El problema de la revelación cristiana

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Insub
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El problema de la revelación cristiana

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La ambigüedad de la revelación cristiana (1)

"Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad" (1 Timoteo, 2:3-4) (2)

1. La Biblia, y más concretamente el Nuevo Testamento, es considerada por los cristianos como la revelación de un Dios omnisciente, omnipotente y perfectamente bueno.

2. Sería de esperar que un ser así, al revelarse, lo hiciera con una claridad suficiente como para orientar de manera fiable al ser humano en las cuestiones fundamentales, especialmente en lo relativo a la salvación. Esa revelación no tendría por qué eliminar toda posibilidad de interpretación, pero sí debería evitar discrepancias enormes y persistentes entre creyentes sinceros en lo esencial. (3)

3. Sin embargo, la cuestión de la salvación y otros puntos centrales han sido interpretados de formas muy distintas dentro del cristianismo, dando lugar a iglesias, doctrinas y tradiciones que son incompatibles entre sí. Además, esas discrepancias aparecen ya en los primeros momentos del movimiento cristiano.

4. Estas diferencias interpretativas no han sido meramente teóricas: en muchos casos han contribuido históricamente a justificar y motivar persecuciones, exclusiones, encarcelamientos, torturas, deportaciones y homicidios. Si Dios es sumamente bueno y omnisciente, habría previsto las consecuencias de una revelación demasiado ambigua en cuestiones de máxima importancia.

5. Por tanto, la revelación cristiana no parece cumplir adecuadamente la función que se le atribuye: no logra esclarecer de forma suficientemente robusta aquello que sería más decisivo esclarecer.

6. Esto contrasta enormemente con aquellas doctrinas que las principales tradiciones cristianas consideran reveladas y sobre las que han alcanzado una convergencia sustancial, en lo esencial. Esto sugiere que la consecución de un grado elevado de convergencia doctrinal no estaba, al menos en principio, fuera del alcance de una revelación divina.

7. De todo esto parece seguirse, al menos con bastante probabilidad, que o bien ese Dios no se ha revelado realmente en el Nuevo Testamento, o bien no posee alguna de las características o propiedades que los teístas cristianos le atribuyen.


Creyentes sinceros

Por "creyente sincero" entiendo aquí a una persona que busca principalmente conocer a Dios y vivir de acuerdo con lo que considera sus enseñanzas, y que procura determinar sus creencias religiosas atendiendo a lo que considera verdadero, aunque pueda estar equivocada, condicionada por sus prejuicios o limitada en su capacidad de comprensión.


Claridad suficiente

Con "claridad suficiente" no quiero dar a entender una revelación completamente inequívoca ni una que elimine toda posibilidad de error o interpretación. Entiendo una revelación que, en las cuestiones fundamentales que pretende comunicar, produzca una convergencia muy amplia entre creyentes sinceros pertenecientes a las principales tradiciones cristianas. Esta expectativa no es meramente hipotética: las principales tradiciones cristianas convergen ampliamente en determinadas afirmaciones centrales y doctrinalmente complejas, como la resurrección de Jesús (4) y la concepción trinitaria de Dios (5), pese a sus profundas diferencias históricas y teológicas. Sin embargo, esas mismas tradiciones mantienen desacuerdos persistentes sobre cuestiones directamente relacionadas con la salvación, como la necesidad de la fe explícita en Cristo, el papel de las obras, el bautismo, los sacramentos o la predestinación. Además, precisamente porque la salvación tiene consecuencias eternas, Dios tendría más motivos, no menos, para comunicarse con mayor claridad sobre ella. Por tanto, el problema no puede explicarse simplemente señalando que los seres humanos somos falibles o que toda comunicación está sujeta a malentendidos. Hay que explicar por qué la revelación parece producir una convergencia tan notable en unas cuestiones fundamentales y una divergencia tan profunda en otras.


Objeciones y respuestas

1. “El lenguaje evoluciona”. Es verdad que el lenguaje cambia con el tiempo, pero eso no basta para explicar el problema. Hay textos antiguos —filosóficos, literarios y dramáticos— que siguen siendo comprensibles hoy en sus líneas argumentales básicas. Además, la diversidad doctrinal cristiana aparece ya desde muy pronto, no solo después de siglos de evolución lingüística. Por eso, el problema no parece ser solo de distancia histórica, sino de ambigüedad o insuficiente determinación del propio contenido revelado.

2. “Una revelación clara destruiría la fe”. Eso no es convincente. Que Dios revelara con precisión si Jesús debe ser aceptado para la salvación, qué papel tiene el bautismo o qué alcance tiene la fe, no eliminaría la posibilidad de rechazar esa revelación, de resistirse a ella o de actuar en contra de lo que Dios ordena. La claridad de una proposición no obliga a aceptarla ni determina por sí misma la conducta de quien la conoce. Del mismo modo, conocer con claridad que Dios existe no obliga a adorarlo, amarlo u obedecerlo. Por tanto, no parece que una mayor claridad doctrinal sea incompatible, por sí misma, con la libertad humana.

3. “Dios querría una revelación que requiera interpretación”. Esa respuesta necesita una justificación positiva. Si una revelación ambigua produce confusión, divisiones y, en ocasiones, sufrimiento grave, no basta con decir que la ambigüedad era el plan. Un Dios perfecto tendría más razones para una comunicación clara que para una revelación que multiplica desacuerdos sobre lo esencial.

4. “La pluralidad de lecturas es compatible con la fe libre” Incluso si lo fuera, eso no resuelve el problema central. La libertad de aceptar o rechazar lo revelado no exige que el contenido de la salvación quede dividido en lecturas incompatibles. La libertad puede conservarse sin sacrificar la claridad doctrinal.

5. “La culpa es de la corrupción humana, no de la revelación” Ese argumento tampoco elimina la objeción. Si una revelación pretende guiar en lo decisivo, debería ser suficientemente robusta como para no depender tanto de interpretaciones contrapuestas desde el comienzo mismo del movimiento cristiano. Además, Dios, al ser conocedor de nuestra «naturaleza corrupta y pecaminosa», conocería también de antemano nuestra tendencia a malinterpretar, distorsionar o rechazar su mensaje. Por tanto, si realmente pretendía comunicar verdades fundamentales sobre la salvación, podría haberse esmerado mucho más en la forma de la revelación para reducir sustancialmente el riesgo de interpretaciones incompatibles.

6. “La doctrina central sí es clara para quien lee correctamente” Pero precisamente ahí está el problema: las distintas tradiciones cristianas sostienen que sus interpretaciones son sustancialmente fieles a la revelación, y además discrepan sobre qué criterios determinan una lectura correcta. Ni siquiera hay acuerdo compartido sobre el método. Apelar a la 'competencia' del intérprete no resuelve nada, porque los propios criterios mediante los cuales se determina qué constituye una interpretación competente son objeto de disputa entre las distintas tradiciones.

7. “Dios no se reveló en su totalidad en el Nuevo Testamento, por lo que no es extraño que haya habido discrepancias si nos atenemos solo al texto, sino que Dios eligió revelarse paulatinamente guiando a su Iglesia por medio de la ayuda del Espíritu Santo". Incluso los pasajes que parecen indicar la fundación de una Iglesia requieren interpretación, y esas interpretaciones son precisamente lo que está en disputa entre tradiciones cristianas sinceras. Y si se apela a la sucesión apostólica o a la historia eclesial para zanjar esa cuestión, el problema reaparece de nuevo: la interpretación de esos datos históricos también es objeto de desacuerdo genuino entre eruditos sinceros de distintas tradiciones, puesto que depende de posturas doctrinales y marcos teológicos previos. En algún punto, las distintas cadenas de justificación parecen terminar remitiendo a alguna interpretación —textual, histórica o eclesiológica— cuya corrección es precisamente objeto de desacuerdo entre tradiciones cristianas. Por tanto, la apelación a la Iglesia, a la Tradición o al Espíritu Santo no elimina por sí misma el fenómeno que el argumento señala desde el principio: necesitamos determinar qué Iglesia, qué Tradición y qué interpretación son las auténticas, y precisamente sobre esas cuestiones persiste el desacuerdo.

8. “Dios podría querer que la salvación dependa de la disposición moral, no de la precisión doctrinal”. Parece que nada impide a Dios hacer constar explícitamente en la revelación que la salvación depende fundamentalmente de la disposición moral, y no solo de cumplir con la doctrina de forma precisa. Vemos que algunas tradiciones enfatizan la fe, otras las obras, otras los sacramentos, otras la predestinación, otras la obediencia a la Iglesia. No parece inevitable que ocurriera así.

9. “Dios tiene perfectas razones para revelarse de forma ambigua, pero nosotros estamos limitados cognitiva y moralmente para saber cuales son”. Si nuestra incapacidad cognitiva nos impide evaluar las razones de Dios, tampoco podemos descartar que Dios tenga razones, que nosotros no comprendemos, para permitir una revelación que, a efectos prácticos, quede expuesta al mismo problema: un resultado epistemológicamente indistinguible, para nosotros, del que produciría una revelación engañosa o meramente aparente. Si hablamos de revelación, estamos hablando de que Dios quiere comunicar algo a sus criaturas, pero si escoge la ambigüedad, lo que nos quiere transmitir queda en peligro de malinterpretación. Además, en el caso de la revelación ambigua, Dios estaría permitiendo que muchas personas sinceras creyeran en una interpretación errónea de la revelación durante cientos de años, en lugar de la auténtica. Esto parece difícil de conciliar con la idea de un Dios que no solo es la Verdad, sino que quiere comunicar de manera fiable a sus criaturas verdades fundamentales sobre su salvación.

10. “La revelación es comunión con Dios, no comunicación de verdades”. Es una interpretación más en conflicto con las otras y que no resuelve el problema de la salvación y que cuenta con sus propios problemas: ¿Con qué Dios se establece esa comunión? ¿Con el Jesús histórico, con el Cristo interpretado por una determinada tradición, con la Iglesia visible o mediante una experiencia interior? Además se supone que esa relación es con una divinidad que ha de tener alguna característica a los ojos del creyente ¿y acaso esas propiedades no se extraen del texto sagrado? Si la comunión no está mediada por contenidos cognoscibles, ¿cómo se identifica el objeto de esa comunión?. Si la comunión presupone que el creyente posee determinadas creencias verdaderas acerca de Dios, entonces no hemos escapado del problema de la claridad de la revelación; simplemente lo hemos desplazado. Incluso si la comunión no exige un conocimiento proposicional exhaustivo, sí exige un mínimo de contenido identificador y normativo, quién es ese Dios, qué exige, cómo se accede a él, y es precisamente ese mínimo el que está en disputa entre tradiciones sinceras, no un exceso de detalle innecesario. Debilita además el concepto de revelación: si Dios no pretende transmitir verdades cognoscibles sobre la salvación, sino solo exhortar a una comunión, entonces la noción de "verdad revelada" se diluye. Si la revelación no transmite ningún contenido cognoscible suficientemente determinado, se vuelve difícil explicar en qué sentido determinadas doctrinas pueden considerarse verdaderas, falsas o contrarias a la revelación.

11. “La convergencia trinitaria es producto de la tradición, no de la claridad del Nuevo Testamento”. Es cierto que los creyentes actuales no interpretan el Nuevo Testamento en un vacío cultural y que la recepción histórica de la doctrina trinitaria ha estado condicionada por las controversias, los concilios y la tradición cristiana posterior. Por tanto, la convergencia actual sobre la Trinidad no demuestra por sí sola que su formulación sea una consecuencia inequívocamente clara del texto neotestamentario. Sin embargo, esta objeción no elimina la asimetría señalada, sino que desplaza la cuestión. Toda interpretación cristiana del Nuevo Testamento —incluidas las relativas a la salvación— tiene lugar dentro de alguna tradición histórica y está condicionada por procesos de transmisión, interpretación y selección doctrinal. Por tanto, si la tradición explica la convergencia alcanzada sobre unas cuestiones, todavía hay que explicar por qué, dentro de esas mismas tradiciones y a lo largo de su historia, se ha producido esa convergencia tan amplia sobre determinadas doctrinas y un desacuerdo tan profundo y persistente sobre otras, especialmente sobre las condiciones de la salvación. La apelación a la tradición puede explicar parcialmente cómo se produjo una determinada convergencia, pero no explica por sí misma la asimetría entre convergencia y divergencia que constituye el objeto del argumento. Además, el caso trinitario ofrece un dato que dificulta reducir la convergencia actual a un simple efecto de la imposición institucional de los primeros concilios. El protestantismo histórico rechazó que la autoridad doctrinal de la Iglesia y de los concilios posteriores a la época apostólica pudiera constituir una fuente independiente y vinculante de doctrina por encima de la Escritura, pero conservó sustancialmente las formulaciones trinitarias de los primeros concilios y las consideró compatibles con la enseñanza bíblica. Esto no demuestra que la doctrina trinitaria se desprenda inequívocamente del Nuevo Testamento ni que su aceptación protestante se produjera al margen de la tradición cristiana previa, pero sí dificulta explicar la convergencia actual exclusivamente como el resultado de la autoridad institucional o de la supresión histórica de las alternativas. Parece razonable pensar que, además de los factores históricos y tradicionales, existe algo en el propio texto bíblico que ha favorecido la persistencia de una lectura trinitaria ampliamente compartida.

Finalmente, la lectura más plausible de estos hechos es que la revelación cristiana no posee la claridad, en cuestiones fundamentales como la salvación, que cabría esperar de un Dios omnisciente, omnipotente y perfectamente bueno. Por eso, o bien esa revelación no procede de ese Dios, o bien la imagen teísta tradicional de ese Dios está incompleta o es incorrecta.

Notas

(1) Nota sobre el precedente filosófico: El argumento presentado aquí guarda una estrecha relación con el “Argument from Confusion” de Theodore M. Drange, que señala como problema para el cristianismo la existencia de una confusión generalizada entre los cristianos acerca de cuestiones doctrinales importantes, incluidas cuestiones relativas a la moralidad y la salvación. Véase Theodore M. Drange, The Arguments from Confusion and Biblical Defects (2006). Mi formulación parte de esa misma dificultad, pero pone el énfasis en la claridad esperable de una revelación divina y, particularmente, en la asimetría entre la considerable convergencia de los cristianos sobre algunas afirmaciones fundamentales y su persistente desacuerdo sobre cuestiones esenciales relativas a la salvación.

(2) Aunque el alcance de la expresión “todos los hombres” sea objeto de discusión entre cristianos, el pasaje atribuye a Dios una voluntad salvífica y comunicativa.

(3) Esta expectativa no pretende ser una premisa arbitraria, sino que se apoya en la propia noción de revelación. Si Dios se revela con el propósito de comunicar verdades fundamentales a sus criaturas, y si algunas de esas verdades tienen consecuencias eternas para ellas, parece razonable esperar un grado especialmente alto de claridad en esas cuestiones. (Veáse la definición de 'claridad suficiente' y la respuesta dada a la objeción 9)

(4) La resurrección muestra convergencia en un hecho históricamente extraordinario y central y sin embargo no generó las mismas fracturas que la cuestión de la salvación. Por otra parte, una cosa es afirmar que la muerte y resurrección de Cristo constituyen el acontecimiento fundamental mediante el cual Dios ofrece la salvación —algo que las principales tradiciones cristianas comparten— y otra muy distinta determinar qué debe creer o hacer el ser humano para recibirla. Es precisamente sobre esta segunda cuestión donde persisten desacuerdos profundos: sobre la necesidad de la fe explícita en Cristo, el papel de las obras, el bautismo, los sacramentos, la pertenencia a la Iglesia o la predestinación.

(5) La doctrina trinitaria constituye un caso especialmente interesante. Aunque su formulación fue objeto de importantes controversias durante los primeros siglos y el consenso no fue inmediato, las principales tradiciones cristianas históricas terminaron convergiendo ampliamente en torno a un núcleo trinitario mediante un proceso que se desarrolló a lo largo de los primeros cuatro siglos del cristianismo. En la actualidad, los creyentes sinceros pertenecientes a las principales tradiciones cristianas convergen ampliamente en considerar que el núcleo de la concepción trinitaria de Dios encuentra su fundamento en la revelación del Nuevo Testamento. Esta convergencia ha perdurado incluso en tradiciones que posteriormente rechazaron la autoridad doctrinal vinculante de la Iglesia y de los concilios cuando esta se entiende como independiente de la Escritura —como el protestantismo histórico—, y que, sin embargo, siguieron reconociendo los primeros concilios trinitarios como expresiones fieles de la enseñanza bíblica. Ciertamente existen corrientes antitrinitarias, pero constituyen una minoría dentro del cristianismo contemporáneo. Se trata, además, de una doctrina teológicamente compleja. El hecho de que exista una convergencia tan amplia y duradera en torno a ella hace todavía más llamativo que, después de casi dos milenios, esas mismas tradiciones no hayan alcanzado un consenso equivalente sobre cuestiones directamente relacionadas con las condiciones de la salvación.

EDITADO, 4 de agosto: Añadida una sección nueva al final del argumento, 'claridad suficiente'
EDITADO, 4 de agosto: cambia ligeramente el contenido de la premisa 4
EDITADO, 7 de agosto: se incluye un versículo neotestamentario al principio y definición de 'creyentes sinceros'. Añadida una nota y correciones menores
EDITADO, 8 de agosto: añadida una nueva nota sobre la premisa 2 y la objeción 10. Añadidas 2 nuevas notas.
EDITADO, 9 de agosto: pequeña corrección en la definición de 'claridad suficiente' y cambios en la nota 4
EDITADO, 11 de agosto: cambios en la premisa 6 y añadida una nueva nota. Y nueva objeción, la 11
Última edición por Insub el 11 Ago 2026, 18:00, editado 33 veces en total.
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hector04
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Re: El problema de la revelación cristiana

Mensaje por hector04 »

La revelación es eso, revelar lo que esta invisible a primera vista. Se revela lo que esta oculto no lo que esta a la vista de todos.
Por eso cuando hablas de revelación cristianas quedan varias cosas por atender.
Primero que la revelación que hablas es del tipo mesianica e injustificada o es del tipo razonable y justificada.
al parecer tu critica apunta al primer caso y se enfoca en el caracter de Dogma de la revelación.
Pero por el otro lado también se puede argumentar que Jesús dijo SOY LA VERDAD
por tanto la verdad aunque no es evidente siempre es algo que si podemos ver cuando se nos revela, por ejemplo cuando dice que Dios es perfecto, y la Verdad es perfecta por tanto Dios y la Verdad comparte esa cualidad, y puesto que Jesus dijo Soy la Verdad por razonamiento simple Jesús y Dios comparten esa cualidad.
Esto es facil de rebatir, pues del texto se desprende que no tuvo pecado, fue un santo y por tanto sabia lo que era la verdad y la sabiduría....
en fin ese tipo de revelaciones son justificadas y razonables. No son del tipo matemonos que se acerca el fin del mundo que creo que es a la que te refieres.
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CONFIRMADO
Insub
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Re: El problema de la revelación cristiana

Mensaje por Insub »

Hola Hector:

Hablo de la revelación que acontece en el Nuevo Testamento y no apunto a mesianismo o dogmatismo alguno. Tampoco hablo o apunto a iglesias apocalípticas. Y en cuanto a que Jesús es la Verdad, no lo discuto, pero el hecho de que haya sido un santo o un hombre perfecto, etc., no nos dice nada acerca de por qué hay tamañas discrepancias entre los cristianos sobre un tema fundamental, como la salvación. Y si bien el Nuevo Testamento no deja divergencias apenas entre los cristianos de todas las iglesias y tradiciones sobre la resurreción de Jesús, es sorprendente de que no haya hecho lo mismo con un tema que no es menor, como el de la salvación.

Saludos
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hector04
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Re: El problema de la revelación cristiana

Mensaje por hector04 »

Mi opinión personal es que la salvación no es universal ni automática, principalmente porque va mas allá del nucleo familiar, nucleo tribal e incluso nucleo religioso.
La historia del buen samaritano es un buen ejemplo de esto, el sacerdote y el levita por no contaminarse con sangre y evitar todo tramite para entrar al templo no fueron compasivos, se vio que tocarlo sería volverse impuro e impediria acercarse al templo en un buen tiempo. Además del miedo a lo desconocido, la sospecha que fuera una trampa, etc.
Entonces se nos explica que solo el samaritano fue prójimo del herido.
También que ames a tu prójimo como a ti mismo.
No dice ama a todos
y si me preguntas... la salvación es para los prójimos entre si.
Además de un grupo extraordinario que depende de la misericordia divina.
En resumen un llamado a la acción adelantado a su tiempo por mucho... potencialmente tu prójimo puede ser cualquiera, critica de fondo al legalismo, y formas de expresar el amor sin barreras, ya que no hay que olvidar que en su tiempo los samaritanos eran minoría acosados y discriminados por los judios(para variar)
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CONFIRMADO
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