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 Asunto: Te identificas como un radical buscador de la felicidad.
NotaPublicado: 13 Oct 2017, 19:13 
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Registrado: 08 Feb 2012, 00:46
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Te identificas como un radical buscador de la felicidad.

Hola a todos.
Un poco de prólogo al nuevo hilo...
En mi opinión, el foro internético de filosofía Sofos Ágora ha llegado ya a su madurez funcional. El que quiere ser un mediocre, lo será, y el que quiere hacer bien las cosas, las hará bien. Las dos barreras que impiden la excelencia filosófica en la filosofía academicista, o sea la jerarquía social intimidatoria y el afán de lucro económico, no existen aquí. Volvemos a la libertad del Sócrates genuino en la plaza de Atenas, ahora con la potente ayuda de la tecnología moderna.
Dicho esto, añado que el idiota etimológico, el que solamente se ocupa de sus asuntos privados, es un incompetente y un inútil en filosofía, hoy como ayer. Ayer, en Atenas, ese idiota no se ocupaba de lo público necesario, y así les cayó a los atenienses la tiranía de Esparta, Alejandro Magno, Roma, etcétera, y así hasta la troica actual (conocido organismo oligárquico tripartito de opresión bancaria y económica). El idiota de la Atenas socrática no solía usar seudónimo, porque no había uso generalizado de la escritura, y con callarse ya quedaba garantizado su anonimato. El idiota de hoy usa seudónimo en filosofía, ya que así obtiene (o por lo menos cree obtener) refugio para su privacidad intrascendente.
Con el idiota (en sentido etimológico descriptivo; aquí no uso como insulto esta palabra) no es posible tratar en filosofía. Solamente es posible rechazar al idiota radicalmente y sin matices.
Con los del seudónimo no hay nada que hacer en la auténtica filosofía. Hablemos, pues, entre nosotros, los que desde Sócrates, Lao Tse, Parménides y Sancara (Shankara) siempre hemos dado la cara y el nombre reales, y que así vamos a seguir haciéndolo.
En consecuencia, este nuevo hilo sobre la felicidad no admitirá mensajes bajo seudónimo. Claro que, físicamente, nada impedirá a algún anónimo emitir tales mensajes, y probablemente insultándome; pero, cuando esos mediocres anónimos se den cuenta de que sus miserias con seudónimo ni siquiera son leídas, pronto se callarán. Y los demás seguiremos avanzando hacia la felicidad.
Si, por otro lado, alguno con su nombre real quiere argumentar que el uso de seudónimo es bueno para la filosofía y en particular para encontrar la felicidad, que lo argumente. Siempre y cuando ponga su nombre verdadero al hacer tal argumentación, lo leeré con atención.
Ahora a ti, que te identificas como un radical buscador de la felicidad y por eso das tu identidad sin que se te pase por la cabeza la corrupta idea de disimular tu cara, tu voz y tu nombre, tengo unas cosas que decirte de fondo, ya en este primer mensaje del hilo.
La primera va a ser que todas las ciencias serias tienen un pasado constructivo, desde las antiguas medicina o astronomía hasta la moderna informática o hasta la aeronáutica. La astrología y el Derecho, que son seudociencias, no tienen ningún pasado constructivo.
Por eso la eudemonología tiene un pasado constructivo.
La eudemonología, el estudio racional, científico y filosófico de la felicidad, ha establecido firmemente unas bases. Esas bases se pueden criticar, mas partiendo de su conocimiento previo.
En primer lugar, la primera base dice que la felicidad es real, un estado de conciencia real en vez de una mera palabra. Esto se demuestra por el contraste introspectivo y social que las percepciones de felicidad o de su inversa la desgracia asocian a las palabras para designar a la felicidad (o a la desgracia, inversamente) en las diversas lenguas del mundo. La economía del lenguaje impide que se dé nombre a lo que carece por completo de realidad. Por eso ninguna lengua da espontáneamente un nombre fácil de pronunciar y recordar a un árbol volador que toca magistralmente el arpa, pues eso es una fabulación fantástica, no un ser real. En cambio, todas las lenguas tienen un nombre (y en general, varios o muchos nombres) para la felicidad, porque esa palabra alude a una realidad, no a una mera ficcion como el árbol volador que hace música magistralmente tañendo el arpa.
En segundo lugar, la segunda base dice que la felicidad implica la realidad del yo. Si no hay un yo para percibirla, no puede haber felicidad. Si hay felicidad, es que alguien está siendo feliz. Sin el yo, no hay infierno ni cielo, no hay desgracia ni felicidad.
El yo es real. Su felicidad, cuando el yo la tiene y goza, también es real.
He aquí, pues, en tercer lugar, la tercera base de la eudemonología: la felicidad y el yo pueden percibirse mal, erróneamente, de modo incompleto y con poderosas fuerzas que impidan su correcta comprensión durante largo tiempo, pero eso no los convierte en ficciones. Por eso se puede dar y se da de hecho una discriminación progresiva entre lo que da felicidad y lo que quita felicidad; entre lo que es propio del yo y lo que no es propio del yo. En cambio, ningún trabajo de investigación sobre los hechos reales puede distinguir al auténtico pato Donald del falso pato Donald, pues este pato de tebeos y dibujos animados no es más que una ficción, y las ficciones carecen de verdad. En cambio, la felicidad y el yo tienen verdad; son dos realidades de verdad, que pueden ser investigadas y que están siendo investigadas con éxito desde hace muchos siglos.
La felicidad no es una ilusión. Es real, muy real.
El yo tampoco es una ilusión. Es real, muy real.
Y si estáis en desacuerdo con lo anterior y, dando vuestros verdaderos nombres, queréis poner objeciones, ¡adelante!

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Cordialmente, de Alexandre Xavier Casanova Domingo, correo electrónico trigrupo @ yahoo . es (trigrupo arroba yahoo punto es). La imagen del avatar gráfico es una fotografía que me identifica realmente, no retocada, tomada en septiembre del año 2017.


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 Asunto: Re: Te identificas como un radical buscador de la felicidad.
NotaPublicado: 13 Oct 2017, 22:17 
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Alexandre Xavier escribió:
El idiota de hoy usa seudónimo en filosofía [...]

Si, por otro lado, alguno con su nombre real quiere argumentar que el uso de seudónimo es bueno para la filosofía y en particular para encontrar la felicidad, que lo argumente.


Buena fórmula para la felicidad: usar nombre real en un foro. Quienes usan pseudónimo jamás podrán conocer la dicha.

Citar:
La felicidad no es una ilusión. Es real, muy real.
El yo tampoco es una ilusión. Es real, muy real.
Y si estáis en desacuerdo con lo anterior y, dando vuestros verdaderos nombres


Menuda obsesión con el tema del nombre. Quizás tengas un fetiche con ello.

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 Asunto: Re: Te identificas como un radical buscador de la felicidad.
NotaPublicado: 13 Oct 2017, 22:32 
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Alexandre Xavier escribió:
Hablemos, pues, entre nosotros, los que desde Sócrates, Lao Tse, Parménides y Sancara (Shankara) siempre hemos dado la cara y el nombre reales, y que así vamos a seguir haciéndolo.


Ya que mencionas a Shankara veamos que dice sobre el asunto de la importancia del nombre:

Para conocer al Atman* es imprescindible negar los nombres y formas, manifestaciones de la ignorancia.

LA REALIZACIÓN DIRECTA
(APAROKSHA – ANUBHUTI), sloka (versículo) 63.

---

* Se podría traducir como "Yo real".

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 Asunto: Re: Te identificas como un radical buscador de la felicidad.
NotaPublicado: 13 Oct 2017, 22:41 
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Alexandre Xavier escribió:
El idiota de hoy usa seudónimo en filosofía [...] Hablemos, pues, entre nosotros, los que desde Sócrates, Lao Tse, Parménides y Sancara (Shankara) siempre hemos dado la cara y el nombre reales, y que así vamos a seguir haciéndolo.


Analicemos dos elementos de este discurso.

1) llamas idiota a otros por x motivos.
2) Te igualas a semejantes filósofos mencionados, como si tú fueras uno entre ellos.

Dice la RAE sobre idiota:

2. adj. Engreído sin fundamento para ello.

Cada uno sacará sus conclusiones racionales.

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 Asunto: Re: Te identificas como un radical buscador de la felicidad.
NotaPublicado: 14 Oct 2017, 00:21 
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es muy clasico el comportamiento de Alexandre, está muy identificado, todo lo contrario a lo que predica y lo que se supone que debería haber aprendido en todos estos años...

por suerte al lobo siempre se le ve la cola


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 Asunto: Re: Te identificas como un radical buscador de la felicidad.
NotaPublicado: 14 Oct 2017, 00:35 
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Anónimo escribió:
es muy clasico el comportamiento de Alexandre, está muy identificado, todo lo contrario a lo que predica y lo que se supone que debería haber aprendido en todos estos años...

por suerte al lobo siempre se le ve la cola


Alexandre escribe con su nombre y pone su foto "para ser visto por todos".

Me vienen a la mente aquellas palabras del nazareno (expresadas-adaptadas en-a el marco teísta del judaísmo, claro). Si bien trata acerca de una actividad diferente (dar limosna en lugar de filosofar), expresa claramente cual es la actitud virtuosa al hacerlo:

Spoiler: show
Mateo 6: "1. «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. 2. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles*, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. 3. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; 4. así tu limosna quedará en secreto;

* Actualización del texto bíblico:"en las sinagogas y por las calles... [y por los foros]" :mrgreen:

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 Asunto: Re: Te identificas como un radical buscador de la felicidad.
NotaPublicado: 14 Oct 2017, 17:28 
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Saludos a todos.
En la eudemonología (y en la filosofía en general) parece frecuentemente que no haya progreso real ninguno, emparentándola, a la eudemonología, con supercherías como el Derecho, la astrología o la numerología, donde tampoco hay progreso ninguno, pues ningún conocimiento aportan tales seudociencias.
Pero eso no es verdad. La eudemonología progresa, y la filosofía progresa. Lo que ocurre es que un doble velo oscurece la percepción del progreso en eudemonología y filosofía en general. El primer velo es la serie de racionalizaciones y seudojustificaciones que el hombre inferior, el sudra, hace continuamente para persistir con sus conductas malas, envilecedoras y perpetuadoras de su estancia en los planos más feos de la realidad. El segundo velo es el de los mercaderes de la verdad, ésos que dicen en el fondo silogismo que doy, silogismo que cobro. A quien vive económicamente de vender verdades (y el severo profesor universitario de filosofía es el caso más claro) le viene mal que se sepa la verdad toda. Porque, en ese caso, ya no puede seguir vendiendo verdades provisionales y parciales. De ahí su introduccionismo, su parcialismo, su huero criticismo que lo critica incesantemente casi todo salvo, ciertamente, la siniestra jerarquía de poder que impera en las universidades y el servilismo perruno del severo profesor hacia el Estado que paga su sueldo, su ambigüedad permanente y todo lo demás, todo lo demás que acaba configurando al mercader de verdades, al severo profesor universitario de filosofía, como un perfecto hipócrita.
Mas Epicuro, Sócrates, Sancara, Marx, Lao Tse, Ayn Rand y muchos más no eran así. Eran filósofos. No eran hipócritas. No eran bajos sudras. Eran filósofos, así que hicieron avanzar el conocimiento objetivo sobre la realidad; y, al hacerlo, dieron claves para llegar a la felicidad.
El tipo de lector que lee en serio este hilo sobre la felicidad no es nada lerdo, así que en este punto ya me habrá comprendido bien y, con sentido práctico, me preguntará lo siguiente.

¿Cómo es la realidad?

En efecto, es la pregunta pertinente central para comprender el camino hasta la felicidad. La responderé a continuación.

La realidad es una emanación que el Ser Supremo, o sea el Yo Absoluto Eterno, hace de sí mismo en múltiples niveles y planos ontológicos, entrecruzados, entrecausados y entrerrelacionados de complejísimas maneras.
Todos estos niveles de la realidad son Dios mismo, y no puede ser de ninguna otra manera. Ahora bien, está claro que en ninguno de estos niveles o planos de la realidad existe el Yo Absoluto Eterno en estado de completa y espléndida autoconciencia permanente... salvo en el Nivel Supremo de la Realidad, al cual, por sinécdoque bien justificada ónticamente, también conocemos como Dios (o Tao, o Nirvana, o Yavé, o Alá, o Brama, o Manitú, o Uacantanca, o Enzambi, o el Nagual, etcétera).
Los demás niveles de la realidad son siempre desgraciados en mayor o menor medida. No hay felicidad en este mundo, según proclama sabiamente un viejo esloca o versículo sánscrito.
Por eso el mesianismo político incurre en un serio error. Los que piensan que, por medio de la revolución comunista, o capitalista, o fascista, o nacionalista, o ecologista, o tecnocientifista, o anarquista, etcétera, un día más o menos lejano llegaremos a la felicidad, caen en el viejo error que es el prometeísmo. Prometeo robó el fuego a los dioses y lo regaló a los hombres, pensando que ese regalo, que simboliza el fulgurante desarrollo tecnocientífico posterior, daría la libertad y la plenitud a los hombres.
Pues no es así. ¿De qué le sirve a un hombre disponer de avanzadísimos medios técnicos que, en cualquier parte del mundo, rápidamente lo ponen en contacto con su amada, si incluso así teme que ésta le ponga unos ramosos y brillantes cuernos? No hay tecnología que acabe con los celos, pues los celos resultan inherentes al amor erótico.
Para que un hombre deje de tener celos y ser atormentado por ellos, el viejo y difícil camino es el mismo en la época de los jeroglíficos tallados con punzón sobre piedra y en la época del alfabeto latino escrito con teclado sobre pantalla y disco duro de ordenador: la castidad completa. Cuando ese hombre ya no desee copular con su amada, habiendo comprendido que ese acto los ataría a él y a ella a la más oscura animalidad, su bramacharía, su castidad meditativa, lo liberará. Y lo mismo a su amada, si su amada igualmente se pone en bramacharía. Los dos, entonces, estarán listos para ascender de nivel de realidad, libres ya del oprobioso peso de la animalidad.

- ¿Y entonces no hace falta correr a pedradas a los jueces y abogados?
- Sí que hace falta, sí, como hace falta implantar un ingreso holgado universal incondicionado a todos los hombres, trabajen asalariadamente o no, como hace falta abolir la guerra, la pena de muerte y el asesinato, como hace falta abolir los gobiernos, los Estados y las Iglesias, como hace falta poner a disposición de todos las condiciones materiales para cultivar la más alta espiritualidad... pero sin quedarse en estas medidas políticas, que no son un fin en sí mismas, sino solamente un medio para algo muy superior.

En general, el camino correcto a la autoconciencia incondicionada pasa por evitar dos errores simétricos. El primer error es el prometeísmo, que otorga realidad absoluta al nivel humano de la realidad, cuando está bien demostrado que se trata de un nivel relativo a la vigencia de ciertos factores constitutivos, y que desaparece cuando no operan sus factores constitutivos. El segundo error es el indiferentismo ilusionista, que considera que el nivel humano de la realidad es meramente ilusión, maya, como si no fuera evidente que a cuarenta grados centesimales bajo cero hace demasiado frío, a cuarenta grados sobre cero hace demasiado calor y a veintidós o veintitrés grados sobre cero se está bien de calor, con una temperatura muy agradable.
El mundo material humano, pues, es relativamente real, y de ahí que todo proyecto serio de felicidad pasa por solucionar el grave problema de la superpoblación. Sin solucionarlo, no se puede eliminar ninguno de los demás obstáculos a la felicidad.
Para el ser humano, el camino efectivo a la felicidad consiste en un retorno ordenado, desde la cualidad de conciencia típica del plano humano de la realidad hasta la cualidad de conciencia típica del plano supremo de la realidad; lo cual implicará abordar el contacto, durante el viaje, con los planos intermedios o auxiliares hacia el plano supremo.
Y, si he dicho estupideces, corregidlas. La única estupidez imperdonable es la estupidez en la que caen los papas y otros prebostes cuando afirman que Dios mismo (o la Revolución, o las sacrosantas leyes vigentes, o el patriotismo, etcétera) ha hecho que sean infalibles. ¡Toma ya! Son infaliblemente fanfarrones, eso sí. En cuanto a mí, el que refute mis argumentos (dando su nombre verdadero, sin taparse en un vil seudónimo)... bienvenido sea, que para discrepar racionalmente y así acercarnos a la felicidad, en este hilo trabajamos.

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 Asunto: Re: Te identificas como un radical buscador de la felicidad.
NotaPublicado: 16 Oct 2017, 00:12 
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Registrado: 05 Mar 2013, 14:43
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No creo que quieras acercarte a la felicidad, sino leerías lo que te estamos diciendo...

pero claro... como podríamos decirle algo a don Alexandre Xavier? xD


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 Asunto: Re: Te identificas como un radical buscador de la felicidad.
NotaPublicado: 16 Oct 2017, 19:20 
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Registrado: 08 Feb 2012, 00:46
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Saludos a todos de nuevo.
La eudemonología, el saber racional científico y filosófico sobre la felicidad, se solapa y se opone a la vez a otras teorizaciones sobre la felicidad. Entre estas otras teorizaciones tienen especial relevancia el sentido común sobre la felicidad, las doctrinas religiosas de las Iglesias sobre la felicidad, las doctrinas políticas de los movimientos revolucionarios sobre la felicidad, la literatura de autoayuda y superación y la nueva sección de la sicología académica y profesional que, hoy, es conocida como la sicología positiva, con Martin Seligman (pronunciación: Martin Séligman) como fundador generalmente reconocido.
Evidentemente, es mucho lo que la eudemonología comparte con estas otras teorizaciones sobre la felicidad; y no puede ser de otra manera, porque se maneja la misma realidad, y la investigación de buena fe sobre el asunto tiende, lógicamente, a coincidir en sus resultados.
Pero la eudemonología tiene un espacio propio, insustituible por las otras teorizaciones sobre la felicidad, incluso tomadas en su conjunto.
Este espacio propio viene dado por el carácter radicalmente racional de la eudemonología: su carácter, por tanto, científico, por tanto siempre experimental; y su carácter, por tanto, filosófico, por tanto siempre crítico y autocrítico. Además, la eudemonología integra sus teorías, conclusiones y resultados en el marco general de la filosofía sólida de todos los tiempos, la filosofía perenne. Y eso implica la comprensión del sentido total de la realidad.
Un ejemplo típico, que toca a la habitual deficiencia en este punto que se da en casi todas las demás teorizaciones sobre la felicidad, las teorizaciones que no son la eudemonología, es la correcta actitud ante el trabajo.
En general, sea en las doctrinas políticas de los movimientos revolucionarios sobre la felicidad, sea en el sentido común sobre la felicidad, etcétera, estas teorizaciones toman el trabajo como si fuera un constituyente imprescindible de la naturaleza humana.
Y no es así, claro. Es un constituyente imprescindible de la naturaleza humana su ámbito de actividad entre ciertos límites térmicos, por lo cual no puede vivir dentro del fuego ni dentro del hielo, y que suelen indicar la temperatura ambiental óptima entre veinte y treinta grados centígrados. Esto queda corroborado por todos los hallazgos obtenidos con especies animales probablemente humanas (con autoconciencia y recuerdo explícito de la vida de hombres ya fallecidos). Todos estos hombres o mujeres tenían estos límites térmicos de actividad. Mas no todos ellos trabajaban. Muchísimos de ellos no trabajaron ni una sola hora de su vida. Como no trabajan los animales prehumanos, a menos que el hombre los induzca u obligue a ello.
El trabajo es una conducta productiva que solamente se da cuando el animal que la lleva a cabo (casi siempre un cromañón, un hombre actual) sabe que se encuentra en un entorno tan superpoblado que no puede obtener los bienes y servicios necesarios para su vida simplemente por el rastreo para el que está equipado por su constitución biológica. Así, por ejemplo, un perro no caza sistemáticamente conejos para presentarlos ante una bolsa de tela, en cantidad mucho mayor de la que necesita para alimentarse, pero lo hará si está amaestrado para ello, sabiendo que su sustento y su seguridad dependen de su amo, por las buenas o por las malas. Del mismo modo, un miembro típico actual de una tribu amazónica en una zona fértil poco poblada tampoco trabaja, sino que obtiene su sustento de la fertilidad natural de la selva. Si la presión demográfica hace esto ya inviable, comenzará a trabajar, y si baja de nuevo esta presión demográfica, tenderá a volver a vivir sin trabajar, aunque en este caso la aculturación y las relaciones políticas hacen, claro está, bastante difícil su vuelta a una vida completamente libre de trabajar.
El trabajo, pues, no forma parte de la esencia humana. Simplemente, es una conducta forzada de supervivencia bajo condiciones biológicas muy adversas: la superpoblación. Y, si hay una desaparición generalizada de la superpoblación, el trabajo desaparece, como desaparece el uso de pesadas vestimentas cuando la temperatura se acerca al óptimo de, digamos, unos veintitrés grados centígrados.
Y supongo que desde el marxismo o el capitalismo, por ejemplo, habrá objeciones a lo que he dicho. Bien, que los marxistas y los capitalistas presenten sus objeciones. Sin embargo, en principio los hechos biológicos conocidos, sus causas y sus consecuencias, son los que he descrito. Refutarme no va a ser fácil. Sería como refutar los resultados de las observaciones y los experimentos. Por ejemplo, ningún millonario o hijo de millonario se dedica espontáneamente a profesor de enseñanza primaria infantil, o a conductor de autobús. No existe, pues, la vocación de conductor de autobuses, profesor de niños o minero.
Todo esto que acabo de soltar, empero, puede resultar un tanto abstracto todavía. Y, como aquí hay que ser ante todo muy claro, lo mejor va a ser entrar en harina con un problema grave y bien real.
Este año 2017, debido un buen tiempo tan anormalmente prolongado tras el verano, se recrudece la llegada de pateras o emigrantes a pie y en otros medios precarios de locomoción, desde África y Oriente Medio, hasta el norte, hasta la anhelada Europa. Y, en consecuencia, proliferan los ahogamientos en alta mar, la construcción de barreras a esta indeada inmigración, las expulsiones e incluso los asesinatos de los nada bien recibidos pobres que intentan asentarse en Europa, etcétera. Si empieza a hacer frío con lluvia, viento y temporales, se aminorará un poco la llegada desde el sur a Europa, mas no se detendrá.
¿Tiene solución este grave problema? Sí que la tiene... a condición de atenerse a los hechos reales y a sus relaciones causales reales.
Ningún sistema económico y político puede mantener a una población animal, y por tanto a una población humana (ya que el hombre es un animal) si esa población aumenta de modo continuo y exponencial. Sencillamente, porque se acabarán los recursos para la vida razonablemente asegurada. Es decir: habrá pobreza, habrá escasez permanente. Y, en el caso humano, habrá además feroz competencia organizada, guerras por el agua o por el petróleo, miseria racionalizada por el capitalismo o por el cristianismo (o por el polpotismo marxista) y desesperación sin salida, causante de enfermedades físicas y síquicas, accidentes, suicidios y asesinatos, además del robo más o menos justificado.
He ahí los hechos, sin adornarlos y sin sacarlos de quicio tampoco.
Ya que la natalidad en el Oriente Medio y más todavía en el África periecuatorial ha estado tradicionalmente cercana a seis hijos por pareja, era previsible que se llegaría pronto a una carencia generalizada de alimentos, especialmente sabiendo que gran parte de esas zonas africanas o asiáticas es muy seca y, por tanto, de rendimiento agropecuario bajísimo.
Tampoco Europa, a pesar de su clima más favorable, puede contener a un número ilimitado de seres humanos. No sería viable que vivieran cien millones en Galicia, ni doscientos millones en la Península Ibérica, ni diez mil millones en toda la Europa Continental.
Por tanto, la solución a este grave obstáculo para la felicidad existe, insisto en que existe... si nos atenemos a los hechos.
El primer paso es reconocer que el hombre, como especie animal, debe reencontrar un equilibrio ecológico con el planeta en el que vive, sin agotar sus recursos, sin envenenarlo y teniendo en cuenta las necesidades del propio hombre, que no son solamente de alimento y vestido, sino también territoriales. Todo hombre, toda mujer, necesitan un espacio propio que no sea continuamente invadido por otros hombres. Ni el oso ni el hombre son hormigas, en este sentido. El oso y el hombre, como la oca, son animales territoriales, y aunque cierta izquierda ilusa crea que eso se puede corregir con la educación, lo cierto es que eso es como intentar reeducar a los lobos para que se hagan vegetarianos y no ataquen a las ovejas por mucha hambre que tengan. La naturaleza humana es maleable, pero no hasta ese punto.
A medio y largo plazo, pues, la solución es reducir tanto la natalidad en toda África y en el Oriente Medio como para que la población total en esas dos regiones baje de modo ligero mas efectivo año tras año. Y en Europa también. Sabemos que el límite de seguridad está en, como mucho, unos dieciséis habitantes por quilómetro cuadrado (unos cincuenta habitantes en un quilómetro a la redonda) y que es preferible dejar la densidad en la mitad de ese límite de seguridad, por tanto en ocho habitantes por quilómetro cuadrado, o menos.
A corto plazo, está el problema de los ahogados, asesinados y vejados en su afán por llegar a Europa. Y nada hay más sagrado que la vida de un individuo humano, de un hombre en concreto, o de una mujer en concreto.
Niego tajantemente que este asunto se pueda dejar para más adelante. Eso implicaría un desprecio frontal a la vida humana... y me niego a admitirlo.
Lo cierto es que también a corto plazo el problema tiene solución. Esa solución va a combinar la asistencia alimentaria, urbanística, agraria, industrial, sanitaria y educativa a los desplazados y a los residentes en las zonas cercanas a Europa de las que sale la emigración masiva a Europa, con el compromiso general realista de esos africanos o medioorientales de reducir su natalidad a niveles ligeramente por debajo del reemplazo demográfico (o sea, con una tenue pero palpable reducción continua de la población). No es realista pensar que los europeos van a ayudar a los africanos o a los árabes en este sentido, si la natalidad desbocada de los africanos y de los árabes hace prever un asalto más bien violento a Europa dentro de unos cincuenta años. Eso sería como abrir las puertas a lobos hambrientos. De nuevo, recordemos que el hombre es un animal territorial, y que no quiere ser despojado de la razonable comodidad que mucho le ha costado adquirir.
Mañana mismo, si asumimos los hechos, pueden cesar todos los ahogamientos de seres humanos en el Mediterráneo intentando llegar a Europa.
Y eso es una gran contribución a la felicidad. No a la felicidad quimérica e ilusa, sino a la felicidad real.

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 Asunto: Re: Te identificas como un radical buscador de la felicidad.
NotaPublicado: 16 Oct 2017, 20:25 
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Mensajes: 6677
Alejandro Javier, ¿cuándo te darás cuenta que ya no te lee casi nadie?


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