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 Asunto: Re: El Comercio
NotaPublicado: 05 Jul 2018, 17:54 
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Vuelve a cambiarla
solo como bistec miñon. soy carnivoro

UN MARXISTA

_________________
SOY DE LOS QUE NECESITAN POCO Y LO POCO QUE NECESITO, LO NECESITO MUY POCAS VECES.


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 Asunto: Re: El Comercio
NotaPublicado: 05 Jul 2018, 18:12 
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Sin embargo yo como pescado y me he dado un festín contigo. Gracias.


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 Asunto: Re: El Comercio
NotaPublicado: 05 Jul 2018, 18:15 
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buen provecho

UN MARXISTA

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SOY DE LOS QUE NECESITAN POCO Y LO POCO QUE NECESITO, LO NECESITO MUY POCAS VECES.


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 Asunto: Re: El Comercio
NotaPublicado: 20 Jul 2018, 19:23 
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Registrado: 08 Feb 2012, 00:46
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Saludos otra vez, Elansab.
Dices lo siguiente.

"Saludos Alexandre.

Verás, sé que no servirá de nada pero el ejemplo no es que tú aduces.
El verdadero ejemplo sería el siguiente. Imagínate que una persona le pregunta a la otra ¿Oye, tú que colores conoces? Y la persona interrogada le contesta: "Conozco el verde de los arboles, el azul del mar, el verde de la hierva, el color negro de los ojos de una mujer que quitan el sentido, etc…" Y después de ser interrogado le pregunta a su interrogador ¿ Oye, y tú que colores conoces? Y éste le responde: "Verás, lo colores que tú conoces son en realidad falsos colores. Yo tengo acceso al verdadero mundo de los colores y esos colores de los que tú me hablas son en realidad colores degenerados con respecto al verdadero mundo de los colores"

Sí, en el ejemplo que tú aduces ya das por sentado que uno de ellos posee una enfermedad (acromatopsia), que en realidad es una enfermedad que padece en casi su totalidad el género humano, mientras que un selecto y mínimo número de personas poseen una verdadera vista normal. Pero claro, eso es precisamente lo que habría que demostrar. Es esa analogía la que habría que demostrar.

Pero insisto, no nos vamos a poner de acuerdo. Tú seguirás pensando que existe un mundo ideal, eterno e inmutable, y por tanto, a-histórico, y que además ciertas personas son capaces de tener acceso al mismo. Mientras que yo seguiré considerando que tal mundo no se da. No existe un mundo de las ideas o de los valores eternos e inmutables, y por tanto, a-histórico.".

Comenzaré con una pregunta preliminar que alguien me hará tarde o temprano: ¿por qué alguien tan ambicioso en filosofía como tú, Alexandre, se mete en estas oscuras páginas internéticas de bajo nivel, bajo nivel debido a que casi todo el mundo se oculta bajo seudónimo, lo cual implica mediocridad permanente? Y respondo que es así, claro; que quien quiere hacer muy bien las cosas en filosofía siempre da su nombre real, y así contrasta Andrés Torres Queiruga con "Jbell". Ahora bien, eso no impide que que quienes buscamos alto nivel demos nuestros nombres y creemos secciones reservadas a quienes dan la cara, como el hilo En tu propio nombre, en este mismo foro internético Sofos Ágora. La mediocridad, la incultura y otros males son el peaje inevitable en foros abiertos. Ahora bien, el carácter abierto de tales foros (internéticos o no) es lo que permite aflorar libremente a los excelentes. Ahora como en época de Sócrates, el cual nunca hubiera podido hacer lo que hizo si hubiera tenido que pasar por el ominoso filtro de habilitación académica, exámenes, competencia económica y (seudo)científica entre aspirantes a plaza funcionarial filosófica, jubilación obligatoria y demás vilezas. La filosofía exige igualdad social entre los filósofos, y esto no es negociable ni matizable. Por eso el torvo y arbitrario sistema de jerarquía académica universitaria destruye radicalmente el filosofar bueno, con calidad. Los revolucionarios de derecha no confundimos la jerarquía espiritual, metafísica e intelectual (la cual siempre hace destacar a Sócrates o a Lao Tse) con la jerarquía económica, curricular y académica, radicalmente nula y sin valor en la filosofía. La revolución política seria en el mundo académico filosófico (del cual nunca he renegado, por cierto) pasa inexorablemente por tomar medidas contundentes contra la endogamia y contra la cooptación, rompiendo con el abusivo mito de la autonomía académica; medidas que permitan la discusión libre a fondo de los temas polémicos, sin derecho de veto por parte de los mandarines académicos ya instalados en las universidades. Hay que combinar lo bueno de la libertad socrática, con los controles de calidad en la mejor tradición universitaria. Como bien sabes, Elansab, en esto siempre he tenido un pie dentro y otro fuera de la institucionalidad universitaria. Y lo mejor es que siga así. Estos severos profesores mediocres no podrán, al final, cerrarme la boca; como no consiguieron cerrársela a Ayn Rand. O a Carlitos Marx.
Paso ahora al fondo de tus objeciones.
Toda filosofía seria, incluso si no se proclama abiertamente de derecha (revolucionaria) como se proclama mi escuela filosófica, el arqueoindividualismo, tiene que asumir el conocimiento filosófico sólido ya existente (por oposición al adanismo y al penelopismo) y la existencia objetiva de realidades supraverbales (por oposición al relativismo verbal radical pirrónico, budista, lacanio o de cualquier otro tipo).
Tal asunción no se hará desde el realismo ingenuo acrítico, puesto que aquí estamos en la filosofía; pero sí que se hará con cautelas y controles, claro que sí.
Y eso, ¿en qué se traduce, entrando en harina? En la existencia jerárquicamente valorativa de múltiples niveles de realidad.
Existen objetivamente lo malo, lo mediocre y lo bueno; eso no tiene vuelta de hoja.
¿Que no es fácil hacer ver tales diferencias? ¡Pues claro que no; si fuera fácil, en el plano humano de realidad cualquier bodoque sería feliz en menos que canta un gallo! Por el contrario, en el nivel humano (un nivel animal sutil, mas animal al fin y al cabo) hay densos velos de ilusión oscura, maya en sánscrito, muy difíciles de rasgar. Y la función de la filosofía verdadera es rasgar esos velos, posibilitando la salida del alma a la plena luz del día, como luminosamente proclama un conocido texto iniciático conservado en egipcio jeroglífico dentro de las pirámides.
Concretamente, para responder a tus objeciones voy a seguir poniendo ejemplos tomados de las exposiciones físicas, no internéticas, que los arqueoindividualistas vamos haciendo de nuestras doctrinas; en particular de nuestra epistemología. Pues no todo va a ser apedrear a los jueces y a los abogados; tarea sin duda muy necesaria, pero en política, que no en epistemología.
He puesto en este foro el ejemplo de la acromatopsia... un ejemplo perceptivo relativamente fácil de entender. Mas hay otros ejemplos progresivamente más complejos y difíciles de entender, sin por ello romper el hilo de la racionalidad.
Daré a continuación un ejemplo de dificultad, digamos, media, de tipo literario y lingüístico; y, a continuación, un ejemplo de dificultad, digamos, muy alta, de tipo ético, sexual y, sobre todo, metafísico.
El ejemplo literario y lingüístico es la Historia de Kieu. Se trata del libro nacional vietnamita por excelencia, como El Quijote en España o El Martín Fierro en la Argentina. Escolarmente, es un típico clásico de instituto, que se enseña, lee y explica regularmente en la enseñanza primaria o secundaria de su país, sea cual sea el régimen político de turno.
Pero hay una diferencia sustancial. El Martín Fierro, que se escribe en la misma época que la Historia de Kieu (compuesta probablemente a principios del siglo XIX, aunque publicada en imprenta bastante después, a finales del mismo siglo XIX) es fácilmente legible en la Argentina o incluso en España, pues la ortografía común para el castellano en la época es parecida a la actual, con diferencias secundarias, sobre todo en los acentos; y el vocabulario es un vocabulario contemporáneo, aunque contenga gauchismos o arcaísmos, solventables con vocabularios, que no faltan en las ediciones escolares de este clásico argentino. El Quijote presenta una dificultad bastante mayor, y no sólo en su ortografía, pues la sintaxis y, sobre todo, el vocabulario, ya tienen unos cuatro siglos de antigüedad. Con todo, se suele leer en su forma clásica, aunque hay alguna versión en español (castellano de España) actual.
En cambio, la Historia de Kieu ¡es totalmente ilegible para el vietnamita medio en su forma original!
Lo que acabo de soltar es una verdad objetiva... pero no accesible a todos los hombres de lengua castellana, ni mucho menos.
Soy editor especializado en lenguas y culturas exóticas, además de traductor y lingüista. Por eso sé cuál es la razón de tan extraña situación.
Oralmente, cuando un vietnamita actual oye representaciones radiofónicas, televisivas, cinematográficas, teatrales, etcétera, de esta obra omnipresente en su país, no tiene gran dificultad en entenderla, no más que cuando un argentino (o incluso un español hablante de castellano) oye el Martín Fierro.
Mas, si intenta leer el original, no se entera de nada... porque le suena a chino. ¡Literalmente!
Me explico. El vietnamita es una de las tres lenguas asiáticas, con el coreano y el japonés, que fueron fuertemente influidas en su escritura por el chino, aunque ninguna de ellas es inteligible con el chino, ya que ninguna de ellas es lengua sinense (perteneciente a la familia lingüística del chino, como por ejemplo lo es el cantonés). El cantonés se escribe con los ideogramas del chino y es, oralmente, algo intercomprensible con el chino, pues el chino y el cantonés son dos lenguas sinenses. El coreano actual se escribe parcialmente con los ideogramas del chino, aunque de manera decreciente, y es frecuente escribir el coreano actual únicamente en el alfabeto autóctono coreano; y, oralmente, como no es lengua sinense, resulta francamente ininteligible para un hablante de chino (chino estándar, putonguá).
Hasta finales del siglo XIX, el vietnamita o annamita se escribía con ideogramas chinos. Los misioneros y colonialistas occidentales, sobre todo franceses, idearon hacia esa época un sistema muy diferente, que utilizaba solamente el alfabeto latino, aunque cuajado de signos diacríticos, nada menos que nueve signos diacríticos diferentes, ¡y a menudo dos signos diacríticos en la misma letra! Con todo, su carácter fonético adaptadísimo a la pronunciación real del vietnamita lo hizo muy asequible, permitiendo la alfabetización popular, prohibitiva salvo para la clásica elite de letrados que dominaba los ideogramas en el Vietnán o Vietnam.
De aquí que el nuevo sistema alfabético latino se hizo rápidamente muy popular, incluso entre comunistas, antiimperialistas contra el dominio francés (o estadounidense) o vietnamitas que rechazaban la occidentalización del país, reivindicando sus tradiciones. El consenso llevó a la desaparición del viejo sistema ideográfico con el paso del siglo XIX al siglo XX. Y el héroe nacional de la independencia, el revolucionario comunista Ho Chi Minh, escribía sus proclamas y panfletos contra los franceses en alfabeto latino.
Mas la Historia de Kieu se escribe durante los últimos años de la monarquía vietnamita independiente (principios del siglo XIX), antes de la anexión del Vietnán a Francia. En esa época, el sistema oficial de escritura del vietnamita era el sistema de ideogramas chinos, así que el alto funcionario y político vietnamita que escribió el libro, Nguyen Du, lo hizo todavía en caracteres chinos; el sistema de alfabeto latino ya se usaba también.
La administración colonial francesa, tras comprobar que la sustitución total del vietnamita por el francés era inviable, abolió rápidamente el uso de los ideogramas, y en esto fue secundada por la activa resistencia anticolonial, a menudo armada y violenta.
Aquí no hace falta que os pormenorice las vicisitudes históricas del Vietnán hasta hoy, su período colonial francés, su guerra contra los franceses, su independencia, su división entre el norte y el sur, su guerra civil atravesada por la intervención política y militar estadounidense, su oscilación entre capitalismo y comunismo hasta la actual (pero matizada) dictadura marxista en todo el país reunificado, etcétera. Basta recalcar que la Historia de Kieu se siguió y se sigue leyendo y enseñando en todo el país a través de sus vicisitudes históricas, sin cesar jamás el conocimiento escolar y popular de su emblemático libro nacional.
Mas, si el original es totalmente ilegible hoy, ¿cómo lo leen los chicos vietnamitas en la escuela? Pues, naturalmente, utilizando una transliteración completa al alfabeto latino; y con los adultos pasa lo mismo. En el Vietnán actual, la lectura de este clásico en su forma original queda restringida a especialistas en lengua y literatura vietnamita, o a pequeños círculos tradicionalistas fuertemente antioccidentales. En efecto, para el vietnamita medio el acceso a los ideogramas chinos de esta obra es tarea de años; en la enseñanza obligatoria, la lengua nacional oficial vietnamita (matizaré que hay otras muchas lenguas vietnamitas) solamente se enseña en alfabeto latino.
En la cooperativa cultural, editorial y centro de traducciones donde trabajo, me tocó aprender vietnamita y, lógicamente, echar una hojeada a esta obra fundamental, la Historia de Kieu. Hojeada con hache de hoja y no solamente ojeada con o de ojo, como ahora veremos.
El vietnamita oficial, según la forma que tiene como lengua para enseñar a los extranjeros, se centra en el dialecto norteño de la capital, Hanói, aunque con incorporaciones de otras zonas lingüísticas; hay marcadas diferencias de norte a sur. El estándar se centra, pues, en torno al dialecto de la capital, y se escribe siempre en alfabeto latino. El vietnamita es, indudablemente, la lengua de alfabeto latino más difícil de manejar gráficamente, llegando al paroxismo cuando se intenta informatizarla y estandarizarla en los medios de comunicación que usan el alfabeto latino. En el sistema operativo Windows para ordenador compatible, en la práctica, todo es mucho más sencillo, porque hay un programa eficaz, gratuito, configurable, portátil (no necesita instalación) que se puede poner con interfaz en vietnamita o en inglés y que, en realidad, más que un programa, es una utilidad que configura la entrada por teclado de los signos, de modo que en los procesadores y editores de texto con pleno soporte de Unicódigo (Unicode) basta con escribir la letra básica que se quiera diacritizar más la cifra del 1 al 9 correspondiente al diacrítico, para así obtener la letra correspondiente con diacrítico. Si la letra tiene dos diacríticos, tras la letra básica se escriben (en cualquier orden) las dos cifras correspondientes a sus sendos diacríticos, y así la letra queda con sus dos diacríticos correspondientes; recordemos que hay nueve signos diacríticos diferentes en vietnamita. Es cierto que, para escribir fluidamente en vietnamita con este sistema, hay que aprenderse de memoria la cifra correspondiente a cada diacrítico; pero ahí empieza y acaba toda la dificultad con este sistema. Por lo demás, este programita se activa y desactiva con facilidad y discreción según lo necesite el usuario.
Con esto, un editor, digamos, convencional (dentro de la especialidad en lenguas exóticas para Occidente) se daría por satisfecho.
Mas yo no. Ya de hacer las cosas, hacerlas bien. En mi cooperativa, la llamemos TRADIRECTA o de otra manera, sabemos que hay una oferta cultural elevadísima en el mercado, y que quien destaca necesita, entre otras cosas, ofrecer lo que no ofrece cualquier competidor; y, además, ofrecerlo con inigualable calidad.
Por eso, como conocedor de lo que significa el clásico adagio traduttore, traditore, no me conformé con leer la Historia de Kieu al modo vietnamita estándar contemporáneo; o sea, con traspaso al abecedario latino trufado de diacríticos.
El texto es fácil de encontrar en su forma original y, también, en alfabeto latino. Hay además traducciones completas a lenguas europeas; por ejemplo al inglés, al francés y al esperanto; el esperanto, lingüísticamente, en realidad es una lengua europea occidental simplificada. Hay una traducción completa de la Historia de Kieu al castellano, publicada por la editorial Hiperión (Madrid, España); el autor de la traducción y la edición es Rafael Lobarte Fontecha, que hace una muy recomendable edición bilingüe en vietnamita y castellano, cuyo texto es del año 2015, de modo que es la versión más asequible para mí. Ahora bien, lo que procede aquí, para un profesional de estos asuntos (y me precio de serlo) es leer en el idioma original, incluso contando con la gran dificultad que me supone hacerlo; y así lo he hecho, he leído la Historia de Kieu en vietnamita. Las versiones en lenguas europeas me han servido para aclarar alguna palabra, expresión o frase dudosa; así como para apreciar, una vez más, el bajón que incluso la mejor traducción supone respecto al original; pero había que leer en su lengua original la Historia de Kieu; no me quedaba otra posibilidad.
Entonces, ¿qué hacer con la versión en grafía original? Pues leerla en paralelo a la versión transliterada al alfabeto latino, ¡claro! Ya que, al haber aprendido chino, japonés y coreano, conozco muchos ideogramas chinos, mi paso a la versión original en ideogramas chinos fue más suave que para la media del estudiante de vietnamita, sin por ello dejar de tener una inmensa dificultad.
Así que he leído las dos versiones.
Y entonces, Elansab, puedo responder con claridad al interrogante de fondo: ¿son equivalentes en belleza literaria las dos versiones de la Historia de Kieu, o sea el original en caracteres chinos y la actual versión estándar transliterada al abecedario latino erizado con signos diacríticos? ¡No, pues la versión transliterada pierde muchísimo, y el vigor expresivo se conserva en el original compuesto con ideogramas chinos!
Vayamos pues, Elansab, resumiendo con unas cuantas conclusiones.

Primera: La Historia de Kieu es una obra literaria excelente de valor universal, no sólo para los vietnamitas, del mismo modo que La Divina Comedia lo es también, y no solamente para los florentinos e italianos en general.
Segunda: toda traducción de la Historia de Kieu a lenguas europeas es un monumental hachazo a la belleza del original; hachazo que puede mantener, sí, un digno reflejo del original, mas un reflejo, que no la luz verdadera. Lo mejor es leer esta obra en vietnamita.
Tercera: la versión contemporánea de este libro en alfabeto latino con diacríticos es, también, una gran traición a la Historia de Kieu, cuyo esplendor ideológico, fonético y gráfico se concibió en ideogramas chinos y solamente en ellos se mantiene. La pérdida de nivel literario de este libro cuando se lee en alfabeto latino es notable e irrecuperable. Todo el que sepa vietnamita hará bien en intentar leer la Historia de Kieu en caracteres chinos complejos originales; es el modo de disfrutarla de verdad, por arduo que resulte el aprendizaje de los signos pictofonosemánticos chinos.

Las tres conclusiones anteriores tienen, como siempre en estética, un alto grado de complejidad, subjetividad y contestabilidad. Pero ello no las convierte en irrelevantes, ni en opiniones superficiales del mismo valor que las conclusiones opuestas. En realidad, quienes conocen simultáneamente el vietnamita y alguna lengua europea, y además dominan también la escritura clásica del vietnamita en ideogramas chinos, siempre suscriben estas tres conclusiones en líneas generales; nunca las niegan de plano.
¿Y por qué? Pues porque también hay una objetividad en lo sutil. Una objetividad que requiere, para ser conocida, una importante formación previa; aquí, en lingüística y literatura. De ahí que, a un monolingüe en castellano, las tres conclusiones anteriores le suenan a chino y no es capaz de percibirlas con claridad directa. En realidad, menos de siete millones de personas a lo sumo en el mundo (una persona de cada mil, por tanto) tienen capacitación para juzgar la verdad (o falsedad) de estas tres conclusiones sobre la Historia de Kieu.
Y, sin embargo, son conclusiones estéticas objetivas sólidas, matizables mas nunca rechazables de plano..
Lo que interesa epistemológicamente en este ejemplo, Elansab, es que la imprescindibilidad de una intensa capacitación (inaccesible de hecho a la inmensa mayoría, salvo que se ponga a la tarea) para juzgar sobre cierto aspecto sutil de la realidad objetiva, no elimina la posibilidad de juzgar, objetiva y verazmente, ese aspecto de la realidad objetiva, por sutil que sea. La Historia de Kieu es un libro excelente de valor universal, cuya calidad se aprecia, sobre todo, en su lengua original y con su grafía primigenia ya en desuso. Eso es verdad, y decir lo contrario es decir algo falso.
Y, además, lo que acabo de soltar sobre la Historia de Kieu es racional, es científico; es comprobable (o refutable) por todo aquel que se disponga arduamente a adquirir, como he hecho por mi parte, los conocimientos necesarios para evaluarlo. Teóricamente, alguien con tal capacitación podría, por ejemplo, concluir que la Historia de Kieu es un libro literariamente mediocre, o por lo menos un libro de interés limitado al mundo cultural vietnamita, sin valores atractivos para un quechua o un sueco. Y si tal crítico literario da sus razones... me tocará atenderlas, por muy en desacuerdo que esté con ellas. Del mismo modo, aproximadamente, que estaré en desacuerdo con quien niegue de plano el teorema de Pitágoras, la teoría de la evolución biológica o la ley de la oferta y la demanda. Verdades todas ellas que son objetivas... y racionalmente discutibles, sí; sobre todo, porque se pueden matizar.
Con todo, el ejemplo que acabo de dar es todavía asumible y comprensible para un lector con cierta cultura. No he soltado bolas, he dado muchos datos bien comprobables, con plausibilidad... todo apunta a que soy sincero, y a que los entendidos en lengua y cultura vietnamita, por algo tienen en tan gran aprecio a esta obra señera. O sea: que me aproximo considerablemente a la verdad estética sobre este libro, la Historia de Kieu. Incluso la afirmación, en principio aparente una trola descomunal, de que el máximo clásico literario nacional vietnamita es ilegible técnicamente para los vietnamitas actuales (a pesar de ser una obra reciente) se entiende ahora como una afirmación plausible y bien fundamentada... con los suficientes conocimientos lingüísticos sobre el vietnamita.
El ejemplo que voy a poner a continuación, en cambio, es muchísimo más difícil de entender y tragar.
Porque apunta directamente a lo que el pueblo, con razón, entiende como una filosofía en contraposición a una religión: es decir, una teoría razonable y plausible sobre la realidad, criticable y matizable, que expone las bases sólidas del conocimiento (epistemología) sobre lo que las cosas son en última instancia (metafísica) y el camino adecuado para ser feliz (ética).
Dicho pronto y mal: el camino adecuado, en la sexualidad humana, es la bramacharia, término sánscrito que significa la castidad meditativa en torno al Supremo (al Ser Supremo, que no a los muy mafiosos jueces del Tribunal Supremo).
El bramachari, al igual que la bramacharini, están en lo correcto al no buscar relaciones convivenciales ni genitales con el sexo opuesto; así, él y ella, al ser castos en todo momento, dirigen bien su energía a la Gran Liberación.
La sexualidad humana tiene tres modos básicos; uno pésimo, otro mediocre o pasable a falta de algo mejor, y el tercero óptimo, derecho a la autorrealización del alma.
El modo pésimo es el modo animal de satisfacción sensual, con su cotejo de superpoblación, celos, prostitución, divorcio, aborto, poligamia, suegras, pobreza, obsesión sexual, promiscuidad, enfermedades venéreas, humillación, machismo y muchos otros males.
El modo mediocre, y mayoritariamente seguido por los adultos normales, es el matrimonio entre un hombre y una mujer. Está cargado de problemas de principio a fin, y acaba en la muerte. Tiene satisfacciones secundarias, pero es un camino del sufrimiento al sufrimiento. Evita los males mayores (aunque no siempre) mas impide la Gran Liberación, al mantener la mente bajo satisfacción sensorial hacia la esposa o los hijos.
Por eso todas las grandes religiones han preconizado o instituido un cuerpo de sacerdotes o profetas, esencialmente hombres (también mujeres) que viven espiritualmente en castidad y celibato.
El modo óptimo y maravilloso de afrontar el eros para el hombre y la mujer, es la bramacharía. Con ella, el meditador se aparta de lo que complica y angustia, dirigiéndose a lo simple y eterno sin aflicción; a la autoconciencia incondicionada que siempre estuvo ahí.
La bramacharia no se refiere solamente a la castidad. Implica también la restricción de la violencia, incluyendo pues en la medida de lo posible el vegetarianismo y el rechazo de vestidos o productos que impliquen matar animales. Implica también evitar apasionarse estúpidamente por cuestiones políticas y económicas, que espiritualmente sólo tienen un interés utilitario y transitorio como mucho. En mi caso, esto se traduce en sacar a pedradas a los jueces y abogados de sus guaridas, sí, o sea acabar con su poder mafioso y sin control, estableciendo que el inocente no tendrá nada que temer de la justicia jurídica, pero sin creerse que eso es lo último y que soluciona todos los problemas. Es meramente una medida técnica importante, la revolución contra los corruptos togados hoy intocables, que debe tomarse sin encolerizarse ni encarnizarse por ella.
La bramacharia implica también abstenerse de drogas duras, sean legales o ilegales, y no hacer apuestas, juegos de azar ni especulación financiera, prohibiendo expresamente el préstamo con interés de devolución. La prostitución y el uso de armas bélicas (o su producción y venta) están igualmente en lo prohibido para el bramachari hombre, o para la bramacharini mujer. La mentira o la ambigüedad hipócrita en asuntos espinosos y polémicos tampoco están permitidas; hay que hablar siempre claro, sin máscara y sin seudónimo. El suicidio y la práctica innecesaria de conductas de riesgo, como el alpinismo competitivo, son inadmisibles por atentar contra la sana integridad de la vida propia (y ajena). La montaña de los Alpes o los Himalayas solamente desafía a los imbéciles; y un bramachari no es ningún imbécil, sino alguien inteligente.
Y, para un bramachari, la obsesión por hacerse rico o políticamente poderoso es ya un camino tan directo al infierno, que no necesita prohibición expresa en este punto.
Ahora preguntarás, Elansab, ¿para qué toda esta bramacharia?
La respuesta te la puedes ya esperar en alguien tan de derechas y orgulloso de serlo como yo: para alcanzar el Reino de los Cielos.
Las religiones históricas no son un mero camelo, como suele creer, muy superficialmente, cierto anticlericalismo de izquierdas.
Las religiones históricas masivas, en realidad, son filosofía para el pueblo. Filosofía muy deformada, pero filosofía al fin y al cabo. Por eso en ellas se encuentran signos de la verdadera comprensión en lo que importa.
Al grano: la realidad tiene muchos niveles y planos; compleja, jerárquica y dinámicamente relacionados. Lo que las religiones monoteístas biblicocoránicas entienden como creación es la relación entre el Nivel Supremo de la Realidad (o sea, Dios en las religiones populares masivas) y el muy inferior plano animal relativamente sutil de la realidad... que es el plano en el que vive el hombre.
El nivel humano de la realidad, al ser un nivel animal (sutil) y, por tanto, un nivel material burdo, está sometido perpetuamente a transitoriedad, sufrimiento e ilusión. Por eso a quien entra en él y olvida su divino origen, se le aplica el terrible lema dantesco a la entrada del infierno: los que entráis, dejad toda esperanza.
Y, sin embargo... hay una estrecha puerta de salida. Porque, si bien el hombre es ante todo y sobre todo un animal que corre entre los demás animales, no es solamente un típico animal. Puede atisbar, por medio de la meditación, su plano real de origen glorioso.
Así que hay que ir de tapas. Nada de beber güisqui, vino o cerveza, ya que el alcohol le está prohibido al bramín buscador de su unión con el Supremo. El término tapas, en sánscrito, significa ascesis o austeridad, y su concreción más sistemática es la bramacharia.
Físicamente, está claro que la bramacharia protege de las enfermedades, los accidentes, la pobreza y la tiranía política. Mas, ¿y metafísicamente?
Pues no se trata solamente, con la bramacharia, de acceder a una vida humana más sana, larga y placentera. Eso permanecería todavía en el plano de sansara (relatividad e ilusión) del que no habría escape.
Volvamos a La Divina Comedia. Los tres cantos en que se divide la obra, el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso, simbolizan los tres niveles básicos de la realidad.
El infierno es el nivel o estado en que el yo cree que su encarnación espaciotemporal es absoluta y sin referencia a algo superior; por ello en el infierno el yo, el alma, padece sujeción perpetua a la Rueda de las Reencarnaciones. Sin embargo, incluso aquí, al extraviado Dante (el alma) lo ayuda el gurú que abre la puerta entre los mundos: el Virgilio, el guardián del umbral. El infierno, a fin de cuentas, es la existencia meramente animal.
Si el Dante, o sea el alma, o sea el yo, escucha las advertencias del Virgilio, o sea el guardián del umbral, se acerca al umbral... y lo cruza. Ahora está en el nivel humano de la realidad, es un hombre ya. El yo, ahora, está en el Purgatorio.
El purgatorio se parece muchísimo al infierno, pero ahora el alma sabe que el plano en el que se encuentra es relativo e ilusorio, sin por ello dejar de ser, al mismo tiempo, relativamente real y con leyes muy reales de funcionamiento, las leyes físicas del mundo animal humano.
El purgatorio no puede ser mejorado radicalmente, contra el error prometeísta de la izquierda laicista. Podemos, sí (y debemos) correr a pedradas a la mafia togada de los fiscales, abogados y jueces; podemos (y debemos) revertir la superpoblación llegando a un equilibrio ecodemográfico con el planeta, sin hambre ni guerra; podemos (y debemos) abolir las estúpidas jerarquías socioeconómicas entre la raza humana, reconociendo que la jerarquía real entre los hombres solamente radica en su grado de comprensión espiritual (genuino sistema indio original de las castas: varnasrama). Podemos, en fin, llegar a lo menos penoso, a lo más agradable y ameno, del nivel humano de existencia: el paraíso terrenal o, en sánscrito, camaloca. Mas incluso así el yo padecerá hambre, deseo sexual, incertidumbre ante los cambios del entorno físico y caducidad en sus estructuras corporales, aunque las renueve ordenada y satisfactoriamente, sin muerte corporal propiamente dicha en tal paraíso físico.
De aquí que la bramacharia debe persistir incluso en este maravilloso estado de cosas. El Virgilio, el guardián del umbral, también le advierte al Dante, al yo, que no te quedes aquí, sube a tu verdadera patria celestial.
El esfuerzo contenido en el concepto sánscrito de tapas es un desasimiento constante del embeleso producido por las sensaciones de la materia burda. Cuando cesa por completo esa ilusión trascendental, empieza la percepción directa del Nivel Supremo de la Realidad.
¡Es el Paraíso! Por eso aquí el Virgilio, el guardián del umbral, se despide del Dante, del alma ya autoconsciente de su naturaleza eterna, gloriosa y divina. Los consejeros espirituales quedan atrás; ya han cumplido su papel. Ahora el alma debe llegar por sí misma al Gran Despertar, y así percibir lo que el vate florentino resume al final de su imponente poema iniciático en tres cantos: el amor que al sol mueve, y a las estrellas. Es Dios, es el Dante mismo completamente consciente de su verdadero ser; es el yo que ha vuelto a su perfecto estado original lleno de amor a sí mismo y a todos sus aspectos.
Recapitulemos también aquí, Elansab.
El hombre común (o la mujer común) no es precisamente un ser casto y suprasexual, sino alguien que se involucra en el mundo amatorio sexual del eros. Sea de una manera muy ciegamente animal (o degenerada incluso) sea de una manera relativamente civilizada como en la monogamia permanente, muy pocos hombres y muy pocas mujeres siguen la mejor vía para vivir el eros en la existencia humana: la bramacharia.
Y, ¿es falso o por lo menos dudoso que la bramacharia es el mejor enfoque de la sexualidad humana y de su reconducción a la plena dicha física y metafísica?
Pues no. No es falso ni dudoso. Igual que un pimiento rojo se distingue bien de un pimiento verde con igual brillo, forma y tamaño, aunque un acromatóptico no distinga ambos pimientos uno del otro. Igual que la Historia de Kieu (o Quieu) es un clásico en lengua vietnamita de alcance universal, y que es mejor leer en su lengua asiática original y con su complejísima grafía original ya en desuso, aunque un monolingüe en castellano solamente puede estimar como plausible (nunca seguro) el valor de esta obra por medio de su ya existente traducción al castellano. Igualmente, pues, la bramacharia, la castidad meditativa sobre el Supremo, es la vía regia para pasar de la penosa complicación sexual, animal y humana a la gloriosa simplicidad estable del yo exento ya de limitación por causas y condiciones, o sea autoconsciente, global, eterno y feliz. Aunque quien no ha iniciado el estudio teórico y las correspondientes prácticas espirituales, sádana en sánscrito, no lo atisbe ni comprenda. Uno entre mil, dos entre diez mil, son los que llegan a comprender y practicar la bramacharia, porque son esos poquísimos los que se han puesto a capacitarse en esta sutil comprensión del eros y de cómo liberarse del eros.
Que algo sea inaccesible de hecho, hoy por hoy, a muchos, incluso a casi todos, no implica que ese algo sea falso o irracional. Tampoco, claro está, que sea verdadero o racional. Mas para comprender estas cosas sutiles, y por tanto su verdad o su falsedad, primero hay que estar capacitado a fondo para conocer de qué tratan.
Y no, no hace falta ir tan lejos en lo metafísico y en lo espiritual, oh Elansab, para saber a qué aludo aquí.
Veamos en directo o en la televisión a cualquier político típico en campaña electoral. El pájaro de cuenta, por supuesto, casi miente más que habla. Y, por supuesto también, nos promete que si le damos el voto, él y su partido conseguirán el económicamente anhelado pleno empleo. En este mismo foro internético, quien se hace llamar Jbell también asegura eso si hacemos caso a sus propuestas.
Pero ni Jbell ni el citado político mentiroso pueden soslayar que, empíricamente, los avances tecnológicos disminuyen día tras día las horas necesarias para producir los bienes y servicios que la gente está dispuesta a pagar. Y que, por tanto, vincular el bienestar económico al viejo lema de un hombre, un puesto de trabajo estable, cómodo y bien pagado, es tan viable como convencer a un famosísimo y bien remunerado cantante... de que deje su trabajo y se convierta en un taxista del montón.
¡Y, sin embargo, ese político fullero tiene millones de votos!
Porque el hombre medio tiende a huir de la verdad en temas conflictivos.
Por eso hay grandes verdades ignoradas o discutidas absurdamente... que siguen siendo grandes verdades.
Y se puede acceder a ellas racionalmente. Por ejemplo, es verdad objetiva que lo mejor es no jugar nunca a la ruleta, las quinielas, las apuestas de caballos, la lotería o cualquier juego lucrativo de azar. No es una aserción falsa ni dudosa, mas la codicia material burda hace que muchos hombres emborronen una verdad tan clara como ésta.
Para terminar, preciso la epistemología y la ontología del arqueoindividualismo.
La realidad es una, contra el error del atomismo lógico (traducido popularmente en ciertas formas de politeísmo idolátrico). Es una, sí, pero no es uniforme, pues contiene muchos y complejos niveles de existencia y realidad, jerárquica y dialécticamente relacionados. Estos planos y niveles de realidad, no obstante su inmensa complejidad, en el fondo para lo que importa, o sea lograr la felicidad, se reducen a tres: nivel vegetal o animal prehumano (infierno), nivel animal humano relativamente sutil (purgatorio) y nivel supremo de la realidad (Dios, Paraíso, Tao, Nirvana, Reino de los Cielos, Felicidad Plena).
Las religiones monoteístas biblicocoránicas (y algunas otras religiones) interpretan los niveles de realidad subdivinos, o sea fundamentalmente el infierno y el purgatorio (en la práctica el mundo físico humano en el que viven el hombre, los demás animales y las plantas) como una creación en el tiempo. Es un serio error, pues el tiempo, o sea la irreversibilidad de ciertos sucesos, es meramente una característica intrínseca (fundamental, por otra parte) de los planos existenciales inferiores a Dios mismo. Lo que ocurre, en realidad, es que todos los niveles de realidad coexisten simultáneamente en potencia, y que los niveles no plenamente divinos pasan a existir en acto también si la conciencia desciende a ellos. El infierno y el purgatorio son sueños de Dios mismo; y, evidentemente, son sobre todo pesadillas.
La salvación, el acceso de nuevo a la perfecta felicidad, consiste en el despertar metafísico por el cual Dios reconoce que es el Yo Absoluto Permanente, y que no está ligado a ningún fenómeno en particular para ser lo que es. Entonces la creación desaparece (es decir, pasa de estar en potencia y en acto a estar solamente en potencia) y algo tan malo como la creación, como los niveles y planos subdivinos, deja de existir como vivencia directa del yo divino. La salvación consiste en que Dios reabsorbe su creación y ya no sueña, degradadamente, que es su propia creación.
En la creación misma es imposible la felicidad, porque está necesariamente muy lejos de Dios; es una infinita degradación de Dios mismo. Mas en los niveles menos malos o mejores de la creación, los niveles angelicales del paraíso terrenal o camaloca, se abre una gran ventana de oportunidad al yogui sincero para obtener, mediante su meditación yóguica, la reidentificación de su alma individual con el Supremo, con el Eterno.
¿Es real o irreal la creación? ¡Es, a la vez real e irreal! O sea, que es relativamente real pero nunca posee realidad plena. El sabio utiliza la realidad relativa en la creación, según su legalidad causal fenoménica (¡legalidad no jurídica!) para avanzar lo más posible en su meditación, que al final lo saca de los planos infernales y purgativos; según la inteligente frase védica, saca el máximo provecho de una mala compra.
Hasta aquí mi mensaje. Si no entendéis algo, preguntad. Admito que alguien me pida más brevedad en ciertas exposiciones... si da la cara y se identifica con su verdadero nombre, claro. El auténtico buscador de la verdad espiritual merece mi ayuda, por supuesto; ahora bien, ningún auténtico buscador de la verdad espiritual se agazapa bajo un seudónimo.
Contrarrestando un serio error interpretativo de Elansab (seudónimo), finalizo precisando lo siguiente.
Sigo pensando que existe un mundo ideal, eterno e inmarcesible (no marchitable a través de sus cambios y mutaciones), que es suprahistórico, más allá de la Historia y del tiempo. Todas las personas (no solamente algunas) son capaces de tener acceso al mismo, si se capacitan debidamente en el proceso de la Historia humana. La salvación o liberación es un proceso que se da en la Historia, y no al margen de ella; el arqueoindividualismo toma en esto un gran fondo de verdad del pensamiento cristiano, y sobre todo de la Teología de la Liberación. El nirvana, pues, utiliza la Historia como gran vehículo para llegar al Otro Lado... y a continuación se desprende de la Historia, porque el que ha llegado al Otro Lado ya no necesita la Historia; está más allá del cese condicionado y el devenir condicionado. El proceso físico y metafísico para llegar a la suprema felicidad sabia es, pues, suprahistórico, aunque no a-histórico o anhistórico, pues se da (y tiene que darse) a través de la Historia de los hombres.

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Última edición por Alexandre Xavier el 08 Ago 2018, 15:44, editado 8 veces en total

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 Asunto: Re: El Comercio
NotaPublicado: 23 Jul 2018, 09:50 
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Hola Alexandre

Verás, Alexandre, el problema de fondo, tal y como yo lo veo, es el siguiente. Por supuesto que existen varios niveles de realidad y por supuesto, y con más o menos dificultad, podemos tener acceso a ellos. Los niveles de realidad nos son dados. La cuestión es si nos está dado ese nivel de realidad primario o fundamento último de toda realidad. Ahí es donde radica el problema.

Aquí, y siguiendo a Zubiri, diré que lo que nos está dado es el “poder de lo real”. Pero es que el “poder de lo real” no es la realidad divina (entendida como se la entienda). Para llegar a la realidad divina habrá que hacerlo mediante un proceso de postulación. Desde este mundo, y desde la realidad dada, desde el poder de lo real, postulamos la existencia de una Realidad-Fundamento. Ahora bien, a esa Realidad-Fundamento se le pueden dar tres respuestas, a saber, una afirmativa (teísta), una negativa (ateísmo) y una suspensiva (agnosticismo). Por ejemplo, para el ateísmo la Realidad-Fundamento sería la pura facticidad.

Posteriormente habrá que “experienciar” lo postulado. Y esa experiencia será personal, social e histórica. Y será esa experiencia de lo postulado la que dé o no razón de la Realidad-Fundamento postulada. Si no las quita ello consistiría en una pérdida de fe.

En definitiva, ¿Qué es lo que quiero decir? Pues que no tenemos acceso, ni podemos tenerlo, a una supuesta Realidad-Fundamento. Sí, podremos postularla y vivir acorde con dicha realidad postulada pero no tenemos un acceso directo a dicha realidad. O dicho de otra forma, un ateo tiene que aceptar que puede estar equivocado como un agnóstico o un ateo tienen que aceptar que están igualmente equivocados. Lo cual no quiere decir que cada uno de ellos no tenga que dar las razones por la cuales cree en aquello que cree.

Lo que tú nos estás diciendo, si no te malinterpreto, es que una persona puede acceder, con mayor o menor dificultad, a esa realidad fundamento o realidad última. Es decir, no se trataría de postular una realidad fundamento sino de conocer a esa realidad última. No se trataría por tanto de dar las razones de por qué se cree en aquello que se cree sino de tener el conocimiento de dicha realidad. Simplemente a la realidad fundamento o a la realidad última no se la puede conocer (no se puede conocer el “rostro” de Dios). Se puede creer en aquello que se cree pero no conocerlo.

Un saludo


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 Asunto: Re: El Comercio
NotaPublicado: 09 Ago 2018, 19:46 
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Registrado: 08 Feb 2012, 00:46
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Saludos otra vez, Elansab.
Dices lo siguiente.

"Hola Alexandre
Verás, Alexandre, el problema de fondo, tal y como yo lo veo, es el siguiente. Por supuesto que existen varios niveles de realidad y por supuesto, y con más o menos dificultad, podemos tener acceso a ellos. Los niveles de realidad nos son dados. La cuestión es si nos está dado ese nivel de realidad primario o fundamento último de toda realidad. Ahí es donde radica el problema.
Aquí, y siguiendo a Zubiri, diré que lo que nos está dado es el “poder de lo real”. Pero es que el “poder de lo real” no es la realidad divina (entendida como se la entienda). Para llegar a la realidad divina habrá que hacerlo mediante un proceso de postulación. Desde este mundo, y desde la realidad dada, desde el poder de lo real, postulamos la existencia de una Realidad-Fundamento. Ahora bien, a esa Realidad-Fundamento se le pueden dar tres respuestas, a saber, una afirmativa (teísta), una negativa (ateísmo) y una suspensiva (agnosticismo). Por ejemplo, para el ateísmo la Realidad-Fundamento sería la pura facticidad.
Posteriormente habrá que “experienciar” lo postulado. Y esa experiencia será personal, social e histórica. Y será esa experiencia de lo postulado la que dé o no razón de la Realidad-Fundamento postulada. Si no las quita ello consistiría en una pérdida de fe.
En definitiva, ¿Qué es lo que quiero decir? Pues que no tenemos acceso, ni podemos tenerlo, a una supuesta Realidad-Fundamento. Sí, podremos postularla y vivir acorde con dicha realidad postulada pero no tenemos un acceso directo a dicha realidad. O dicho de otra forma, un ateo tiene que aceptar que puede estar equivocado como un agnóstico o un ateo tienen que aceptar que están igualmente equivocados. Lo cual no quiere decir que cada uno de ellos no tenga que dar las razones por la cuales cree en aquello que cree.
Lo que tú nos estás diciendo, si no te malinterpreto, es que una persona puede acceder, con mayor o menor dificultad, a esa realidad fundamento o realidad última. Es decir, no se trataría de postular una realidad fundamento sino de conocer a esa realidad última. No se trataría por tanto de dar las razones de por qué se cree en aquello que se cree sino de tener el conocimiento de dicha realidad. Simplemente a la realidad fundamento o a la realidad última no se la puede conocer (no se puede conocer el “rostro” de Dios). Se puede creer en aquello que se cree pero no conocerlo.
Un saludo".

Está claro, Elansab, que te sitúas en un fideísmo agnóstico. Mientras que proclamo, como proclama mi escuela, el arqueoindividualismo, una soteriología (g)nóstica. Por otra parte, el ateísmo técnico del arqueoindividualismo es, básicamente, una negación de la imagen de Dios dada por el judeocristianoislamismo, imagen inasumible literalmente; en cambio, no es un inmanentismo, y aprovecha lo válido sobre Dios que dice y practica el judeocristianoislamismo. Los arqueoindividualistas decimos que Dios no existe propiamente, porque la existencia es una condición, pero añadimos a renglón seguido que es muy real, y no una ficción como Supermán o Mortadelo y Filemón, tres héroes de tebeo ficticio.
Para nosotros, naturalmente, el camino a la perfecta felicidad es una (g)nosis, un conocimiento integral profundo, teórico y sobre todo práctico, que lleva al iniciado, al bramín, al hombre espiritual según terminología paulina y nóstica, al Nivel Supremo de la Realidad, a la vez personal e impersonal. Nota también, ya que presumes de haber leído al Basilisco (Gustavo Bueno) con provecho, que El Basilisco reacciona con energía contra los intentos de uniformizar y simplificar el ateísmo, que es lo que haces tú cuando dices que todos los ateos negamos el carácter personal de Dios, o cuando sostienes que para el ateísmo la Realidad-Fundamento sería la pura facticidad. De hecho, confundes el ateísmo impersonalista y el ateísmo inmanentista con todo el ateísmo; ignorando, por ejemplo, el carácter del ateísmo en la Yoga primitiva, el Mimansa, el jainismo y otras escuelas filosóficas sapienciales religiosas (dársanas) de la India antigua y actual. El arqueoindividualismo es un ateísmo personalista y trascendentalista, que no confunde las imágenes históricas de Dios (por eso asume a fondo la escuela de la sospecha, con Marx, Freud y Nietzsche entre otros) con Dios mismo. Dios es nuestro objetivo. Gustavo Bueno, con acierto, reconoce que hay muchos ateísmos diferentes e incluso incompatibles entre sí. Compara, por ejemplo, mi ateísmo con el de Manuel B. Y no cabe duda de que ambos somos ateos.
Claro, puedes alegar que la pugna histórica entre teísmo y ateísmo, en realidad, solamente tiene sentido desde los conflictos religiosos, políticos, sociales y económicos de Occidente desde la crítica griega a los dioses. Y, como no soy tu enemigo, ni siquiera tu adversario (dos memeces que no caben entre filósofos) lo reconoceré de plano.
Y así es, claro. Los clérigos y teólogos judíos, cristianos o musulmanes de cierto nivel reconocido, cuando oyen lo que decimos sobre Dios los arqueoindividualistas, ven bien claro que buscamos lo mismo que ellos, por mucho que sea desde una vía sapiencial y esotérica en vez de fideística, eclesiástica y popular. Es el mismo Dios, para ellos y para nosotros. Saben bien a quién consideran impío o alejado de la religión, categoría en la que no nos meten a los arqueoindividualistas, pues estos teólogos cristianos, rabinos o ulemas no son bobos, sino gente de probada reflexión espiritual.
Reconocido este importante matiz, pues, pasemos al núcleo de tu objeción.
Sostienes que no se puede llegar propiamente a conocer a Dios.
Mi respuesta, en principio, va a ser... bíblica. Bíblica, sí, mas bíblica bien entendida.
Los libros de la Biblia, enmarcados siempre por cierto en la Torá, la Misná, el Talmud, la Halajá, el Amarech (pueblo) y la Cábala, distinguen claramente entre conocimiento popular, exotérico, y conocimiento reservado, esotérico. Elías no es un mero creyente judío medio, sino un gran profeta que ve más allá, en lo político y en lo metafísico. Recuerda, Elansab, que soy un sionista radical, en lo religioso y en lo laico.
Entendido esto, analicemos el famoso versículo bíblico según el cual nadie puede ver el rostro de Dios sin morir.
Y respondo: ¡correcto!
Lo que ocurre es que esa muerte no es la aniquilación del alma. Naturalmente, Dios no es el Adversario; tal papel corresponde al Príncipe de los Abogados, ente muy distinto y muy alejado de la verdadera iluminación. Dios, claro está, acoge cordialmente al que lo quiere conocer de verdad. Y el precio es la muerte, sí... del hombre viejo, podrido de pecado, de ilusión. A esa muerte de la corrupción (amartía o anomía, en griego bíblico) la sucede, no la aniquilación del ser, sino el nacer de nuevo en cuerpo glorioso y espiritual, soma neumaticós. El apego al ego limitado, a las circunstancias transitorias que ofuscan y embelesan aquí abajo al alma, ha de cesar, y eso es la muerte del hombre en tanto que ser caído a la existencia dual. Luego, ese hombre renacido será, naturalmente, el Adán Cadmón, el Segundo Adán.
Bajo la mirada atenta de Dios, pues, el buscador de la gran verdad muere... y resucita. Como dice san Pablo, entonces el santo ya no conoce oscuramente y como en reflejo, sino que conoce cara a cara.
Los nósticos, cátaros y arqueoindividualistas, pues, buscamos el conocimiento espiritual directo más allá de la fe y la creencia. Nada hay metafísicamente que lo impida. Siempre y cuando, claro está, el bramín, el posedor de un soma neumático (cuerpo espiritual) haya aceptado la radical transformación espiritual (metanoia) que lo capacita para la comprensión de los sagrados y supremos misterios.
Dios, la Verdad Suprema, puede y debe ser conocido. Y la muerte de la ilusión cegadora es imprescindible para llegar a tal conocimiento. Ahora bien, el alma del justo es un ser de luz, indestructible por la gloria brillante del Eterno en su Nivel Supremo de la Realidad. El falso, el Príncipe de las Tinieblas, aborrece la luz y será aniquilado por ella. No así el santo, que en todo busca y acaba encontrando la verdad, el bien y la belleza.
Los nósticos llevamos siglos y milenios en torno a esto, diciéndolo y practicándolo. Vamos muy en serio. No somos unos farsantes.

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Última edición por Alexandre Xavier el 10 Ago 2018, 11:12, editado 1 vez en total

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 Asunto: Re: El Comercio
NotaPublicado: 10 Ago 2018, 11:02 
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Saludos, Alexandre.

Dices, Alexandre: “Por otra parte, el ateísmo técnico del arqueoindividualismo es, básicamente, una negación de la imagen de Dios dada por el judeocristianoislamismo, imagen inasumible literalmente; en cambio, no es un inmanentismo, y aprovecha lo válido sobre Dios que dice y practica el judeocristianoislamismo. Los arqueoindividualistas decimos que Dios no existe propiamente, porque la existencia es una condición, pero añadimos a renglón seguido que es muy real, y no una ficción como Supermán o Mortadelo y Filemón, tres héroes de tebeo ficticio.

Sí, claro, la imagen de Dios dada por el judeocristianismoislamismo es inasumible literalmente. Sí, claro, literalmente sí.

Pero es que si lees a Zubiri, como ha tantos otros teólogos, te dirán que Dios no existe propiamente porque la existencia (relacionada con la temporalidad) no es una categoría que puede predicarse de Dios como te dirán que tampoco cabe entender a Dios desde la categoría del ser porque dicha categoría no puede predicarse de Dios. Por eso Zubiri, como tantos otros teólogos, hablar de la Realidad-Fundamento y no del Ser Supremo.

Quizá a ti te parezca inasumible porque desconozcas estas cuestiones. ¿ Nos podrías decir, Alexandre, qué teología afirma que a Dios puede aplicársele la categoría de existente si por tal entendemos una relación con el orden temporal? Pero no ha dicho la teología que Dios trasciende el tiempo y por eso es eterno. La eternidad, y como he dicho, no es una cadena infinita de instante sino trascender precisamente el tiempo. Y por eso cabe entender a Dios como no existente.

Así que considero tu crítica como no fundamentada porque desconoces sobre cuestiones teológicas y filosóficas Occidentales.

Dices, Alexandre “Para nosotros, naturalmente, el camino a la perfecta felicidad es una (g)nosis, un conocimiento integral profundo, teórico y sobre todo práctico, que lleva al iniciado, al bramín, al hombre espiritual según terminología paulina y nóstica, al Nivel Supremo de la Realidad, a la vez personal e impersonal. Nota también, ya que presumes de haber leído al Basilisco (Gustavo Bueno) con provecho, que El Basilisco reacciona con energía contra los intentos de uniformizar y simplificar el ateísmo, que es lo que haces tú cuando dices que todos los ateos negamos el carácter personal de Dios, o cuando sostienes que para el ateísmo la Realidad-Fundamento sería la pura facticidad.

No recuerdo haber presumido de haber leído al Basilisco con provecho. Podré haberte dicho que estoy de acuerdo con algunas cuestiones pero desde luego el Basilisco no es mi libro o revista de cabecera.

Sí, efectivamente, siempre he dicho que el teísmo no es un bloque monolítico como no lo es el ateísmo. Por curiosidad, Alexandre, si no crees que el teísmo es un bloque monolítico por qué has dicho hace cinco minutitos que todo el judaísmo, todo el cristianismo y todo el islamismo defienden una imagen inasumible. Si no crees que el teísmo es un bloque monolítico por qué has dicho que en todo el judaísmo, en todo el cristianismo y en todo el islamismo se defiende la "existencia" de Dios. Sí, efectivamente, tienes razón, no se puede considerar el ateísmo un bloque monolítico. Pero al parecer sí que se puede considerar el judaísmo, el cristianismo y el islamismo como un bloque monolítico.

Verás, yo nunca he entrado a hablar de las concepciones no occidentales de religión precisamente porque las desconozco. Por eso no entro en dichas cuestiones. Así que asumo perfectamente parte de tu crítica.

Un saludo


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 Asunto: Re: El Comercio
NotaPublicado: 10 Ago 2018, 12:54 
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Registrado: 08 Feb 2012, 00:46
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Saludos, Elansab.
Dices lo siguiente.

"Saludos, Alexandre.

Dices, Alexandre: “Por otra parte, el ateísmo técnico del arqueoindividualismo es, básicamente, una negación de la imagen de Dios dada por el judeocristianoislamismo, imagen inasumible literalmente; en cambio, no es un inmanentismo, y aprovecha lo válido sobre Dios que dice y practica el judeocristianoislamismo. Los arqueoindividualistas decimos que Dios no existe propiamente, porque la existencia es una condición, pero añadimos a renglón seguido que es muy real, y no una ficción como Supermán o Mortadelo y Filemón, tres héroes de tebeo ficticio.

Sí, claro, la imagen de Dios dada por el judeocristianismoislamismo es inasumible literalmente. Sí, claro, literalmente sí.

Pero es que si lees a Zubiri, como ha tantos otros teólogos, te dirán que Dios no existe propiamente porque la existencia (relacionada con la temporalidad) no es una categoría que puede predicarse de Dios como te dirán que tampoco cabe entender a Dios desde la categoría del ser porque dicha categoría no puede predicarse de Dios. Por eso Zubiri, como tantos otros teólogos, hablar de la Realidad-Fundamento y no del Ser Supremo.

Quizá a ti te parezca inasumible porque desconozcas estas cuestiones. ¿ Nos podrías decir, Alexandre, qué teología afirma que a Dios puede aplicársele la categoría de existente si por tal entendemos una relación con el orden temporal? Pero no ha dicho la teología que Dios trasciende el tiempo y por eso es eterno. La eternidad, y como he dicho, no es una cadena infinita de instante sino trascender precisamente el tiempo. Y por eso cabe entender a Dios como no existente.
Así que considero tu crítica como no fundamentada porque desconoces sobre cuestiones teológicas y filosóficas Occidentales.
Dices, Alexandre “Para nosotros, naturalmente, el camino a la perfecta felicidad es una (g)nosis, un conocimiento integral profundo, teórico y sobre todo práctico, que lleva al iniciado, al bramín, al hombre espiritual según terminología paulina y nóstica, al Nivel Supremo de la Realidad, a la vez personal e impersonal. Nota también, ya que presumes de haber leído al Basilisco (Gustavo Bueno) con provecho, que El Basilisco reacciona con energía contra los intentos de uniformizar y simplificar el ateísmo, que es lo que haces tú cuando dices que todos los ateos negamos el carácter personal de Dios, o cuando sostienes que para el ateísmo la Realidad-Fundamento sería la pura facticidad.
No recuerdo haber presumido de haber leído al Basilisco con provecho. Podré haberte dicho que estoy de acuerdo con algunas cuestiones pero desde luego el Basilisco no es mi libro o revista de cabecera.
Sí, efectivamente, siempre he dicho que el teísmo no es un bloque monolítico como no lo es el ateísmo. Por curiosidad, Alexandre, si no crees que el teísmo es un bloque monolítico por qué has dicho hace cinco minutitos que todo el judaísmo, todo el cristianismo y todo el islamismo defienden una imagen inasumible. Si no crees que el teísmo es un bloque monolítico por qué has dicho que en todo el judaísmo, en todo el cristianismo y en todo el islamismo se defiende la "existencia" de Dios. Sí, efectivamente, tienes razón, no se puede considerar el ateísmo un bloque monolítico. Pero al parecer sí que se puede considerar el judaísmo, el cristianismo y el islamismo como un bloque monolítico.
Verás, yo nunca he entrado a hablar de las concepciones no occidentales de religión precisamente porque las desconozco. Por eso no entro en dichas cuestiones. Así que asumo perfectamente parte de tu crítica.
Un saludo".

Empezaré respondiéndote con algo tangencial pero que importa, pues en filosofía la forma implica a un fondo y el fondo siempre aparece bajo una forma.
Reconoces que desconoces las concepciones no occidentales de religión (y, en consecuencia, buena parte de la filosofía oriental). Pues la solución es... aprenderlas. Como sabrás, en este mismo foro estamos incoando la ardua tarea de redactar un manual en gallego, y paralelamente en castellano un manual gemelo, ambos de redacción original, que sea una introducción general a la filosofía oriental. Entonces, como lego en esta materia, harás bien en decirnos cuáles son tus necesidades típicas para formarte. Hay un vacío de materiales claros y sólidamente expositivos originales en castellano sobre filosofía oriental y sobre concepciones no occidentales de la religión, salvo en el caso de la religión islámica por tener una presencia no occidental tan importante como la que tiene, y a la vez una tradicional y creciente presencia en Occidente. La cuestión, pues, no es quejarse o permanecer voluntariamente en la ignorancia, sino intentar aprender lo básico del tema... y, así, ayudarnos de paso a los orientalistas.
Bastante relacionado con lo anterior está mi respuesta a tus alegaciones más de fondo.
Siempre he procurado entender qué son realmente el cristianismo, el judaísmo y el islamismo, sin conformarme con informaciones escuetas y estereotipadas como las de algunos catecismos.
Al grano: lo que dice Zubiri y mencionas sobre Zubiri, lo conocía ya.
Al grano: hay desarrollos teológicos según los cuales Dios trasciende el tiempo y por eso es eterno. La eternidad, según estas teologías, no es una cadena infinita de instante sino trascender precisamente el tiempo. Y por eso cabe entender a Dios como no existente. Eso es verdad; o sea, que esos desarrollos teológicos existen, y ya los conocía... igual que conocía que hay teología cristiana que sigue afirmando a Dios como existente, como un ser que existe. La predicación cristiana, incluso en el elevado nivel de las encíclicas pontificias, sigue presentando a Dios como a un ser personal realmente existente en el mundo. Esto no impide que en el nivel teológico más elevado, los monoteísmos bíblicos sigan reconociendo implícita o explícitamente que, propiamente hablando, no se puede calificar a Dios de existente. Hay un tránsito continuo, en el judaísmo, el islamismo y el cristianismo, del lenguaje más alegórico y figurativo al más exacto y directo. O sea: la cúpula intelectual judeocristianoislámica suele reconocer abiertamente que Dios no existe.
Vayamos con El Basilisco. Es una de las revistas fundadas por Gustavo Bueno. Y, dado el carácter irascible y rabioso del propio Gustavo Bueno, ha sido tradicional que sus propios alumnos y otros estudiosos de su obra, especialmente si son críticos u hostiles, le hayan colgado el epíteto con el mismo nombre, o sea El Basilisco. Lo uso con frecuencia, entre otras cosas porque me repele la afición a la silla eléctrica que tiene este hombre. Aclarado esto, precisaré que el hombre, no la revista, o sea Gustavo Bueno, o sea El Basilisco, sí que distingue explícitamente entre varios tipos de ateísmo no reducibles a un solo ateísmo.
Al grano, pues: siempre he reconocido que el teísmo no es un bloque monolítico, como no lo es el ateísmo.
En consecuencia, es falso tu siguiente párrafo.

"Por curiosidad, Alexandre, si no crees que el teísmo es un bloque monolítico por qué has dicho hace cinco minutitos que todo el judaísmo, todo el cristianismo y todo el islamismo defienden una imagen inasumible. Si no crees que el teísmo es un bloque monolítico por qué has dicho que en todo el judaísmo, en todo el cristianismo y en todo el islamismo se defiende la "existencia" de Dios. Sí, efectivamente, tienes razón, no se puede considerar el ateísmo un bloque monolítico. Pero al parecer sí que se puede considerar el judaísmo, el cristianismo y el islamismo como un bloque monolítico. ".

Ten en cuenta algo elemental: soy lingüista, corrector de estilo, redactor y autor prolífico didáctico en castellano. Ya te podías figurar, pues, que si hubiera querido meter a este respecto en un mismo saco a todo el judeocristianoislamismo, la palabra todo y sus derivados hubieran abundado en mi mensaje anterior que criticas.
No voy a enredar, insisto. Es cierto que no todo el judeocristianoislamismo afirma la existencia de Dios, y es cierto que hay elaboraciones depuradas que, en estos tres monoteísmos de raíz bíblica, niegan la existencia de Dios. Su presentación sociológica, institucional, popular y política es, sin embargo, abrumadoramente proclamadora de la existencia de Dios como un ser en el mundo y más allá del mundo.
En ningún momento he dicho ni insinuado que en todo el judaísmo, en todo el cristianismo y en todo el islamismo se defiende la existencia de Dios. Porque pienso exactamente lo contrario. Ni he intentado expresar que al parecer sí que se puede considerar el judaísmo, el cristianismo y el islamismo como un bloque monolítico, en este punto de la existencia de Dios. Porque reconozco que no es así, especialmente en sus niveles más altos. No olvidemos que estos tres monoteísmos siempre han mantenido estructuras iniciáticas que transitan de las doctrinas elementales a la comprensión suprema, hasta llegar a la chocante afirmación sufí de que nuestra tarea no estará completada hasta que hayamos pegado fuego a todas las sinagogas, iglesias y mezquitas. Y el sufismo sigue ahí, como escuela islámica y también en otras comunidades filosóficas o religiosas.
El típico rollo anticlerical, que descalifica teológica y filosóficamente en bloque a los monoteísmos, lo encontrarás frecuentemente, por desgracia, en este mismo foro internético Sofos Ágora. Pero no soy así de burdo. Las Iglesias monoteístas no han surgido por casualidad, ni meramente como una imposición para engañar. Responden a un intento de canalización, por analogía y mediación fenoménica, del intrínseco anhelo humano por acceder a la Realidad Última. De ahí que, rechazando de plano como rechazo los atentados terroristas contra unos conocidos caricaturistas blasfemos franceses, rechazo también con energía su ofensa a la buena fe de esos creyentes islámicos, cristianos o judíos, a los que estos humoristas franceses embarran.
Así que considero mi crítica como bien fundamentada, porque conozco estas cuestiones teológicas y filosóficas occidentales. Matizando, además, que desde hace muchos siglos las tres grandes religiones monoteístas, o sea el judaísmo, el cristianismo y el islamismo, tienen tanta presencia social e intelectual en tierras no occidentales, que es imposible trazar una línea que separe a la teología cristiana occidental, por ejemplo, de la teología elaborada por el indocatalán Raimon Panikkar (Raimundo Pániker). No podrías, por otra parte, entender lo que dice (incluso mediante sus libros originalmente hechos en castellano) sin un conocimiento básico de la filosofía oriental, que como especialista cita y utiliza a cada paso.
Al final, puedes alegar que, como me ufano de no enredar en estos asuntos que tanto se prestan al embarullamiento difícilmente detectable, debería reconocer que lo que digo sobre la existencia de Dios es, básicamente, lo mismo que dice la jerarquía más depurada intelectualmente y más elevada espiritualmente en los tres grandes monoteísmos.
Y eso... ¡es verdad!
No puede ser de otra manera en alguien que, como yo, busca sincera y vehementemente su identificación espiritual y física con el Ser Supremo. A los marrulleros, san Pedro no les entrega las llaves del Cielo. Los que siempre son claros y sinceros, incluso en asuntos muy conflictivos, cogen las llaves... y con ellas abren las puertas del Paraíso.

_________________
Cordialmente, de Alexandre Xavier Casanova Domingo, correo electrónico trigrupo @ yahoo . es (trigrupo arroba yahoo punto es). La imagen del avatar gráfico es una fotografía que me identifica realmente, no retocada, tomada en septiembre del año 2017.


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 Asunto: Re: El Comercio
NotaPublicado: 10 Ago 2018, 13:45 
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Registrado: 05 Abr 2011, 13:35
Mensajes: 5307
Saludos, Alexandre

Dices, Alexandre: “Empezaré respondiéndote con algo tangencial pero que importa, pues en filosofía la forma implica a un fondo y el fondo siempre aparece bajo una forma.
Reconoces que desconoces las concepciones no occidentales de religión (y, en consecuencia, buena parte de la filosofía oriental). Pues la solución es... aprenderlas. Como sabrás, en este mismo foro estamos incoando la ardua tarea de redactar un manual en gallego, y paralelamente en castellano un manual gemelo, ambos de redacción original, que sea una introducción general a la filosofía oriental.

Verás, las aprendería si me interesaran. O mejor dicho, no es que no me interesen es que poseo otros intereses intelectuales y el tiempo no me da para tanto. Por eso no participo en foros de filosofía o de religiones orientales.

Vale, eres lingüista, corrector de estilo, redactor y autor prolífico didáctico en castellano.

Tus palabras fueron ” Por otra parte, el ateísmo técnico del arqueoindividualismo es, básicamente, una negación de la imagen de Dios dada por el judeocristianoislamismo, imagen inasumible literalmente; en cambio, no es un inmanentismo, y aprovecha lo válido sobre Dios que dice y practica el judeocristianoislamismo. Los arqueoindividualistas decimos que Dios no existe propiamente, porque la existencia es una condición, pero añadimos a renglón seguido que es muy real, y no una ficción como Supermán o Mortadelo y Filemón, tres héroes de tebeo ficticio.”

Y yo, y como no soy lingüista, corrector de estilo, redactor y autor prolífico didáctico en castellano, entendí que cuando dijiste que” la imagen dada por el judeocristianismoislamismo era inasumible literalmente” lo entendí literalmente. Pero vamos, que si tú me dices que no lo decías literalmente porque de ser así hubieras utilizado la palabra todo y sus derivados más profusamente pues entonces estamos de acuerdo.

Un Saludo


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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com
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