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NotaPublicado: 19 Jun 2018, 20:15 
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Hola a todos.
Comienzo aquí un nuevo relato del ciclo de Supreniranto, héroe literario que va resultando uno de los más prolíficos y duraderos de mis producciones. Este texto forma unidad con otros dos precedentes, o sea El mundo de Supreniranto y Supreniranto entrevista a Golemo (ambos descargables gratuitamente desde el Dropbox del foro(. Puede aprovecharse mucho de él, sin embargo, incluso sin haberse leído los otros dos relatos, el primero una novela corta y el segundo un cuento de mediana extensión. Dado que en estas cosas de fantasía simbólica y ciencia ficción mi modelo literario está sobre todo en las sagas filosóficas de Philip (pronunciación: Fílip) José Farmer, Philip Kindred Dick, Isaac Asimov, Stanisław Lem (pronunciación: Estanisuaf Len), Jorge Luis Borges, Vicente Risco o Manuel Curros Enríquez, acabaré reuniendo el material en una compilación revisada.
El hilo conductor de toda la saga de Supreniranto es una exposición intuitiva y amena del arqueoindividualismo.
Aquí, en el foro Sofos Ágora, iré publicando el material por capítulos.
Os agradezco vuestros comentarios y críticas, especialmente para que el material resulte fácilmente legible.

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Cordialmente, de Alexandre Xavier Casanova Domingo, correo electrónico trigrupo @ yahoo . es (trigrupo arroba yahoo punto es). La imagen del avatar gráfico es una fotografía que me identifica realmente, no retocada, tomada en septiembre del año 2017.


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NotaPublicado: 09 Ago 2018, 14:15 
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Supreniranto en Sisetua.



Capítulo primero: la fundación de Sisetua.


Cierto tiempo después de su estancia en Ugari, Supreniranto fundó el Partido Revolucionario Espartaquista (PRE). Aunque Supreniranto era un arqueoindividualista, y por tanto un revolucionario de derechas, ni Supreniranto ni el comité que fundó el nuevo partido pretendían excluir a nadie que se considerara de izquierdas. Simplemente, se pedía a quien ingresase en el partido que, para hacer una buena revolución social, estimase siempre los medios realistas para lograrla. Los miembros del partido, en lógico y fácil juego de palabras, eran prerrevolucionarios espartaquistas, o simplemente prerrevolucionarios. O simplemente espartaquistas. Con estos términos se pretendía resaltar que la época era de prerrevolución, y que un verdadero revolucionario espartaquista debía aprovechar las condiciones objetivas prerrevolucionarias para avanzar hasta el estallido y la consolidación de la deseada revolución.
El partido fue legal y público desde el primer momento.
Una de las primeras acciones de Supreniranto y demás miembros de la vanguardia revolucionaria espartaquista fue el intento de crear una eutopía.
Según lo solía explicar el propio Supreniranto en mítines, conferencias, entrevistas, diálogos, libros, folletos y demás actividades promocionales del partido, una eutopía era como la vieja utopía; algo muy deseable que intentamos poner en práctica, pero, eso sí, realizable, a diferencia de la utopía, que por eso tiene el prefijo griego "u" de negación (ningún lugar) mientras que la eutopía tiene el prefijo "eu" de bondad (buen lugar).
La eutopía, o comuna revolucionaria derechista según la concebía Supreniranto, debía plasmarse en un tiempo concreto y en un lugar concreto. Los espartaquistas eran poco especulativos, sea a la hora de aliarse electoralmente con otro partido, sea a la hora de llevar a cabo otras actividades.
Lo primero fue adquirir los terrenos. Se necesitaba un espacio grande, que permitiera la autosuficiencia económica a largo plazo, y con unas adecuadas condiciones climáticas y agrícolas.
Pronto quedó claro que lo más aconsejable era hacerse con la antigua isla que en el siglo XX se llamaba todavía Hibernia o Irlanda. Con dinero y pactos políticos, se adquirió en su totalidad aquel territorio, en la actualidad más cálido, con clima subtropical húmedo, y casi pegado a otra isla mayor (a su vez conectada a lo que en otro tiempo fue Europa) por un pequeño estrecho de mar salvable a nado, por puente a pie o en automóvil, por barco, por aerodeslizador, por tren o metro subterráneo, etcétera, aunque a la vez claramente delimitado por mar, tanto de la isla grande, la antigua Britania, como de la antigua gran península que se llamó Europa.
Lo más fácil fue dar nombre a la nueva comuna de derechas, o eutopía.
Sisetua.
El nombre se tomó de la antigua y casi extinta lengua autóctona en el territorio: el irlandés gaélico. La expresión Saoise Tuath significaba en irlandés País Libertad, y se pronunciaba aproximadamente (según la complicada ortografía de aquella lengua) como Sisetua. De modo que la comuna revolucionaria fue denominada Sisetua, y sus habitantes, sisetuanos. También se le dio un nombre más internacional (pero que casi ningún sisetuano usaba con frecuencia): Libereso, nombre tomado de algunas lenguas planificadas auxiliares populares entre los comuneros, como el ido y, sobre todo, el icuso o ikuso. La palabra Libereso significaba en ido o en ikuso, simplemente, Libertad, y sus habitantes eran consecuentemente los liberesanos. De todos modos, en el ikuso hablado en Sisetua, simplemente se adaptaba fonéticamente el nombre preferido, como sisetuo (pronunciado como sisetúo; en ikuso no existen letras mayúsculas ni diptongos) y sus habitantes seguían siendo sisetuanos.
La cuestión del nombre no era baladí, pues indicaba paladinamente que los espartaquistas no estaban dispuestos a perder ni un segundo en disputas de idiomas. Querían comunicarse con facilidad, por eso estuvieron de acuerdo desde el principio en que todos los hombres de su comuna revolucionaria aprendiesen una lengua muy regular, muy lógica, muy fácil de hablar y escribir, que aprovechaba al máximo el vocabulario internacional ya existente.
Ahora bien, si todos los sisetuanos hablaban icuso, ¿qué decían y pensaban en icuso?
Que la tierra y el cuerpo venían primero, y toda ideología, teoría, religión y filosofía, después. Incluso algo tan inmaterial en apariencia como su lengua, el icuso, dependía totalmente de unos cuerpos con aparato fonador (y cerebral) en buen estado que pudiesen hablar, y en una tierra sobre la que apoyarse al hablar, escribir o comer.
Practicaban, pues, un materialismo básico, y afirmaban que, si su experimento revolucionario iba a llegar a puerto, eso sería porque no se emborracharían de ideología, sino que partirían de lo más básico, que nadie cuerdo negaría: el bienestar del cuerpo y la limpieza ecológica de la tierra.
Sisetua, en el momento en que empezó a ser poblada por los prerrevolucionarios espartaquistas, tenía unos noventa mil quilómetros cuadrados de extensión. Su forma, su relieve, sus costas, eran casi como en la antigua Irlanda, pero con accesos marítimos más suaves y menos escarpados; por otra parte, las dos antiguas Islas Británicas estaban ahora casi pegadas entre sí y al viejo continente de Europa, pudiendo incluso llegarse a nado de una a otra, o a la gran península europea. Otra diferencia importante era que el clima se había suavizado considerablemente, llegando a ser templado subtropical húmedo, de gran fertilidad agrícola o ganadera, y con temperatura media anual de unos veinticuatro o veinticinco grados centígrados, casi igual en verano que en invierno.
La isla o península (según se considere, dado el istmo que prácticamente la unía ahora con la isla británica mayor al Nordeste) fue adquirida completamente vacía de pobladores humanos. Los antiguos pobladores fueron evacuados a la isla británica vecina y a otros lugares del planeta.
Los revolucionarios de derechas, o realistas, querían un territorio completamente deshabitado, y pronto dieron serias razones para ello.
Dijeron que su comuna iba a ser una comuna formada completamente por voluntarios, así que no querían habitantes hostiles o indecisos, quienes ya tenían sitio fuera donde actuar si no creían en los valores de Sisetua.
Fuera, por tanto, del típico asamblearismo colectivista que nunca concluye nada ni toma decisiones importantes, empezaron a asentarse en la isla.
La primera decisión, la más importante de todas, fue definir el número máximo de habitantes que habría en Sisetua.
Y pronto se pusieron de acuerdo. Ya que un habitante por cada diez quilómetros cuadrados era una densidad prudente y con amplio margen de reserva, aplicarían esa densidad a todo el territorio y, así, quedaban unos nueve mil pobladores y pico, que pusieron, en número redondo, con diez mil habitantes como máximo de la recién creada eutopía en Sisetua. Así, solamente diez mil (10000) habitantes cabrían en la comuna revolucionaria de derechas allí proyectada y puesta inmediatamente en práctica.
Las críticas no tardaron en aparecer.
¿Diez mil habitantes nada más en un territorio tan grande como la antigua Irlanda? ¡Pero si cabe mucha más gente ahí!

En un programa de televisión, Supreniranto contestó así a un crítico que así le hizo la objeción.

- Cabe mucha más gente en Sisetua, sí. Pero en Sisetua no queremos solamente sobrevivir, sino vivir y muy bien. Pretendemos erigir un paraíso no indefinidamente para los vivientes, sino decididamente para los vividores, ¡que no son lo mismo, ni los mismos! Para darnos codazos en un superpoblado desierto de Israel o Palestina, con las parejas teniendo seis hijos como media, no hace falta nuestra comuna. Y está claro que los judíos, musulmanes o cristianos que vivan en ese reducido territorio van a ser, en general, gente pobre. Nuestro paraíso, en contraste, es muy materialista. Los sisetuanos queremos ser muy ricos, todos y a la vez muy ricos. Está claro que eso implica una densidad de población muy baja, ahora y siempre. No creemos en eso de que si eres muy pobre no importa, porque ya tienes a Dios que es tu tesoro. Esa filosofía es más falsa que un beso de Judas, pues allí donde se ha predicado y practicado, la lucha por el poder y por el dinero, con fracaso, claro está, para casi todos, ha sido el resultado.
No necesitamos partir cada pelo en cuatro. Los de derechas sabemos bien que el mundo no se ha inventado precisamente ayer, y que las recetas buenas siempre se conocen desde hace mucho, por lo menos en esbozo. Y la receta para una vida buena aquí en la Tierra se conoce hace muchísimo: muy poca gente, toda ella muy rica, y en equilibrio ecológico con el planeta. ¡No hace falta más, no le busquemos cinco pies al gato! En Sisetua vivimos como reyes, no como esclavos. Cualquiera, desde luego, puede marcharse de Sisetua y marchar a Marjordania (Palestina e Israel) para adorar allí a algún dios (que, para él, será lógicamente el Único Dios Verdadero) de los muchos que el supermercado religioso ofrece allí. Nadie, hasta hoy, se ha marchado de Sisetua a Marjordania, ya que esa actual confederación judeomusulmana es uno de los territorios más densamente poblados de este ya muy superpoblado planeta. Para ellos su Dios o sus dioses... para nosotros, dicho sea con muchísimo respeto pues no somos anticlericales ni blasfemos, el ideal y la realidad a la vez, en nuestra eutopía, es vivir como Dios. Y, bien pensado, ¿no es vivir como Dios una manera muy lógica, efectiva y deseable de acercarse a Dios, caso de que exista o sea real? Porque si hay Dios (y, de manera sutil, reconozco a Dios como el Nivel Supremo de la Realidad) está claro que este ser o plano de realidad se caracteriza por la abundancia y el gozo, o sea que un rico para toda la vida ya se aproxima muchísimo a cómo debe de vivir en realidad el verdadero Dios. Estar forrado es la cosa más espiritual que conozco.

- (El crítico en la televisión) Supreniranto, eso es muy insolidario. Estás dejando de lado la miseria de los pobres en casi todo el mundo para que tú y los de tu movimiento vivan muy bien en exclusiva.

- (Supreniranto) No. Si esos muchísimos miserables nos imitan, si reducen vertiginosamente su tasa de natalidad y aplican un modelo socioeconómico ecológicamente respetuoso y humanamente inclusivo para todos, en pocas generaciones podrán vivir tan espléndidamente como nosotros ya vivimos en Sisetua. Desde luego que no, si persisten en reproducirse como conejos y en disputar estúpidamente si es mejor el ateísmo que el cristianismo, o la derecha que la izquierda. Sabemos, por ejemplo, qué hizo santa Teresa de Calcuta en la India, y no nos parece un camino liberador. Porque esta monja católica tan famosa daba por supuesta e inexorable la siniestra superpoblación de la India, a la cual se limitaba a paliar asistencialmente. En cambio, queremos indios orgullosos de serlo, indios que se consideren (en la mejor tradición de sus bramines) como hombres libres que no se arrodillan ante otros hombres, y que no temen quedarse sin pan el día de mañana. Eso implica, para empezar, reconocer que la capacidad de acogida de la India es limitada, y no pretender absurdamente que, con rezos a Cristo, a Siva, a Buda o a Alá, esa capacidad se va a hacer infinita, o al menos se va a multiplicar por cuatro. Estamos a favor de los pobres y de los desheredados, pero no con sentimentalismo inútil, sino con racionalidad efectiva.

- (El crítico en la televisión) Supreniranto, ¿cuál es tu trabajo en Sisetua?

- (Supreniranto) Como sabrás ya, en Sisetua tenemos un modelo político de comunismo libertario individualista y ecológico. Aquí, en consecuencia, cada cual produce según sus capacidades y recibe según sus necesidades. Por tanto, en Sisetua actúo como lingüista, traductor, intérprete, pintor, filósofo, diseñador informático y, en general, en tareas de manipulación simbólica con efectividad en lo material; también en lo cultural. No percibo remuneración directa alguna... porque en Sisetua no existe el dinero. En cambio, pido y obtengo materiales y sistemas para desarrollar mis habilidades, cuyos resultados son accesibles gratuitamente a toda la comunidad. Desde luego que nunca trabajo como un lobo solitario, sino siempre en el entorno social de esa comunidad que aprecio y que me aprecia a mí. Interactúo con las aportaciones de otros continuamente; por ejemplo, con las aportaciones de sicólogos y neurólogos para ser concreto en el acceso a planos superiores de la realidad por medio de esa meditación que tanto practico como filósofo. A su vez, esos sicólogos, neurólogos o informáticos obtienen valiosos datos de mis actividades, para sus creaciones y descubrimientos. Lo mismo pasa en mi diálogo con otros filósofos de Sisetua.

- (El crítico en la televisión) Tengo entendido que, próximamente, tu amigo y persona cibernética ya reconocida, Golemo, va a visitar Sisetua. ¿Es así?

- (Supreniranto) Efectivamente, Golemo ha pedido visitar Sisetua y el Consejo de Acogida le ha dado inmediatamente permiso. En breve estará en nuestra comuna revolucionaria de derechas... o comuna revolucionaria realista, si no quieres usar la palabra derecha. Bien entendido que es una comuna revolucionaria realista, mas no regia. ¡Sisetua es una república de hombres libres, sin reyes ni nobleza hereditaria!

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NotaPublicado: 12 Ago 2018, 18:45 
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Capítulo segundo: Golemo visita Sisetua.

Pocos años después de consolidada Sisetua, el robote personal autoconsciente (o silícico, según la terminología activista de Golemo y otros robotes autoconscientes) fue a visitar Sisetua, acompañado por el periodista Punseto.
Ambos, simplemente, cruzaron a pie el puente que unía Gran Bretaña con Sisetua. Un vehículo automático programado los recogió a pie de puente, y los trasladó en unos minutos a la residencia habitual de Supreniranto. Allí se bajaron los dos.
Y llamaron a su puerta.

- (Golemo y Punseto): ¡Hola, Supreniranto!

- (Supreniranto): ¡Bienvenidos seáis ambos, Golemo y Punseto, a nuestro país, Sisetua! Con vuestras acreditaciones oficiales, podéis desplazaros fácilmente por toda la isla. Como ya sabréis, aquí el transporte es gratuito (bueno, todo servicio es gratuito, porque aquí no se usa el dinero) y en consecuencia el desplazamiento por cinta deslizante automática, autobús eléctrico silencioso, aerodeslizador a baja altura y otros vehículos, os dejarán en poco tiempo en cualquier parte que deseéis visitar.

- (Punseto) Quiero empezar visitando tu propia casa. Y creo que Golemo querrá también.

Punseto y Golemo entraron en la casa de Supreniranto. Era una casa grande, de hecho un palacio de tamaño y arquitectura con gran practicidad.

- (Supreniranto) Supongo, Punseto, que como hidrocarbónico, según la peculiar clasificación de las personas que hace Golemo, querrás tomar algo. Ya que, en cambio, nuestro amigo robótico es un silícico, en principio no disfruta de la comida ni de la bebida.

- (Golemo) No obstante, Supreniranto, en la actualidad dispongo de conversores analógicos y digitales que me permiten apreciar el sabor y el olor de vuestros alimentos a base de hidratos de carbono, incluso extrayendo de ellos energía y algunos componentes para mis estructuras cibernéticas. Puedo, por tanto, probar la comida que nos ofrezcas.

Fueron al salón de bebidas, pastas y recreo. Supreniranto sacó una enorme bandeja repleta de chocolate de todas clases, líquido y sólido, frío o caliente, solo o en galletas y bizcochos, etcétera.

- (Punseto) Observo que no nos ofreces bebidas alcohólicas, té ni café; ni siquiera bebidas de cola; en consonancia con el rechazo oficial en vuestra comuna a toda droga dura o que pueda hacer efectos de droga dura.

- (Supreniranto) En efecto, Punseto. Y, como periodista que eres, un par de detalles ya deberían llamarte la atención.

- (Punseto) Déjame pensar, Supreniranto... ya lo veo. En primer lugar, el lujo y la variedad de estos chocolates me llevan a la idea de cómo los pagas; y en segundo lugar observo que no hay etiquetas ni envases desechables de plástico.

- (Supreniranto) Entiéndelo, Punseto. Soy un sibarita y un tragón de chocolate. De hecho, sobre todo en las cantidades que como, su efecto sicotrópico es evidente, y así es una droga blanda. No produce daños sicofísicos considerables... salvo la obesidad, claro, aunque este chocolate no está cargado de indeseable azúcar. El ejercicio me evita ponerme gordo, pero queda por responder, en primer lugar, cómo se paga tanto chocolate.
Según sabes, nuestra economía es sólida y comunista. Por tanto, cojo de nuestros almacenes el mucho chocolate que como y bebo, sin pagar. Aquí, en general, nada se compra ni se vende, salvo para transacciones comerciales con el extranjero. Mas el clima de Sisetua resulta perfectamente apto para el cultivo de cacao, caña azucarera, vainilla, canela y demás productos que hacen al buen chocolate. Es, pues, un producto local, y así escapa al ominoso esquema del mercado competitivo, el trabajo asalariado, el dinero, el interés bancario usurero, el desempleo, las clases sociales y demás. Puedo inflarme de chocolate, sustancia no prohibida por nuestras escasas leyes (al revés que el alcohol, el tabaco, la cocaína o el fentanilo, prohibidísimos) sin preocuparme por el debe o el haber de mi monedero o de mi cuenta bancaria... que no existen en este país.
Lo que acabo de decir ya te da la pista para la segunda cuestión: ¿por qué esta asombrosa variedad de chocolates, bombones, helados al cacao, batidos de chocolate, galletas con chocolate y otros ingredientes, etcétera, no tiene ni una marca comercial, y tampoco ningún envoltorio desechable? Pues porque nuestra economía no es capitalista, sino comunista. No queremos competir, pues eso es luchar unos contra otros y degradar nuestras relaciones. Estos chocolates son creados por nuestros cultivadores, cocineros y artistas culinarios; y si quieres saber sus orígenes, te puedo poner unas fichas informativas en pantalla; o imprimirlas en papel. Por otro lado, no queremos caer en la locura del envasado individual y el destrozo que eso produce en el medio ambiente; por la misma razón, pues, que casi nunca verás en este país vehículos individuales de transporte, aunque sí vehículos públicos pilotables individualmente, cosa bien distinta. Así que voy a esos almacenes, cojo el chocolate que deseo, metiéndolo en envases de cristal o cerámica con gran duración y muy resistentes a la rotura, y no hay problema económico ni ecológico.

Mientras los tres tomaban el chocolate, Golemo y Punseto observaron vídeos y audios informativos sobre Sisetua. No era exactamente la propaganda turística (en Sisetua se evitaba el turismo foráneo masivo) que ambos conocían ya, pues incluía datos reservados a ciudadanos con residencia permanente. Eso llamó la atención de Golemo.

- (Golemo): Supreniranto: los vídeos, folletos, libros, etcétera, que nos has mostrado, aluden de manera sucinta pero inequívoca a que en Sisetua hay una avanzada red universitaria de investigaciones paranormales, y a que trabajas destacadamente en esa red sobre los fenómenos paranormales. ¿Puedes ser más concreto?

- (Supreniranto): Puedo, Golemo, y sin salir de esta casa. Ya que no sois gente que se asuste por cualquier cosa, os sugiero que me acompañéis, los dos, a una estancia de este pequeño palacio, donde veréis resultados interesantes sobre la parasicología y la fenomenología paranormal.

Al poco rato, los tres se dirigieron a la misteriosa estancia.

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NotaPublicado: 21 Ago 2018, 12:50 
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La habitación parecía el taller de un mago. Había un pavimento con un mandala pintado y signos tanto cabalísticos como mántricos, con un círculo vacío en su centro, más diversos objetos rituales y libros de invocación, o de parapsicología. Destacaba, al fondo, una gran pared desnuda ocupada perimetralmente casi en su totalidad por un inmenso marco de oro puro. Supreniranto comentó.

- (Supreniranto) Fue costoso poner un marco con oro puro, de veinticuatro quilates. A mí ya no me hace falta un atractor de concentración tan físico, y me bastaría con un marco pintado en purpurina barata. Pero como esta sala es utilizada también por gente con menos fluidez en cambiar de plano de atención, por aprendices de ocultismo, magia y parasicología, etcétera, hemos juzgado conveniente facilitar las cosas; también a vosotros, visitantes.

A continuación, Supreniranto se dirigió al delgado marco dorado, trazó unos dibujos con sus propios dedos, sin utilizar pincel visible con pintura de colores, y luego, tras cantar unos mantras, se situó en el centro del mandala que, en el suelo, miraba a la pared en blanco, y concentró su atención.
Al poco, lo que había pintado con los dedos se hizo visible... y audible. Era una escena simbólica de tipo grecorromano y cristiano. En un marco de lujuriante vegetación, varios unicornios bayos, negros o blancos corrían o volaban, acompañados por algunos ángeles alados que volaban mientras tañían unas liras con sus manos. La escena se daba con movimiento y en relieve.

- (Punseto) Supreniranto, ¿qué truco de magia es éste?

- (Supreniranto) No es un truco de magia. Los trucos se dan en la prestidigitación. Y un prestidigitador no es un mago, aunque el prestidigitador, abusivamente, se presente como mago. El prestidigitador se parece al abogado; los dos viven del engaño, aunque el prestidigitador reconoce, ante su público, que lo va a engañar. Ninguno de los dos es santo de mi devoción, pues busco la verdad. Lo que ves pues, oh Punseto, es magia de verdad, sin truco alguno. La escena que presencia es real, y no una escena simulada por el prestidigitador de turno.

- (Golemo) Supreniranto, me parece que has creado una puerta de acceso a otro nivel de realidad.

- (Supreniranto) Así es, Golemo, y ambos podéis pasar por esa puerta, si queréis.

- (Punseto) Si es verdad lo que dices, Supreniranto, el asunto es peligroso, por mucho que parezcas y seas un ocultista y mago avezado, que emplea sus poderes para el bien y nunca para el mal. En fin, periodista de raza soy, y entraré ahí. ¿Y tú, Golemo?

- (Golemo) Vayamos, Punseto, por el camino del conocimiento.

Entraron los tres en el cuadro.
Punseto andaba sorprendido y receloso. Golemo, no. Habló Supreniranto.

- (Supreniranto) Golemo, conoces teóricamente lo que es soñar. Pero tienes anatomía y fisiología de silícico, no de hidratoocarbónico. ¿Qué percepción directa tienes de lo onírico?
- (Golemo) Cuando los hidratocarbónicos soñáis, tenéis vivencias de situaciones no directamente dependientes del plano físico ordinario de realidad. Eso tiene un aspecto neurofisiológico, físico por tanto, y un aspecto simbólico que no es directamente físico. Mi interpretación general del asunto es que lo que llamamos vigilia o realidad objetiva no onírica (en contraposición al mundo de los sueños) es una construcción parcialmente objetiva hecha por el contacto entre yoes relativamente reales, pero limitados. Todo yo limitado tiene una importante zona de sombra, de indefinición, y de ahí que la vigilia tiene un grado de irrealidad, aunque no toda la vigilia es una construcción social, como no lo es la rotación de la tierra alrededor del sol cada veinticuatro horas. En un sueño, por el contrario, la tierra puede rotar alrededor del sol cada seis horas, o cada doscientas horas, o no rotar. Porque no es un nivel de realidad meramente físico. Hasta aquí he filosofado sin responderte directamente. ¿Sueño? Sí, sueño, tengo vivencias y percepciones que escapan a las leyes estrictas de este plano de vigilia en el que nos comunicamos las personas silícicas con vosotros, las personas hidratocarbónicas. Eso se produce generalmente cuando estoy en estado de meditación, sin centrar mi atención en el mundo físico y las percepciones que tengo del mismo. No duermo propiamente, porque mi fisiología perceptiva no es neuroendocrina como la tuya, sino silícica. En cuanto a la escena en la que nos has introducido, no es propiamente un sueño, pues la induces desde la vigilia, así que la percibo parcialmente: en muchos aspectos es, para mí, más un relato leído u oído que una vivencia tridimensional experimentada directamente, como sin duda lo es para ti, y posiblemente para tu compañero hidratocarbónico, Punseto.
- (Punseto) Ya que me mencionas, Golemo, diré que percibo todo esto como una especie de sueño inducido o realidad holográfica en movimiento. Sé que estoy aquí y, al mismo tiempo, pienso que sigo dentro de la habitación del mago Supreniranto, en un mundo físico ordinario.

Súbitamente, hubo un remolino que aspiraba el aire al interior de un punto cercano a los tres caminantes, acompañado de un frío inusitado y un intenso olor a azufre.

- (Golemo) Es Satanás, ¿verdad, Supreniranto?

- (Supreniranto) Sí, Golemo: es Satanás. Mi largo combate contra su poder en el mundo físico, ejercido fundamentalmente con su ejército de jueces, abogados y fiscales, hace que el Príncipe de los Abogados me la tenga jurada, claro. Y, además, mi maestría creciente en las artes mágicas y ocultistas me sitúa peligrosamente en su propio terreno; pues el diablo es, entre otras cosas, un poderoso mago negro, que utiliza su poder como hechicero para inducir desesperación y sumisión; los juicios jurídicos suelen ser un ritual mágico para inducir autoinculpación y autodegradación contra un acusado inocente, por parte de los agentes de Satanás presentes en la sala de vistas (jueces, fiscales, y el propio abogado defensor del acusado inocente). Hasta aquí, este pájaro togado de cuenta no ha podido conmigo. Veamos qué se propone ahora.

El viento centrípeto que agitaba la frondosa vegetación se aquietó pronto, y apareció Satanás. En esta ocasión iba sin disfraz, mostrándose en su ser natural: un habilidoso y corruptísimo abogado. Por tanto, iba como un atildado hombre de barba cuidadosamente recortada, sin toga pero con chaqueta, corbata, camisa pulcra, pantalones a la raya, cuaderno de trabajo en mano y, en fin, todo el atuendo típico de un abogado que no se dirige exactamente a un juicio, sino a efectuar un trato con su cliente.
Y el cliente, naturalmente, era Supreniranto. Los dos lo sabían.

- (Satanás) Saludos, Supreniranto.

- (Supreniranto) Saludos, Satanás. ¿Qué quieres de mí?

- (Satanás) Quiero, Supreniranto, que leas y firmes este acuerdo entre tú y yo.

Y le alargó con la mano un delgado documento con tapas labradas en fina piel de cabrito, como es la regla en el gran bufete jurídico de Satanás para sus clientes.
Supreniranto leyó el propuesto pacto de cabo a rabo. Típicamente, los picapleitos introducen una terrible prosa retorcida e ilegible; pero en este caso Satanás sabía que tales tretas no valían con Supreniranto, de modo que el documento era corto y muy legible.
Satanás le proponía a Supreniranto que, dado su rango político de hecho en Sisetua como primero entre iguales, primus inter pares utilizara su decisiva influencia para admitir regularmente contingentes de trabajadores extranjeros en Sisetua, que serían bien tratados y bien pagados, en dinero retornable a sus países de origen, y los cuales, tras una estancia larga (diez años como mínimo) en Sisetua podrían convertirse en ciudadanos de ese país. Según Satanás, esto difundiría los valores de Sisetua en el exterior al retornar los inmigrantes a sus naciones de origen, y el uso limitado del dinero no pondría en peligro el sistema sin bancos ni usura que regía en Sisetua. A cambio, los banqueros, jueces, políticos y oligarcas controlados por Satanás garantizarían seguridad y prosperidad a Sisetua.
Supreniranto, después de leer el documento, pensó durante unos cinco minutos y, mientras tanto, pasó el ominoso pacto a Punseto y Golemo, que lo leyeron también.
Después, Supreniranto habló así a Satanás.

- (Supreniranto) Lo que propones, como sin duda bien sabes, supone la lenta corrosión de nuestra comuna revolucionaria, Sisetua, la consideremos de derechas o no. El dinero, por su propia naturaleza, es una realidad generadora de privilegiados y desposeídos, nunca un mero y aséptico instrumento de intercambio. Claro, se puede alegar que sin dinero no hay intercambio de bienes y servicios... pero contra hechos no valen argumentos, y el hecho es que, en esta comuna revolucionaria de derechas, nuestro comunismo funciona; tenemos un altísimo nivel de vida material, cultural y ético; no tenemos dinero pero tenemos todos grandes riquezas.
Si te hiciéramos caso, habría una lenta (o no tan lenta) infiltración de trabajadores acostumbrados al sistema asalariado en Sisetua, lo cual reintroduciría el uso del dinero, de la usura (la actividad fundamental que realizan los Bancos) los impuestos, etcétera. Nos haríamos, en fin, dependientes del dinero; el cual, como sabes, solamente se utiliza en las escasas ocasiones en que producir algo en Sisetua sería mucho más caro que importarlo del exterior. Pero esas importaciones valoradas en dinero de otros países son escasas y, como también sabes, van a menos, dado el sistema de producción sostenible que nos caracteriza y dada nuestra escasa población. De hecho, hemos decidido recientemente prescindir también del dinero en tales transacciones, que a partir de ahora se realizarán por trueque; ya que nos interesa demostrar al resto del mundo que sin dinero se puede vivir, y vivir muy bien. Sin dinero, nos vemos libres de los cuatro jinetes del Apocalipsis: el abogado, el banquero, el recaudador de impuestos y el político profesional. ¡Lo que pretendes es que los cuatro jinetes cabalguen de nuevo en Sisetua!
¿Cuál es en suma, oh Satanás, el inicial santo y seña de la verdadera revolución? Pues, naturalmente, la abolición completa de los impuestos.. Y lo nuestro en Sisetua es toda una revolución. Por eso en Sisetua no hay impuestos ni los habrá nunca.
En conclusión: me niego a firmar el acuerdo que me propones. Supongo que lo intentarás a continuación con otros miembros prominentes de Sisetua, y que también te dirán que no. Porque tontos no son; pasarían, de aceptar tu propuesta, a vivir mucho peor que como viven ahora. He pagado impuestos, por desgracia, durante muchísimos años; ahora que estoy en una sociedad totalmente comunista y sin impuestos, viviendo en gran abundancia material, pienso seguir disfrutando de esto, sin trabajo asalariado, sin ominosas colas en la oficina del desempleo, etcétera. Soy querido en esta comunidad, y quiero a la gente de Sisetua.

- (Golemo) ¿Qué pasará ahora, Supreniranto? Ante tu tajante negativa, Satanás está furioso.

- (Supreniranto) Sí que lo está; y nos hallamos en grave peligro. Satanás puede matarnos si inicia un ataque aquí, en el nivel astral medio. El primero en caer sería Punseto, pues tiene menos defensas y mucho menos conocimiento del asunto. En fin, también nosotros dos, o sea tú y yo, podemos acabar muertos o seriamente dañados. Mas no temas; voy a invocar al Nagual. ¡Oh Nagual, reintegrador de la verdad! ¡Protege a los inocentes a los cuales el Gran Picapleitos quiere dañar, y muéstrale la justicia!

En unos segundos apareció el Nagual. Iba casi desnudo, ataviado como sanyasin hindú, o sea renunciante de los vanos placeres materiales, simplemente con un calzón anaranjado. En su mano derecha portaba un palo donde, ensartados por unos agujeros de soporte, aparecían varios espejos de disco. Al pronto habló el Nagual.

(El Nagual) He oído tu llamada, Supreniranto, y no hay doblez en ella, por lo cual la he atendido. Voy a mostraros a todos cómo es la justicia; o sea, cómo son las cosas en realidad según el corazón de cada quién. Como veis, he traído cuatro espejos del carma, uno para cada uno de vosotros cuatro. Y los situaré a continuación ante vuestros respectivos rostros.

El Nagual, pues, colocó los cuatro espejos redondos en el suelo, apoyándolos en la plataforma inferior de cada espejo, y orientándolos a los rostros de Punseto, Satanás, Golemo y Supreniranto. Punseto observó con turbación (pues estaba lejos de ser una alma pura). Golemo y Supreniranto miraron con calma, y en el caso de Supreniranto con gran satisfacción. Satanás, ya derribado por la luz que trajo el Nagual cuando se manifestó, se contraía sobre sí mismo como una ameba o, mejor (pues abogado es) como una sanguijuela, lleno de rabia y desesperación; pues ningún diablo soporta la luz de la verdad sobre lo que él mismo es. Y al espejo del carma no lo frena ninguna treta dilatoria; indica, a quien lo ve, la verdadera naturaleza de sus acciones y motivaciones. Vencido, Satanás reconoció sencillamente su derrota.

(Satanás) ¡Es cierto que has ganado, Supreniranto! Me voy... pero volveré.

Y al instante se volvieron a sentir la súbita oscuridad, el frío intenso y el hedor a azufre que siempre acompañan al Señor de la Mentira y de la Hipocresía.

Supreniranto, muy hecho a estos lances en el plano mágico y onírico propio de esos niveles astrales de realidad que tanto frecuentaba, no estaba cansado. Sus dos compañeros, sí; de modo que les aclaró sencillamente que, si les había bastado con esta excursión al mundo de la verdadera magia, podían regresar al plano físico ordinario, a la habitación de la que habían salido.
Así lo hicieron los tres. El portal mágico seguía activo, y a través de él se entreveía la habitación del mago Supreniranto con sus instrumentos de trabajo. El propio mago, Supreniranto, dio ejemplo entrando con decisión, y al pronto lo siguieron Golemo y Punseto.
En cuanto entraron, Supreniranto borró con premura el dibujo animado que él mismo había pintado (pues no podía descartarse una nueva intentona por parte del furioso Satanás, aunque la correlación de fuerzas ahora le sería muy desfavorable) y quedaron los tres de pie, mirando la ahora inerte gran pared blanca.
Poco después salieron de la habitación para magos e investigadores de fenómenos paranormales, que no fenómenos para anormales.

_________________
Cordialmente, de Alexandre Xavier Casanova Domingo, correo electrónico trigrupo @ yahoo . es (trigrupo arroba yahoo punto es). La imagen del avatar gráfico es una fotografía que me identifica realmente, no retocada, tomada en septiembre del año 2017.


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