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NotaPublicado: 24 Abr 2018, 19:21 
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Rango personalizado: Con la fe y la razón
Estaba revisando mis textos, y entre viejos y malos poemas encontré un ensayo que acabo de retocar para compartirlo con ustedes. Aquí pueden ver mi parte más crítica contra la jerarquía, para que no se diga que creo inocentemente.


Hace pocos meses la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos se pronunció acerca de algunos abusos e irregularidades entorno a la eucaristía, tales como la consagración de sustancias no válidas e ilegítimas para recibir el sacramento. Pero leamos sus propias palabras: "las hostias sin nada de gluten son materia inválida para la Eucaristía. Son materia válida las hostias con la mínima cantidad de gluten necesaria para obtener la panificación sin añadir sustancias extrañas ni recurrir a procedimientos que desnaturalicen el pan", con lo cual quedan marginadas de la comunión ordinaria muchísimas personas que padecen intolerancias alimenticias. Eso con respecto al pan. Ahora leamos qué dice acerca del vino: "debe ser natural, del fruto de la vid, puro y sin corromper, sin mezcla de sustancias extrañas”, e insiste en que “no se debe admitir bajo ningún pretexto otras bebidas de cualquier género, que no constituyen una materia válida”. Tanto aquí como allá lo que se destaca es el concepto de "materia válida para ser consagrada", es decir, que determinados elementos son legítimos y otros no lo son para convertirse en el verdadero cuerpo y verdadera sangre de Cristo. Francamente y siendo sinceros y humildes llega a dar risa (cuando no tristeza) que la Iglesia sostenga a estas alturas teologías obsoletas como esas.

Cristo, en efecto, antes de su pasión voluntariamente aceptada, instituyó el sacramento de su presencia perpetua aquí en la tierra bajo las formas del pan y el vino. Lo hizo con estas palabras: "Esto es mi cuerpo; esta es mi sangre. Hagan esto en memoria mía". Sin embargo, ¿por qué nuestra santa madre Iglesia interpreta el "esto" del Señor (que, según algunos estudios ni siquiera figuró en el natal arameo de Jesús) como haciendo referencia al "pan" y al "vino" en general, vale decir, como sustancias? Dicho en otros términos: ¿qué tiene de especial el pan con gluten y el vino de la vid para sea la única materia válida destinada a ser transustanciada por manos del ministro ordenado? Sin ánimos de levantar dudas en la fe de nadie, pero, ¿no se habrá Cristo referido a ése sólo pan que tenía en sus manos, de manera que sólo aquél vetusto elemento de hace dos milenios hoy perdido es el único válido para ser transustanciado? ¿Por qué no interpretarlo así? No, ciertamente que no. Mas hagamos un mea culpa y reconozcamos que la filosofía aristotélico-tomista de las sustancias y los accidentes refrendada por el Concilio de Trento tuvo su momento, pero hoy ya casi sirve más a la desvirtuación de la fe que a su edificación.

Esto lo vemos a diario en las catequesis: se habla a la gente (¡adultos!) de esencias, de formas, de sustancias y otros términos metafísicos que en realidad nadie comprende sino sólo los formados en la tradición filosófica tridentina. Para el hombre y la mujer de a pie, el pan con o sin gluten sigue siendo pan. ¿Por qué escandalizar entonces? ¿Hay que pensar como Santo Tomás o Aristóteles para ser católicos?

El Concilio Vaticano II, dentro de sus reformas incluyó un giro linguístico importante no sólo en lo referente al uso de las lenguas vernáculas durante la liturgia, sino también en lo tocante a los milagros, lo cual viene bien hablando de la eucaristía: el milagro por excelencia. Hoy casi nadie usa la palabra "milagro" ni antes ni después de misa; se prefiere siempre la palabra "signo" por ser más acorde a los tiempos que corren e incluso al lenguaje bíblico: recordemos que san Juan, por ejemplo, siempre habla de "signos" pero muy rara vez de "milagros" en su evangelio. ¿Cuál es la diferencia? El signo hace referencia a algo, apunta a una realidad más allá de él mismo, mientras que el milagro más que referir supone una ruptura de lo establecido, de las leyes naturales que rigen el cosmos y esto, naturalmente, escandaliza. El cosmos parece tener sus leyes establecidas, rígidas como los conceptos tomistas de Trento, y por eso hoy ya casi no existe aspecto apologético en torno a la eucaristía. Todo lo cual hace válida la pregunta: si ya no hablamos de milagros sino de signos a la hora de leer los evangelios, entonces ¿por qué no ver en la eucaristía no más que un signo? Dicho en términos opuestos: ¿por qué obsesionarse con la materia, con la sustancia, con el pan y el vino y no con lo que significa y refiere el rito mismo de la consagración, de la eucaristía, de la última cena?
La respuesta ya se sabe: porque la fe entra por los ojos y sin milagros no hay fe tanto en la teoría como en la práctica. Es así como la Tradición (con mayúscula) se perpetúa a ella misma: de testigo en testigo hasta llegar a nosotros los discípulos de Cristo hemos "visto y oído" (como diría San Juan) al Verbo y sus milagros. Sólo de testigo a testigo la fe puede gozar de legitimidad no sólo ante un mundo hoy descreído, sino sobretodo ante la racionalidad. La razón quiere pruebas, reclama evidencias, pero la fe exige confiar en un tú, en un testigo cualificado que nos interpela desde fuera sirviéndose de mediaciones; vale decir, sólo una fe creíble (por milagros) resiste el peso y el rigor de la razón. Por eso hoy, ayer y siempre se insistirá en que la eucaristía es un milagro y no meramente un signo, que el pan y el vino realmente cambian y dejan de ser lo que fueron, que la filosofía aristotélico-tomista es la mejor para expresar el misterio cristiano, etcétera.
}Y da tristeza, da verdadera y profunda tristeza. No sólo porque priva a muchos enfermos de la comunión ordinaria sino porque ya deberíamos comprender los católicos que con o sin milagros (con o sin pan y vino válidos) Cristo sigue vivo entre nosotros. Me parece que la sacra Congregación sólo está defendiendo tonterías y no preocupándose de lo que realmente importa: la presencia real y verdadera de Cristo entre nosotros.

_________________
"La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad"


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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com
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