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 Asunto: Re: La ética cristiana
NotaPublicado: 14 Feb 2017, 23:57 
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elansab escribió:
Dices, Jbell, con toda la razón, y cuando diferencias entre el amor y el sexo: “Tienes gran confusión de conceptos. El amor es un sentimiento. Y un sentimiento es una evaluación consciente de nuestras emociones.

Es más, me atrevería a decir que en el hombre no se dan instintos puros. Sí, se habla del sexo, pero en realidad debería de hablarse de la sexualidad. Y todos sabemos que la sexualidad está mediada por la cultura.


Podéis llamarlo como queráis: instinto, emoción o lo que os dé la gana, pero sea lo que sea, nadie puede amar a otro por el simple hecho de que alguien te lo ordene. Ni siquiera alguien puede dejar de amar cuando se está enamorado/a de alguien que no le corresponde. En todo caso, lo único que puede hacer es dejar pasar el tiempo.

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La dignidad humana está por encima de cualquier dios.


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 Asunto: Re: La ética cristiana
NotaPublicado: 14 Feb 2017, 23:58 
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Si observamos la teoría de la evolución es obvio que ésta se maneja a base de factores basados en los deseos o intereses. Y no podía ser de otra manera. Si prescindimos de toda teleología, sólo produciendo por azar un fenómeno al que llamamos conciencia, que permite darse cuenta -a través de un sistema nervioso- de sensaciones, estímulos o sentimientos, se puede “automatizar” in aeternum un sistema evolutivo que funciona por sí mismo sin necesidad de programador. Es la imagen típica del burro y la zanahoria, atada a una caña y pendiendo de ella ante el morro del equino, como sistema motor que beneficia al arriero. El placer y el dolor, el deseo o el interés, son los motores que mueven los hilos de la evolución autónoma. Si hay vida consciente más allá de nuestros límites estelares, no dudemos de que, al igual que nosotros, dichas vidas sentirán en sus propias carnes ciertos estímulos equiparables a los que la naturaleza nos dotó.

¿Podría ser compatible un tipo de conciencia sin estímulos o sensaciones? Cabe responder: ¿y de qué sería consciente un individuo que no tuviera sensaciones? Es obvio que la sensación no puede prescindir de la conciencia, y no es menos cierto que toda sensación no puede darse sin implicar una materia orgánica como receptora de aquélla. Luego, la conciencia no tiene sentido sin materia orgánica. Es la materia, constituida en los diferentes sistemas nerviosos, la que proporciona una capacidad de sentir dolor o placer, amor u odio, hambre o sed. Y a esta capacidad la llamamos conciencia.

Tanto en la escala filogenética como en la ontogenética se dan –en sus inicios- formas de conciencia muy elementales que dan lugar a las sensaciones básicas que son suficientes para mantener con vida a los individuos, tales como las necesidades de la alimentación, la reproducción o el instinto de supervivencia, hasta llegar a los escalones más complejos en los que las distintas formas de conciencia se multiplican exponencialmente, tanto en cantidad como en cualidad, hasta llegar a los sentimientos humanos tan sofisticados como numerosos. Y si tuviéramos que elegir de entre ellos al más inefable, al más sublime, al que nos proporciona la mayor sensación de placer y plenitud, no dudaríamos en colocar sobre un pedestal al tan mitificado e idolatrado amor, al que desde estancias religiosas no dudan en escribir con mayúscula.

¿Qué diferencia hay entre el placer sexual más intenso y el sentimiento de amor más sublime?¿No se funden en uno solo ambos sentimientos?¿No van cogidos de la mano uno y otro –y no sólo de facto en las parejas- sino en la conciencia? De hecho, el amor surge antes como sentimiento profundo -que nos arrima compulsivamente hacia un ser humano al que consideramos muy especial, no tanto por sus virtudes reales, sino por un enigmático impulso psicológico que no tiene explicación- que como un acercamiento al prójimo casi impositivo desde instancias evangélicas, al que se considera como fin último, como meta espiritual y como culminación del sentido de la existencia. No obstante, el amor –como todo sentimiento- no obedece más que a razones evolutivas que en sí mismas no constituyen ningún fin ni propósito. Una vez iniciada la carrera de la evolución a partir de los deseos y los intereses, no es de extrañar que aparezcan factores emergentes muy complejos de los que nadie puede prever su ulterior desarrollo ni su transformación a lo largo de los tiempos. El amor –en minúscula- no tiene ningún rango superior respecto del que podamos otorgar al instinto sexual o paternal. Que el ser humano incluya en su vasto bagaje de instintos un sentimiento que nos lleva a sentirnos unidos al prójimo, no es motivo para darle una categoría que va más allá de un simple instinto. El respeto por los iguales de nuestra especie nos beneficia a la hora de construir una sociedad cuya necesidad de ordenación y pacificación interna no es menor ni mayor –como objeto evolutivo- que el orden y concierto que reina dentro de un enjambre de abejas o un hormiguero.

Sólo la sofisticación intelectual –infectada por las creencias religiosas- a la que ha llegado el ser humano podría hipostasiar un mero instinto en algo trascendente convirtiéndolo en la culminación de toda una evolución que no tenía la más mínima intención de desarrollar ningún sentimiento ni positivo ni negativo. Ni la naturaleza misma podría haberse imaginado su capacidad de desarrollar capacidades tan sensacionales. Si la naturaleza tuviera conciencia, se asustaría ella misma –y sin salir de su asombro- de tanto poder. Un poder que no sirve de nada al no tener ni cumplir objetivo alguno, sino que surge de una ceguera total y absoluta. Y es que la finalidad o el propósito cumplen las necesidades del programador, nunca de lo programado. Las necesidades surgen a partir de la existencia, no antes. De lo que se deduce que, de tener un propósito, el amor satisfaría a su creador: el ser humano no tenía ninguna necesidad de amar antes de su existencia.

Es un despropósito –por parte de la divinidad de turno- crear un ser sintiente con un objetivo que cumplir pretendiendo que sea el propio ser humano el que consiga dicha meta a través de las numerosas y escandalosas penurias que tiene que atravesar y experimentar en su arduo camino hacia el “Amor” cuando el hombre no tenía ninguna necesidad desde su anterior inexistencia. De ahí, que las tan cacareadas “metas” a cumplir por el hombre que se pregonan desde filosofías orientalistas, sincréticas o eclécticas que combinan esoterismos con creencias religiosas de toda ralea, sean, en sí mismas, una contradicción o un absurdo. Pero no es el fin de ese escrito el denunciar la irracionalidad de cualquier propósito que pueda tener el ser humano en sí mismo, sino la imposibilidad de la existencia de un mundo espiritual con conciencia más allá de la vida física. Si damos por válida la premisa descrita al inicio, acerca de la necesidad de la materia orgánica como receptora de todo tipo de sensaciones y estímulos traducidos en los placeres tanto físicos como psicológicos y sus correspondientes dolores o frustraciones, tenemos que concluir, necesariamente, que es imposible su existencia por sí misma sin soporte material. ¿Dónde se localizaría el sentimiento del amor en una conciencia inmaterial?¿Qué tipo de sensación podría experimentar una sustancia inmaterial?¿A quién “amaría” dicha sustancia sino a “otras sustancias inmateriales”?

Todas esas pretensiones ontológicas reflejan la inutilidad heurística de quienes obviaron las normas más elementales de la comprobación, de la razón y del empirismo científico, dando lugar a una fantasía interesada como satisfacción de las necesidades psicológicas surgidas de la ancestral ignorancia del hombre primitivo en su búsqueda de explicaciones ante la incomprensión de la naturaleza que le rodeaba.

El Amor, en mayúsculas, es inexistente. Es, simplemente, una entelequia –y no en el sentido aristotélico de la autorrealización- sino una hipóstasis de uno más de nuestros instintos que evolucionó, desde otros instintos menos complejos, y que serviría a la especie para apaciguar y contrarrestar cualesquiera otros instintos contrarios basados en la violencia o el odio. Del instinto de supervivencia -que dio lugar a la venganza y a la agresividad, como respuesta a los posibles ataques de los depredadores o de los propios miembros de la especie que entran en competencia por el territorio, la pareja o el alimento- surgen, para compensar unos instintos, quizás demasiado violentos, otros que le dan la posibilidad de mantener la especie antes de que dicha agresividad pueda llegar a cotas inimaginables, tal como lo comprobamos diariamente en la vida humana.

Que el “Amor universal” o “el amor al prójimo” sean una ilusión que se ve como posible desde la ingenuidad de un sector social inmerso en creencias místicas y religiosas, no debe llevarnos a convertir un mero instinto en algo trascendental y utópico. Convertir una quimera en algo posible es un desperdicio intelectual que puede costar caro al ser humano al alejarlo de la realidad. Son demasiadas las energías –tanto físicas, intelectuales, como psíquicas- que se derrochan para hacer valer una invención como meta última del ser humano por la que hay que luchar. Únicamente, desde la ciencia, la razón y la honradez intelectual, se puede luchar por una humanidad mejor. Comprender las razones por las que el ser humano es un “lupus” para sí mismo, es tarea científica y no religiosa, ni esotérica, ni mística.

La conciencia es tan sólo un “darse cuenta”, un “ser conscientes de” cualquier sensación –dolorosa o placentera- que le sirve a la naturaleza –aquí, hipostasiada- para “cumplir sus fines” evolutivos. Queda sólo para la imaginación de los místicos la concepción del “Amor” como algo que está más allá de la realidad material con todas sus limitaciones y su finitud temporal que le sucede a la muerte.

Es mucho lo que se juega la humanidad. De la realidad o falsedad de los postulados religiosos depende la conducta a seguir por parte de aquélla. Si las religiones tuvieran razón, nuestro comportamiento sería muy distinto al que deberíamos llevar a cabo si fuera lo contrario. En tal caso, la autonomía intelectual del ser humano sería la que debería darnos las pautas a seguir dejando en la cuneta toda la basura intelectual procedente de la alienación y de la ignorancia. Y, llegados a ese punto, y parafraseando a Clemenceau, digamos que los problemas de la humanidad son demasiado serios como para dejarlos en manos de los dioses.

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 Asunto: Re: La ética cristiana
NotaPublicado: 14 Feb 2017, 23:59 
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Anónimo escribió:
Felino, si quieres puedes contestarme lo que le he escrito a ratio. Me gustaría saber tu opinión.

Con gusto te la doy
anónimo escribió:
El amor es un fenómeno que forma parte del comportamiento o experiencia humana que representa la abstracta unión de la materia/energía. Venimos de una singularidad, luego nos expandimos, surgen las millones de experiencias de separación y unión, para luego caer nuevamente en una singularidad.
Entonces, el amor no es una simple emoción, tiene que ver con el comportamiento BASE del universo.
Linda poesía, o una genialidad..
No sé qué decir.... yo no le creo a la ciencia en cuanto a sus pretensiones de verdad, porque ella sólo estudia los entes en tanto presencia o, dicho de otro modo, los fenómenos pero no la cosa en sí. Por eso no me fío de la ciencia en cuanto ella pretende ser "busqueda de la verdad" Pero es muy útil a la hora de ir al médico jaja

socrates escribió:
¿No será ofender? ¿puede Dios ser dañado? No creo que esto sea teológicamente correcto.
Pues no lo es jajaja. Es como tu dices: Dios se siente "ofendido" pero jamás dañado en su sustancia
socrates escribió:
Pero si me pegan indebidamente en una mejilla, ¿debo reprenderle y corregirle (al agresor) o bien ofrecerle la otra (mejilla)?
Debes hacer lo que te inspire el Espíritu Santo.... suena de película, pero los creyetnes creemos que el Espíritu inspira valores y conductas. Hay que hacer lo que él inspira.
Citar:
Es decir, nosotros necesitamos del amor de Dios, pero Dios no necesita del nuestro. ¿o no?
El catecismo dice que Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de él.
Citar:
Con la mano en el corazón y siendo realista te tendré que decir que no siempre es así. En gral. hay algún interés o condición. Un hombre ama a su mujer pero desea que ese amor sea devuelto, que se mutuo. Si "tu" mujer te engañaba con otro y se va con él ¿la seguirás amando de igual forma? Quizás el amor de la madre al hijo sea más desinteresado.
EStoy de acuerdo que en el plano humano no hay "amor incondicionado", pero hacia la divinidad el amor es siempre incondicionado o no es nada. Y, desde Dios, podemos amar a los demás humanos. Si amamos a Dios incondicionadamente también podemos llegar a amar a los hombres incondicionadamente: la vertiente horizontal de la caridad tiene su fundamento en la vertical.


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 Asunto: Re: La ética cristiana
NotaPublicado: 15 Feb 2017, 00:00 
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JBELL escribió:
elansab escribió:
Es más, me atrevería a decir que en el hombre no se dan instintos puros. Sí, se habla del sexo, pero en realidad debería de hablarse de la sexualidad. Y todos sabemos que la sexualidad está mediada por la cultura.

Buen punto. Muchos de nuestros impulsos instintivos los canalizamos conscientemente.


En esto estoy de acuerdo.

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Dice un proverbio celta: "Allí donde esté el mayor de tus deseos, allí estará el mayor de tus sufrimientos".


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 Asunto: Re: La ética cristiana
NotaPublicado: 15 Feb 2017, 00:03 
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ratio:

Todo depende tu postura, ratio, si crees en una evolución determinada hacia un fin o no. Si crees en el orden o en el caos.


Yo creo en una evolución determinada hacia un fin, por lo tanto con orden, y cosas como el Amor tiene explicación, que es lo que ya dije antes en otro comentario.


Y no creo en un Dios con poderes.


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 Asunto: Re: La ética cristiana
NotaPublicado: 15 Feb 2017, 00:05 
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Registrado: 05 Mar 2013, 14:43
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Felino, gracias... de todos modos xD


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 Asunto: Re: La ética cristiana
NotaPublicado: 15 Feb 2017, 00:06 
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ratio escribió:
Podéis llamarlo como queráis: instinto, emoción o lo que os dé la gana, pero sea lo que sea, nadie puede amar a otro por el simple hecho de que alguien te lo ordene.


Muy buen cuestionamiento. Incluso muchas veces e he preguntado si puedo amar porque "yo mismo me lo ordene", es decir, mediante voluntad o "auto-coerción moral".

En tal caso puedo esforzarme por actuar éticamente, tener buena voluntad. ¿Pero amar? Creo que amar implica al sentimiento. Luego el sentimiento no sé si es tan fácil de manipular. Se siente o no se siente, es algo que ocurre (con cierta espontaneidad).

Seguramente podremos tener una vida o actitud que sea como "preparar el terreno" para que surjan sentimientos de perdón, amor, compasión y demás. Otro puedo abonar el suelo de su vida con mala predisposición, lo que hará surgir resentimiento, odio, celos, envidia, etc.

Pero no sé si puedo "auto-ordenarme" amar a un otro. Quizás pueda poner mi mejor voluntad (en pensamiento y acción) y luego podrá ocurrir, o no, tal sentimiento: amor.

Un tema muy sutil.

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 Asunto: Re: La ética cristiana
NotaPublicado: 15 Feb 2017, 00:08 
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Edito: estaba trolleando. 8-)

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Última edición por socrates el 15 Feb 2017, 00:10, editado 1 vez en total

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 Asunto: Re: La ética cristiana
NotaPublicado: 15 Feb 2017, 00:10 
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Citar:
No obstante, el amor –como todo sentimiento- no obedece más que a razones evolutivas que en sí mismas no constituyen ningún fin ni propósito. Una vez iniciada la carrera de la evolución a partir de los deseos y los intereses, no es de extrañar que aparezcan factores emergentes muy complejos de los que nadie puede prever su ulterior desarrollo ni su transformación a lo largo de los tiempos
Es el típico discurso evolucionista que pretende reducir el ser humano a su simple biología. Yo cuestionaría en primer lugar la evolución misma a gran escala. A pequeña escala, es decir, a pequeñas graduaciones no hay duda que es una realidad, pero ¿a gran escala? Me parece absurdo.
El amor al enemigo, de cualquier modo, es un don del Espíritu Santo, porque naturalmente no se puede, es sencillametne imposible y todos podemos comprobarlo en nuestras vidas.

socrates escribió:
Se hace el ofendido, es una estrategia de manipulación!

Al ponerse en víctima pretende hacer surgir la culpa en ti, y de esta forma que te acerques a él.

Busca llamar tu atención (para manipularte) mediante diferentes estrategias psicologicas:

- primero la adulación ("me interesa tu opinión", que sabemos que es mentira).
- segundo el victimismo (de su parte) para generar culpa en ti y que reacciones.


jajajaa Como sea, me parece que anónimo de todos modos tiene ideas interesantes.


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 Asunto: Re: La ética cristiana
NotaPublicado: 15 Feb 2017, 00:14 
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Registrado: 05 Mar 2013, 14:43
Mensajes: 8196
Es una lastima, Felino, que no pueda ser entendido por algunos. A veces esto me provoca soledad.

Pero supongo que tú le pones toda tu fuerza para tratar de comprender que quiero decir.

Gracias de todos modos!


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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com
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