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 Asunto: Re: Lectura de San Juan de la cruz - Mística Cristiana
NotaPublicado: 26 Mar 2017, 15:04 
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CAPÍTULO 9

En que se trata cómo los apetitos ensucian al alma. Pruébalo por
comparaciones y autoridades de la Escritura sagrada.

1. El cuarto daño que hacen los apetitos al alma es que la ensucian
y manchan, según lo enseña el Eclesiástico (13, 1), diciendo:
Qui tetigerit picem, inquinabitur ab ea; quiere decir: El que tocare a la pez, ensuciarse ha de ella; y entonces toca uno la pez cuando en alguna criatura cumple el apetito de su voluntad. En lo cual es de notar que el Sabio compara las criaturas a la pez, porque más
diferencia hay entre la excelencia del alma y todo lo mejor de ellas, que hay del claro diamante fino oro a la pez. Y así como el oro o diamante, si se pusiese caliente sobre la pez, quedaría de ella feo y untado, por cuanto el calor la regaló y atrajo, así el alma que está caliente de apetito sobre alguna criatura, en el calor de su apetito saca inmundicia y mancha de él en sí.

Y más diferencia hay entre el alma y las demás criaturas corporales que entre un muy clarificado licor y un cieno muy sucio. De donde, así como se ensuciaría el tal licor si le envolviesen con el cieno, de esa misma manera se ensucia el alma que se ase a la criatura, pues en ella se hace semejante a la dicha criatura. Y de la misma manera que pondrían los rasgos de tizne a un rostro muy hermoso y acabado, de esa misma manera afean y ensucian los apetitos desordenados al alma que los tiene, la cual en sí es una
hermosísima y acabada imagen de Dios.

2. Por lo cual, llorando Jeremías (Lm. 4, 7-8) el estrago y fealdad
que estas desordenadas afecciones causan en el alma, cuenta
primero su hermosura y luego su fealdad, diciendo:
Candidiores sunt nazarei eius nive, nitidiores lecte, rubicundiores ebore antiquo, saphiro pulchriores. Denigrata est super carbones facies eorum, et non sunt cogniti in plateis; que quiere decir: Sus cabellos, es a saber, del alma, son más levantados en blancura que la nieve, más resplandecientes que la leche, y más bermejos que el marfil antiguo, y más hermosos que la piedra zafiro. La haz de ellos se ha ennegrecido sobre los carbones, y no son conocidos en las plazas.

Por los cabellos entendemos aquí los afectos y pensamientos del
alma, los cuales, ordenados en lo que Dios los ordena, (que es en
el mismo Dios) son más blancos que la nieve, y más claros que la
leche, y más rubicundos que el marfil, y hermosos sobre el zafiro.

Por las cuales cuatro cosas se entiende toda manera de hermosura
y excelencia de criatura corporal, sobre las cuales, dice, es el alma
y sus operaciones, que son los nazareos o cabellos dichos, los cuales, desordenados y puestos en lo que Dios no los ordenó, que
es empleados en las criaturas, dice Jeremías que su haz queda y
se pone más negra que los carbones.

3. Que todo este mal y más hacen en la hermosura del alma los
desordenados apetitos en las cosas de este siglo. Tanto, que, si
hubiésemos de hablar de propósito de la fea y sucia figura que al
alma los apetitos pueden poner, no hallaríamos cosa, por llena de
telarañas y sabandijas que esté, ni fealdad de cuerpo muerto, ni
otra cosa cualquiera inmunda y sucia cuanto en esta vida la puede
haber y se puede imaginar, a que la pudiésemos comparar.

Porque, aunque es verdad que el alma desordenada, en cuanto al ser natural, está tan perfecta como Dios la crió, pero, en cuanto al ser de razón, está fea, abominable, sucia, figura y con todos los males que aquí se van escribiendo y mucho más. Porque, aun sólo un apetito desordenado, como después diremos, aunque no sea de
materia de pecado mortal, basta para poner un alma tan sujeta,
sucia y fea, que en ninguna manera puede convenir con Dios en
una unión hasta que el apetito se purifique. ¿Cuál será la fealdad de la que del todo está desordenada en sus propias pasiones y
entregada a sus apetitos, y cuán alejada de Dios estará y de su
pureza?

4. No se puede explicar con palabras, ni aun entenderse con el
entendimiento, la variedad de inmundicia que la variedad de apetitos causan en el alma. Porque, si se pudiese decir y dar a
entender, sería cosa admirable y también de harta compasión ver
cómo cada apetito, conforme a su cuantidad y calidad, mayor o
menor, hace su raya y asiento de inmundicia y fealdad en el alma, y cómo en una sola desorden de razón puede tener en sí innumerables diferencias de suciedades mayores y menores, y
cada una de su manera. Porque, así como el alma del justo en una
sola perfección, que es la rectitud del alma, tiene innumerables
dones riquísimos y muchas virtudes hermosísimas, cada una
diferente y graciosa en su manera, según la multitud y diferencia en los afectos de amor que ha tenido en Dios, así el alma
desordenada, según la variedad de los apetitos que tiene en las
criaturas, tiene en sí variedad miserable de inmundicias y bajezas,
tal cual en ella la pintan los dichos apetitos.

5. Esta variedad de apetitos está bien figurada en Ezequiel (8, 10-
16), donde se escribe que mostró Dios a este profeta en lo interior
del templo, pintadas en derredor de las paredes, todas las semejanzas de sabandijas que arrastran por la tierra, y allí toda la
abominación de animales inmundos. Y entonces dijo Dios a
Ezequiel: Hijo del hombre, ¿de veras no has visto las
abominaciones que hacen éstos, cada uno en lo secreto de su
retrete? (3, 12).

Y mandando Dios al profeta que entrase más adentro y vería mayores abominaciones, dice que vio allí las mujeres sentadas llorando al dios de los amores, Adonis (8, 15). Y mandándole Dios entrar más adentro y vería aún mayores abominaciones, dice que vio allí veinticinco viejos que tenían vueltas las espaldas contra el templo (8, 16).

6. Las diferencias de sabandijas y animales inmundos que estaban
pintados en el primer retrete del templo, son los pensamientos y
concepciones que el entendimiento hace de las cosas bajas de la
tierra y de todas las criaturas, las cuales, tales cuales son, se pintan en el templo del alma cuando ella con ella embaraza su
entendimiento, que es el primer aposento del alma.

Las mujeres que estaban más adentro, en el segundo aposento,
llorando al dios Adonis, son los apetitos que están en la segunda
potencia del alma, que es la voluntad. Los cuales están como
llorando, en cuanto codician a lo que está aficionada la voluntad,
que son las sabandijas ya pintadas en el entendimiento.

Y los varones que estaban en el tercer aposento, son las imágenes
y representaciones de las criaturas, que guarda y revuelve en sí la
tercera parte del alma, que es la memoria. Las cuales se dice que
están vueltas las espaldas contra el templo porque, cuando ya
según estas tres potencias abraza el alma alguna cosa de la tierra
acabada y perfectamente, se puede decir que tiene las espaldas
contra el templo de Dios, que es la recta razón del alma, la cual no
admite en sí cosa de criatura.

7. Y para entender algo de esta fea desorden del alma en sus
apetitos, baste por ahora lo dicho, porque, si hubiéramos de tratar
en particular de la fealdad menor que hacen y causan en el alma las imperfecciones, y su variedad, y la que hacen los pecados veniales -que es ya mayor que la de las imperfecciones- y su mucha variedad, y también la que hacen los apetitos de pecado mortal, que es total fealdad del alma, y su mucha variedad, según la variedad y multitud de todas estas tres cosas, sería nunca acabar, ni entendimiento angélico bastaría para lo poder entender.

Lo que digo y hace al caso para mi propósito es que cualquier apetito, aunque sea de la más mínima imperfección, mancha y ensucia al alma.

_________________
"En el umbral del palacio de Zeus hay dos tinajas llenas de destinos: una de buenos y la otra de malos" (Homero).


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 Asunto: Re: Lectura de San Juan de la cruz - Mística Cristiana
NotaPublicado: 30 Mar 2017, 23:47 
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Increíble este noveno capítulo de esta obra de mística cristiana que nos ocupa. Quizá de todo lo que hemos hasta ahora leído, es el que me parece que utiliza un lenguaje más fuerte y radical.

Es sin duda un capítulo altamente simbólico y, sobre todo, psicológico, que figura incluso algo muy parecido a un adentramiento en el propio subconsciente, en la psique o alma (el Templo), y los defectos que allí se muestran en forma de imágenes de toda clase de inmundicias.

Ciertamente, es para estudiarse con detenimiento.

Gracias por seguir compartiendo este maravilloso texto, que correctamente entendido, nos puede decir mucho sobre nosotros mismos y sobre nuestras imperfecciones internas :)


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 Asunto: Re: Lectura de San Juan de la cruz - Mística Cristiana
NotaPublicado: 09 Abr 2017, 16:34 
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CAPÍTULO 10

En que trata cómo los apetitos entibian y enflaquecen al alma en la
virtud.

1. Lo quinto en que dañan los apetitos al alma es que la entibian y
enflaquecen para que no tenga fuerza para seguir la virtud y
perseverar en ella. Porque, por el mismo caso que la fuerza del
apetito se reparte, queda menos fuerte que si estuviera entero en
una cosa sola; y cuanto en más cosas se reparte, menos es para
cada una de ellas, que, por eso, dicen los filósofos que la virtud
unida es más fuerte que ella misma si se derrama.

Y, por tanto, está claro que, si el apetito de la voluntad se derrama en otra cosa fuera de la virtud, ha de quedar mas flaco para la virtud. Y así, el alma que tiene la voluntad repartida en menudencias es como el agua que, teniendo por donde se derramar hacia abajo, no crece para arriba, y así no es de provecho.

Que por eso el patriarca Jacob (Gn.49, 4) comparó a su hijo Rubén al agua derramada, porque en cierto pecado había dado rienda a sus apetitos, diciendo:

Derramado estás como el agua; no crezcas; como si dijera: Porque
estás derramado según los apetitos como el agua, no crecerás en
virtud. Y así como el agua caliente, no estando cubierta, fácilmente
pierde el calor, y como las especies aromáticas, desenvueltas, van
perdiendo la fragancia y fuerza de su olor, así el alma no recogida
en un solo apetito de Dios, pierde el valor y vigor en la virtud.

Lo cual entendiendo bien David (Sal. 58, 10), dijo hablando con Dios: Fortitudinem meam ad te custodiam: Yo guardaré mi fortaleza para ti, esto es, recogiendo la fuerza de mis apetitos sólo a ti.

2. Y enflaquecen la virtud del alma los apetitos, porque son en ella
como los renuevos que nacen en rededor del árbol y le llevan la
virtud para que él no lleve tanto fruto. Y de estas tales almas dice el Señor (Mt. 24, 19): Vae praegnantibus et nutrientibus in illis diebus!, esto es: ¡Ay de los que en aquellos días estuvieren preñados y de los que criaren! La cual preñez y cría entiende por la de los apetitos, los cuales, si no se atajan, siempre irán quitando más virtud al alma y crecerán para mal del alma, como los renuevos en el árbol.

Por lo cual nuestro Señor diciendo (Lc. 12, 35) nos aconseja: Tened ceñidos vuestros lomos, que significan aquí los apetitos. Porque, en efecto, ellos son también como las sanguijuelas, que siempre están chupando la sangre de las venas, porque así las llama el Eclesiástico (Pv. 30, 15), diciendo: Sanguijuelas son las hijas, esto es, los apetitos; siempre dicen: Daca, daca.

3. De donde está claro que los apetitos no ponen al alma bien
ninguno, sino quítanle el que tiene. Y, si no los mortificare, no
pararán hasta hacer en ella lo que dicen que hacen a su madre los
hijos de la víbora, que, cuando van creciendo en el vientre, comen a su madre y mátanla, quedando ellos vivos a costa de su madre.

Así los apetitos no mortificados llegan a tanto, que matan al alma en Dios, porque ella primero no los mató; por eso dice el Eclesiástico: Aufer a me, Domine, ventris concupiscentias, et concubitus concupiscentiae ne apprehendant me (23, 6), y sólo lo que en ella vive son ellos.

4. Pero, aunque no lleguen a esto, es gran lástima considerar cuál
tienen a la pobre alma los apetitos que viven en ella, cuán desgraciada para consigo misma, cuán seca para los prójimos y
cuán pesada y perezosa para las cosas de Dios. Porque no hay mal
humor que tan pesado y dificultoso ponga a un enfermo para
caminar, o hastío para comer, cuanto el apetito de criatura hace al
alma pesada y triste para seguir la virtud. Y así, ordinariamente, la
causa por que muchas almas no tienen diligencia y gana de cobrar
virtud es porque tienen apetitos y aficiones no puras en Dios.

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"En el umbral del palacio de Zeus hay dos tinajas llenas de destinos: una de buenos y la otra de malos" (Homero).


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 Asunto: Re: Lectura de San Juan de la cruz - Mística Cristiana
NotaPublicado: 20 Abr 2017, 23:21 
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Impresionante este décimo capítulo de esta obra que, cada vez más, me va pareciendo un verdadero tesoro de la mística, pese a la aparente "agresividad" de sus expresiones (que no es tal si se entienden en su verdadero sentido).

En resumen, parece desprenderse del argumento central de este capítulo, que (por usar una expresión), los apetitos son una suerte de parásitos que vampirizan el alma, chupando su vitalidad y toda capacidad que ella pueda tener de "elevarse hacia Dios".

Muy bueno. Espero con ansia el siguiente capítulo :)


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 Asunto: Re: Lectura de San Juan de la cruz - Mística Cristiana
NotaPublicado: 27 May 2017, 17:01 
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CAPÍTULO 11

En que se prueba ser necesario para llegar a la divina unión carecer el alma de todos los apetitos, por mínimos que sean.

1. Parece que ha mucho que el lector desea preguntar que si es de fuerza que, para llegar a este alto estado de perfección, ha de
haber precedido mortificación total en todos los apetitos, chicos y grandes, y que si bastará mortificar algunos de ellos y dejar otros, a lo menos aquellos que parecen de poco momento; porque parece cosa recia y muy dificultosa poder llegar el alma a tanta pureza y desnudez, que no tenga voluntad y afición a ninguna cosa.

2. A esto respondo: lo primero que, aunque es verdad que no todos los apetitos son tan perjudiciales unos como otros ni embarazan al alma, (todos en igual manera se han de mortificar. Hablo de los voluntarios, porque los apetitos naturales poco o nada impiden para la unión al alma) cuando no son consentidos; ni pasan de primeros movimientos todos aquellos en que la voluntad racional antes ni después tuvo parte; porque quitar éstos, que es mortificarlos del todo, en esta vida es imposible, y éstos no impiden de manera que no se pueda llegar a la divina unión, aunque del todo no estén, como digo, mortificados; porque bien los puede tener el natural, y estar el alma, según el espíritu racional, muy libre de ellos, porque (aún) acaecerá a veces, que esté el alma en harta unión de oración de quietud en la voluntad, y que actualmente moren éstos en la parte sensitiva del hombre, no teniendo en ellos parte la parte superior que está en oración. Pero todos los demás apetitos voluntarios, ahora sean de pecado mortal, que son los más graves; ahora de pecado venial, que son menos graves; ahora sean solamente de imperfecciones, que son los menores, todos se han de vaciar y de todos ha el alma de carecer para venir a esta total unión, por mínimos que sean. Y la razón es porque el estado de esta divina unión consiste en tener el alma, según la voluntad, con tal transformación en la voluntad de Dios, de manera que no haya en ella cosa contraria a la voluntad de Dios, sino que en todo y por todo su movimiento sea voluntad solamente de Dios.

3. Que ésta es la causa por que en este estado llamamos estar hecha una voluntad de Dios, la cual es voluntad de Dios, y esta
voluntad de Dios es también voluntad del alma. Pues si esta alma quisiese alguna imperfección que no quiere Dios, no estaría hecha
una voluntad de Dios, pues el alma tenía voluntad de lo que no la tenía Dios. Luego claro está que, para venir el alma a unirse con
Dios perfectamente por amor y voluntad, ha de carecer primero de todo apetito de voluntad, por mínimo que sea; esto es, que
advertidamente y conocidamente no consienta con la voluntad en imperfección, y venga a tener poder y libertad para poderlo hacer
en advirtiendo.

Y digo conocidamente, porque sin advertirlo y conocerlo, o sin ser en su mano, bien caerá en imperfecciones y pecados veniales y en los apetitos naturales que habemos dicho; porque de estos tales pecados no tan voluntarios y subrepticios está escrito (Pv. 24, 16) que el justo caerá siete veces en el día y se levantará.

Mas de los apetitos voluntarios, que son pecados veniales de advertencia, aunque sean de mínimas cosas, como he dicho, basta uno que no se venza para impedir.

Digo no mortificando el tal hábito, porque algunos actos, a veces, de diferentes apetitos, aún no hacen tanto cuando los hábitos están mortificados; aunque también éstos ha de venir a no los haber, porque también proceden de hábito de imperfección; pero algunos hábitos de voluntarias imperfecciones, en que nunca acaban de vencerse, éstos no solamente impiden la divina unión, pero el ir adelante en la perfección.

4. Estas imperfecciones habituales son: como una común costumbre de hablar mucho, un asimientillo a alguna cosa que
nunca acaba de querer vencer, así como a persona, a vestido, a libro, celda, tal manera de comida y otras conversacioncillas y
gustillos en querer gustar de las cosas, saber y oír, y otras semejantes. Cualquiera de estas imperfecciones en que tenga el
alma asimiento y hábito, es tanto daño para poder crecer e ir adelante en virtud, que, si cayese cada día en otras muchas
imperfecciones y pecados veniales sueltos, que no proceden de ordinaria costumbre de alguna mala propiedad ordinaria, no le
impedirán tanto cuanto el tener el alma asimiento a alguna cosa.

Porque, en tanto que le tuviere, excusado es que pueda ir el alma adelante en perfección, aunque la imperfección sea muy mínima.
Porque eso me da que una ave esté asida a un hilo delgado que a uno grueso, porque, aunque sea delgado, tan asida se estará a él
como al grueso, en tanto que no le quebrare para volar.

Verdad es que el delgado es más fácil de quebrar; pero, por fácil que es, si no le quiebra, no volará. Y así es el alma que tiene asimiento en alguna cosa, que, aunque mas virtud tenga, no llegará a la libertad de la divina unión.

Porque el apetito y asimiento del alma tienen la propiedad que dicen tiene la rémora con la nao, que, con ser un pece muy
pequeño, si acierta a pegarse a la nao, la tiene tan queda, que no la deja llegar al puerto ni navegar. Y así es lástima ver algunas almas como unas ricas naos cargadas de riquezas, y obras, y ejercicios espirituales, y virtudes, y mercedes que Dios las hace, y por no tener ánimo para acabar con algún gustillo, o asimiento, o afición -que todo es uno-, nunca van adelante, ni llegan al puerto de la perfección, que no estaba en más que dar un buen vuelo y acabar de quebrar aquel hilo de asimiento o quitar aquella pegada rémora, de apetito.

5. Harto es de dolerse que haya Dios hécholes quebrar otros cordeles más gruesos de aficiones de pecados y vanidades, y por
no desasirse de una niñería que les dijo Dios que venciesen por amor de él, que no es más que un hilo y que un pelo, dejen de ir a
tanto bien. Y lo que peor es, que no solamente no van adelante, sino que, por aquel asimiento, vuelven atrás, perdiendo lo que en
tanto tiempo con tanto trabajo han caminado y ganado, porque ya se sabe que, en este camino, el no ir adelante es volver atrás, y el no ir ganando es ir perdiendo. Que eso quiso Nuestro Señor darnos a entender cuando dijo:
El que no es conmigo, es contra mí; y el que conmigo no allega, derrama (Mt. 12, 30).

El que no tiene cuidado de remediar el vaso por una pequeña resquicia que tenga basta para que se venga a derramar todo el
licor que está dentro. Porque el Eclesiástico (19, 1) nos lo enseñó bien, diciendo:
El que desprecia las cosas pequeñas, poco a poco ira cayendo.

Porque, como él mismo dice (11, 34), de una sola centella se aumenta el fuego.
Y así, una imperfección basta para traer otra, y aquéllas otras; y así, casi nunca se verá un alma que sea negligente en vencer un apetito, que no tenga otros muchos, que salen de la misma flaqueza e imperfección que tiene en aquél; y así, siempre van cayendo. Y ya habemos visto muchas personas a quien Dios hacía merced de llevar muy adelante en gran desasimiento y libertad, y por sólo comenzar a tomar un asimientillo de afición -y so color de bien- de conversación y amistad, írseles por allí vaciando el espíritu y gusto de Dios y santa soledad, caer de la alegría y enterez en los ejercicios espirituales y no parar hasta perderlo todo. Y esto, porque no atajaron aquel principio de gusto y apetito sensitivo, guardándose en soledad para Dios.

6. En este camino siempre se ha de caminar para llegar, lo cual es ir siempre quitando quereres, no sustentándolos. Y si no se acaban todos de quitar, no se acaba de llegar. Porque así como el madero no se transforma en el fuego por un solo grado de calor que falte en su disposición, así no se transformará el alma en Dios por una imperfección que tenga, aunque sea menos que apetito voluntario; porque, como después se dirá en la noche de la fe, el alma no tiene más de una voluntad, y ésta, si se embaraza y emplea en algo no queda libre, sola y pura, como se requiere para la divina transformación.

7. De lo dicho tenemos figura en el libro de los Jueces (2, 3), donde se dice que vino el ángel a los hijos de Israel y les dijo que, porque no habían acabado con aquella gente contraria, sino antes se habían confederado con algunos de ellos, por eso se los había de dejar entre ellos por enemigos, para que les fuesen ocasión de caída y perdición. Y, justamente, hace Dios esto con algunas almas, a las cuales, habiéndolas él sacado del mundo, y muértoles los gigantes de sus pecados, y acabado la multitud de sus enemigos, que son las ocasiones que en el mundo tenían (sólo porque ellos entraran con más libertad en esta tierra de promisión de la unión divina) y ellos todavía traban amistad y alianza con la gente menuda de imperfecciones, no acabándolas de mortificar, por eso, enojado Nuestro Señor, les deja ir cayendo en sus apetitos de peor en peor.

8. También en el libro de Josué (6, 21) tenemos figura acerca de lo dicho, cuando le mandó Dios a Josué, al tiempo que había de
comenzar a poseer la tierra de promisión, que en la ciudad de Jericó de tal manera destruyese cuanto en ella había, que no dejase cosa en ella viva, desde el hombre hasta la mujer, y desde el niño hasta el viejo, y todos los animales, y que de todos los despojos no tomasen ni codiciasen nada. Para que entendamos cómo, para entrar en esta divina unión, ha de morir todo lo que vive en el alma, poco y mucho, chico y grande, y el alma ha de quedar sin codicia de todo ello y tan desasida, como si ello no fuese para ella ni ella para ello. Lo cual nos enseña bien san Pablo ad Corinthios (1 Cor. 7, 29-31), diciendo:
Lo que os digo, hermanos, es que el tiempo es breve; lo que resta y conviene es que los que tienen mujeres, sean como si no las tuviesen; y los que lloran por las cosas de este mundo, como si no llorasen; y los que huelgan, como si no holgasen; y los que compran, como si no poseyesen; y los que usan de este mundo, como si no usasen.

Esto nos dice el Apóstol, enseñándonos cuán desasida nos conviene tener el alma
de todas las cosas para ir a Dios.

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 Asunto: Re: Lectura de San Juan de la cruz - Mística Cristiana
NotaPublicado: 30 May 2017, 16:02 
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He releído con entusiasmo los primeros cinco capítulos de este libro, ¡y ahora me parecen una maravilla!
Al principio nos dice el autor:
San Juan de la Cruz escribió:
Quiere, pues, en suma, decir el alma en esta canción que salió -sacándola Dios- sólo por amor de él, inflamada en su amor, en una noche oscura, que es la privación y la purgación de todos sus apetitos sensuales acerca de todas las cosas exteriores del mundo y de las que eran deleitables a su carne, también de los gustosde su voluntad.
Quiero destacar el "sacándola Dios", porque es Dios quien toma la iniciativa y no el hombre. Como dice San Juan en sus cartas: "Nosotros amamos, porque El nos amó primero"(1 Juan 4, 19). Así como Yavé en el Antiguo Testamento sacó a los hijos de Abraham de Egipto con grandes prodigios y formó una nación de ellos en el desierto, así también a nosotros nos saca "de los apetitos" que vendría a ser "Egipto", y nos lleva "al desierto" para comer del maná, que vendría siendo la Eucaristía cristiana. En ambos casos, tanto en la liberación de los israelitas en Egipto como en los actuales seguidores de Jesucristo, se realiza una liberación por parte de Dios; lo cual nos lleva a definir a Dios como un gran libertador.
Socrates escribió:
Al parecer todos los senderos de profunda investigación interior, comienzan con una etapa preparatoria de control sobre los apetitos sensoriales
Parece que sí. Pero en la fe cristiana es Dios quien toma la iniciativa. Tanto así, que la Iglesia ha definido que inclusive el primer acto de fe es por moción de Dios. El creyente "se va dando cuenta" a posteriori cómo Dios lo va liberando de las apetencias, pero no dice que se libera a sí mismo...

Sigamos...
San Juan de la Cruz escribió:
dos contrarios, según nos enseña la filosofía, no pueden caber en un sujeto. Y porque las tinieblas, que son las afecciones en las criaturas, y la luz, que es Dios, son contrarios y ninguna semejanza ni conveniencia tienen entre sí (...) el que ama criatura, tan bajo se queda como aquella criatura, y, en alguna manera, más bajo; porque el amor no sólo iguala, mas aun sujeta amante a lo que ama.
¡Sabias palabras! Sócrates había dicho antes que
Socrates escribió:
Creo que lo del "dios celoso" es una simple imagen (bastante primitiva),
pero en realidad, me parece, la imagen del dios celoso está en perfecta sintonía con la imagen del dios amante, porque en Dios también hay amor de posesión. A Israel le dijo que será una nación santa y su "propiedad" (o "tesoro" traducen algunas Biblias) entre todas las naciones de la tierra. Así dice la Biblia: "Ahora pues, si en verdad escucháis mi voz y guardáis mi pacto, seréis mi especial tesoro entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra" (Éxodo 19, 15)

En fin, hasta aquí mi análisis por ahora.

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"La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad"


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 Asunto: Re: Lectura de San Juan de la cruz - Mística Cristiana
NotaPublicado: 31 May 2017, 02:35 
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Me alegro Felino que ahora te esté gustando el texto. Yo creo que son palabras mayores. ;)

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 Asunto: Re: Lectura de San Juan de la cruz - Mística Cristiana
NotaPublicado: 23 Jun 2017, 23:49 
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CAPÍTULO 12

En que se trata cómo se responde a otra pregunta, declarando
cuáles sean los apetitos que bastan (a) causar en el alma los daños dichos.

1. Mucho pudiéramos alargarnos en esta materia de la noche del
sentido, diciendo de lo mucho que hay que decir de los daños que
causan los apetitos, no sólo en las maneras dichas, sino en otras
muchas. Pero, para lo que hace a nuestro propósito, lo dicho basta; porque parece queda dado a entender cómo se llama noche la mortificación de ellos y cuánto convenga entrar en esta noche para ir a Dios.

Sólo lo que se ofrece, antes que tratemos del modo de entrar en ella, para concluir con esta parte, es una duda que podría ocurrir al lector sobre lo dicho.

2. Y es lo primero, si basta cualquier apetito para obrar y causar en el alma los dos males ya dichos, es a saber: privativo, que es privar al alma de la gracia de Dios, y el positivo, que es causar en ella los cinco daños principales que habemos dicho.

Lo segundo, si basta cualquier apetito, por mínimo que sea, y de
cualquiera especie que sea, a causar todos estos (cinco daños)
juntos, o solamente unos causan unos y otros otros, como unos
causan tormento, otros cansancio, otros tiniebla, etc.

3. A lo cual respondiendo, digo a lo primero que, cuanto al daño
privativo, que es privar al alma de Dios, solamente los apetitos
voluntarios que son de materia de pecado mortal pueden y hacen
esto totalmente, porque ellos privan en esta vida al alma de la
gracia y en la otra de la gloria, que es poseer a Dios.

A lo segundo digo que, así estos que son de materia de pecado
mortal como los voluntarios de materia de pecado venial y los que
son de materia de imperfección, cada uno de ellos basta para
causar en el alma todos estos daños positivos juntos. Los cuales,
aunque en cierta manera son privativos, llamámoslos aquí positivos, porque responden a la conversión de la criatura, así como el privativo responde a la aversión de Dios.

Pero hay esta diferencia: que los apetitos de pecado mortal causan total ceguera, tormento e inmundicia y flaqueza, etc.; y los otros de materia de venial o imperfección no causan estos males en total y consumado grado, pues no privan de la gracia, de donde depende la posesión de ellos, porque la muerte de ella es vida de ellos; pero cáusanlos en el alma remisamente, según la remisión de la gracia que los tales apetitos causan en el alma.

De manera que aquel apetito que más entibiare la gracia, más abundante tormento, ceguera y suciedad causará.

4. Pero es de notar que, aunque cada apetito causa estos males,
que aquí llamamos positivos, unos hay que principal y derechamente causan unos, y otros otros, y los demás por el
consiguiente. Porque, aunque es verdad que un apetito sensual
causa todos estos males, pero principal y propiamente ensucia al
alma y cuerpo. Y, aunque un apetito de avaricia también los causa
todos, principal y derechamente causa (aflicción. Y, aunque un
apetito de vanagloria, no más ni menos, los causa todos, principal y derechamente causa) tinieblas y ceguera. Y, aunque un apetito de gula los causa todos, principalmente causa tibieza en la virtud. Y así de los demás.

5. Y la causa por que cualquier acto de apetito voluntario produce
en el alma todos estos efectos juntos, es por la contrariedad que
derechamente tienen contra todos los actos de virtud que producen en el alma los efectos contrarios. Porque, así como un acto de virtud produce en el alma y cría juntamente suavidad, paz,
consuelo, luz, limpieza y fortaleza, así un apetito desordenado
causa tormento, fatiga, cansancio, ceguera y flaqueza. Todas las
virtudes crecen en el ejercicio de una, y todos los vicios crecen en el de uno y los dejos de ellos en el alma. Y aunque todos estos males no se echan de ver al tiempo que se cumple el apetito, porque el gusto de él entonces no da lugar, pero antes o después bien se sienten sus malos dejos.

Lo cual se da muy bien a entender por aquel libro que mandó el ángel comer a san Juan en el Apocalipsis (10, 9), el cual en la boca le hizo dulzura y en el vientre le fue amargor. Porque el apetito, cuando se ejecuta, es dulce y parece bueno, pero después se siente su amargo efecto; lo cual podrá bien juzgar el que se deja llevar de ellos. Aunque no ignoro que hay algunos tan ciegos e insensibles que no lo sienten, porque, como no andan en Dios, no echan de ver lo que les impide a Dios.

6. De los demás apetitos naturales que no son voluntarios, y de los
pensamientos que no pasan de primeros movimientos, y de otras
tentaciones no consentidas no trato aquí, porque éstos ningún mal
de los dichos causan al alma. Porque aunque a la persona por
quien pasan le haga parecer la pasión y turbación que entonces le
causan que la ensucian y ciegan, no es así, antes la causan los
provechos contrarios. Porque, en tanto que los resiste, gana
fortaleza, pureza, luz y consuelo y muchos bienes. Según lo cual
dijo Nuestro Señor a san Pablo (2 Cor. 12, 9) que
la virtud se perfeccionaba en la flaqueza.

Mas los voluntarios, todos los dichos y más males hacen. Y por eso el principal cuidado que tienen los maestros espirituales es mortificar luego a sus discípulos de cualquiera apetito, haciéndoles quedar en vacío de lo que apetecían, por librarles de tanta miseria.

_________________
"En el umbral del palacio de Zeus hay dos tinajas llenas de destinos: una de buenos y la otra de malos" (Homero).


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 Asunto: Re: Lectura de San Juan de la cruz - Mística Cristiana
NotaPublicado: 02 Jul 2017, 05:48 
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Hemos llegado a un capítulo fundamental de esta primera parte.

CAPÍTULO 13

En que se trata de la manera y modo que se ha de tener para entrar en esta noche del sentido.

1. Resta ahora dar algunos avisos para saber y poder entrar en esta noche del sentido. Para lo cual es de saber que el alma
ordinariamente entra en esta noche sensitiva en dos maneras: la
una es activa; la otra, pasiva.

Activa es lo que el alma puede hacer y hace de su parte para entrar en ella, de lo cual ahora trataremos en los avisos siguientes.

Pasiva es en que el alma no hace nada, sino Dios la obra en ella, y
ella se ha como paciente. De la cual trataremos en el cuarto libro,
cuando habemos de tratar de los principiantes. Y porque allí habemos, con el favor divino, de dar muchos avisos a los principiantes, según las muchas imperfecciones que suelen tener
en este camino, no me alargaré aquí en dar muchos; y porque
también no es tan propio de este lugar darlos, pues de presente
sólo tratamos de las causas por qué se llama noche este tránsito, y cuál sea ésta, y cuántas sus partes.

Pero, porque parece quedaba muy corto y no de tanto provecho no
dar luego algún remedio o aviso para ejercitar esta noche de
apetitos, he querido poner aquí el modo breve que se sigue; y lo
mismo haré al fin de cada una de esotras dos partes o causas de
esta noche de que luego, mediante el Señor, tengo de tratar.

2. Estos avisos que aquí se siguen de vencer los apetitos, aunque
son breves y pocos, yo entiendo que son tan provechosos y
eficaces como compendiosos, de manera que el que de veras se
quisiese ejercitar en ellos, no le harán falta otros ningunos, antes en éstos los abrazará todos.

3. Lo primero, traiga un ordinario apetito de imitar a Cristo en todas sus cosas, conformándose con su vida, la cual debe considerar para saberla imitar y haberse en todas las cosas como se hubiera él.

4. Lo segundo, para poder bien hacer esto, cualquiera gusto que se le ofreciere a los sentidos, como no sea puramente para honra y gloria de Dios, renúncielo y quédese vacío de él por amor de
Jesucristo, el cual en esta vida no tuvo otro gusto, ni le quiso, que
hacer la voluntad de su Padre, lo cual llamaba él su comida y
manjar (Jn. 4, 34).

Pongo ejemplo: si se le ofreciere gusto de oír cosas que no
importen para el servicio y honra de Dios, ni lo quiera gustar ni las
quiera oír. Y si le diere gusto mirar cosas que no le ayuden (a amar) más a Dios, ni quiera el gusto ni mirar las tales cosas. Y si en el hablar otra cualquier cosa se le ofreciere, haga lo mismo; y en todos los sentidos, ni más ni menos, en cuanto lo pudiere excusar buenamente; porque si no pudiere, basta que no quiera gustar de ello, aunque estas cosas pasen por él.

Y de esta manera ha de procurar dejar luego mortificados y vacíos
de aquel gusto a los sentidos, como a oscuras. Y con este cuidado
en breve aprovechará mucho.

5. Y para mortificar y apaciguar las cuatro pasiones naturales, que
son gozo, esperanza, temor y dolor, de cuya concordia y pacificación salen estos y los demás bienes, es total remedio lo que se sigue, y de gran merecimiento y causa de grandes virtudes.

6. Procure siempre inclinarse:

no a lo más fácil, sino a lo más dificultoso;
no a lo más sabroso, sino a lo más desabrido;
no a lo más gustoso, sino antes a lo que da menos gusto;
no a lo que es descanso, sino a lo trabajoso;
no a lo que es consuelo, sino antes al desconsuelo;
no a lo más, sino a lo menos;
no a lo más alto y precioso, sino a lo más bajo y despreciado;
no a lo que es querer algo, sino a no querer nada;
no andar buscando lo mejor de las cosas temporales, sino lo peor, y desear entrar en toda desnudez y vacío y pobreza por Cristo de
todo cuanto hay en el mundo.

7. Y estas obras conviene las abrace de corazón y procure allanar
la voluntad en ellas. Porque, si de corazón las obra, muy en breve
vendrá a hallar en ellas gran deleite y consuelo, obrando ordenada
y discretamente.

8. Lo que está dicho, bien ejercitado, bien basta para entrar en la
noche sensitiva. Pero, para mayor abundancia, diremos otra
manera de ejercicio que enseña a mortificar la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la soberbia de la vida,
que son las cosas que dice san Juan (1 Jn. 2, 16) reinan en el mundo, de las cuales proceden todos los demás apetitos.

9. Lo primero, procurar obrar en su desprecio y desear que todos lo hagan (y esto es contra la concupiscencia de la carne).

Lo segundo, procurar hablar en su desprecio y desear que todos lo
hagan (y esto es contra la concupiscencia de los ojos).

Lo tercero, procurar pensar bajamente de sí en su desprecio y
desear que todos lo hagan (también contra sí, y esto es contra la
soberbia de la vida).

10. En conclusión de estos avisos y reglas conviene poner aquí
aquellos versos que se escriben en la Subida del Monte, que es la
figura que está al principio de este libro, los cuales son doctrina
para subir a él, que es lo alto de la unión. Porque, aunque es
verdad que allí habla de lo espiritual e interior, también trata del
espíritu de imperfección según lo sensual y exterior, como se puede ver en los dos caminos que están en los lados de la senda de perfección. Y así, según ese sentido los entenderemos aquí,
conviene a saber, según lo sensual. Los cuales, después, en la
segunda parte de esta noche, se han de entender según lo
espiritual.

11. Dice así:

Para venir a gustarlo todo,
no quieras tener gusto en nada.

Para venir a poseerlo todo,
no quieras poseer algo en nada.

Para venir a serlo todo,
no quieras ser algo en nada.

Para venir a saberlo todo,
no quieras saber algo en nada.

Para venir a lo que no gustas,
has de ir por donde no gustas.

Para venir a lo que no sabes,
has de ir por donde no sabes.

Para venir a lo que no posees,
has de ir por donde no posees.

Para venir a lo que no eres,
has de ir por donde no eres.

MODO PARA NO IMPEDIR AL TODO

12.
Cuando reparas en algo,
dejas de arrojarte al todo.

Porque para venir del todo al todo
has de negarte del todo en todo.

Y cuando lo vengas del todo a tener,
has de tenerlo sin nada querer.

Porque, si quieres tener algo en todo,
no tienes puro en Dios tu tesoro.

13. En esta desnudez halla el espiritual su quietud y descanso,
porque, no codiciando nada, nada le fatiga hacia arriba y nada le
oprime hacia abajo, porque está en el centro de su humildad.
Porque, cuando algo codicia, en eso mismo se fatiga.

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"En el umbral del palacio de Zeus hay dos tinajas llenas de destinos: una de buenos y la otra de malos" (Homero).


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 Asunto: Re: Lectura de San Juan de la cruz - Mística Cristiana
NotaPublicado: 10 Jul 2017, 07:03 
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A la luz de lo leído comparemos nuevamente el misticismo cristiano con el oriental y veremos las semejanzas.

Veamos lo que dicen algunos textos respecto de las fases iniciales o requisitos que ha de tener el aspirante.

Mencionaré el Viveka Churhamoni (La joya suprema del discernimiento) de Sri Shankaracharya, y Vedantasara (La esencia de la Vedanta) de Sadananda Yogindra.

En los mismos inicios de ambos textos se mencionan los siguientes requisitos:

Vairagya: renunciación, el deseo de abandonar todos los goces transitorios.

shama: La práctica de mantener firme a la mente sobre su meta.

Dama: autocontrol, retirar los órganos de la acción y percepción de los objetos que los distraen.

Uparati: no permitir que la mente funcione ante los impactos de los objetos de los sentidos.

Titiksha: imperturbabilidad, sobrellevar toda clase de aflicciones sin queja e inquietud.

Mumukshutva: ardiente anhelo de liberación.

Samadhana: es la constante concentración de la mente que conlleva a la firme convicción del Ser.

Versículo 26 del Vedantasara: "Un aspirante tal es un aspirante calificado".

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