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 Asunto: Re: Axiomas o principios fundamentales
NotaPublicado: 12 Sep 2017, 20:54 
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Registrado: 19 Ago 2014, 04:56
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martesk escribió:
Hola Tachikomaia,

dices cosas sorpendentes, que somos la luz y no la bombilla


Considero que ha sido una excelente analogía. Así como el fenómeno eléctrico y lumínico es algo distinto que el filamento y otros materiales que componen el foco (bombilla) así la consciencia no se verifica que sea idéntica a las neuronas. Las neuronas ocupan lugar en el espacio, se pueden medir, ver, se pueden mojar y quemar, tienen peso. La consciencia no.

¿qué opinas?

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"En el umbral del palacio de Zeus hay dos tinajas llenas de destinos: una de buenos y la otra de malos" (Homero).


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 Asunto: Re: Axiomas o principios fundamentales
NotaPublicado: 13 Sep 2017, 06:34 
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Hola Sócrates.

Completamente de acuerdo en que es una excelente analogía. El tema de la conciencia me parece muy similar al de las emergencias, bueno, es una emergencia más. La vida es algo distinto de la materia inerte aunque la requiere como base, igual que la conciencia es algo distinto de la materia biológica que somos, aunque desde el punto de vista del materialismo de la ciencia, requiere la materia biológica como base. Es una cosa extraña que la conciencia sea la luz de la bombilla. Me pregunto: ¿qué queremos decir con que la conciencia es inmaterial? Tomada estrictamente como lo que es en su propio plano lo es, y eso me parece peculiar. Algo se me escapa ahí. Me recuerda un poco al mundo de las ideas de Platón, que no están según él en nuestro plano de lo sensible.

un saludo.


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 Asunto: Re: Axiomas o principios fundamentales
NotaPublicado: 14 Sep 2017, 13:25 
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Registrado: 08 Feb 2012, 00:46
Mensajes: 1232
Saludos de nuevo, Elansab.
Dices lo siguiente.

"Saludos, Alexandre.

Dices, Alexandre: “Explicaré ahora las paradojas de lo que sí he dicho.
Tú mismo apuntas, y en esto vas por buen camino, que posiblemente las leyes físicas que funcionan en un plano de la realidad no funcionen en otro plano de la realidad.
Y eso... es verdad.”
Alexandre, es ese “….es verdad” lo que diferencia nuestras posturas. Y nuestras posturas son y serán diferentes porque poseemos diferentes teorías sobre el conocimiento y sus límites. Yo personalmente “CREO” que es verdad, y podría aportar, aunque ahora no vengan al caso, las razones por las cuales creo lo que afirmo. Pero según tu postura, y si no te malinterpreto, no es ya que lo creas sino que además es verdad.
Por cierto, como sabes yo no soy dualista. Por tanto, cuando digo que existen varios planos no estoy diciendo que existan varías realidades sino que existen diversos planos dentro de la misma realidad.
Dices, Alexandre: "La misma física experimental real apunta, y concluye en algunos casos, que hay leyes no idénticas en todas las regiones del universo físico. Un ejemplo clásico reciente es la discusión sobre la constante de estructura fina, que antes se creía la misma para todo el mundo físico y que hoy parece claramente diferenciada en regiones cósmicas y períodos o fases temporales del universo físico.
Esto no impide la fijeza de esta constante, la constante de estructura fina (una constante que caracteriza la fuerza de la interacción electromagnética) para una situación de un período determinado en una región del espacio bien determinada.
La constante de estructura fina, si atinan los físicos en su reciente revisión de esta constante (y los datos parecen indicar que sí que atinan, efectivamente) es pues objetiva y metahistórica... dentro de la amplísima zona espaciotemporal en que no experimenta cambios observables. Por tanto, goza de una objetividad y una metahistoricidad... relativas, aunque muy reales y efectivas."

Ves, Alexandre, eso último es lo que no logro entender de ti. Decir que “goza de una objetividad y una metahistoricidad….relativas” es decir que no gozan de esa objetividad y metahistoricidad. Es que tú colocas la palabra “relativas” y parece que no cambia nada. Pero es que lo cambia todo. Y lo cambia de tal manera que justamente hay que sacar la consecuencia contraria de aquella que pretendes defender.
En cualquier caso, y es lo que yo quería decirte, tú utilizaste ese ejemplo para intentar demostrar que la razón es capaz de dar con verdades objetivas y metahistóricas. Pero es curioso, porque ahora has dado una “pirueta” que no me esperabas y dices que son los científicos quienes darán con esa verdad objetiva y metahistórica. ¿Alexandre, realmente nos estás diciendo que la ciencia puede dar con una verdad metahistórica? ¿Alexandre, tú conoces el método científico?
Lo que nos estás diciendo es que la ciencia podrá asegurar que durante un periodo de tiempo y en una región determinada del espacio se dará una determinada constante de estructura fina. Vale, de acuerdo, supongamos que mañana la ciencia realiza tal afirmación. ¿Habrá dado la ciencia con una verdad metahistórica? Pues no, ni por asomo. ¿Y por qué?
Recuerdas que hace un momento dije “Lo que nos estás diciendo es que la ciencia podrá asegurar que durante un periodo de tiempo y en una región determinada del espacio se dará una determinada constante de estructura fina”. Pues bien, lo que tenía que haber dicho es “Lo que nos estás diciendo es que la ciencia podrá asegurar que durante un periodo de tiempo y en una región determinada del espacio se dará una determinada constante de estructura fina DESDE UNA DETERMINADA TEORÍA “
Pondré un ejemplo para que entiendas lo que quiero decir. ¿Ha dado la ciencia una verdad objetiva y metahistórica al afirmar que el espacio y el tiempo son relativos”? Pues mientras siga vigente la teoría de la relatividad podemos seguir afirmando, en base a una serie de razones, que el espacio y el tiempo son relativos pero como caiga en desgracia la teoría de la relatividad vaya uno a saber qué nueva postulación se da sobre el espacio y el tiempo.
Alexandre, deberías de saber que el método científico no es verificacionista sino falsacionista. Es decir, la ciencia no demuestra que una determinada teoría física es verdadera sino que trata de discriminar que teorías son falsas. No, la ciencia no nos da verdades sino que nos da muy buenas razones para creer en aquello que creemos. Pero de ahí a que sea verdad va un trecho pero que muy largo.
Por tanto, Alexandre, nunca podremos afirmar que es verdad que las constantes gozan de una objetivad metahistórica. Ni siquiera podremos afirmar que gozan de una verdad metahistórica relativa. Es que para ello tendrías que demostrar que las teorías científicas, en las cuales se encuadran esas constantes universales, son verdades metahistóricas. Si eres capaz de fundamentar que las teorías científicas gozan de una verdad metahistórica entonces cambiaré de opinión pero si no lo logras deberías de reconsiderar tu postura.
Verás, Alexandre, no se trata de dar un repaso por todas y cada una de las leyes que postula la ciencia. Se trata de que nos digas en qué consiste el método científico y cuál es su rango de validez. Créeme, discutir ley por ley no nos lleva a ningún lugar.".

En líneas generales, Elansab, la respuesta a tus objeciones precedentes apunta, técnicamente, a una adecuada interpretación (o filosofía) de la ciencia experimental realmente existente. Y, más allá de eso, y mucho más importante, la respuesta apunta también, sobre todo, al nexo fundamental entre epistemología y ética, ese nexo que afirmo con denuedo y por el cual me vetan los severos profesores en la filosofía universitaria. Es decir: el nexo fundamental por el cual nuestra búsqueda de la felicidad está bien fundada en lo que sabemos, de manera aproximada y progresiva pero no ya nula ni del todo dudosa, sobre la naturaleza de la realidad.
En general, los propios científicos experimentales hacen una interpretación realista crítica de su actividad y de los resultados de tal actividad. Piensan, así, que su actividad, la ciencia por antonomasia (experimental) es un acercamiento progresivo, siempre cuestionable y a veces con retrocesos, a una verdad efectiva de la naturaleza. Y que tal acercamiento progresivo no impide, sino que al contrario, exige, que cualquier formulación concreta se pueda poner siempre lícitamente en cuestión, no solamente para corregir errores concretos, sino por buenas razones heurísticas, investigadoras, ya que a menudo una teoría válida contiene puntos oscuros, dudosos o dignos de elucidación... que llevan a verdades más sólidas.
Sí, ya sé que hay interpretaciones de la ciencia experimental mucho más relativistas, escépticas y agnósticas que ésta. Pero pienso que la que doy aquí es, aparte de muy extendida, una interpretación iluminadora, muy práctica... y bien basada en los hechos científicos que conocemos.
Para empezar, en la ciencia de verdad, como opuesta a una seudociencia, los cambios no se dan nunca o casi nunca en plan de vuelta a la tortilla. Eso se dará en seudociencias como la astrología o el Derecho.
Por ejemplo, en el Derecho es común aceptar el sórdido error de que basta la declaración de un testigo, sin pruebas extraverbales, para condenar a un reo. Eso destruye radicalmente la esencia de la justicia penal de verdad, esencia que se expresa en el principio de que quien acusa o declara en contra del acusado es quien tiene que demostrar su declaración de culpabilidad contra el acusado, y en cambio el acusado no tiene que demostrar su propia inocencia para ser absuelto. De hecho no es meramente un error, sino una mentira, y los golfos de los jueces, abogados y fiscales lo saben muy bien. Como es una mentira, tal falacia no se aplica nunca cuando el acusado pertenece a la elite social, con lo cual se generan las tristemente famosas dos justicias penales en el ámbito de estos mafiosos de la toga: la justicia con plenas garantías (respeto absoluto del principio de carga de la prueba o acusación por parte del acusador o declarador en contra del acusado) para los privilegiados, y la justicia reducida a farsa con mera declaración en contra del acusado pringado por parte de un testigo de la clase social privilegiada, con la correspondiente condena automática del pringado inocente. Cuando la lucha de los perjudicados por la perversa práctica de las dos justicias penales pone a los jueces, abogados, etcétera, ante la probabilidad de perder la vida, el poder político o los ingresos (el caso de Rodney King es paradigmático en la Historia penal reciente) rápidamente dan la vuelta a la tortilla de la teoría penal... y aplican las garantías plenas, o sea el principio de carga de la prueba para el acusador, cuando el acusador es un poderoso y el acusado un pringado, no sea que el pringado y los demás pringados alzados en armas o casi, les vuelen rápidamente la cabeza a los profesionales de la toga que antes aplicaban la teoría de muy distinto modo. Eso no acaba con la cuestión, pues está claro que estos mafiosos con toga y birrete volverán a aplicar (por lo menos, a intentar aplicar) la siniestra práctica y teorización de las dos justicias penales en cuanto sepan o crean saber que los pringados vuelven a ser débiles. A fin de cuentas son mafiosos togados, y los mafiosos ni son honrados en la práctica ni son honrados en la teoría. Por eso su expulsión definitiva del poder es lo que inaugurará una nueva era de justicia penal, ahora limpia y con garantías, sin jueces y fiscales inamovibles, sino por el contrario elegibles y destituibles periódicamente por sufragio universal.
Como hemos visto, Elansab, el Derecho es una trapacería teórica, un fraude epistemológico, una seudociencia que no se confunde con la teoría de la justicia disuasoria de los delitos comunes graves. Y, por eso, en el Derecho se dan estos vaivenes teóricos continuos; tan pronto se demuestra que basta la palabra en contra de los testigos para condenar a un reo, como que no basta y además debe haber pruebas independientes de esas declaraciones acusatorias.
En la astrología, otra seudociencia como el Derecho, las supercherías son de otro tipo, claro está, mas también son supercherías continuas y dadas a vaivenes teóricos que no dejan títere con cabeza de la teoría anterior... y que no aportan solidez cognitiva ninguna. Por eso el típico astrólogo oscila, según la ocasión y su conveniencia, entre afirmar que la influencia de los astros es muy poderosa, y afirmar que es muy débil, y que cualquier persona que no sea medrosa se sobrepone fácilmente a esa influencia astral. Es la superchería seudocientífica del astrólogo con su varita y su mapa zodiacal, como es la superchería seudocientífica del juez con su toga y su birrete.
Un químico, un físico, un biólogo o un informático no son unos farsantes como un astrólogo o un abogado. Hacen ciencia, y por eso sus teorías tienen un carácter muy distinto.
En la ciencia experimental real, las teorías que han gozado de reconocimiento durante un tiempo considerable, no se niegan de cabo a rabo, sino que se matizan o superan con teorías más amplias y exactas, cosa bien diferente.
Las teorías cambian, sí. Por ejemplo, un caso paradigmático en la Historia de las revoluciones científicas es el paso de la física clásica niutoniana a la física relativista ainstainiana. Notemos que Newton se pronuncia aproximadamente como Niuton y Einstein aproximadamente como Ainstain.
Siendo tan diferentes ambas teorías físicas sucesivas, ¿niega totalmente la física ainstainiana a la física niutoniana? No; por el contrario, reconoce su validez en el ámbito de las bajas velocidades y las distancias pequeñas (subplanetarias en general, para el planeta Tierra). En distancias interplanetarias y con velocidades cercanas a la velocidad de la luz, la física ainstainiana establece que la física niutoniana es insuficiente.
Y, por semejantes razones, las sucesivas definiciones científicas de metro, litro, quilogramo o segundo no arrumban las viejas definiciones, pero cuando hacen falta cálculos nuevos muy precisos, los metrólogos demuestran que la precisión de las antiguas definiciones ya no es suficiente.
Como bien sabe Kuhn, las revoluciones científicas no son informes, tienen una estructura que se puede investigar y se ha investigado. Y, por eso, su dinámica general es una dinámica de evolución o incluso revolución... en la continuidad.
No podrían ser así estas revoluciones científicas si no se refirieran a una naturaleza que persiste y que es cada vez mejor conocida. Incluso el célebre y escandaloso caso del paso en astronomía de la teoría geocéntrica a la heliocéntrica, aparte de los conflictos políticos y religiosos locales, no rompió con la validez descriptiva local de la teoría geocéntrica, sino que estableció una verdad más simple, general y predictiva a la hora de describir los movimientos mutuos de la Tierra, la Luna, el Sol y los demás planetas y satélites hasta entonces conocidos. Por eso, a pesar del triste caso de Galileo, los astrónomos de zona protestante, judía, musulmana, deísta, etcétera, o sea no sometida a la autoridad política católica, aceptaron de inmediato la nueva y más válida teoría... que al poco tiempo, predominó también entre los astrónomos católicos, y las amenazas de excomunión se fueron a la porra tras el descrédito que la condena de Galileo arrojó contra el Vaticano.
Y, en biología, aunque los simplistas y los mal informados (que no verdaderos biólogos) hablen con ínfulas de que la teoría de la herencia de los caracteres adquiridos según Lamarck fue refutada por la teoría de los caracteres modificados solamente por cambios en el genoma según Darwin, Mendel, Morgan y otros, lo cierto es que la nueva teoría, la teoría de la formación del fenotipo por cambios azarosos en el genotipo bajo presión selectiva evolutiva del entorno ecológico, no eliminó totalmente la posibilidad del mecanismo lamarquiano, sino que lo redujo mucho en lo observable; y, bastante después, se observó que ciertos mecanismos biológicos sí hacen más posible o incluso probable la modificación del fenotipo en la descendencia por cambios fenotípicos en los progenitores, o por la acción del medio ambiente en el desarrollo del fenotipo y en el modo de actuar del genotipo (la epigénesis moduladora en el genotipo). Claro, nada de esto avalaba la superchería seudolamarquiana de Lisenco en la Unión Soviética... quien pretendía, Lisenco, una típica vuelta a la tortilla que arrumbase al mendelismo, como si la biología de la herencia fuera una superchería al estilo del Derecho o de la astrología. No: las teorías de la herencia biológica, como era de esperar, siguen desarrollándose por evolución o revolución en la continuidad.
La evidencia histórica de este típico proceso en la ciencia experimental no puede ser casual. Y su interpretación más plausible es que hay una aproximación sucesiva cada vez mejor a la verdad objetiva de la naturaleza observable. Desde sucesivas teorías que van a afinar cada vez más.
He dicho, por otra parte, que mucho más importante (aunque no disociado de lo anterior) es el enlace esencial entre ética y epistemología como respuesta a tus objeciones del momento.
Y es que hay cosas que sabemos ya muy bien. Sabemos, sobre todo, que queremos ser felices y que es el yo de cada quien el que puede ser feliz, ya que sin un yo no puede haber felicidad (ni desgracia, claro está). Luego, la neurofisiología, la sicología, la etología, la sociología, la Historia, la neuroteología y otras ciencias matizarán todo esto. Pero matizar no es negar. Esas ciencias no nos van a decir que, en realidad, no queremos ser felices, ni que puede haber felicidad sin un yo que la disfrute. Lo que permiten estas ciencias es discriminar más finamente lo que es el yo de lo que no es el yo, y descubrir los métodos que, causalmente, permiten aumentar de modo estable la felicidad del yo. Cosa bien distinta de negar al yo o a la felicidad.
Y, sí, ya sé que Jvahn/Juan Zuluaga, y muchos como él, niegan sustancialidad, seriedad y contenido a conceptos como el yo o la felicidad. Mas, en cuanto se los aprieta a que expliquen por qué... se callan.
La filosofía está, como cosa muy principal, para llevar la contraria racionalmente al interlocutor.
Así que, si alguien alega que la búsqueda preferente de la felicidad es indigna de un hombre maduro, alegación nada rara por cierto entre los severos profesores... pues bueno, que esos severos profesores den sus alegaciones ante un hedonista a machamartillo, ante un practicante decidido de la eudemonología que, entre otras cosas, prefiere el arrobo en la meditación espiritual al placer sexual... y que se sigue considerando, incluso así, un hedonista radical. Que aleguen contra la felicidad ante mis barbas, vamos.
Yo, por mi parte, empezaría por decirles que, ante el infierno de los jueces, los abogados, los políticos, los banqueros, los recaudadores de impuestos y la superpoblación estoy hasta los apéndices nasales y que se puede, y se debe, construir un mundo mejor. Un mundo donde no tengamos que competir frecuentemente, de modo abierto o solapado, unos contra otros. Un mundo donde respirar tranquilos.
Entonces, Elansab, llega la capital distinción entre información exhaustiva e información suficiente.
Si a Kant le hubieran dicho que llegaría un tiempo en que, usando la energía de los rayos y las propiedades de ciertos metales y cristales, el propio Kant podría escribir en una pantalla luminosa usando un teclado como el de algunos instrumentos musicales (pero más pequeño) y que podría guardar lo así escrito en unos discos de metal, así como imprimirlo en pequeñas y ligeras máquinas, no se habría extrañado, pues estaba al tanto de las posibilidades que se abrían en metalurgia y maquinaria. Kant sabía que para lograr eso se necesitaba una información no exhaustiva mas sí suficiente sobre la naturaleza de los materiales, fenómenos y procesos necesarios.
La Prehistoria de la informática ya existía en vida de Kant. Convencionalmente, de modo arbitrario pero no caprichoso, se suele datar la Historia de la informática en los años 1982-1983, esencialmente porque en 1982 surge el primer sistema operativo de uso masivo, popular y abierto, el Microsoft Disk Operating System (MS-DOS) con los prácticos disquetes cuadrados de 9 centímetros (3'5 pulgadas) de lado, a lo cual se suman el paso en 1983 de Internet a usos civiles generales (ya no ligados al mundo militar estricto) y el surgimiento, también en 1983, del primer sistema operativo precursor de Linux. Naturalmente, podemos establecer el comienzo de la Historia de la Informática un poco antes, en los años 1977-1978, con el surgimiento en hardware del relativamente popular ordenador Apple II y, en software, del también popular procesador de textos WordStar; si no se suele hacer así, es porque los precios prohibitivos de estos productos y la imposibilidad de producirlos o copiarlos masivamente (las patentes lo impedían) no permitían el surgimiento realmente social de la informática. A partir de 1982, sí, teniendo en cuenta además que la empresa IBM permitió ya en 1981 la difusión legal pública de su estándar de fabricación para ordenadores personales, sin restricción de patente. La empresa Microsoft, en el mismo período, hizo masivamente la vista gorda a la copia no autorizada (y a la investigación) de su software, como estrategia de introducción en el mercado, todo lo cual hizo masivo el uso de ordenadores y programas para ordenador.
Llegados ya pues a este punto, año de 1983, ¿teníamos información exhaustiva de las propiedades del silicio, de la compatibilidad entre órdenes de sistema operativo y dispositivos electrónicos, de la manejabilidad y la coherencia de los programas, las aplicaciones y su integración mutua? No, y seguimos sin tenerla.
Y, sin embargo, hoy manejar varios sistemas operativos a la vez en el mismo ordenador, sin tener que encenderlo y apagarlo, así como utilizar hoy programas incompatibles con el sistema operativo de inicio del ordenador, programas no concebidos para ese sistema operativo, es un hecho casi banal, para el usuario entre medio y avanzado.
La información para obtener ese resultado mágico no era, no podía ser, no tenía por qué ser, exhaustiva. Lo que faltaba era la información suficiente. Información sobre cómo estos sistemas operativos y programas podían ser ejecutados simultáneamente en el marco de un programa general (el emulador) que contuviese en memoria de trabajo las instrucciones integradas de esos sistemas y programas. También faltaba la información de cómo construir unos procesadores físicos tan rápidos y potentes como para lograr ese resultado; y, claro está, unos medios de almacenamiento de datos miles de veces más capaces (y mucho más rápidos) que el clásico disquete cuadrado de nueve centímetros de lado.
A finales del siglo XX se logró esta información, y justo en su comienzo, año 2001, ya había buenos programas de virtualización disponibles en el sistema operativo más popular con mucho, Windows. Y varios de estos programas se utilizaron gratis de hecho o de derecho.
No necesitáis aquí hacer un curso de iniciación a la informática profesional para saber que el acopio de información para obtener el resultado necesario era enorme. Por tanto, había que discriminar qué información era pertinente y en qué condiciones esa información era utilizable. De lo contrario, la virtualización no hubiese funcionado, o lo hubiese hecho muy mal.
La ventaja fundamental de la virtualización consiste en tener disponible todo tipo de programas útiles en el mismo ordenador, y simultáneamente o casi. Y el trabajo hecho en condiciones de virtualización se puede copiar fácilmente a un entorno real, o sea físico, guardando los datos en copias de seguridad, habitualmente discos duros externos enchufables y desenchufables al momento.
Tan ambicioso proyecto se realizó, no con información exhaustiva, sino con información suficiente y bien seleccionada; con criterios válidos de aplicación que, necesariamente, respondía a cierto conocimiento básico de cómo eran y funcionaban realmente las cosas de la informática.
Salto ahora de la informática a la ética.
En la virtualización informática, el objetivo era y es hacer correr, sin necesidad de apagar o reiniciar el ordenador, programas y sistemas operativos diferentes o incluso incompatibles en principio con el sistema operativo principal de inicio. De modo muy paralelo, en la ética el objetivo era y es lograr la felicidad del yo. La ética, concebida materialmente (en sus contenidos) como eudemonología, la ciencia teórica y sobre todo aplicada de la felicidad (en paralelo, de nuevo, con la informática, la ciencia teórica y sobre todo aplicada de los ordenadores) es, a juicio de mi escuela filosófica, el arqueoindividualismo, el núcleo esencial de la filosofía. Si sacamos a la luz los medios y procedimientos para ser realmente felices, hemos tenido éxito, en lo esencial, con nuestra labor filosófica; somos grandes filósofos si logramos tan ambiciosa meta.
Y el principio, cualitativamente, es el mismo: obtener la información suficiente sobre la naturaleza del asunto, aquí el yo y su felicidad. Eso implica unos criterios tentativos, experimentales claro está, pero en los que no se avanza totalmente a ciegas, sino orientados por la experiencia anterior, la coherencia interna y los nuevos hallazgos. Tales criterios para discriminar entre la información suficiente y la información superflua permiten seleccionar la información interesante y plausible o probablemente verdadera. Y esto, a su vez, permite investigar en qué condiciones esa información ya reconocida como pertinente es utilizable en la práctica. Cuestión de ciencia teórica y sobre todo aplicada; de ingeniería.
Este proceso nos permite una aproximación sucesiva cada vez más atinada y, por usar una palabra que hoy es tabú entre los severos profesores relativistas y escépticos, más verdadera a la felicidad. Del mismo modo que sabemos, y no meramente suponemos, que atiborrarse de drogas duras como el alcohol y la heroína da una falsa felicidad, sabemos también que, en cambio, el proceso complejo, crítico y experimental que acabo de esbozar da una verdadera felicidad, aunque todavía no sea completa.
Notemos un rasgo nada trivial de la felicidad como experiencia: la felicidad es cognitiva; implica, cuando se da, un conocimiento real de la situación en la que se es feliz.
Podéis criticarme e intentar refutarme, claro. Y, si no hay ataques personales en medio, eso es lo propio e interesante en el diálogo filosófico; no soy un predicador que os intenta convertir, sino un filósofo, matiz en el que no se insistirá demasiado, teniendo en cuenta que el arqueoindividualismo, al igual que las sospechosas Iglesias institucionales, trata abiertamente temas metafísicos y religiosos.
Ahora bien, ¿me diréis en serio que los arqueoindividualistas, pese a nuestros denodados esfuerzos eudemonológicos, no sabemos ni siquiera ser felices?
En resumen: sostengo que es posible una aproximación relativa mas no nula, una aproximación efectiva progresiva y por tanto cierta, a la verdad de la felicidad del yo, para conocer esa verdad y, sobre todo, para utilizarla, para ser realmente felices.
Y no es un invento de anteayer. Ya Lao Tse y Epicuro atinaban parcialmente a la hora de acercarse racionalmente a la felicidad.
Cordialmente, de Alexandre Xavier Casanova Domingo, correo electrónico trigrupo @ yahoo . es (trigrupo arroba yahoo punto es).


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 Asunto: Re: Axiomas o principios fundamentales
NotaPublicado: 14 Sep 2017, 17:27 
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Mensajes: 4929
Hola Alexandre.

Verás, espero que no te moleste lo que te voy a decir pero es que francamente no logro entender tu postura. Yo en este foro poco o nada digo en relación a las creencias que cada uno sostiene salvo en lo tocante a sus fundamentos. A mi, y en lo tocante a un foro de filosofía, lo único que me importa son los fundamentos. Me da igual si alguien es ateo, teísta, marxista o neoliberal. Sino que lo que me interesa es el fundamento último de aquello que defiende. El arqueoindividualismo describirá el mundo presente y el venidero como desee al igual que lo hará un ateo o un creyente católico. A mi poco me interesan esas cuestiones en un foro de filosofía. Pero lo que si me interesa, y mucho, es el fundamento último de todos ellos.

Y es en ese punto donde no termino de entenderte. Hace poco parecías defender que se puede acceder a una verdad objetiva, eterna e inmutable, es decir, a la verdad meta-histórica mediante una intuición intelectual pero es que ahora nos dices: “En resumen: sostengo que es posible una aproximación relativa mas no nula, una aproximación efectiva progresiva y por tanto cierta, a la verdad de la felicidad del yo, para conocer esa verdad y, sobre todo, para utilizarla, para ser realmente felices…”. Es decir, ahora nos dices que no es posible el acceso a esa verdad metahistórica por intelección intelectual sino que la verdad se logra a través de la experiencia histórica. Y claro, yo me pregunto ¿pero cuál es el fundamento del arqueoindivualismo en lo referente al acceso a la verdad?


Última edición por elansab el 14 Sep 2017, 18:26, editado 1 vez en total

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 Asunto: Re: Axiomas o principios fundamentales
NotaPublicado: 14 Sep 2017, 18:13 
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Registrado: 05 Abr 2011, 13:35
Mensajes: 4929
Alexandre, he de reconocer que eres un hombre que predicas con el ejemplo. Y esto que te digo te lo digo sin ironía alguna. Creo que lo que acabas de hacer es un gesto coherente con tus ideas. Pero más allá de tu coherencia he de alabar tu gran valentía.


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 Asunto: Re: Axiomas o principios fundamentales
NotaPublicado: 14 Sep 2017, 19:01 
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Registrado: 04 Nov 2011, 15:00
Mensajes: 6573
Y dale con el fundamento último...

fundamento
nombre masculino
1.
Principio u origen en que se asienta una cosa.

2.
Motivo o razón principal o básica de una cosa.



Principio u origen, motivo o razón...


En la acepción 1 no es "último" sino "primero" de una cosa que existe; en "nuestro" caso, el Universo con nosotros pertenecientes a él. El principio u origen del Universo cabe pensar que alguien lo ha creado o que el Universo ha existido siempre. Como he analizado en otros temas, si la Ciencia demuestra empíricamente que su origen y su existencia no requiere de la intervención de ningún ser sobrenatural habremos encontrado la respuesta a esa primera acepción. Hay teorías a ese respecto pero hasta que no sean verificadas experimentalmente por la ciencia experimental no constituyen el conocimiento que se han razonado en ellas. Hay creencias que dicen que el Universo ha sido creado por un ser sobrenatural, del que no tenemos constancia alguna de su existencia.

En la acepción 2 si solo existe el objeto Universo no hay ningún motivo para la existencia de ese Universo; y la razón humana es la que nos puede llevar a aprehender la realidad de la cosa que existe, que depende de la "cantidad" de razón que se tenga y de la cantidad de información que consigamos extraer de la cosa. Como de el o lo sobrenatural no podemos extraer nada, la razón no nos puede llevar a nada fiable.

En el caso de que alguien se empeñe en que existe un Dios (principio u origen) que haya creado el Universo, a la vista y constancia de lo que le pasa a los seres vivos en este planeta el fundamento (motivo) es el mal y el fundamento último es la muerte. Y nuestra razón, la del ser humano nos lleva a creer que si existe ese Dios creador, o es un malvado, o es poco hábil o nos ha abandonado por razones que desconocemos.

La conclusión no puede ser otra.


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