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NotaPublicado: 16 Nov 2010, 18:51 
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Rango personalizado: Pensador errante
La historia de la verdad religiosa es tan antigua como el hombre y tremendamente variada. La historia de la verdad filosófica, desde Tales en adelante, ha sido larga y tortuosa. La verdad científica, en el sentido moderno, es más bien reciente. Y esta diferencia de edades explica, en cierto modo, el origen de las dos últimas. La filosofía pretendió ser una superación y una protesta contra las supersticiones. La ciencia, a su vez, una protesta y una superación de la metafísica. Ya lo había planteado Comte con sus tres estadios.

Y este intento de hacer las verdades cada vez más exactas revela una sola cosa: Voluntad de Verdad; cada vez más exigentes en esa verdad.

Primero nos conformábamos con la autoridad: el chamán y el sacerdote decían que los dioses así lo habían dicho. Luego, dejamos de confiar en los sacerdotes y nos pusimos del lado de la razón: los argumentos que apoyaban la verdad debían ser lógicos, coherentes y consistentes. Pero luego, quisimos ir más allá y que la naturaleza misma confirmara nuestras verdades. Quisimos ser empiristas, que el universo completo dijera si estábamos equivocados o teníamos razón.

Con esto nos asegurábamos de no estar levantando "catedrales sobre las olas". Y además, era convincente: todos deben estar de acuerdo con nosotros, puesto que la naturaleza misma está de acuerdo con nosotros.

Y con esto creíamos avanzar, creíamos seguir el camino rectilíneo y ascendente del progreso, y servir a la Voluntad de Verdad.

Pero, ¿cuál es el origen de esa Voluntad? ¿De dónde viene ese afán de los hombres por obtener conocimiento, y por sobre todo, conocimiento verdadero?

"Toda la mecánica del conocimiento es un aparato de abstracción y de simplificación que no está encaminado al conocer, sino a conseguir poder sobre las cosas: el ‘fin’ y el ‘medio’ están tan alejados de la esencia como los ‘conceptos’. Con ‘fines’ y ‘medios’ nos apoderamos del proceso (se inventa un proceso que es palpable), pero con ‘conceptos’ de las ‘cosas’ que forman el proceso".

De acuerdo a esto, entonces, el conocimiento y lo que los hombres nos hemos acostumbrado a denominar "verdad" es sólo un medio para alcanzar poder. ¿A qué se refiere Nietzsche con poder? Evidentemente, no al poder de mandar sobre otros: Nietzsche también ve actuar la Voluntad de Poder en que el siervo busque servir al amo más poderoso. Poder aquí significa solamente el asentarse, el asegurar, preservar y poder desenvolver la propia existencia.

Nosotros, "los seres más infelices, delicados y efímeros", hemos inventado el conocimiento para "conservarnos un minuto en la existencia, de la cual, por el contrario, sin ese aditamento, tendríamos toda clase de motivos para huir tan rápidamente…"

Este fragmento no corresponde a "La Voluntad de Poderío", a pesar de todas las reminiscencias que nos trae de aquella obra. Ni siquiera pertenece a los últimos escritos del eremita de Sils-Maria, que ya respiran el aire de su último texto. Esto fue extraído de "Sobre Verdad y Mentira en Sentido Extramoral", el primer ensayo de Nietzsche, quien decidió no publicarlo nunca. Cuando más adelante veamos las implicancias sociales de este texto, tal vez comprenderemos mejor las razones que llevaron a su autor a dejarlo en un baúl que siempre llevaba consigo.

Lo curioso de esta pequeña obra es el arco que forma con la última. Pareciera ser que los fragmentos que componen "La Voluntad de Poderío" no son otra cosa que una profundización, una reformulación de las ideas ya expresadas en ese opúsculo sobre la verdad y el conocimiento.

¿Qué es el conocimiento para Nietzsche en "Sobre Verdad y Mentira en Sentido Extramoral"?

Es sólo "un medio de conservación del individuo". Y además, es un medio que se vale del "arte de fingir; aquí el engaño, la adulación, la mentira y el fraude, la murmuración, la farsa, el vivir del brillo ajeno, el enmascaramiento, el convencionalismo encubridor, la escenificación ante los demás y ante uno mismo, en una palabra, el revoloteo incesante alrededor de la llama de la vanidad".

¿En qué consiste este conocimiento, entonces? ¿Por qué el camino de la verdad, una de las más sacrosantas voluntades de la humanidad, está adornada de tales "virtudes"?

La verdad, para Nietzsche, no existe. No existe ni la verdad trascendente ni la verdad inmanente, a menos que se trate de una tautología carente de valor, mero juego de palabras, "conchas vacías".

La verdad no pasa de ser una "designación de las cosas uniformemente válida y obligatoria", cuyas primeras leyes fueron dictadas por "el poder legislativo del lenguaje". Es decir, por medio del lenguaje, inventamos designaciones para las cosas, creyendo rescatar la esencia, y estas designaciones pasan a ser verdades.

Estas designaciones están formadas por la base del lenguaje, las palabras. Palabras que no son más que la "reproducción en sonidos de un impulso nervioso. Pero inferir además a partir del impulso nervioso la existencia de una causa fuera de nosotros, es ya el resultado de un uso falso e injustificado del principio de razón".

Y esta palabra, mera metáfora de la cosa, " se convierte de manera inmediata en concepto en tanto que justamente no ha de servir para la experiencia singular y completamente individual a la que debe su origen, por ejemplo, como recuerdo, sino que debe encajar al mismo tiempo con innumerables experiencias, por así decirlo, más o menos similares, jamás idénticas estrictamente hablando; en suma, con casos puramente diferentes. Todo concepto se forma por equiparación de casos no iguales. Del mismo modo que es cierto que una hoja no es igual a otra, también es cierto que el concepto hoja se ha formado al abandonar de manera arbitraria esas diferencias individuales, al olvidar las notas distintivas…"

Tal como dice Nietzsche, el criterio para decidir qué rasgos serán rescatados por el concepto y cuáles olvidados es completamente arbitrario. Y para esto basta con señalar sólo un par de ejemplos, tomados de Nietzsche. Catalogamos como masculino al árbol y femenino a la planta. Llamamos a un objeto "serpiente" por el hecho de arrastrarse en el suelo; ¿por qué no aplicar la misma palabra, entonces, a los gusanos?

Estas metáforas, además de arbitrarias, son interesadas: sólo rescatamos en la formación del concepto aquellos rasgos que pueden sernos útiles desde una perspectiva completamente humana.

Y es precisamente esa "hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos" la que sirve de base al conocimiento, a la búsqueda de la verdad, que hasta ahora ha sido considerado como el más desinteresado y altruista de los afanes humanos.

Este es un error, según Nietzsche. El hombre no busca el conocimiento y la verdad por la el sólo afán de conocer, por un impulso de amor a la sabiduría (filosofía) que no tiene nada que ver con apetitos egoístas o individuales.

Antes bien, para Nietzsche, la verdad, desde la época de los mitos arcaicos hasta la metódica y rigurosa ciencia actual, es sólo la busca desesperada de poder. Porque somos los animales más desfavorecidos en la lucha natural por la existencia. No poseemos "cuerno, o la afilada dentadura del animal de rapiña". Nuestro cuerpo no resiste la más mínima comparación con los de otras especies, a no ser por la diferencia abismante entre nuestro cerebro y el de los otros.

Y esa es la única arma de defensa y conquista con que contamos. Nos apropiamos de una cosa cuando la conocemos, cuando podemos emitir juicios "verdaderos" sobre ellas, y además extraemos pautas de conducta de ese conocimiento "verdadero": no vamos a acariciar como si fuese un lindo gatito a un enorme tigre de Bengala, por mucho que se parezcan en algunos aspectos.

Y esta forma de conocimiento se ha mostrado útil y provechoso. Como diría un cristiano, nos hemos convertido en señores de la creación, y hemos logrado dominar hasta el más apartado rincón de nuestro planeta. Pero ese éxito no constituye una prueba, ni de lejos, de que las metáforas que hemos construido de las cosas, en términos de conceptos, y las relaciones que hemos establecido entre ellas, tengan el más mínimo grado de "verdad" en el sentido tradicional del término.

Hasta aquí, Nietzsche no plantea una seria crítica a esta forma de construir mundos. Sólo constata el hecho. Esta lejos de condenar al hombre por tal creación, sino que muy por el contrario, lo ensalza por el hecho preciso de haber creado "un castillo de telarañas que puede navegar sobre las olas, resistiendo el viento". Además, reconoce el valor que tiene el hecho de que el se hombre oculte a sí mismo este oscuro origen de la verdad: así puede vivir con cierta calma, seguridad y consecuencia. Es decir, puede asentar y desarrollar su propia existencia. Poder.



*



La teoría nietzscheana de la verdad, que hemos reseñado aquí de forma muy breve, permaneció oculta por decisión de su propia creador.

Primero, porque se negó a publicar "Sobre Verdad y Mentira en Sentido Extramoral", del cual hemos extraído la gran parte de los fragmentos citados.

Segundo, porque la otra fuente de esta teoría, "La Voluntad de Poderío", nunca fue una obra acabada, entregada por Nietzsche, sino sólo una colección de aforismos ordenados, seleccionados, mutilados y "castrados" por la soeur abussive (la abusiva hermana) y Peter Gast.

¿Por qué dejar esta pieza de su filosofía en las sombras? Precisamente por las consecuencias que tiene.

Si la verdad no es más que una cadena de signos arbitrarios validados socialmente (recordamos que con "socialmente" nos referimos, dentro de la terminología nietzscheana, a los poderosos, que son quienes finalmente imponen sus concepciones a los esclavos), entonces poco importa que Platón hablara de "Ideas puras", que Hegel hablará de "Espíritu Absoluto" o que Fukuyama hable del "fin de la Historia", por ejemplo, puesto que cada uno de ellos tendría siempre razón o estaría siempre equivocado, dependiendo si utiliza los conceptos y sus reglas de forma adecuada o errónea. Y la filosofía y la crítica de ideas no puede remitirse solamente a desmenuzar si las denominaciones usadas por un pensador son válidas y si están relacionadas entre sí de acuerdo a las normas, o no.

Esto hace que el primer ensayo hubiera sido impublicable por su autor. Le habría obligado a callar, "envolverse en su manto y marcharse caminando lentamente bajo la tormenta". Cualquier cosa que Nietzsche dijera después de "Sobre Verdad y Mentira en Sentido Extramoral" sería, como él lo dijo, una colección de metáforas y conchas vacías.

¿Por qué escribió entonces tantos textos? La respuesta esta en la misma naturaleza de estos. Porque "El nacimiento de la Tragedia" y las "Consideraciones Intempestivas" no pasan de ser escritos de carácter académico o simplemente de actualidad. Los ensayos posteriores, desde "Humano, demasiado humano" hasta "El Anticristo", tienen en Nietzsche el derecho a existir plenamente justificado.

Evola crítica que, una vez quitado todo punto trascendente de apoyo, a Nietzsche no le queda en pie nada que le permita preferir al Superhombre por sobre el último hombre.

Esto es cierto, pero sólo a medias.

Al no quedar ninguna referencia trascendente, Nietzsche, quien sí conocía "Sobre Verdad y Mentira en Sentido Extramoral", opta por el único criterio que le queda dentro de su espíritu profundamente vitalista: la existencia biológica del hombre.

Eso le hace preferir al Superhombre frente al último hombre; le hace hablar de Voluntad de Poder; le hace desestimar a los esclavos, al rebaño, a los tchandalas; le hace reeditar el antiguo mito del eterno retorno ("¿Esto es la vida? Pues bien, ¡otra vez!")

Sin embargo, esta también es la fuente de aquella "polivalencia", por así decirlo, que hace que aún hoy, a 100 años de su muerte, cualquier "mozo de cuerda" se aferre a dos líneas de sus textos para presentarlo como precursor suyo.

Eso es lo que hace que aún hoy, a 100 años de su muerte, un mediodía de agosto de 1900, entre los embates de la locura, Nietzsche siga siendo amado, odiado, respetado y temido... pero por sobre todo, incomprendido. --Francisco Martel.

"El hombre necesita la verdad,
un mundo que no se contradiga,
que no falsee nada y que no cambie,
un mundo-verdad…"

Friederich Nietzsche.

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¿Cuantas cosas vienen a ustedes, sin que hagais para su venir, una invocación? ¡Ninguna!

¿Y que hacen los románticos? «Dan».


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NotaPublicado: 03 Dic 2011, 09:52 
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Rango personalizado: Soy un apasionado de la Historia, la Filosofía, la Filología, la Antropología, la Lengua, la Literatura, el Arte y las Ciencias en General. El Saber es mí Mayor Placer.
Desde nuestras perspectivas psicológicas como contenido de nuestros sentimientos y deseos afectivos, se configura imaginativamente el mundo de lo aparente que desvela mejor el sentido de la vida que el tradicionalmente llamado mundo real de la metafísica clásica. Estas perspectivas psicológicas elaboradas al nivel reflexivo de la conciencia, configuran la estructura fluyente y sucesiva del proceso de la temporalidad, al reproducir fielmente la estructura del ser como apariencia, del ser incesantemente cambiante sumergido en la corriente del devenir. Nietasche sólo aceptará como real, grados diversos de intensidad en la forma de reflejarse el mundo de la apariencia, y no un supuesto ser en sí, con el pretexto de constituir y fundar los conceptos abstractos de los metafísicos, y las esencias formales de los teólogos. Estos aspectos, son todos ellos inconciliables con la vida como contenido vivencial en mí. Por otra parte, el ser de los clásicos, con sus atributos de atemporalidad e inmutabilidad, intenta "fijar" tiránicamente el proceso fluyente y azaroso de la temporalidad, aquello que por naturaleza es permanentemente mutable y aparente. No hay, por tanto, verdades absolutas, no hay esencias permanentes, no hay hechos eternos, sólo hay verdades aparentes, relativas a nosotros, para nosotros, según las conciben nuestras representaciones y sentimientos. El mundo aparente transmutado en forma de contenidos psicológicos, (psicologización del ser), es equivalente a la verdad. Si en nuestras representaciones inventivas e imaginativas rechazamos la realidad del mundo aparente, ya no queda ninguna verdad. La verdad se identifica con la apariencia, la vida humana está totalmente sumergida en la contra-verdad y de ahí no podemos salir.

Nietzsche niega la verdad como realidad en nombre de la verdad como apariencia, la verdad de lo eterno e inmutable se niega frente a la instantaneidad de lo presente mutable; no sólo oposición entre pensamiento y ser como ocurre en Kierkegaard, sino rechazo radical de la verdad del ser frente a la verdad de lo aparente. Nietzsche dice sentir vergüenza del concepto de verdad, de esa palabra imperativa y orgullosa, y quiere alcanzar la victoria sin el auxilio de la verdad, derrotada ésta por la vaciedad ontológica de sus falsas objetivaciones, y que será sustituida por la contra-verdad, que ya no va a fundarse en el principio de realidad de las sustancias aristotélicas, sino que será engendrada por la corriente vivencial de nuestras representaciones, por aquel sentimiento subjetivo que obtiene su eficacia creativa y constituidora de realidad, en función de su mayor o menor instinto de "fuerza" como expresión de su voluntad de poder.

El profundo trueque que se produce entre lo real y lo aparente en el ámbito de la realidad, determinará que sea la voluntad quien configure el vacío ontológico dejado por el ser, siendo la voluntad misma la que establezca según sus intensidades de fuerza el criterio de la verdad y de los valores. El querer absoluto de la voluntad reclama el querer ser sin condiciones, sin aquellos límites impuestos por las doctrinas de la trascendencia. Un querer surgido de las propias instancias desiderativas y afectivas del sujeto, al convertirse el deseo como derecho incondicional de la vida, y por la fuerza impulsora de la voluntad de poder, para que la realidad dada, sea así, como lo determine la voluntad, y para que toda configuración de lo real en el ámbito de la inmanencia fenoménica se amolde a este absoluto querer.

Lo esencial es suprimir el mundo-verdad, en cuanto supone el más grave atentado contra la vida, por el mundo-aparente. La expulsión de la creencia en la verdad propiciará la fecunda irrupción del nihilismo nacido de las ruinas del ser, de su radical negación y, por tanto, como afirmación positiva de la nada. El ser como apariencia o, lo que es lo mismo, la nada para el ser, será concebido como fluencia en decurso infinito hacia el devenir, en un "eterno retorno" de la vida. Nietzsche deseaba creer que en su época se estaban fraguando las condiciones para el resurgir de un nuevo futuro, de una nueva aurora para la vida, donde el mundo recobrará su natural sentido, su original inocencia, haciendo inviable la admisión de un universo inspirado en el ser metafísico. Con la aparición del nihilismo como fase transitoria, nos introduciremos posteriormente en la esfera de un mundo radicalmente inmanente, donde la vida, desgajada y liberada de las doctrinas de la trascendencia griego-cristianas, desarrollará todas sus potencialidades y adquirirá su pujante fuerza. Nietzsche afirmará que "el nihilismo es una forma divina de pensar como negación de todo mundo verdadero, de todo ser".

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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com
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