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POR: ANTONIO GARCÍA NINET DOCTOR EN FILOSOFÍA • FUENTE: LAICISMO.ORG • 27 FEBRERO, 2013

La jerarquía católica, a la vez que dice defender el respeto a todas las personas, se dedica a adoctrinar hipócritamente, es decir, a pervertir las mentes de los niños, arrastrándoles a un absurdo fideísmo irracional.

1. Fe y razón
En relación con esta cuestión, tiene interés señalar la paradoja consistente en que, por una parte, se defienda, ya desde el Nuevo Testamento,el valor de la fe como condición necesaria para la salvación[1], pero, por otra, se pretenda dar a los niños algún tipo derazones para que acepten aquello en lo que se les adoctrina. La paradoja consiste en que desde esta perspectiva cuantas más razones se aporten para aceptar una doctrina de fe menos mérito debería tener el asentimiento a tal doctrina, mientras que cuantas menos razones se aporten para aceptarla más mérito debería tener su aceptación. De hecho, es evidente que cuandoJesús dice
“-¿Crees porque me has visto? Dichosos los que creen sin haber visto”[2]
se está pronunciando en el sentido que aquí se indica.

Ahora bien, ¿por qué defiende Jesús la superioridad del creer a la del saber, en contra de la actitud del apóstol Tomás, que deseaba ver para poder creer? No parece que tal actitud tenga sentido, pues, si fuera moralmente meritorio creer en todo aquello que se nos dijera, al final deberíamos creer en todas supersticiones o religiones de que nos hablasen. Pero además también deberíamos creer en su falsedad, pues del mismo modo que hay quien defiende la verdad de unas creencias, hay quien defiende la verdad de otras contradictorias con las primeras.

Es evidente, por ello, que la fe no consiste en otra cosa que en una falta de rigor intelectual a la hora de afirmar o negar algo cuanto no se dispone de argumentos suficientes que garanticen su verdad o su falsedad. Y es precisamente el adoctrinamiento infantil el que fomenta esa falta de rigor en cuanto los “catequistas” persisten en exhortar a los niños a que crear y acepten como verdad lo que ellos les propongan, a partir de la afirmación gratuita según la cual la Iglesia Católica es la depositaria de la palabra de Dios. Y, si los niños estuvieran en condiciones de preguntar cómo pueden saber que esto último es verdad, les amenazarían con el Infierno en el caso de que no aceptasen la fe, la cual sólo tiene como fundamento una primera creencia, la de la veracidad de quienes les adoctrinan, los cuales no les darán ninguna explicación que esté basada en un razonamiento medianamente sólido que justifique el valor de las doctrinas que les enseñan.
Pero, al margen de que no dispongan de ningún argumento que fundamente sus “doctrinas de fe”, se volvería a plantear la anterior paradoja:

¿Qué mérito puede tener una fe basada en el conocimiento? Ninguno, pues en tal caso ni siquiera se podría hablar de fe, en cuanto ésta se entienda como un asentimiento ciego a una proposición sin que se disponga de argumentos suficientes en su favor, mientras que el conocimiento no requiere de esfuerzo alguno para ser aceptado, pues se impone por sí mismo, como sucede con proposiciones como 1 = 1, para cuya aceptación no hace falta ningún acto de fe sino sólo comprender qué se está diciendo.

Por otra parte, ¿qué mérito podría tener una fe basada en la ignorancia? Evidentemente ninguno, por más que a las religiones les interese que se le conceda un mérito especial. Si se nos dice, por ejemplo, que debemos creer que 3 = 1, quizá haciendo un supremo esfuerzo de autosugestión alguien consiguiera creer en la verdad de tal proposición, pero ¿tendría eso algún mérito? Simplemente podríamos admirar hasta qué límite más asombroso puede llegar la capacidad de auto-hipnosis, la cual, siendo una actitud contraria a la veracidad, sería además contraria a uno de los preceptos de la propia Iglesia Católica, reflejado en las tablas de Moisés, por lo que difícilmente podría calificarse de meritorio sin incurrir en una contradicción con tal precepto.
De manera complementaria, si se tiene en cuenta el componente irracional y dado a la fantasía y a la superstición de la naturaleza humana, se comprenderá mejor la facilidad con que los niños son manipulados con tantas formas de adoctrinamiento. Este componente irracional que tanta influencia tiene en el adoctrinamiento se observa, por ejemplo en aspectos de la religión que nada tienen que ver con la Lógica, aunque sí con la estética, como las grandes iglesias, catedrales y monumentos religiosos, los variados, chillones y vistosos ropajes utilizados por sacerdotes, obispos y papa en cada una de sus ceremonias religiosas, la música religiosa, las diversas ceremonias y procesiones con que se les permite adueñarse de las calles en lugar de ceñirse a utilizar el recinto de sus iglesias, diversas banderas nacionales o regionales europeas en las que “la cruz” tiene una presencia importante. El niño sobre el que impactan toda esta serie de “impresiones” tendrá, como es lógico, una tendencia espontánea a creer en todo aquello que le sugieren estas imágenes especialmente visuales, a partir de la confianza innata en la verdad de todo aquello que provenga de “los mayores” y en especial de los más allegados a él, como sus padres, sus maestros y las autoridades religiosas en el caso de que sus padres sean ya creyentes de determinada religión.
Esa serie de aspectos, relacionados con impactantes sensaciones especialmente visuales y auditivas, sirve a los dirigentes de las distintas religiones como “argumentos emocionales” –pero no racionales- que, sin embargo, impactan en la mente de los niños, convirtiéndose en el fundamento más importante de su aceptación del adoctrinamiento recibido.

Por otra parte, este componente irracional de la mente humana puede advertirse de modo más general si se tiene en cuenta la riqueza de términos y conceptos creados para hacer referencia a las diversas formas de superstición como son los siguientes: Brujería, nigromancia, adivinación, mal de ojo, pactos diabólicos, buenaventura, sortilegio, espiritismo, oráculos, maleficios, hechicería, horóscopo, cartomancia, vaticios, quiromancia, fetichismo y otras diversas formas innumerables de magia blanca (buena) o negra (mala), en las que el porcentaje de gente que cree es realmente sorprendente.
La tendencia humana de carácter innato a creer en fenómenos sobrenaturales o paranormales se muestra igualmente en la serie de supersticiones populares, que no tienen otro fundamento que la tradición secular de tales creencias, transmitidas de generación en generación a lo largo de siglos. Así sucede con la creencia en amuletos de la suerte, en la mala suerte de los días 13-martes (o 13-viernes en otros lugares), romper un espejo, derramar sal, levantarse con el pie izquierdo, hacer girar un paraguas abierto –o una silla sobre una de sus patas- apoyando la punta en el suelo, pasar por debajo de una escalera, que se te cruce un gato negro, que se te cruce un cuervo por la izquierda (mal presagio) o por la derecha (buen presagio)… La lista sería interminable.

Siendo la mentalidad humana tan dada a la fantasía no sólo para crearla sino especialmente para creerla, es comprensible la facilidad que han tenido los creadores de religiones de rodearse muy pronto de seguidores que han llegado incluso a matar cruelmente con sus “guerras santas” por defender su religión o por imponerla a los demás, tal como sucedió con el Cristianismo o con el Islamismo.
2. El fideísmo: Representantes destacados.

La exaltación de la fe por la jerarquía católica tiene su complemento en su desprecio a la razón a lo largo de la historia de esta organización. La aceptación y la valoración de la fe ciega, por encima de cualquier intento de comprensión de los contenidos doctrinales de esta secta es una constante a lo largo de la historia del cristianismo desde sus comienzos, tanto en el personaje del Jesús evangélico como en los de Pablo de Tarso, Tertuliano, Aurelio Agustín, Tomás de Aquino, Martín Lutero, Kant, José María Escrivá -fundador del Opus Dei- y el “Papa” Juan Pablo II, por nombrar sólo a unos pocos representantes de esta tendencia histórica. En otros capítulos de esta obra se han citado diversos pasajes de los evangelios y de las cartas de Pablo de Tarso en donde se defiende de modo indiscutible el valor absoluto de la fe como condición necesaria para la salvación y, como sabemos, la fe es el resultado de una actividad por la que, adoctrinados y programados por otro en un principio y después por simple inercia o pereza mental, se llega a creer y a afirmar como verdad algo en relación con lo cual no se dispone de argumentos suficientes para demostrarlo.

Por lo que se refiere a Tertuliano (s. II-III) es famosa su tesis fideísta resumida en la frase “credo quia absurdum”: “Creo, puesto que es absurdo”[3], punto de vista absolutamente despectivo contra la razón pero que desde los planteamientos fideístas de aquel fanático resume su “lógica” especial, ya que, efectivamente, creer en aquello que se conoce como verdad no parece que tenga “mérito” alguno, aunque también es cierto que creer en la verdad de algo por el hecho de que sea absurdo no parece que deba considerarse más meritorio que lo anterior, en cuanto equivale a mantener una disposición propicia para dejarse adoctrinar y engañar por toda clase de absurdos con las que a uno le quieran corroer el cerebro.
Aurelio Agustín (s. IV-V) concedió cierta importancia a la razón (“intellige ut credas) pero, en cualquier caso y siguiendo la tradición de los jerarcas del cristianismo, siempre la subordinó a la fe (“crede ut intelligas”).
Una actitud similar fue la defendida por Tomás de Aquino (s. XIII), quien indicó que la fe era el criterio de verdad en aquellas situaciones en que pareciese haber un conflicto entre ella y la razón, de manera que en tales situaciones la solución consistía en considerar que la razón se había extraviado en sus conclusiones, pues los contenidos de fe representaban verdades absolutas que tenían un carácter infalible.
Por su parte, Martín Lutero (s. XVI), desde la disidencia de su cristianismo “reformado”, defendió una actitud de absoluto rechazo de la razón y de defensa acérrima de la fe, considerando que
“la razón es la mayor enemiga de la fe. Quienquiera que desee ser cristiano debe arrancarle los ojos a su razón”.

A finales del siglo XVIII el mismo Kant llegó a escribir en su Crítica de la razón pura:

“Tuve, pues, que suprimir el saber para dejar sitio a la fe”[4],

refiriéndose de ese modo a que su crítica a la Metafísica implicaba la imposibilidad de que la razón pudiera alcanzar algún conocimiento sobrepasando el ámbito de la realidad empírica , por lo que cualquier intento de demostrar la existencia de Dios estaba condenado inevitablemente al fracaso. Sin embargo y a pesar de estas prudentes consideraciones, Kant cayó en la irracionalidad del fideísmo desde el momento en que introdujo sus “postulados de la razón práctica” (libre albedrío, inmortalidad del alma y existencia de Dios) que, aunque indemostrables por sí mismos, tales postulados, exigidos a su vez por la existencia de la moral, serían las condiciones necesarias a partir de las cuales dicha moral tendría sentido. Y, en cuanto para Kant la moral era un hecho que no requería de demostración alguna, había que “postular” la existencia de tales condiciones sin las cuales la moral habría carecido de sentido. Ése es el sentido de la “primacía de la razón práctica” mediante la cual Kant pretendió recuperar los contenidos de aquella Metafísica que había criticado de manera acertada desde la perspectiva de la “razón pura”.(...)

https://laicismo.org/2013/02/el-adoctri ... -catolica/

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Última edición por ratio el 11 Ago 2018, 19:39, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: 11 Ago 2018, 14:48 
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Sin ánimo de ser repetitivo pregunto:
Qué es mejor decirle a un niño que pregunta por Dios?
1-Dios existe y nos ama. La Iglesia es la depositaria de su mensaje.
2-Dios no existe, es una invención.
3-No estoy seguro. Es mejor que tú mismo lo vayas descubriendo.
4-No le digo ni sí, ni no, ni no sé.Me reservo mi opinión. Simplemente le digo que es mejor que el mismo lo vaya descubriendo.
Son todas equivalentes?
Son todas igual de dogmáticas?
Adoctrinan todas en la misma(o en alguna) medida?
Elansab, me gustaría y te agradecería que respondieras si no tienes inconveniente.


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NotaPublicado: 11 Ago 2018, 19:49 
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Sacerdote de Judas escribió:
Sin ánimo de ser repetitivo pregunto:
Qué es mejor decirle a un niño que pregunta por Dios?
1-Dios existe y nos ama. La Iglesia es la depositaria de su mensaje.
2-Dios no existe, es una invención.
3-No estoy seguro. Es mejor que tú mismo lo vayas descubriendo.
4-No le digo ni sí, ni no, ni no sé.Me reservo mi opinión. Simplemente le digo que es mejor que el mismo lo vaya descubriendo.
Son todas equivalentes?
Son todas igual de dogmáticas?
Adoctrinan todas en la misma(o en alguna) medida?
Elansab, me gustaría y te agradecería que respondieras si no tienes inconveniente.


Elansab no vendrá de momento. Está en la UCI recuperándose del varapalo propinado por el malvado Socrates.

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NotaPublicado: 11 Ago 2018, 21:57 
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ratio


ratio escribió:
Elansab no vendrá de momento. Está en la UCI recuperándose del varapalo propinado por el malvado Socrates.

¿A qué te refieres? Parece que me perdí de algo bueno, jaja.



Saludos

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NotaPublicado: 13 Ago 2018, 09:25 
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Pero es que contigo siempre es lo mismo, Sacerdote. Por qué no eres tú el que nos dices qué es mejor decirle a un niño y por qué. Y no es que no tenga respuesta sino que simplemente los demás, y en este caso tú, también tienen que justificar tu punto de vista. Es que al final, y al parecer, son unos los que tienen que justificar siempre sus posiciones.

Pero por qué no te lanzas y nos dices cuál es tu creencia y por qué es mejor una opción que otra. Por qué no nos das una respuesta fundamentada con cierta extensión de tu punto de vista


Última edición por elansab el 13 Ago 2018, 10:27, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: 13 Ago 2018, 09:34 
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Eso ya está claro ¿no?

Judas Priest dirá que la mejor es la 3 y la 4, una postura agnóstica y cautelar (aún se tuviera claro una convicción respecto a tal asunto).

Yo entraría por decir, que dios no es más que una palabra y que depende de qué se quiera decir tras esa palabra, pues tras esa palabra se definen muchos conceptos diferentes, y muchos relatos diferentes.

El dios de Spinoza, por ejemplo, es una palabra atea, es un relato ateo y naturalista.


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Hay exposiciones y pensamientos discursos del lenguaje que son incoherentes, y nunca saldrán de la incoherencia porque son incoherentes, lo que puede cambiar es que se cataloguen correctamente como incoherentes.


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NotaPublicado: 13 Ago 2018, 09:52 
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Espinoza decía, Dios pues, existe necesariamente al ser la única "sustancia constituida por la infinidad de atributos de los que cada uno expresa una esencia eterna e infinita. Sí, sí, muy naturalista la visión de Espinoza. Lo que hay que escuchar.


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NotaPublicado: 13 Ago 2018, 13:36 
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El Dios de Spinoza

Baruch de Spinoza nació en Ámsterdam en 1632, y ha sido considerado como uno de los tres mayores filósofos racionalistas del siglo XVII. Sus reflexiones supusieron una profunda crítica a la visión clásica y ortodoxa de la religión, cosa que terminó por generar su excomunión por parte de su comunidad y su destierro, así como la prohibición y censura de sus escritos.
Su visión del mundo y de la fe se aproxima en gran medida al panteísmo, es decir, la idea de que lo sagrado es toda la naturaleza en sí.
La realidad según este pensador

Las ideas defendidas por Spinoza se basaban en la idea de que la realidad está formada por una única sustancia, al contrario que René Descartes, que defendía la existencia de la res cogitans y la res extensa. Y dicha sustancia no es otra cosa que Dios, entidad infinita y con múltiples propiedades y dimensiones de las cuales solo podemos conocer una parte.
De este modo, pensamiento y materia son sólo dimensiones expresadas de dicha sustancia o modos, y todo aquello que nos rodea, incluso nosotros mismos, son partes que conforman lo divino de igual forma. Spinoza creía que el alma no es algo exclusivo de la mente humana, sino que lo impregna todo: piedras, árboles, paisajes, etc.
Así, desde el punto de vista de este filósofo lo que solemos atribuir a lo extracorporal y lo divino es la misma cosa que lo material; no forma parte de unas lógicas paralelas.
Spinoza y su concepto de divinidad



Dios es conceptualizado no como ente personal y personificado que dirige la existencia externamente a ella, sino como el conjunto de todo lo existente, que se expresa tanto en la extensión como en el pensamiento. Dicho de otro modo, se considera que Dios es la propia realidad, que se expresa a través de la naturaleza. Ésta sería una de las formas particulares en que Dios se expresa.
El Dios de Spinoza no daría una finalidad al mundo, sino que éste es una parte de él. Se le considera naturaleza naturante, es decir, lo que es y da origen a diferentes modos o naturalezas naturadas, tales como el pensamiento o la materia. En síntesis, para Spinoza Dios es todo y fuera de él no existe nada.


https://psicologiaymente.com/miscelanea/dios-de-spinoza

Yo no veo por ningún lado que eso contradiga lo que ha dicho Doyso. Más bien diría que lo ratifica. Ahora bien, si Elansab era amigo íntimo de Spinoza, ya es otra cosa.

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NotaPublicado: 13 Ago 2018, 14:20 
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O sea, Ratio, que ahora no ves ningún inconveniente en que para Spinoza el concepto de Dios, y aunque no se trate de un Dios personal, sea una entidad infinita y con múltiples propiedades y dimensiones de las cuales sólo podemos conocer una parte. Como tampoco ahora tienes ningún inconveniente en aceptar que el alma no es algo exclusivo de la mente humana, sino que lo impregna todo: piedras, árboles, paisajes, etc. Como tampoco, y según el texto que tú mismo has colocado, tienes ningún inconveniente en que ese Dios dé origen a diferentes modos o naturalezas naturadas, tales como el pensamiento o la materia.

¡Coño, se obró el milagro. Y yo que no creía en los milagros. Ahora te llamaremos: “Ratio, el Converso”


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NotaPublicado: 13 Ago 2018, 14:36 
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elansab escribió:
O sea, Ratio, que ahora no ves ningún inconveniente en que para Spinoza el concepto de Dios, y aunque no se trate de un Dios personal, sea una entidad infinita y con múltiples propiedades y dimensiones de las cuales sólo podemos conocer una parte. Como tampoco ahora tienes ningún inconveniente en aceptar que el alma no es algo exclusivo de la mente humana, sino que lo impregna todo: piedras, árboles, paisajes, etc. Como tampoco, y según el texto que tú mismo has colocado, tienes ningún inconveniente en que ese Dios dé origen a diferentes modos o naturalezas naturadas, tales como el pensamiento o la materia.

¡Coño, se obró el milagro. Y yo que no creía en los milagros. Ahora te llamaremos: “Ratio, el Converso”


¿Tú sabes leer?¿Donde digo yo que estoy de acuerdo con Spinoza?

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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com
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