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NotaPublicado: 31 Oct 2019, 17:13 
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Rango personalizado: Filósofo revolucionario desde la tradición metafísica clásica, oriental y occidental.
Ecopoblacionismo y revolución.


Hace algún tiempo que estoy en contacto con la asociación ecopoblacionista estadounidense World Population Balance, pronunciación Uold Popiuléison Bálans. Asociación ecopoblacionista, que no meramente antipoblacionista. Hay en esto un matiz importante, que luego veremos. La dirección internética de esta organización es http://www.worldpopulationbalance.org.
Y he escrito a la asociación. Entonces uno de sus activistas, Alan Ware, pronunciación Alan Uéar, amablemente me ha respondido (en inglés) preguntándome por mis escritos sobre el tema. Ya que muchos de ellos están en este foro internético de filosofía al que ahora escribo, Sofos Ágora, así se lo he indicado. Pero Alan Ware dice que le resulta difícil encontrarlos. Bueno, aparte de que Alan Ware no domina el castellano, lo cierto es que esos textos míos son muchos, muy dispersos y con referencias de cantidad y enfoque muy dispares entre sí, sobre el gravísimo problema de la superpoblación. A eso hay que sumar que el motor de búsqueda interno en Sofos Ágora es deficiente, y que los motores externos de búsqueda, como Google, tampoco son exhaustivos. Lo mejor, como ya le he dicho a Alan Ware, es que yo mismo le envíe por correo electrónico una colección de mis abundantes y constantes reflexiones sobre y contra la superpoblación.
Mas existe un atajo ahora. Puedo redactar un resumen central en Sofos Ágora de lo que pienso sobre la superpoblación, crear un hilo con el mismo nombre de ese resumen, o sea Ecopoblacionismo y revolución., publicarlo en Sofos Ágora y, luego, mandar por correo electrónico una copia de ese resumen a Alan Ware. Así lo haré. Los demás, dentro y fuera del foro Sofos Ágora, podéis copiar y comentar libremente mi artículo.

Para empezar, ¿por qué el título Ecopoblacionismo y revolución.?
Bueno: soy un revolucionario de derechas, y por mucho que esto suela extrañar a quien me lo oye por primera vez, lo cierto es que la revolución no es patrimonio exclusivo o monopolio de la izquierda. Los de derechas somos gente de orden; y, como lo que hoy hay políticamente es desorden, injusticia, hay que hacer la revolución para restablecer el orden y la justicia.
Aquí entra el ecopoblacionismo, o ecologismo poblacional, o ecologismo demográfico. No se trata de un mero antipoblacionismo, según el lema cuantos menos, mejor, como dicen los extincionistas, que abogan por la desaparición de la especie humana. Se trata de lograr un equilibrio demográfico, el cual resulte sostenible ecológica, social, económica, ética y culturalmente para los hombres y las mujeres, como especie zoológica de monos que son.
No todo el ecopoblacionismo es revolucionario, ciertamente. Pero mi ecopoblacionismo sí que es explícitamente revolucionario.
A ver: dejando aparte los crímenes y abusos cometidos en la Revolución Francesa, la Revolución Rusa, la Revolución Estadounidense o Guerra Revolucionaria, la Revolución China, la Revolución Cubana, la Revolución Mejicana, la Revolución Argelina, la Revolución Vietnamita, la Revolución Irlandesa y otras revoluciones, ¿para qué queremos la revolución? Pues está claro: para tener una sociedad justa, rica, pacífica y feliz. Sin pobreza, sin guerra, sin asesinatos, sin pena de muerte, sin tortura, sin nada por encima del hombre, y sin ningún hombre por encima de otro hombre. ¡Y sin impuestos, que son una forma de robo!
Y, para lograr eso, debemos reconocer el gravísimo problema crónico que es la superpoblación, abordarlo, estudiarlo, reconocer sus causas y sus mecanismos, establecer las vías para hacerle frente, poner manos a la obra y, en consecuencia, reducir drásticamente la natalidad y la población hasta estabilizarlas en niveles ecológicamente sostenibles.
Lo primero es reconocer el problema.
Eso, en la situación en la que nos encontramos, ya es revolucionario.
Porque la superpoblación sigue siendo silenciada, negada, ignorada, minimizada o relativizada hasta dejarla sin efecto.
Lo cierto, sin embargo, es que a pesar del discurso laicista o izquierdista sobre la infinita flexibilidad del ser humano y sobre que la educación lo puede todo... hay una naturaleza humana; sobre la que los jueces y los políticos pueden hacer tan poco con sus leyes y sentencias, como sobre las leyes que gobiernan la ebullición y la congelación del agua.
Todos los seres humanos quieren ser ricos, vivir en la abundancia y sin preocupaciones económicas. Por eso, todo régimen político y social que condene a la pobreza o a la precariedad económica a una gran mayoría, provocará frustración y violencia.
Y la superpoblación siempre condena a la gran mayoría a ser pobre.
Da igual, a largo plazo, el sistema político o económico. Las formas y el grado de la pobreza pueden variar según la ideología política y la circunstancia espaciotemporal, pero esa pobreza básica del gentío numeroso, no es evitable bajo la superpoblación.
En un país capitalista como los Estados Unidos, el ciudadano medio sufre precariedad, y hay millones de pobres.
En un país comunista como Cuba, el ciudadano medio también sufre precariedad, y la gran mayoría es pobre.
Ambos países, Cuba y los Estados Unidos, están superpoblados.
Si estalla y triunfa una revolución comunista en los Estados Unidos, la pobreza y la precariedad persistirán. Lo mismo que si hay una revolución capitalista triunfante en Cuba, país que en su momento conoció el capitalismo ya.
En los superpoblados países árabes musulmanes, hay pobreza.
En las superpobladas y católicas Islas Filipinas, hay pobreza.
En la superpoblada Tailandia, que es una monarquía, hay pobreza.
En la superpoblada Birmania, que es una república, hay pobreza.

Los revolucionarios de derechas somos revolucionarios, mas no demagogos. Decimos las cosas como son, aunque perdamos votos o apoyos. Por eso voy a decir algo tan verdadero y tan impopular como lo que sigue.

Si queremos ser muy ricos todos a la vez, tenemos que ser muy pocos.

¿Negará alguien seriamente esto? ¿Presentará alguien un plan viable para que miles de millones de hombres y mujeres sean todos ricos al mismo tiempo? No, padre: eso es imposible.
En conclusión, la población mundial debe reducirse y estabilizarse en torno a una cantidad varios niveles inferior a la actual. Luego, habrá que estudiar y ponderar la cifra. Los más radicales, como yo, proponemos entre ciento cuarenta mil y ciento cincuenta mil habitantes en todo el planeta, en torno a la cifra bíblica simbólica de los ciento cuarenta y cuatro mil justos (144000). Otros estiman que pueden ser algunas decenas de millones; incluso en ese caso, habría cien veces menos población que en la actualidad. Eso se puede discutir y acordar. Lo que no se puede discutir, porque no tiene pies ni cabeza, es cómo podríamos ser, igual que ahora, miles de millones y en aumento demográfico, siendo todos muy ricos, revirtiendo la polución y el agotamiento de los recursos naturales o la biodiversidad, disfrutando de una verdadera democracia como gobierno del pueblo con poder real para todos y no solamente para una minoría explotadora y, en fin, disfrutando de un mundo libre, justo, tranquilo, rico y bello.
Toda revolución verdadera, sea de derechas, sea de izquierdas, pero revolución de verdad, sin demagogia, tiene que empezar proponiendo un plan viable de reajuste demográfico, disminuyendo durante mucho tiempo la natalidad, la población y la densidad demográfica. Hasta llegar a un sabio y decantado equilibrio estable.
Si no, será como suelta sarcásticamente un personaje del escritor estadounidense de ciencia ficción Joe Haldeman, pronunciación You Háldeman, en su cuento La revolución de Mazel Tov. Al final del cuento, el protagonista, un piloto experimentado ya desengañado y bastante cínico mas con cierto poso idealista y renovador en el fondo, exclama una frase siniestra, lapidaria.

Hicimos lo que se hace en toda revolución: quitamos a los hijos de puta que había para poner a los nuestros.

En cambio, quiero una revolución de verdad, que acabe con la opresión, que quite a los opresores su poder de oprimir, pero sin matarlos. Joe Haldeman, por cierto, no era ingenuo en este asunto, y, al igual que otros escritores de ciencia ficción como el famosísimo Isaac Asimov (pronunciación: Isaac Asímov o Áisec Éisemov) tenía bien en cuenta el problema generado por el exceso de población.
Si queremos libertad, paz y fraternidad para todos, hay que eliminar la superpoblación.
Podréis acusarme de antipático... mas no de ambiguo.

_________________
Cordialmente, de Alexandre Xavier Casanova Domingo, correo electrónico trigrupo @ yahoo . es (trigrupo arroba yahoo punto es). La imagen del avatar gráfico es una fotografía que me identifica realmente, no retocada, tomada en septiembre del año 2017.


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NotaPublicado: 31 Oct 2019, 20:45 
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Alexandre Xavier escribió:
el gravísimo problema de la superpoblación
Coincido contigo que el exceso de gente en este planeta es un problema grave, pero no por cuestiones de pobreza o economía, sino por una cuestión estrictamente ética: quien conoce el sufrimiento inocente debe procurar evitar infringir ese mismo sufrimiento en sus semejantes.
Todos sufrimos en esta vida presente, y no queremos sufrir. Pues bien, traer al mundo un nuevo ser humano implica ya infringir sufrimiento en él. Esto que digo es evidente.
Alexandre Xavier escribió:
debemos reconocer el gravísimo problema crónico que es la superpoblación, abordarlo, estudiarlo, reconocer sus causas y sus mecanismos, establecer las vías para hacerle frente, poner manos a la obra y, en consecuencia, reducir drásticamente la natalidad y la población hasta estabilizarlas en niveles ecológicamente sostenibles.
A la ecología no le importamos, ¿por qué debería ella importarnos a nosotros?
Porque la necesitamos para comer y vivir, me dirá alguien. Y yo respondo: si somos pocos, los recursos alcanzarán para todos, tal y como tú afirmarías también, Alexandre.
Alexandre Xavier escribió:
la superpoblación siempre condena a la gran mayoría a ser pobre. (...) Si queremos ser muy ricos todos a la vez, tenemos que ser muy pocos
Me gustaría una argumentación de esto que dices.

En fin, en lo que estamos de acuerdo es que hay que reducir la natalidad, yo diría "impedir" pero comprendo que tú quieras ser más moderado. De todas formas, esto no es cuestión de economía, no es cuestión de ser menos para ser más ricos, porque afirmar que la vida humana de un hombre (vivo o por nacer) esté condicionada y hasta determinada por relaciones económicas y que depende de ellas es sencillamente antiético y reduccionista La vida del hombre vale lo que vale no por cuánta riqueza puede generarse.

_________________
"La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad"


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NotaPublicado: 31 Oct 2019, 21:12 
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Hola, Alexandre

Muy posiblemente conozcas el siguiente artículo pero dejo una parte de él a quien pudiera interesar. El artículo lleva por título: ¿Superpoblación o sobreconsumo? Malthusianismo práctico, exclusión global y población sobrante. Overpopulation or overconsumption? Practical Malthusianism, global exclusion and surplus population

El núcleo del debate

Y así llegamos al núcleo del debate: ¿cómo reequilibrar la relación de sostenibilidad en la era de los límites al crecimiento, cuando la cantidad de recursos disponibles debe ser considerada, en la práctica, como una constante o, cuando menos, como una variable de crecimiento lento e imprevisible?

Sartori y Mazzoleni discrepan de quienes achacan la responsabilidad del desequilibrio de la relación de sostenibilidad exclusivamente al hiperconsumo de los ricos, acusándoles de confundir dos problemas distintos: “1) la desigual distribución de las culpas, y 2) la culpa que tenemos todos por ser demasiados”. Y lo concretan así: “Si en 2020 China llega a los 1.400 millones de habitantes, la contaminación crecería mucho también en China; y si en 2020 el subcontinente indio llegase a 2.000 millones de habitantes, también allí el crecimiento de la población sería catastrófico. Por el contrario, si la población de Estados Unidos se hubiera quedado como estaba en 1930 (123 millones), la contaminación producida por los norteamericanos no llegaría a la mitad de la de hoy”64. La posibilidad del desarrollo de los hoy subdesarrollados adquiere, para los autores italianos, tintes apocalípticos: “Imagínense cuando entren en el terreno de juego 1.500 millones de chinos «desarrollados» que cambian la bicicleta por el automóvil: en 2050 China ensuciará y recalentará la atmósfera más que Estados Unidos”65. El problema no está, según ellos, en que la creciente población china acaba consumiendo como los estadounidenses, sino, simplemente, en que se trata de una población creciente.

Sin embargo, Sartori y Mazzoleni denuncian la existencia de una suerte de conjura mundial dirigida a silenciar esta situación y, en definitiva, a desviar nuestra atención del auténtico problema (la superpoblación) a lo que, siendo preocupante, por carecer de solución deja de ser considerado como problema (el hiperconsumo). Los medios de comunicación son los primeros culpables de esta confabulación para no afrontar el problema, al “preferir”, según ellos, informar sobre la situación de los pobres del planeta en comparación con las sociedades ricas, en lugar de tratar del “crecimiento exponencial de la población en el mundo”, concentrado en esas mismas poblaciones pobres66.

De esta manera los medios de comunicación contribuyen a potenciar un discurso “procreacionista” del que participan desde el Vaticano hasta los movimientos sociales por la justicia global, pasando por agencias internacionales como la FAO y por organizaciones no gubernamentales como el World Wildlife Fund. Todos mudos ante el crecimiento demográfico. “En lo antiglobal, en resumen, hay de todo excepto una cosa: conciencia declarada de que la gran pobreza del mundo es sobre todo hija del exceso de población”67.

Frente a este silencio inconsciente, Sartori y Mazzoleni denuncian especialmente aquellos discursos que no sólo pasan de puntillas sobre el problema demográfico sino que, peor aún, le quitan importancia y proclaman la capacidad del planeta de sostener a una población mucho mayor que la actual siempre que los recursos globales se distribuyan con mayor justicia:

Su argumento es que la Tierra podría quitar el hambre hasta a 10.000 millones de hombres-hormiga, pero que el que tiene comida en exceso no la cede al que carece de ella. Quien razona así, quizás piensa que la comida crece por sí sola en los árboles, y que el viento se encarga de distribuirla sin gastos. La realidad es, en cambio, que el agricultor trabaja y que el alimento que produce cuesta. Si lo cediera gratis, él también se moriría de hambre. Por lo tanto, el alimento que hay que distribuir entre los pobres se paga. ¿Quién lo paga? Para pagarlo en cantidad suficiente habría que duplicar los impuestos de quienes los pagan (no somos tantos, y estamos casi todos en Europa, Norteamérica, Japón y poco más). Y quién sabe si bastaría con eso68.

Así pues, “nuestro problema es de explosión demográfica; de lo que se deduce que para sobrevivir como género humano tenemos que bloquearla”69. ¿Cómo? Mediante la extensión de las prácticas contraceptivas. Es importante detenernos en esta cuestión: Sartori y Mazzoleni se preocupan mucho por afirmar su convicción de que son las prácticas contraceptivas, no la educación o la modernidad, las que reducen la fecundidad: “Parecería que la educación y la modernidad reducen la fertilidad. En realidad las mujeres modernizadas son tan fértiles, si quisieran, como las mujeres premodernas. La cuestión es, entonces, que una mujer instruida sabe usar los contraceptivos mejor que una mujer analfabeta. Pero siempre tiene que usar los contraceptivos. Si no los usa, también su natalidad puede ser salvaje, también ella puede generar veinte hijos”70.

Ciertamente, sin práctica contraceptiva no hay contracepción: se trata de una afirmación de Perogrullo. En este sentido, también es cierto que la educación o el desarrollo sin práctica contraceptiva no reducen los nacimientos. Ahora bien: ¿no hay ninguna relación entre la educación y la mejora de las condiciones de vida y la fecundidad? El argumento de Sartori y Mazzoleni contribuye a reducir nuestra perspectiva de intervención exclusivamente sobre las mujeres pobres fértiles, cuya capacidad de procrear habremos de limitar por medios fundamentalmente químicos (píldora contraceptiva)71. Su educación y la mejora de sus condiciones de vida pueden coadyuvar a la reducción de esa capacidad de procrear, pero no son las variables fundamentales sobre las que actuar. De ahí que toda la responsabilidad de reequilibrar población y recursos caiga del lado de los países más pobres: “La bomba demográfica es casi por entero obra de los países en vías de desarrollo, de Asia, África, América Latina, Oriente Próximo islámico, una inmensa área en la que se concentran países pobres o paupérrimos (con algunas raras excepciones), el llamado Sur del mundo. [...] El 97 por ciento del aumento de población mundial en los últimos años del siglo XX se ha producido en los países menos desarrollados”72. En el marco de este esquema de intervención, las sociedades del Norte debemos desactivar esa “bomba demográfica” mediante la extensión de las prácticas contraceptivas73. No estará de más que facilitemos recursos para promover la educación y mejorar las condiciones de vida de las sociedades pobres, pero no es esto lo fundamental. Lo fundamental no es que los pobres sean cada vez menos pobres, sino que sean cada vez menos.

Así pues no somos responsables de nada y, en realidad, poco importa lo que hagamos. “El aumento de la población se traduce en producción de contaminantes, de basuras, de gases de efecto invernadero, cuya emisión por parte de los países superpoblados está destinada a hacer vano cualquier esfuerzo –otro auténtico quebradero de cabeza con frágiles soluciones- de los países ricos y desarrollados para limitar estas formas de contaminación”74. El infierno, ya lo hemos dicho, son los otros. “Sin embargo –protestan Sartori y Mazzoleni- en Kioto el peso de reducir las emisiones ha recaído en la práctica exclusivamente sobre el Norte del planeta”75. Es cierto que en el Norte es ya técnicamente posible controlar la emisión de gases nocivos, eso sí, con altos costes económicos mientras que “India, China, Rusia (y alrededores) van a chimenea libre y no filtran nada”. La contaminación se está reduciendo en los países más desarrollados, mientras se acelera en el mundo en vías de desarrollo. “Predicamos el desarrollo; pero olvidamos que, a más desarrollo, más contaminación... al menos mientras sigamos sin admitir que un mayor desarrollo tiene que neutralizarse con una menor población”76.

Pero, ¿de verdad no hay ninguna relación de causalidad entre crecimiento demográfico y pobreza? ¿No sería la lucha contra la pobreza una buena manera de combatir ese crecimiento? Frente al planteamiento de Sartori y Mazzoleni, dar mayor relevancia a la mejora de la educación y, en general, de las condiciones de vida de las poblaciones pobres como variables independientes (es decir, aquellas variables cuya modificación genera cambios en la variable dependiente, en esta caso la natalidad) sobre la cuestión demográfica significa: a) reconocer la importancia de intervenciones no sólo químicas (como las prácticas contraceptivas, en todo caso una variable interviniente, que coadyuva, pero no es determinante), sino socioeconómicas, b) para las cuales es fundamental contar con recursos que sólo pueden proceder de los países ricos, c) que se ven así co-responsabilizados tanto de la desactivación (en el caso de que tales recursos sean los necesarios) como de la explosión (en caso contrario) de esa “bomba demográfica”. En términos generales, el trabajo de Sartori y Mazzoleni es un ejemplo canónico de lo que Hirschmann ha denominado retórica reaccionaria, caracterizada por el mantenimiento de tres tesis anti-progresistas:

a) Tesis de la perversidad: toda acción deliberada emprendida con el fin de mejorar la realidad social, política o económica sólo sirve, al margen de las intenciones de sus promotores, para empeorar la situación que se pretende remediar.
b) Tesis de la futilidad: cualquier tentativa de transformación social está condenada al fracaso.
c) Tesis del riesgo: aún cuando fuera posible cambiar las cosas, el costo del cambio es inasumible, ya que hacerlo posible exige sacrificar algún otro objetivo, logro o bien77.

Aunque estas tres tesis suelen presentarse por separado o, a lo sumo, como sucesivos argumentos frente a las propuestas de transformación social, el planteamiento de Sartori y Mazzoleni conjuga todas ellas:

a) Pretender acabar con el hambre facilitando alimentos a los pobres sin combatir el crecimiento de la población no hace sino aumentar el número de potenciales hambrientos y, por ello, el problema del hambre: “Hoy en día más personas que comen se traducen automáticamente en más hambrientos. Y en un ecosistema en colapso que no los puede sostener, los niños que mueren los lleva sobre su conciencia el que los hace nacer”78. Dicho a las claras: “La lucha contra el hambre es un fracaso y no puede ser de otra manera con el crecimiento continuo de las bocas a las que hay que dar de comer”79. Es la tesis de la perversidad.

b) Cualquier pretensión de actuar para reducir el sobreconsumo de los ricos está destinado al fracaso: “Limitar el consumo de energía proveniente de los hidrocarburos para reducir las emisiones de gases del efecto invernadero, no existiendo por ahora fuentes alternativas (excepción hecha de la energía nuclear) capaces de empezar a sustituir el petróleo, equivale –por decirlo en plata- a reducir significativamente los consumos, el nivel de vida y los ingresos de un país y sus ciudadanos. Vaya usted a decírselo a los gobiernos, políticos, industriales, sindicalistas, navegantes, comerciantes, transportistas, automovilistas, etcétera. ¿Cuánto costaría? A ojo de buen cubero, una cifra muy espinosa para comunicársela sin más a los directos interesados, a los contribuyentes, todos entusiasmados por el espejismo –a ambos lados del Atlántico- de pagar menos impuestos, de consumir más, de vender más, de navegar por Internet y de engordar un poco más delante del televisor”80. Es la tesis de la futilidad.

c) Aún en el improbable caso de que se lograra actuar sobre el excesivo consumo de los países ricos (cosa que, en su opinión, sólo podría lograrse quebrando la voluntad expresada democráticamente por la población de estos países), se pondría en riesgo el motor mismo del crecimiento económico, los países ricos dejarían de serlo y, en consecuencia, su posibilidad de ayudar a los países pobres se vería truncada: “El crecimiento y el exceso de riqueza de los países ricos están ligados hoy a su consumismo.

Los Estados Unidos tiemblan cada vez que la consumer confidence, la confianza del consumidor, se tambalea. Y la consigna del desarrollo económico es estimular los consumos. ¿Malo? Sí, quizás malísimo. Pero la máquina funciona así. Y si la paramos denunciando el consumismo, incluso se ralentizará el crecimiento económico. Los países ricos se encontrarán con que son menos ricos. Con un adiós muy buenas, en tal caso, a las ayudas a los países pobres”81. Es la tesis del riesgo. De ahí su inapelable conclusión: “Para las personas de sentido común el problema es que la Tierra está enferma de superconsumo: estamos consumiendo mucho más de lo que la naturaleza puede dar. Por lo tanto, a escala global el dilema es éste: o reducimos drásticamente los consumos o reducimos, no menos drásticamente, a los consumidores”82. Pero el repetido fracaso de todas las cumbres y programas de reducción de los consumos sólo nos permite apostar por la segunda de las vías, la de la reducción de los consumidores; una vía, además, sencilla: “Para bloquear la explosión demográfica basta una píldora (y favorecer su uso en vez de obstaculizarlo). En cambio no sabría cómo persuadir a los pueblos ricos para dar marcha atrás y renunciar a la prosperidad. Tanto más cuanto que los ricos viven en democracias en las que tienen voz y voto, y por tanto en países en los que el que predica semejante pobreza, o algún tipo de renuncias al bienestar, pierde las elecciones”83. No importa que esa reducción drástica del número de consumidores se realice, en su práctica totalidad, actuando sobre las poblaciones cuyo consumo per capita es infinitamente menor. Son pobres, sí, pero además son los otros.

El crecimiento de la población es un factor preocupante, pero lo realmente terrible es el hiperconsumo desigual


Como señala Smil, “estoy convencido de que un crecimiento constante de las poblaciones no beneficia nada a la biosfera... ni a las propias poblaciones”84. Es evidente: el crecimiento excesivo de la población es un gravísimo problema que afecta a las posibilidades de supervivencia (o cuando menos de vida digna) de esa misma población85. Hasta aquí no habría nada que discutir y si esto fuera todo lo que Sartori y Mazzoleni pretenden comunicarnos tampoco habría nada que discutir con ellos. Pero, como acabamos de ver, no es esto todo lo que esos autores nos dicen. La argumentación de los autores italianos acaba por ser tan reduccionista que actúa en la práctica como disculpa para que las cosas sigan como están. Nada hay que debamos hacer desde las sociedades ricas, bien porque no es realista esperar que lo hagamos (reducir nuestros consumos), bien porque aunque lo hiciéramos su impacto sobre el problema sería prácticamente desdeñable. Se trata de una argumentación que, si bien recoge y desarrolla una temática ya planteada desde los años Sesenta, limita su aproximación a la estricta dinámica demográfica, obviando una aproximación más estructural a la cuestión del desarrollo, la población y el futuro de la vida en el planeta, aproximación que sí estaba presente en estudios como los de Paul y Anne Ehrlich:

Los Estados Unidos y la India, ricos y pobres, se enfrentan básicamente a la misma elección: adoptar, de forma sensata y planificada, un sistema de vida más viable o verse forzados a ello de forma brutal por la naturaleza, a través de la muerte prematura de un sinfín de seres humanos. Es preciso instaurar un control demográfico tanto en los países ricos como en los pobres. Si se consigue, y si los ricos decidieran moderar su consumo y ayudar a los pobres, podríamos emplear los recursos no renovables que todavía nos quedan en tender un puente hacia un futuro viable. Asimismo, es necesario reducir los prejuicios causados a los recursos teóricamente renovables y facilitar su renovación. De lo contrario, en el futuro esos recursos no podrán sostener a todos los habitantes del planeta. Es preciso propiciar un desarrollo viable no sólo en las naciones pobres, sino también en las naciones ricas (sin duda muy distinto del actual)86.

Es por eso que no comparto totalmente la acusación de neo-malthusianos reaccionarios que Michel Husson dirige a los Ehrlich87. A diferencia de lo planteado por Sartori y Mazzoleni, aquellos no olvidan que el problema al que nos enfrentamos es, en todo caso, tanto de superpoblación como de sobreconsumo, siendo además conscientes de que no habrá forma de actuar sobre la primera variable (que afecta especialmente a los países pobres) sin modificar sustancialmente la segunda (que afecta especialmente a los países ricos): “Sin la colaboración de los pobres, los problemas medioambientales del mundo no podrán resolverse. En estos momentos, sin embargo, los pobres de la Tierra tienen escasos motivos para atender nuestras súplicas de colaboración. Muchos de ellos son conscientes de que los ricos están dilapidando absurdamente el patrimonio común de la humanidad, y todos los pueblos pobres saben perfectamente que los ricos tienen la capacidad de contemplar sus sufrimientos sin pestañear”88. Otra cosa es que, como denuncia Therborn89, el reto poblacionista sea utilizado en tantas ocasiones como arma contra los países pobres. De ahí la paradoja a la que nos enfrentamos: “Un profundo cambio de civilización y una acentuación de la moderación («suficiencia») representarían una salida imaginable de la dinámica destructiva que caracteriza al sistema descrito en Los límites al crecimiento y en Más allá de los límites. Pero no parece que ningún gobierno del mundo propague la moderación; sólo la reclaman algunas instituciones confesionales. Éstas, sin embargo, no parecen entender mucho de moderación cuando se trata del número de hijos”90. Así es: quienes critican el consumismo bendicen la procreación y quienes advierten de los riesgos de la procreación sin control rechazan cuestionar el consumismo sin límites. El caso es que el problema del hambre tiene solución, y está en nuestras manos. Estamos ya en condiciones de poder alimentar a 10 mil millones de personas sin ni siquiera aumentar los insumos agrícolas existentes, ofreciendo a todo el mundo “dietas frugales, predominantemente vegetarianas pero adecuadas desde el punto de vista nutritivo”91. Por supuesto, podemos rechazar tal alternativa de vida: reducción del consumo de carnes rojas e incremento de la presencia de cereales en nuestra dieta, construcción de viviendas bioclimáticas más pequeñas, sustitución al máximo del transporte privado por el transporte público y de la comunicación por carretera por comunicación ferroviaria, etc. Pero sepamos que lo que estamos haciendo es una opción última.


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NotaPublicado: 01 Nov 2019, 11:30 
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Está asumido desde la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro del año 1992 que los dos problemas de la humanidad son la superpoblación y la falta de cultura.

Términos íntima e "inversamente" relacionados: a mayor falta de cultura mayor población.

Mientras en este planeta exista una mayoría que crean que su Dios proveerá, lo tenemos totalmente crudo. Mientras se siga pensando en la otra vida como principal fin razón y propósito del ser humano no hay nada que hacer.


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NotaPublicado: 01 Nov 2019, 15:55 
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no veo que los de clase media para arriba, dejen de reproducirse.
les Saluda un marxista

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NotaPublicado: 01 Nov 2019, 21:19 
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Por cierto, Marx, en su Tesis sobre Feuerbach por todos conocida, nos decía: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Por tanto, no es que no haya que interpretar el mundo, sino que no nos vale únicamente con interpretarlo, además hay que transformarlo.

Lo que ya no se conoce tanto es la frase de Karl Popper en relación con esa postura que tanto se da en la actualidad de “jugar” a quién interpreta mejor o “verdaderamente” las tesis de Marx tras la caída del comunismo. Dicha frase de Karl Popper, y parafraseando al propio Marx, reza así: “ Muchos filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos a Marx; pero de lo que se trata es de transformarlo”

Un saludo


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NotaPublicado: 02 Nov 2019, 01:12 
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elansab escribió:
Por cierto, Marx, en su Tesis sobre Feuerbach por todos conocida, nos decía: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Por tanto, no es que no haya que interpretar el mundo, sino que no nos vale únicamente con interpretarlo, además hay que transformarlo.

Lo que ya no se conoce tanto es la frase de Karl Popper en relación con esa postura que tanto se da en la actualidad de “jugar” a quién interpreta mejor o “verdaderamente” las tesis de Marx tras la caída del comunismo. Dicha frase de Karl Popper, y parafraseando al propio Marx, reza así: “ Muchos filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos a Marx; pero de lo que se trata es de transformarlo”

Un saludo


si, de MARX han dicho muchas cosas. TODAS FALSAS.
se han vestidos hasta borregos de marxista y todos les han creido.
esa frase marxista sigue vigente hoy dia, porque los que han hablado en su nombre, NUNCA LE HAN ARRANCADO UN PELO AL LOBO. al contrario se han vestido de caperucita roja.
que lugar mas idoneo, para saberlo, cuando en este foro de filosofia, no tienen ni idea de lo que es marxismo y solo se dedicand a traer citas de degenerados burgueses o sus peones.
podriamos poner frase por frase marxista y comprar su legace con los que han hecho los que ustedes creen, que son marxista.
te Saluda un marxista

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NotaPublicado: 02 Nov 2019, 10:46 
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Lo que hay que cambiar son las creencias erróneas que tienen la mayoría de los seres humanos producto de su falta de cultura que impiden transformar el mundo.

Pero no ese el único problema, hay personas cultas que siguen teniendo creencias y actitudes que en nada favorecen esa transformación. Ejemplos los hay "a porrillo" en este foro.


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NotaPublicado: 02 Nov 2019, 16:43 
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ManuelB escribió:
Lo que hay que cambiar son las creencias erróneas que tienen la mayoría de los seres humanos producto de su falta de cultura que impiden transformar el mundo.

Pero no ese el único problema, hay personas cultas que siguen teniendo creencias y actitudes que en nada favorecen esa transformación. Ejemplos los hay "a porrillo" en este foro.


sin embargo llegado el momento, esas personas cultas seran las que mas ayudaran al cambio.
solo hacia notar, que siendo un foro de filosofia, traen citas de cualquier Pablo de los palotes, que ni siquiera, quien las trae entiende.
te Saluda un marxista

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NotaPublicado: 02 Nov 2019, 17:38 
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si ven el aumento de visitants en esta seccion, como nunca antes, seguramente vienen detras del CATEDRATICO.
les Saluda un marxista

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