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 Asunto: Re: Te identificas como un radical buscador de la felicidad.
NotaPublicado: 03 Nov 2017, 21:27 
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Saludos, Oscar Martínez.
Dices lo siguiente.

"Yo veo 3 triángulos. El de la izquierda, el de la derecha (ambos triángulos rectángulos y escalenos) y el tercero que incluye a ambos (siendo acutángulo e isósceles, y quizás también equilátero, pero no lo medí).

_________________
"En el umbral del palacio de Zeus hay dos tinajas llenas de destinos: una de buenos y la otra de malos" (Homero).".

Es como dices, matizando que el tercer triángulo, el que incluye a los dos más pequeños, es equilátero. En algunas pantallas puede haber deformación de esta equilateralidad, dada la profusión de estándares físicos o lógicos en informática gráfica. Para esta imagen internética en baja resolución, ya nos entendemos.
Incluso interpretando el triángulo grande como isósceles pero no equilátero, el recuento no cambiará: tres triángulos.
Y, sin embargo, los experimentos llevados a cabo por los sicólogos guestálticos y sicólogos de otras orientaciones dan una alta tasa de una significativa respuesta errónea: dos triángulos.
Es un típico caso del error perceptivo simbolizado en la popular frase de que los árboles no dejan ver el bosque. Sin árboles no hay bosque, sin los dos triángulos pequeños no existe el triángulo mayor, ni existe el recuento total de tres triángulos... mas el bosque es diferente a la percepción de cada árbol, como el triángulo grande es diferente a la percepción de cada triángulo rectángulo pequeño. Si quisiéramos afinar en geometría, que no es precisamente el caso, diríamos que se trata de un subgrupo especial de triángulos rectángulos escalenos: los triángulos rectángulos escalenos hemihomoláteros, en los que uno de los lados, aquí el lado horizontal, mide la mitad que otro de los lados, aquí el lado vertical, con el que el lado horizontal forma ángulo recto. Este tipo de triángulo rectángulo escaleno, el triángulo rectángulo escaleno hemihomolátero, contiene, pues, cierta regularidad relativa a la proporción entre sus lados.
Pasando ya de la geometría a la sicología de la percepción: ¿por qué tanta gente no llega a percibir el triángulo mayor? Porque se trata de una estructura abarcante, innecesaria para la percepción de las unidades menores, las cuales en cambio son imprescindibles para la percepción de la estructura abarcante. O sea, que para percibir los tres triángulos de la figura se precisa un grado superior de atención.
La gran dificultad para percibir la felicidad y acceder a ella es, básicamente, del mismo tipo.
La felicidad es una dimensión abarcante, estática y dinámica a la vez, que depende de una adecuada percepción de sus partes, pero percibidas como un todo. Si las partes no son percibidas, no se percibe la felicidad. Si las partes son percibidas inadecuadamente, tampoco se percibe la felicidad. Si las partes son percibidas adecuadamente, mas no como un todo, tampoco se percibe la felicidad.
Si las partes son efectivamente percibidas, y percibidas con claridad, y percibidas formando parte de un todo, sí que se percibe la felicidad.
Pero el nivel, el esfuerzo, el grado de atención, es inmenso para llegar a esta percepción de la felicidad.
Por eso es tan difícil el camino hacia la felicidad, incluso disponiendo de todos los datos pertinentes. Muy difícil... mas posible, ya que como seres humanos y no piedras o bacterias, tenemos capacidad de atención global y jerarquizadora.

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Cordialmente, de Alexandre Xavier Casanova Domingo, correo electrónico trigrupo @ yahoo . es (trigrupo arroba yahoo punto es). La imagen del avatar gráfico es una fotografía que me identifica realmente, no retocada, tomada en septiembre del año 2017.


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 Asunto: Re: Te identificas como un radical buscador de la felicidad.
NotaPublicado: 04 Nov 2017, 16:24 
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Registrado: 08 Feb 2012, 00:46
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Saludos, Oscar Martínez.
Dices lo siguiente.

"Alexandre Xavier escribió:
Ahora a ti, que te identificas como un radical buscador de la felicidad

Personalmente creo, al igual que Aristóteles, que la felicidad es la finalidad hacia la cual tendemos todos.
Me pregunto a veces si la felicidad personal no pudiere entrar en conflicto con el deber moral (por ejemplo el imperativo categórico kantiano).
¿qué piensas de esto?

Citar:
En primer lugar, la primera base dice que la felicidad es real

De acuerdo, pero ontológicamente, ¿qué es? ¿un estado?

Citar:
En segundo lugar, la segunda base dice que la felicidad implica la realidad del yo. Si no hay un yo para percibirla, no puede haber felicidad.

Quizás en lugar de percibir, en lo personal, hablaría de experimentar. Me parece que el término percibir aleja al objeto de observación. El percibir lo tomo como más frío además, un proceso de conocimiento.
En cambio el término experimentar lo veo más cercano al sujeto, al yo.
No es una cuestión de gran importancia, sólo de gusto de palabras.

Citar:
Si hay felicidad, es que alguien está siendo feliz. Sin el yo, no hay infierno ni cielo, no hay desgracia ni felicidad.

Completmente de acuerdo. Si quitamos al yo, todo ello no puede existir. Parafraseando términos aristotélicos diríamos que el yo es la sustancia, y la alegría-tristeza el accidente. En términos sánscritos sat sería lo real (el sustrato, lo independiente o en sí, lo que es), y mithya lo ilusorio (la cualidad relativa percibida, el accidente, lo dependiente, que no es en sí).
Por otro lado creo que quizás no sea lo mismo la alegría (que tiene su opuesto: tristeza o sufrimiento), que la Felicidad (de la que hablan los místicos, que carece de contrario).

---

Bueno, eso por ahora. Saludos cordiales.
Oscar. ;)

PD: Oscar en Argentina se acentúa en la "a", no lleva tilde en la O.

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"En el umbral del palacio de Zeus hay dos tinajas llenas de destinos: una de buenos y la otra de malos" (Homero).".

Empiezo insistiendo, Oscar Martínez, en que mi escuela filosófica, el arqueoindividualismo, se caracteriza por agarrar el toro por los cuernos. Por pronunciarse tajantemente, rechazando la ambigüedad en los asuntos conflictivos.
Por eso digo: el deber moral deriva de la búsqueda de la felicidad. Al revés, no; la búsqueda de la felicidad no deriva del deber moral, sino que constituye al deber moral.
Mi rechazo al imperativo categórico de Kant... es categóricamente absoluto.
No tengo ningún deber moral absoluto de hacer tal o cual cosa. Y menos, dicho sea de paso, de aguantar las ominosas justificaciones de la pena de muerte emitidas por Kant o por El Basilisco, entre otros severos profesores de filosofía.
Lo que sí tengo es ganas de ser feliz. Y de esas ganas derivan mis deberes, siempre relativos a esas ganas.
El planteamiento ético del arqueoindividualismo es un hedonismo egoísta radical. Claro que es un hedonismo racional global (eudemonismo) a larguísimo plazo, y claro que es un egoísmo inteligente, pero de desvivirse, de entregar la vida al prójimo porque sí (conceptos populares de altruismo y autosacrificio) nada de nada.
La reivindición ética, sicológica, epistemológica, estética y metafísica del yo es, en efecto, el eje de fundamental novedad aportado por el arqueoindividualismo, en contraposición con otras escuelas soteriológicas metafísicas que disimulan, relativizan, minusvaloran o, como el budismo, directamente niegan al yo.
Físicamente, cuando un hombre tiene hambre, ningún otro hombre puede comer por él. Y metafísicamente, cuando un hombre quiere ser feliz, ningún otro hombre puede recorrer por él el Sendero del Supremo Cisne Sagrado (en sánscrito: Paramahansa Marga) hasta la felicidad.
Lo fundamental, pues, empieza y termina en el individuo. Por eso el arqueoindividualismo es un capitalismo y un antisocialismo... en el plano espiritual. No se trata de hacer dinero, claro está, pero se trata de hacer otro capital mucho más sustancioso: bienaventuranza. Y, en la libreta de ahorros del alma, ese capital tiene que estar a nombre del alma. Los otros no liberan en ningún caso al alma de su prisión cármica. Es el propio yo el que puede, debe y, si está decidido, lo hará, convirtiéndose de mero mortal en un dios glorioso como hicieron Hércules o Jesucristo.
El gregarismo, la autohumillación, la modestia, el altruismo, el autosacrificio... son contraproducentes aquí, y hay que rechazarlos de plano.
Escucha, Oscar Martínez: todo el que te diga que debes posponer tu propia felicidad por amor a tu esposa, a tus hijos, a tus padres, a tus hermanos, a tu tribu, a tu patria, a tu Iglesia, a tu Estado, a tu partido político, a tu sindicato, a tu revolución, a tu empresa, a tu trabajo o a la Humanidad entera... te está tomando el pelo.
Lo primero, para ti, no es nada de esto. Tú eres lo primero, lo del medio y lo último. Tus relaciones con los demás deben estar regidas por tu propio beneficio. Beneficio que, ciertamente, no consiste en acumular oro, mujeres, alabanzas o poder político, sino en ascender por los niveles sutiles del Ser hasta llegar al Nivel Supremo de la Realidad, donde ya son superfluas las mediaciones entre la Voluntad del Yo y los efectos de tal voluntad. Donde el Yo es todopoderoso, libre y feliz. O sea, Dios mismo.
Está claro que, por otra parte, un mal uso de estos principios hará caer al iniciado espiritual, al bramín, en la típica contrainiciación de Osho, el cual acumulaba una flota de coches de lujo, un harén de bellas adeptas a su secta y, sobre todo, un afán de ser glorificado y poderoso... que lo hundieron en la miseria.
Por eso, sin contradicción con lo anterior, digo que quien desee ser supremamente feliz, que busque sinceramente la dicha de su prójimo. Amándose a sí mismo, podrá amar a los demás; si no se ama a sí mismo, al bramín le resulta imposible amar al prójimo. El supremo egoísmo espiritual es muy diferente a la contrainiciación de Osho. Y este egoísmo santo no se opone al amor al prójimo; pues, muy al contrario, lleva derechamente a él, sin autosacrificio, altruismo ni porras en vinagre. La raíz última de esta eficacia es que todos los yoes parciales y transitorios son expresiones imperfectas de un solo Yo Absoluto Eterno, al cual hay supremamente que tender.
Lo que acabo de soltar se da de tortas con los poderosos colectivismos religiosos o políticos que han regido y siguen rigiendo la Historia. Pues digo: todo lo que subordine a un hombre bajo otro hombre, ¡es una aberración que debe ser combatida y superada en pos de la autorrealización, de la felicidad!
Primero, el individuo. Y después, también. Ya basta de ahogarse como una hormiga en el hormiguero. Nos matan los ejemplos de los otros, curémonos ya apartándonos de la multitud (Séneca).
El imperativo categórico cantiano es simplemente una bobada sin ningún valor, pues no lleva a la felicidad sino que aleja de ella. Bien dijo Ayn Rand que la civilización, frente a la barbarie, consiste en liberar al hombre de los hombres, en soltar las pesadas cadenas de complicación social (complicación debida, en última instancia, a la superpoblación, aunque Ayn Rand no reconocía esto) que, por medio de opresivas relaciones de poder, dirigen toda la vida del hombre y lo privan de su vida interior. La verdadera civilización consiste en el progreso de la privacidad, en el derecho a no relacionarse con los demás, a relacionarse poco con los demás.
El verdadero progreso espiritual del bramín se mide por la vida cada vez más sencilla y fácil que lleva, sin sofisticación ni quebraderos de cabeza. Leed a fray Luis de León, quien en bellos versos describe a los pocos sabios que han sido capaces de huir del mundanal ruido.
Es una zafra espiritual. Se aparta la inmensa cantidad de hojarasca inútil, y se queda uno con la dulce melaza que vale en la caña de azúcar. Esa miel de caña es la gloria del yo que siempre fue, es y será.
¿Cuántos de vosotros sois capaces de salir una semana entera a la calle sin un teléfono móvil o celular encima? ¡Responded sinceramente!
No compliquéis vuestras vidas con la porquería de los abogados y jueces prevaricadores, de los banqueros codiciosos, de los políticos corruptos. Hay vida, y buena vida, más allá de esta sofisticación inútil, llena de cacharros de poca duración que os hacen empeñaros hasta las cejas para comprarlos.
El bramín verdadero es tranquilo y sencillo. Por eso triunfa. Porque el torbellino de las impresiones sensoriales ya no turba la serenidad de su esclarecida mente.
Preguntas, Oscar Martínez, qué es ontológicamente la felicidad. ¿Es un estado? Sí; es el estado al que llega el yo cuando accede a su nivel natural de realidad, tan diferente del miserable nivel animal propio de la naturaleza humana: el Nivel Supremo de la Realidad. Quien llega allí, es feliz para siempre.
Este estado, ¿se percibe o se experimenta? Se experimenta por dentro, de la misma manera que un hombre, cuando tiene en sus manos una bella epopeya en georgiano, lengua de la que al principio no entiende ni jota, primero solamente percibe externamente unos opacos garabatos (el alfabeto georgiano) pero luego, cuando ya habla georgiano, lee la maravillosa obra y experimenta internamente su belleza. Tiene que capacitarse personalmente para tan sublime experiencia, sea leer una obra literaria excelsa en lengua extranjera... o ascender al Nivel Supremo de la Realidad.
Voy ahora, Oscar Martínez, con tus cuestiones sobre la relación entre el yo y la felicidad.
Hay cierto paralelo, sí, entre el yo y su felicidad como si fueran respectivamente la sustancia y su accidente. Pero también, y sobre todo, hay una esencial diferencia.

Que el yo solamente es plenamente sí mismo cuando es feliz.

La dicha o felicidad, en sánscrito ananda, no es meramente un subproducto o cualidad relativa ilusoria, también dicho en sánscrito, mitia. Es una cualidad de la conciencia que solamente se da en los más altos niveles del ser; pero que un fabricante de bombas atómicas no llegue a percibir esa cualidad, dado el negrísimo carma que arrastra... no convierte en ilusoria e intrascendente esa cualidad de la conciencia ya percibida por las almas grandes.
En cuanto a la diferencia entre alegría y felicidad, la ventaja que gozamos los orientalistas es que disponemos del sánscrito (y de otras lenguas indias emparentadas con el sánscrito) que dispone de muchos términos diferentes, y varios de ellos con uso técnico clarísimo y multisecular, que facilita enormemente la exposición de los complejos estados de conciencia asociados a estas experiencias.
En principio, en sánscrito la diferencia tajante se establece entre cama, o placer sensorial (frecuentemente asociado a la voluptuosidad sexual) y ananda, o dicha eterna. Porque la ananda es tajantemente advaita, o sea, adual. No hay dualidad en la ananda, no tiene opuesto, no puede ser neutralizada por una emoción contraria; quien la posee no será ya turbado. En cambio, cama, o alegría material, es un concepto dvaita, dual, que puede ser contrapuesto por acama, o sea el estado sin alegría material, como lo expresan los tratadistas indios de erotología cuando se refieren al estado en que el hombre no tiene contacto con la mujer. Así que cama sería alegría en el sentido que citas, y en cambio ananda sería felicidad. Luego hay muchos más términos en sánscrito, y el más contundente, más todavía que nirvana (que suele quedar restringido a ambientes budistas) es en sánscrito la palabra mocsa o moksha, que alude sin ambigüedad posible a la liberación metafísica plena y a la dicha divina sin fragilidad que sigue a tal liberación metafísica plena. Equivale claramente a la beatitud eterna que gozan los santos cristianos cuando, tras su metanoia, están ante el trono de Dios. En ambientes propiamente bramínicos ortodoxos (en los cuales me sitúo mucho más que en entornos budistas, más populares en Occidente) hablaremos, pues, sobre todo de mocsa como término filosófico y religioso para referirnos a la felicidad plenamente espiritual y adual, sin condicionantes materiales ilusorios. En teología y filosofía de inspiración cristiana, es lo mismo que estar en gracia de Dios, dicho en castellano. También equivale, en escatología cristiana, al séptimo cielo, el más elevado de los estados o cielos espirituales a los que llegan los místicos salvados en su acercamiento al Eterno, al Yavé que siempre es.

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Última edición por Alexandre Xavier el 06 Nov 2017, 23:57, editado 1 vez en total

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 Asunto: Re: Te identificas como un radical buscador de la felicidad.
NotaPublicado: 06 Nov 2017, 21:59 
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Alexandre Xavier escribió:
Y dirás lo siguiente, Oscar Martínez.

Alexandre, tienes una contradicción interna de cuidado. Predicas la castidad, la independencia de criterio y el desprendimiento de los bienes materiales, pero te gusta vivir como un rey, y que te reconozcan como a un gran filósofo.

Y eso es... verdad.


Así es. No tengo mucho más para agregar.

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 Asunto: Re: Te identificas como un radical buscador de la felicidad.
NotaPublicado: 06 Nov 2017, 22:04 
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Alexandre Xavier escribió:
Saludos, Oscar Martínez.
Dices lo siguiente.

"Yo veo 3 triángulos. El de la izquierda, el de la derecha (ambos triángulos rectángulos y escalenos) y el tercero que incluye a ambos (siendo acutángulo e isósceles, y quizás también equilátero, pero no lo medí)."

Es como dices, matizando que el tercer triángulo, el que incluye a los dos más pequeños, es equilátero. [...]
Y, sin embargo, los experimentos llevados a cabo por los sicólogos guestálticos y sicólogos de otras orientaciones dan una alta tasa de una significativa respuesta errónea: dos triángulos.

Es un típico caso del error perceptivo simbolizado en la popular frase de que los árboles no dejan ver el bosque.

[...] ¿por qué tanta gente no llega a percibir el triángulo mayor? Porque se trata de una estructura abarcante, innecesaria para la percepción de las unidades menores, las cuales en cambio son imprescindibles para la percepción de la estructura abarcante. O sea, que para percibir los tres triángulos de la figura se precisa un grado superior de atención.
La gran dificultad para percibir la felicidad y acceder a ella es, básicamente, del mismo tipo.


Muy interesante lo dicho.

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 Asunto: Re: Te identificas como un radical buscador de la felicidad.
NotaPublicado: 06 Nov 2017, 22:35 
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Alexandre Xavier escribió:
Empiezo insistiendo, Oscar Martínez, en que mi escuela filosófica, el arqueoindividualismo, se caracteriza por agarrar el toro por los cuernos. Por pronunciarse tajantemente, rechazando la ambigüedad en los asuntos conflictivos.
Por eso digo: el deber moral deriva de la búsqueda de la felicidad. Al revés, no; la búsqueda de la felicidad no deriva del deber moral, sino que constituye al deber moral.
Mi rechazo al imperativo categórico de Kant... es categóricamente absoluto.


Ok, entiendo tu postura.

Citar:
Lo que sí tengo es ganas de ser feliz. Y de esas ganas derivan mis deberes, siempre relativos a esas ganas.
El planteamiento ético del arqueoindividualismo es un hedonismo egoísta radical.


Ya veo.

¿No crees que este tipo de ética puede conducir a conflictos familiares, institucionales, vecinales, sociales, nacionales e internacionales?

Quizás ello sea la causa de las guerras.

Citar:
Por eso el arqueoindividualismo es un capitalismo y un antisocialismo... en el plano espiritual.


Curioso concepto.

Citar:
Tus relaciones con los demás deben estar regidas por tu propio beneficio.


Dejando de lado incluso toda ética religiosa, lo que dices atenta contra los principios éticos de la democracia que se promueven en cualquier sociedad moderna.

Creo que si no buscamos el beneficio de todos finalmente nos perjudicamos. Hasta en una relación de pareja se ha de lograr acuerdos en base al beneficio mutuo*. Lo contrario sería la utilización de los demás (cual objetos) para nuestros propios fines. Esto es manipulación (en relaciones íntimas), explotación (en relaciones laborales), discriminación (en relaciones sociales), etc. etc.

Me sorprende un poco que promulgues un egoísmo tan descarado.

---

*Eres soltero, ¿no es cierto?

Citar:
El imperativo categórico cantiano es simplemente una bobada sin ningún valor


En lo personal creo adecuado valorar al bien por sí mismo, lo que de aplicarlo finalmente conduciría, supongo, al bienestar de la mayoría.

¿No crees que la felicidad de la mayoría sea un valor?

Citar:
La verdadera civilización consiste en el progreso de la privacidad, en el derecho a no relacionarse con los demás, a relacionarse poco con los demás.


Todos necesitamos en alguna medida de la interdependencia. Para comer un pan necesito del trabajo del panadero, del agricultor de trigo, del camionero que transportó la harina, del obrero que molió el trigo, etc.

También en lo personal, afectivo, etc. etc.

Citar:
Preguntas, Oscar Martínez, qué es ontológicamente la felicidad. ¿Es un estado? Sí; es el estado al que llega el yo cuando accede a su nivel natural de realidad


ok.

Citar:
Este estado, ¿se percibe o se experimenta? Se experimenta por dentro


ok.

Citar:
Voy ahora, Oscar Martínez, con tus cuestiones sobre la relación entre el yo y la felicidad.
Hay cierto paralelo, sí, entre el yo y su felicidad como si fueran respectivamente la sustancia y su accidente. Pero también, y sobre todo, hay una esencial diferencia.

Que el yo solamente es plenamente sí mismo cuando es feliz.

La dicha o felicidad, en sánscrito ananda, no es meramente un subproducto o cualidad relativa ilusoria, también dicho en sánscrito, mitia. Es una cualidad de la conciencia que solamente se da en los más altos niveles del ser; pero que un fabricante de bombas atómicas no llegue a percibir esa cualidad, dado el negrísimo carma que arrastra... no convierte en ilusoria e intrascendente esa cualidad de la conciencia ya percibida por las almas grandes.


Me parece interesante tu postura, de que ananda sea cual un "accidente" (estado) del "yo" (de la "sustancia").

Mi interpretación de las enseñanzas de India consiste en que el yo es bienaventuranza. Es decir, la beatitud (ananda) es parte de la sustancia o esencia del yo (atman), como así lo son la consciencia (chit) y la existencia (sat).

Citar:
En cuanto a la diferencia entre alegría y felicidad, la ventaja que gozamos los orientalistas es que disponemos del sánscrito (y de otras lenguas indias emparentadas con el sánscrito) que dispone de muchos términos diferentes, y varios de ellos con uso técnico clarísimo y multisecular, que facilita enormemente la exposición de los complejos estados de conciencia asociados a estas experiencias.
En principio, en sánscrito la diferencia tajante se establece entre cama, o placer sensorial (frecuentemente asociado a la voluptuosidad sexual) y ananda, o dicha eterna. Porque la ananda es tajantemente advaita, o sea, adual. No hay dualidad en la ananda, no tiene opuesto, no puede ser neutralizada por una emoción contraria


Por lo tanto ananda no puede ser un accidente (estado o cualidad transitorio) del yo (de la sustancia), sino parte de su naturaleza intrínseca.

¿qué piensas?

Citar:
En cambio, cama, o alegría material, es un concepto dvaita, dual, que puede ser contrapuesto por acama, o sea el estado sin alegría material


ok.

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