Reencarnación en el budismo

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socrates
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Re: Reencarnación en el budismo

Mensaje por socrates »

FelinoVeloz escribió: 23 Mar 2021, 14:05
socrates escribió:Así como en vida el adulto es una continuación (o "efecto") del joven, y el anciano del adulto, sin haber un "yo" permanente, de igual forma la personalidad reencarnada sería una continuación o efecto de una determinada personalidad fallecida
Me parece interesante tu análisis.

El budismo siempre me ha llamado la atención, pero la idea de que el karma sea una ley universal me perturba.
Me perturba porque no hay misericordia, ni tampoco hay conexión con otras personas, con otros karmas. Cada uno tiene su karma y está solo ante él.

Pareciera que en el budismo se está siempre solo. En cambio el cristianismo postula una "providencia de Dios", lo cual hace que surjan muchas preguntas inevitables (partiendo por el problema del mal) pero al menos hay perdón y misericordia!
Jesús tambien dice que se cosecha lo que se siembra (causa - efecto). Y en el AT se habla de Dios como de un agente que premia o castiga según las acciones sean rectas o no.

Dentro de la ley del karma también hay buenos resultados de acciones rectas (buen karma).

Incluso también existe la vía para salir de la rueda de renacimientos (samsara) y de causas y efectos al alcanzar el Nirvana.
Las ideas gatillan acciones.
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Alexandre Xavier
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Re: Reencarnación en el budismo

Mensaje por Alexandre Xavier »

Xasto escribió:La reencarnación es incompatible con el budismo si éste no cree en ningún Dios, que es lo que tengo entendido, puesto que para que exista dicha reencarnación tiene que haber "alguien" que maneje los hilos de aquélla. Lo que no se puede hacer es dejar la reencarnación en manos de la supuesta ley del karma, que pretende ser la simple ley de causa y efecto. Dicha ley actúa en el mundo físico y es completamente indiferente a las consecuencias de sus acciones, no obstante, en la reencarnación, hay un perfeccionamiento o un aprendizaje en cada vida hasta alcanzar el punto más alto, llámese plenitud o perfección. Las leyes físicas inertes no pueden producir ese aprendizaje ni el camino hacia la perfección, sino que tiene que haber alguna inteligencia que supervise la evolución de cada individuo.
Bueno, puede que meta la pata con este mensaje pero, por esta vez, voy a responder a Xasto. Antes de ir al fondo de su mensaje, haré unas consideraciones preliminares.
Considero a Xasto un trol por sus continuos ataques personales, por su chulería y por su aversión a la lectura, principalmente. Mi respuesta va a traslucir, cómo no, que soy un especialista en filosofía oriental. Y no va a ser una respuesta muy corta. Si, ante esto, Xasto va a decir que no lee mi respuesta porque es muy larga y que está harto de mi presunción como especialista en filosofía oriental... entenderéis por qué he dejado de atender a sus intervenciones. Y si no es así, ¡mejor! En fin, voy al fondo del interesante asunto.

Ser un especialista en filosofía oriental no es ser un mero historiador de la filosofía oriental. Implica, también, hacer nuevos jucios de valor bien fundamentados sobre los temas del diálogo filosófico.
En cuanto al budismo, a pesar de que estuve mucho tiempo involucrado en la sanga (comunidad budista) desde hace bastantes años pongo en cuestión y niego aspectos básicos de la ideología budista. Uno de ellos es la reencarnación y, como vemos en este mismo hilo, eso está ligado a la negación del yo (anatta, anatma) en el budismo.
Empezaré por lo esencial. Si vamos a la presentación oficial del budismo según el Gran Vehículo (Majáyana o Maháyana) en los sutras clásicos de las Tres cestas (Tipitakka, Tripitaka) más los grandes tratadistas del Majáyana, el yo no existe. Se trata de un mero agregado transitorio. Los textos clásicos ponen el ejemplo del carro, que no es nada más que la conjunción transitoria funcional de las ruedas, el eje, la caja, etcétera. Y hoy se pone el ejemplo del ordenador, que no es nada más que la conjunción de la placa base, la pantalla, el disco duro, etcétera, que tienen funcionalidad al actuar conjuntamente en función de unos sistemas operativos y programas que se introducen en el ordenador.
Lo que dice el budismo es que el ser humano es como la cebolla, no como la nuez. Quitando las capas de la nuez (capa blanda externa, capa dura o corteza, cutícula, etcétera) se llega a un núcleo sólido, sabroso y comestible. En cambio, quitando a la cebolla sus capas, primero las exteriores y luego las interiores, en el centro se encuentra... aire. La cebolla es lo mismo que la reunión concéntrica de sus capas en torno a un vacío. Por eso carece de núcleo. Y, del mismo modo, la persona es lo mismo que el conglomerado de factores sicológicos que forman a la mente, sin los cuales no hay nada, y por tanto no existe un ilusorio yo permanente más allá de esa interacción.

Si nos tomamos en serio esta teoría, si la tomamos como verdadera, la liberación, la felicidad y el nirvana son imposibles. Porque, si no hay un yo después de los estados limitados y dolorosos que son las reencarnaciones, los estados condicionados ignorantes, en el bajo nivel ontológico confuso que llamamos samsara o sansara... el proceso de superar el carma es lo mismo que morir, a efectos prácticos. El muerto común y corriente no puede ser feliz, porque no tiene conciencia de sí mismo, y el que se libera de su carma, según la concepción budista, deja de reconocerse a sí mismo, su yo se disuelve, y ninguna felicidad puede ya disfrutar, ya que no hay ninguna felicidad sin un yo que disfrute de ella.
Desde el jainismo o jinismo, desde las seis escuelas védicas ortodoxas e incluso desde las críticas budistas internas, esta contradicción de principio ha sido señalada desde el nacimiento mismo del budismo... sin que, jamás, el budismo oficial haya dado una solución.

En realidad, es una chorrada metafísica.

Lo mismo que el Dios judeocristianoislámico es radicalmente incompatible con el mal físico (no digo con el mal ético o moral) en el mundo, puesto que tendría que haber creado un mundo físicamente óptimo, y no lo ha hecho ni mucho menos, la negación del yo es radicalmente incompatible con un hecho bien conocido: que el yo es capaz de percibir su propia permanencia a través de los cambios o avatares que sufre ese yo. Así, yo sé que soy el mismo (aunque no lo mismo) que era hace siete años, aquí en Monforte de Lemos (Galicia) como ahí en Madrid, capital de España, etcétera.

Las dos chorradas metafísicas son muy diferentes entre sí, mas coinciden en algo fundamental: negar al yo la posibilidad de su felicidad autónoma y autosuficiente.

En la chorrada metafísica judeocristianoislámica, el Dios único presuntamente buenísimo, justísimo, sapientísimo y poderosísimo es siempre distinto al yo del buscador espiritual, y su gracia es una concesión precaria propia de un juez perdonavidas como los jueces físicos perdonavidas con toga y birrete cuya arbitrariedad injusta ya percibimos demasiado bien en este bajo mundo. La salida, realmente, está en reconocer que lo verdadero de ese Dios es el propio yo del buscador espiritual, en su estado purificado, radicado en el nivel supremo de la realidad.

En la chorrada metafísica budista, hay que negarse a sí mismo (lo cual, bajo el contexto cultural asiático histórico del budismo, significa supeditarse a las convenciones culturales, económicas y políticas de los chupópteros que han mangoneado y mangonean en el Extremo Oriente asiático) y, tras mucho negarse a sí mismo, el máximo premio que se obtendrá es dejar de sufrir porque se deja de ser consciente. De ser positivamente feliz, de estar a gustísimo con la propia vivencia, nada de nada. La salida, naturalmente, está en reconocer que, al purificarse de las reencarnaciones y el peso del carma, el yo se reencuentra a sí mismo, pero en unas condiciones mucho más favorables y poderosas que bajo la encarnación en el miserable nivel animal humano, rumbo ya a la felicidad perdurable.

La superación de ambas chorradas metafísicas pasa por romper con el envilecedor altruismo ético común a ambas doctrinas (religiones en la práctica, no lo olvidemos) y proclamar lo siguiente.

Sí al Yo. Sí a mí mismo. Sí a mi propia felicidad. Voy en busca de mi propia perfección permanente, de la cual gozaré y la cual no será ya turbada por nada ni por nadie.

Y encontramos esto, clásicamente, en el esoterismo upanisádico, o el de Plotino, o el de tantos y tantos filósofos que fueron y van en serio a la búsqueda de la felicidad. Dice así, según la iniciación órfica griega.

Llega a ser el que eres. Obtén por realización lo que ya eres por naturaleza.

De las chorradas, de la autonegación budista, o cristiana, o socialista, nada de nada. ¡El individuo, primero, ahora y siempre!

Puedo alargarme más; empero, me parece evidente que lo esencial ya lo he dicho, en cuanto a mi planteamiento para este hilo, alto y claro. Ahora es vuestro turno.
Cordialmente, de Alexandre Xavier Casanova Domingo, correo electrónico trigrupo @ yahoo . es (trigrupo arroba yahoo punto es). La imagen del avatar gráfico es una fotografía que me identifica realmente, no retocada, tomada en septiembre del año 2017.
Atila
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Registrado: 08 Ene 2021, 22:58

Re: Reencarnación en el budismo

Mensaje por Atila »

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"Om mani padme hum"! :idea:
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