes de fallo grave. Podéis alegar que todo esto es una racionalización de mi incapacidad económica para adquirir un ordenador con acceso internético y que no dependa de los obsoletos disquetes cuadrados para operaciones de emergencia, a lo cual digo que, para lo que necesito (y puedo pagar) me llega y me sobra con este aparato. La conexión internética permanente no es necesaria ni recomendable; y, de hecho, para reflexionar, para escribir, hay que estar desconectado de un flujo incesante de mensajes y requerimientos. La creación sólida exige... silencio. Luego, creada la idea, tiempo habrá de comentarla y mejorarla. Lo mismo si quiero pintar un cuadro en un ordenador.
Mi conducta, si se generaliza, lleva a la ruina del sector industrial informático. Mas el estado de cosas que preconizo no busca el dinero, sino la riqueza, cosa muy diferente. Ser rico en ordenadores no es pagar o cobrar dinero por ellos, sino tener ordenadores potentes y que permitan disfrutar usándolos. La producción en un mundo donde todos seamos ricos ha de ser duradera, de gran calidad y ecológicamente limpia. Así quiero dar ejemplo del cambio que pretendo en el mundo.
Cordialmente, de Alexandre Xavier Casanova Domingo, correo electrónico trigrupo @ yahoo . es (trigrupo arroba yahoo punto es).

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Cordialmente, de Alexandre Xavier Casanova Domingo, correo electrónico trigrupo @ yahoo . es (trigrupo arroba yahoo punto es). La imagen del avatar gráfico es una fotografía que me identifica realmente, no retocada, tomada en septiembre del año 2017.


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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com
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