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 Asunto: Reconciliación y penitencia
NotaPublicado: 28 Mar 2018, 00:19 
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Abro un hilo sobre uno de los sacramentos católicos: la reconciliación.

Aclaro que este hilo es de un contenido netamente religioso, alejado del campo filosófico, y por supuesto en el otro extremo de las ciencias. Tendrá algunos análisis de tipo psicológico, pero por fuera de las corrientes psicológicas establecidas.

A su vez aclaro que realizaré un abordaje heterodoxo, sin limitarme a la mirada católica. Es decir, realizaré una interpretación personal y, quizás, procurando una mirada desde una "espiritulidad universal" de tal asunto.

Creo que la dinámica del "pecado" (cometer un error), el arrepentimiento (tomar consciencia de ello y procurar enmendarse) y la reconciliación (elegir el camino del bien), es una experiencia humana universal, no limitada al catolicismo, ni siquiera a la religión (en tanto institución).

Considero humildemente que la religión católica ha abordado este asunto con suma profundidad. Debido a ello tomaré como fuente de apoyo al Catecismo de la Iglesia Católica. Pero aclaro, como dije, que extraeré aquellos extractos que me interesen personalmente por su aplicación universal, dejando de lado las cuestiones que considero limitadas al particular dogma católico.

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Para la Iglesia Católica, la reconciliación del cristiano es con Dios y con la Iglesia misma (la comunidad cristiana).

Incorporo aquí mi primera interpretación personal. Considero que quien realiza una "mala acción" (entendido de modo general, no entraré aquí en discusiones de ética, de qué es bueno y malo, pues no es la intención del hilo) "peca" contra su Ser.

Creo entonces en la existencia de un Ser interior o profundo, y un ego o personalidad exterior. El ser interior también puede entenderse como la consciencia moral o la voz interior. Considero que cuando hacemos algo malo, una parte profunda de uno toma nota de eso y "nos reprende secretamente" por así decir. Puede que no la escuchemos o que no queramos escuchar, pero tarde o temprano se manifiesta, incluso inconscientemente.

Hay mucha literatura de ello al respecto. Recuerdo un cuento de Borges en que un hombre que había cometido un homicidio estaba sufriendo una terrible paranoia. Creía que en cualquier momento vendrían a apresarle. En realidad sufría a causa de su propia consciencia.

Hay personas que al haber cometido un error se creen juzgados de otros, aunque ello no ocurra. Resulta que proyectan su propio auto-juicio en otros, como si los otros estuvieran en jueces, cuando sólo es una proyección. Somos nosotros quienes estamos haciendo de juez y acusado.

En tal sentido entiendo a la reconciliación como una reconciliación con nuestro Ser profundo, o con nuestra consciencia interior.

La reconciliación, como bien lo estudia el catolicismo, implica todo un proceso. Intentaré hacer un análisis de ello.

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 Asunto: Re: Reconciliación y penitencia
NotaPublicado: 28 Mar 2018, 00:42 
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Del Bhagavad Guita (biblia del hinduismo), capítulo VI:

6. El ATMAN es amigo para aquel que se ha conquistado a sí mismo por medio del ATMAN; pero para aquel que no se ha dominado y que por lo tanto está contra sí mismo, aun su ATMAN será un enemigo.


Atman puede entenderse como Ser (la consciencia interior que he mencionado). Aquí se refleja claramente lo que procuré mostrar anteriormente. Aquella persona que hace el bien, recibirá la aprobación de su propia consciencia, ella será su "amiga". Pero para quien hace el mal, su propia consciencia le reprenderá de un modo u otro, será su "enemiga".

En tal sentido, quien hace el mal entra en un conflicto interior con su propio Ser, queda dividido, escindido, desintegrado (de sí mismo). Se me ocurre, sin saber de psiquiatría y dicho de modo intuitivo y por arriba, que quizás algunos de los problemas de las enfermedades mentales graves sean debido a una escisión del individuo consigo mismo. Pero dejemos esta hipótesis de lado.

Coniero que cuando alguien realiza una mala acción, puede que no en un momento, pero si insiste en ello, tarde o temprano existe una toma de consciencia. Y ello genera pesar. A uno le pesa el tomar consciencia del mal que hizo.

Generalmente se acusa al catolicismo de generar tendencias a la culpabilidad debido a una "pedagogía y cultura" del pecado y el castigo. Es posible que algo de ello haya. Pero más allá de esta carga adicional, considero que a todo individuo, por una cuestión universal, le pesa, e algún u otro momento, darse cuenta de sus errores morales.

Creo que el valor del llamado sacramento de la reconciliación no es para avivar las culpas, sino lo contrario, para aliviarla.

En las escrituras hay pasajes que ponen de manifiesto una actitud, no condenatoria, sino por el contrario de perdón (hacia uno mismo por los errores cometidos):

Juan 8: "1.Mas Jesús se fue al monte de los Olivos. 2.Pero de madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles. 3.Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio 4.y le dicen: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. 5.Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?» 6.Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acuasarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra. 7.Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra.»"


Leemos también en el Bhagavad Guita:

30. Aun el pecador más grande, si se vuelve hacia MÍ con una devoción total, debe ser considerado como un santo; porque él ha tomado una firme determinación.

31. Y muy pronto él se convierte en un justo y alcanza la paz eterna; ten por seguro, oh Raunteya, que Mi devoto jamás perece.


Mas adelante se comentará otro pasaje relacionado directamente con este asunto que es la parábola del hijo pródigo.

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 Asunto: Re: Reconciliación y penitencia
NotaPublicado: 28 Mar 2018, 01:10 
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Socrates, el tema es muy interesante y viene muy bien para esta Semana santa. A ver qué puedo aportar en él
socrates escribió:
Creo que la dinámica del "pecado" (cometer un error), el arrepentimiento (tomar consciencia de ello y procurar enmendarse) y la reconciliación (elegir el camino del bien), es una experiencia humana universal, no limitada al catolicismo, ni siquiera a la religión (en tanto institución).

Yo suelo confesarme regularmente (por lo menos una vez al mes), por lo tanto conozco de primera fuente cómo es el proceso de sentir culpa y buscar el perdón. Pero ante todo, quisiera destacar algunos aspectos del "pecado" y del "arrepentimiento".

1) "Pecado": es una ofensa a Dios, y despreciar el don que Dios hace de sí mismo continuamente (sin merecimiento alguno de nuestra parte) que no es otra cosa que Dios mismo, esto es, su gracia. Dios nos ofrece continuamente su vida divina para que seamos capaces de hacer el bien, porque a solas "no podemos hacer nada" (como dice el mismo Jesús en el evangelio de San Juan). Necesitamos la gracia para hacer el bien y para agradar a Dios, por eso el pecado consiste sobretodo en despreciar los auxilios que Dios nos ofrece para hacer el bien permanentemente. Despreciar la gracia y sucumbir a la tentación es pecar.
2) "Arrepentimiento": Es pedirle a Dios la absolución de nuestra culpa, lo cual se lleva a cabo en la confesión sacramental. Arrepentirse es vivir la "metanoia" (en griego= conversión, media vuelta o giro de toda la vida), significa darse cuenta de que entre más me alejo de Dios más fácil es pecar, y a la inversa, también es darse cuenta que entre más me alejo de mi mísmo para acercarme a Dios más fácil es obrar el bien.

Ahora que aclaré esto, quisiera destacar algo muy importante: según la fe católica, nunca merecemos el perdón de Dios sino que éste sólo se recibe como don. Por eso quien se siente con derechos ante Dios diciendo cosas como "Dios tiene que perdonarme porque soy bueno" está equivocado según la fe católica, debido a que nunca somos dignos o capaces de desagraviar a la divinidad con nuestras solas fuerzas naturales. La única forma de "merecer el perdón" es unirse por la fe a Cristo, el cual nos consigue la redención, vale decir, el perdón de los pecados.

socrates escribió:
Para la Iglesia Católica, la reconciliación del cristiano es con Dios y con la Iglesia misma (la comunidad cristiana).
Efectivamente es así, porque la culpa es haber ofendido o agraviado o perjudicado a alguien que no somos nosotros mismos. No es decir "me perjudiqué a mí mismo", porque ¿es esto posible? Creo que no. Según yo, siempre buscamos nuestro bien. Lo que pasa es que no siempre elegimos el bien que es correcto para nosotros, y por eso decimos luego "debí haber hecho esa otra cosa, me equivoqué". Pero siempre buscamos nuestro bien, incluso quien decide hacerse daño lo hace porque considera que es lo mejor para él, aunque luego se da cuenta que estaba equivocado. Por consiguiente: ¿podemos dejar de buscar nuestro bien? Yo creo que no. Y, dado que siempre buscamos nuestro bien, entonces, ¿por qué sentir culpa hacia uno mismo?
Yo diría que sentir culpa hacia uno mismo se llama "remordimiento", y no sirve para nada, mientras que sentir culpa hacia una alteridad (Dios o la Iglesia) se llama "arrepentimiento"
socrates escribió:
Incorporo aquí mi primera interpretación personal. Considero que quien realiza una "mala acción" (...) "peca" contra su Ser.
Cometer errores es algo que todos hacemos, porque no sabemos con total certeza en todas las circunstancias cuál es nuestro Bien. Pero si erramos, entonces busquemos remedio a nuestra culpa (la cual destruye al hombre), pero sin caer en el "remordimiento".

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"La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad"


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 Asunto: Re: Reconciliación y penitencia
NotaPublicado: 28 Mar 2018, 01:15 
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El primero de los pasos de la reconciliación, según la Iglesia Católica, es el acto de contrición. Ello es arrepentirse del error moral cometido, y tener una decidida intencionalidad de no repetir el error.

En el catecismo leemos lo siguiente*:

La contrición

1451 Entre los actos del penitente, la contrición aparece en primer lugar. Es "un dolor del alma y una detestación del pecado cometido con la resolución de no volver a pecar" (Concilio de Trento: DS 1676).

1452 Cuando brota del amor de Dios amado sobre todas las cosas, la contrición se llama "contrición perfecta"(contrición de caridad). Semejante contrición perdona las faltas veniales; obtiene también el perdón de los pecados mortales, si comprende la firme resolución de recurrir tan pronto sea posible a la confesión sacramental (cf Concilio de Trento: DS 1677).

1453 La contrición llamada "imperfecta" (o "atrición") es también un don de Dios, un impulso del Espíritu Santo. Nace de la consideración de la fealdad del pecado o del temor de la condenación eterna y de las demás penas con que es amenazado el pecador. Tal conmoción de la conciencia puede ser el comienzo de una evolución interior que culmina, bajo la acción de la gracia, en la absolución sacramental. Sin embargo, por sí misma la contrición imperfecta no alcanza el perdón de los pecados graves, pero dispone a obtenerlo en el sacramento de la Penitencia (cf Concilio de Trento: DS 1678, 1705).


Comentario personal.

Schopenhauer ha dicho que cuando nos arrepentimos en realidad no es porque sintamos culpa por el mal cometido sino porque tenemos temor o aversión del sufrimiento que nos toca como consecuencias de aquello. Esto sería la contrición imperfecta. Es decir, cuando nos toca sufrir en lo concreto (o padecer el temor a un sufrimiento, lo que ya es un sufrimiento) como consecuencia por los actos cometidos. Entonces hay un autorreproche.

La "contrición perfecta" sería arrepentirnos de corazón por haber hecho el mal, por el mismo amor al bien.

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Las penas del pecado

1472 Para entender esta doctrina y esta práctica de la Iglesia es preciso recordar que el pecado tiene una doble consecuencia. El pecado grave nos priva de la comunión con Dios y por ello nos hace incapaces de la vida eterna, cuya privación se llama la "pena eterna" del pecado. Por otra parte, todo pecado, incluso venial, entraña apego desordenado a las criaturas que es necesario purificar, sea aquí abajo, sea después de la muerte, en el estado que se llama Purgatorio.

[...] 1473 El perdón del pecado y la restauración de la comunión con Dios entrañan la remisión de las penas eternas del pecado. Pero las penas temporales del pecado permanecen.


Comentario personal.

Aunque adornado con un lenguaje y creencias muy religiosas y católicas hay algo muy interesante en esto. Se distinguen dos elementos que causa una mala acción:

a) Un conflicto interior con Dios o con la propia consciencia (según la interpretación heterodoxa presentada)
b) consecuencias concretas.

Respecto de b). Si hacemos una mala acción, ello seguramente tendrá consecuencias adversas. Desde el punto de vista de otras religiones, en el oriente se habla de la ley del karma. Toda acción tiene sus frutos (buenos o malos según la naturaleza de la acción). En el cristianismo se dice que cosecharemos lo que sembramos.

En tal sentido, si realizamos malas acciones, acumulamos una "deuda kármica", que en algún momento deberemos "pagar" a través de los efectos desfavorables. Ello podrá manifestarse en circunstancias externas adversas o incluso en padecimientos interiores (físicos, mentales, emocionales).

Respecto de a), una mala acción (o más aún una sostenida cadena de malas acciones) generaría, desde lo que se propone, un alejamiento de Dios o del propio Ser. Desde la segunda interpretación hablaríamos de un profundo conflicto interior.

Desde el catolicismo, acciones como la contrición (arrepentimiento sincero), la confesión ante un ministro de la iglesia, más la eucaristía, serían suficientes para la indulgencia (remisión del pecado) respecto de a). Es decir, estaríamos perdonados por Dios.

Creo yo de igual forma que un arrepentimiento sincero y una disposición a hacer el bien, son suficientes para estar en paz con nuestra propia consciencia y liberarnos del peso de la culpa. Como dice el Bhagavad Guita, aquél que está determinado a hacer el bien (sin importar lo que haya hecho en el pasado) debe ser considerado un hombre justo (en virtud de su firm y noble determinación).

Pero queda todavía sin solventar la deuda kármica, el punto b), es decir, las consecuencias de nuestros actos erróneos.

Sobre ello hablaremos en el siguiente mensaje. ;)

---

*SEGUNDA PARTE , LA CELEBRACIÓN DEL MISTERIO CRISTIANO ,SEGUNDA SECCIÓN: LOS SIETE SACRAMENTOS DE LA IGLESIA. CAPÍTULO SEGUNDO, LOS SACRAMENTOS DE CURACIÓN. ARTÍCULO 4. EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA Y DE LA RECONCILIACIÓN.

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 Asunto: Re: Reconciliación y penitencia
NotaPublicado: 28 Mar 2018, 01:19 
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Felino, un placer que te interese el tema y participes. Y gracias por ello, es muy valioso tener una mirada de alguien como tú al respecto.

Aclaro que primeramente me dedicaré a terminar una exposición inicial sobre el tema (como tenía previsto). Luego pasaré a responder a los diferentes aportes. Sigo pues con ello y a continuación te responderé. ;)

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 Asunto: Re: Reconciliación y penitencia
NotaPublicado: 28 Mar 2018, 01:39 
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La penitencia

Habíamos dicho anteriormente, que al "pecar" (hacer el mal) tenemos una doble consecuencia, la culpa (dolor interior ante nuestro Ser) o alejamiento de Dios (desde la mirada teísta) y las consecuencias concretas de las malas acciones (o acumulación de potenciales consecuencias).

La penitencia, de alguna forma, sería un modo de procurar saldar esas "deudas". Para ponernos al día. Sería adelantar voluntariamente tales "pagos", a fin de cancelar la deuda.

Primero citaré algunas frases generales sobre la penitencia del Catecismo, luego pasaré a los actos concretos.

IV. La penitencia interior

1430 Como ya en los profetas, la llamada de Jesús a la conversión y a la penitencia no mira, en primer lugar, a las obras exteriores "el saco y la ceniza", los ayunos y las mortificaciones, sino a la conversión del corazón, la penitencia interior. Sin ella, las obras de penitencia permanecen estériles y engañosas; por el contrario, la conversión interior impulsa a la expresión de esta actitud por medio de signos visibles, gestos y obras de penitencia (cf Jl 2,12-13; Is 1,16-17; Mt 6,1-6. 16-18).

1431 La penitencia interior es una reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura con el pecado, una aversión del mal, con repugnancia hacia las malas acciones que hemos cometido. Al mismo tiempo, comprende el deseo y la resolución de cambiar de vida con la esperanza de la misericordia divina y la confianza en la ayuda de su gracia. Esta conversión del corazón va acompañada de dolor y tristeza saludables que los Padres llamaron animi cruciatus (aflicción del espíritu), compunctio cordis (arrepentimiento del corazón) (cf Concilio de Trento: DS 1676-1678; 1705; Catecismo Romano, 2, 5, 4).


Lo que se está diciendo, básicamente, es que un acto de penitencia debe ir precedido de una contrición sincera. Sin un cambio honesto de corazón los actos penitentes externos carecen de valor.

Pasemos a los actos de penitencia propuestos tradicionalmente por la Iglesia:

V. Diversas formas de penitencia en la vida cristiana

1434 La penitencia interior del cristiano puede tener expresiones muy variadas. La Escritura y los Padres insisten sobre todo en tres formas: el ayuno, la oración, la limosna (cf. Tb 12,8; Mt 6,1-18), que expresan la conversión con relación a sí mismo, con relación a Dios y con relación a los demás.


Como bien se explica en el texto, el ayuno, la oración y la limosna, representan 3 dimensiones de la vida de un individuo (religioso o espiritual).

Ello no debe entenderse de manera literal, sino amplia.

El ayuno implicaría una actitud de cierta austeridad, sin darse todos los gustos. Un momento de disciplina interior. O incluso implica la paciencia y fortaleza ante las mismas adversidades (provocadas). El llevar la cruz.

La oración implica todo aquello que nos acerque a Dios o en la interpretación heterodoxa a nuestro Ser interior (o al Bien entendido de modo universal). Especialmente la oración y la meditación; el hacer la "voluntad de Dios" (hacer el bien), etc.

La limosna implica la buena disposición hacia los demás, la caridad, el servicio, el poner (al menos de momento) el bienestar del prójimo al propio, etc.

Desde la tradición católica se afirma que estos tres tipos de acciones (de bien) tienen el poder de "purificar los pecados", o dicho de otra forma, contrarrestar los efectos adversos de las malas acciones (cometidas).

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 Asunto: Re: Reconciliación y penitencia
NotaPublicado: 28 Mar 2018, 02:05 
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Terminaré esta presentación del tema con la siguiente cita del Catecismo:

1439 El proceso de la conversión y de la penitencia fue descrito maravillosamente por Jesús en la parábola llamada "del hijo pródigo", cuyo centro es "el padre misericordioso" (Lc 15,11-24): la fascinación de una libertad ilusoria, el abandono de la casa paterna; la miseria extrema en que el hijo se encuentra tras haber dilapidado su fortuna; la humillación profunda de verse obligado a apacentar cerdos, y peor aún, la de desear alimentarse de las algarrobas que comían los cerdos; la reflexión sobre los bienes perdidos; el arrepentimiento y la decisión de declararse culpable ante su padre, el camino del retorno; la acogida generosa del padre; la alegría del padre: todos estos son rasgos propios del proceso de conversión. El mejor vestido, el anillo y el banquete de fiesta son símbolos de esta vida nueva, pura, digna, llena de alegría que es la vida del hombre que vuelve a Dios y al seno de su familia, que es la Iglesia. Sólo el corazón de Cristo, que conoce las profundidades del amor de su Padre, pudo revelarnos el abismo de su misericordia de una manera tan llena de simplicidad y de belleza.

Lucas 15:

"1.Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle,
2.y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este acoge a los pecadores y come con ellos.»
3.Entonces les dijo esta parábola.
4.«¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las 99 en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra?"
"5.Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros;
6.y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: "Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido."
7.Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por 99 justos que no tengan necesidad de conversión.
8.«O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra?"
"9.Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y dice: "Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido."
10.Del mismo modo, os digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»
11.Dijo: «Un hombre tenía dos hijos;
12.y el menor de ellos dijo al padre: "Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde." Y él les repartió la hacienda.
13.Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino."
14. "«Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad.
15.Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos.
16.Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba.
17.Y entrando en sí mismo, dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre!
18.Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti."
"19.Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros."
20.Y, levantándose, partió hacia su padre. «Estando él todavía lejos, le vió su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente.
21.El hijo le dijo: "Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo." 22.Pero el padre dijo a sus siervos: "Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies."
"23.Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta,
24.porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado." Y comenzaron la fiesta.
25.«Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas;
26.y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
27.El le dijo: "Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano."
28. "El se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba.
29.Pero él replicó a su padre: "Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos;
30.y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!"
31.«Pero él le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo;
32.pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado."»"


---

Creo que este capítulo habla por sí mismo en lo que respecta a la predisposición al perdón de parte de Dios (hacia uno).

Respecto de la interpretación heterodoxa presentada, implicaría que el acercamiento honesto al Ser interior (la consciencia moral profunda) unido al cambio de actitud (manifestado en actos concretos) posibilita una reconciliación con nuestro Ser. Ello erradica el malestar de la culpa y el autorrreproche provenientes del actuar indebido. A su vez las acciones reparadoras, como se ha detallado anteriormente, podrían aminorar o erradicar las consecuencias de los malos actos (e el plano concreto).

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Conclusiones generales.

Hacer el mal, además de generar consecuencias adversas, produce un conflicto psicológico interior. Todo lo dicho respecto del proceso de reconciliación implica un profundo trabajo orientado a erradicar ambos males, las consecuencias y el conflicto interior.

Una vez más, elogiamos el estudio y praxis profundas del tema, tanto a nivel metafísico (desde el esoterismo) como psicológico, que ha realizado la tradición cristiana.

Si bien he dejado de lado algunas cuestiones doctrinales y rituales, he tomado las bases mismas del proceso estudiadas por dicha tradición que considero de aplicación universal.

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 Asunto: Re: Reconciliación y penitencia
NotaPublicado: 28 Mar 2018, 02:14 
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Anexo una posible mirada del asunto desde la perspectiva de la Vedanta Advaita.

Esta corriente plantea la propuesta de situarnos desde un observador impersonal. Esto es des-identificarnos las peripecias de nuestra personalidad y mente psicológica.

En tal caso, observaríamos el ciclo de pecador, arrepentido, penitente y purificado como se observan las estaciones del año, como procesos naturales de la experiencia (interior) humana sin involucrarse demasiado emocionalmente en ellos.

Por otro lado considero que dichos procesos se dan de forma cíclica, que forman parte del mismo proceso evolutivo de la espiritualidad. Pasaremos (en tanto personalidad) muchas veces por éxitos y fracasos externos (materiales) e internos (morales).

La Advaita propone identificarnos, ni con la fase del pecador, ni con la fase del penitente purificado, sino con el ser inmutable que yace "más allá" de todos esos cambios (evolutivos de la personalidad).

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 Asunto: Re: Reconciliación y penitencia
NotaPublicado: 28 Mar 2018, 02:52 
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FelinoVeloz escribió:
Socrates, el tema es muy interesante y viene muy bien para esta Semana santa.

Exactamente. ;)

Citar:
socrates escribió:
Para la Iglesia Católica, la reconciliación del cristiano es con Dios y con la Iglesia misma (la comunidad cristiana).
Efectivamente es así, porque la culpa es haber ofendido o agraviado o perjudicado a alguien que no somos nosotros mismos. No es decir "me perjudiqué a mí mismo", porque ¿es esto posible? Creo que no. Según yo, siempre buscamos nuestro bien. Lo que pasa es que no siempre elegimos el bien que es correcto para nosotros, y por eso decimos luego "debí haber hecho esa otra cosa, me equivoqué". Pero siempre buscamos nuestro bien, incluso quien decide hacerse daño lo hace porque considera que es lo mejor para él, aunque luego se da cuenta que estaba equivocado. Por consiguiente: ¿podemos dejar de buscar nuestro bien? Yo creo que no. Y, dado que siempre buscamos nuestro bien, entonces, ¿por qué sentir culpa hacia uno mismo?
Yo diría que sentir culpa hacia uno mismo se llama "remordimiento", y no sirve para nada, mientras que sentir culpa hacia una alteridad (Dios o la Iglesia) se llama "arrepentimiento"


Muy interesante o dicho.

Seamos o no conscientes de entrada, hay acciones (nuestras) nocivas para otros y acciones que pueden ser perjudiciales para uno mismo.

Si como un alimento en mal estado me hará mal físicamente, pero si realizo acciones indebidas, me perjudicaré espiritualmente.

Marcos 7: "Así Jesús declaraba que todos los alimentos son puros. Y luego continuó: «Lo que hace impura a la persona es lo que ha salido de su propio corazón. 21.Los pensamientos malos salen de dentro, del corazón: de ahí proceden la inmoralidad sexual, robos, asesinatos, 22.infidelidad matrimonial, codicia, maldad, vida viciosa, envidia, injuria, orgullo y falta de sentido moral. 23.Todas estas maldades salen de dentro y hacen impura a la persona.»" /

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Respecto del remordimiento estoy de acuerdo contigo Felino de que no tiene ningún valor. El arrepentimiento (metanoia), como bien dices, no implica pesar necesariamente (poenitiere).

Pero en ocasiones puede haber remordimiento, más allá del deseo y la voluntad de la persona. Puede haber temor a la censura moral, temor a las consecuencias. O puede haber vergüenza interior ante la acción deshonrosa realizada (no necesariamente ante otros sino incluso ante la propia consciencia clarificada).

En tales casos resulta saludable el proceso mencionado de la reconciliación, para aliviar dicho pesar interior.

Por otro lado un grado de pesar (involuntario), si se utiliza sabiamente, puede utilizarse como una fuerza de palanca para hacer el bien (y afirmarse en la rectitud) con mayor ímpetu y perseverancia.

Finalmente considero preferible sentir al menos un grado de "culpa y arrepentimiento" saludables al realizar una mala acción, que el realizar malas acciones sin sentir el menor cargo o autorreproche interior. Esto lo veo peligroso para los demás, pero sobretodo para sí mismo.

Así como sería peligroso estar quemándose el brazo sin sentirlo, de igual forma hacer el mal sin sentir cargo en la consciencia puede ser sumamente embarazoso desde el punto de vista espiritual.

Un psicópata perverso es alguien, creo yo, que ha perdido la "conexión" con su consciencia (moral) interior, la ha enmudecido. Está profundamente escindido de sí mismo. Ello es un peligro potencial.

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 Asunto: Re: Reconciliación y penitencia
NotaPublicado: 28 Mar 2018, 03:01 
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Socrates: Lo leí todo, y tu tratamiento del tema me ha parecido magnífico, no sólo porque citas la Biblia y el Catecismo literalmente, sino porque además ofreces una interpretación o lectura propia. Esto último es lo más interesante. Veamos algunas de tus ideas:
socrates escribió:
quien hace el mal entra en un conflicto interior con su propio Ser, queda dividido, escindido, desintegrado (de sí mismo).....
Consiero que cuando alguien realiza una mala acción, puede que no en un momento, pero si insiste en ello, tarde o temprano existe una toma de consciencia. Y ello genera pesar. A uno le pesa el tomar consciencia del mal que hizo.considero que a todo individuo, por una cuestión universal, le pesa, e algún u otro momento, darse cuenta de sus errores morales.
A ver, diría que lo que dices no es correcto, es decir, que no se verifica en la práctica ni en la vida concreta... o por lo menos yo no veo que ello ocurra.
¿Quien hace el mal entra en un conclicto interior con su propio ser? Yo creo que no. Ciertamente entra en conflictos (eso está claro), pero no con su ser sino con su sociedad y con su entorno más próximo. Es el entorno quien le recuerda al culpable el mal cometido; es el entorno quien le reprocha la culpa, es el entorno quien le reprocha su responsabiidad. Pero este reproche no viene de su ser. Además es muy raro que alguien culpable tome consciencia de sus malas acciones a través de su sola consciencia, precisamente porque ella se deformó una y otra vez con la reiteración de los actos malos cometidos. Y otra cosa más: hay personas que cuando toman consciencia de que hicieron un mal no sólo nos les pesa, no sólo no sufren, sino que usan esa misma energía que brota de la toma de consciencia del mal para hacer más mal.
Personalmente, diría que saber que uno ha hecho un "mal" (dejando aparte la discusión sobre qué es el mal) no produce de suyo efectos ni de arrepentimiento ni de pesar. ¿Por qué? Por que el arrepentimiento es intrínsecamente una cuestión de la voluntad y no del entendimiento... ¡nadie se arrepiente de lo que no quiere arrepentirse! Yo, por ejemplo, puedo saber que hice algo malo, pero no por saberlo voy a sentir culpa o pesar, ni mucho menos arrepentimiento alguno. "Querer algo" no es "saber algo". Sabiendo algo solamente me predispongo a realizar actos, pero nada más. El conocimiento de algo puede mover a la voluntad a adherirse hacia aquello, pero no puede obligar a nadie a hacer lo que no quiere hacer.
Respecto al Karma:
socrates escribió:
Si hacemos una mala acción, ello seguramente tendrá consecuencias adversas. Desde el punto de vista de otras religiones, en el oriente se habla de la ley del karma. Toda acción tiene sus frutos (buenos o malos según la naturaleza de la acción). En el cristianismo se dice que cosecharemos lo que sembramos.
Lo que pasa es que hacer el bien no trae siempre buenos dividendos, es decir, no siempre se cosecha lo que se sembró. Jesús fue el más santo de los hombres y sufrió en la cruz dolor físico (la tortura) y espiritual (la sensación de abandono): sembró paz, pero sólo cosechó dolor para sí mismo.
Me parece que la ley del karma y la fe en la justicia de Dios son incompatibles. En el karma prima la justicia, pero en la fe en Dios prima la misericordia: incluso el más pecador puede entrar al cielo o el más santo puede sufrir.

Como apéndice por ahora diría lo siguiente:

Más que alejarnos de nosotros mismos, el pecado nos aleja de Dios. El cristianismo sabe que dentro del propio hombre hay un principio que nos inclina al mal (concupiscencia), por eso para alcanzar la justicia no hay que acercarnos a nosotros mismos sino a Dios. El hombre entre más se aleja de sí mismo my más se acerca a Dios más se santifica. No se salva mirando introspectivamente a sí mismo, sino poniendo los ojos en Dios.

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"La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad"


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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com
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